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La clave para ser feliz a partir de los 60 años
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La clave para ser feliz a partir de los 60 años

Aunque hacer nuevos amigos más allá de la edad de jubilación ya no es tan fácil como en la juventud, sus numerosos beneficios psicológicos y físicos merecen la pena el esfuerzo

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La mayoría de la gente en torno a los 60 años, y especialmente, a partir de los 65, suele experimentar muchos cambios en su vida, algunos de cuales son realmente críticos, como, por ejemplo, pasar de la vida laboral activa a la jubilación. Esto hace que aparezca la necesidad de reorganizar el tiempo y cubrir los huecos que dejan las ocupaciones que ya no se tienen.

Una de las herramientas que destacan y aconsejan los psicólogos para cubrir con éxito estas nuevas demandas emocionales, es la inteligencia social, un término que hace referencia a la capacidad de conectar con los demás de manera auténtica y respetuosa. “No se trata solo de tener habilidades para ‘caer bien’, sino de comprender las emociones ajenas, leer las situaciones sociales y responder con sensibilidad”, define la psicóloga general sanitaria Leticia Martín Enjuto.

“En consulta observo que muchas personas descubren, incluso pasados los 60, que esta inteligencia puede seguir desarrollándose y convertirse en una aliada para su bienestar diario”, apunta la experta. Y añade: “También implica saber regular las propias emociones durante una interacción. Es la habilidad de escuchar sin prisas, de comunicarse con claridad y de adaptarse al ritmo del otro".

Redes creadas con el paso de los años

En el caso de las personas mayores, uno de los aspectos más importantes de la inteligencia social es el trabajo previo que se ha hecho al respecto. Es decir, según la psicóloga, cultivar la inteligencia social a lo largo de los años es esencial para disfrutar de unas relaciones más estables y nutritivas al llegar a esta etapa de la vida. Y es que, unos vínculos interpersonales satisfactorios “no nacen de la nada: surgen de la experiencia vital, de los errores cometidos y de la reflexión que cada uno va haciendo sobre sus vínculos más significativos”, señala Martín quien asegura que las personas que trabajan su inteligencia social “se sienten más comprendidas, saben resolver conflictos sin desgastarse y desarrollan una sensación profunda de conexión con su entorno. En definitiva, es una herramienta emocional que ayuda a vivir con más calma y más sentido”.

placeholder Cultivar las relaciones personales protege de la tristeza y el aislamiento social. (Freepik)
Cultivar las relaciones personales protege de la tristeza y el aislamiento social. (Freepik)

La experta llega a esta conclusión a través de la observación diaria que lleva a cabo en la consulta: “Día a día compruebo que quienes han trabajado su inteligencia social transitan estas etapas con mucha más serenidad. La capacidad de mantener relaciones estables y de iniciar nuevas conexiones funciona como un amortiguador emocional ante los cambios”.

Fortalece el estado de ánimo, y también la salud física

Además, la inteligencia social protege de la soledad y la tristeza. Esto es así, porque las personas que saben pedir apoyo, expresar sus necesidades o acercarse a otros de forma natural tienen menos riesgo de aislamiento emocional. “Muchos pacientes me comentan que, gracias a sus vínculos, sienten mayor autoestima y un renovado sentido de propósito, elementos fundamentales para el bienestar psicológico a esta edad”, subraya la experta.

A los beneficios psicológicos, Martín suma los físicos, ya que considera que “mantener una vida social activa estimula la memoria, la atención y reduce el riesgo de deterioro cognitivo. Lo veo cada día: quienes conversan, participan en actividades o se rodean de personas que les hacen bien, se mantienen más activos, más motivados y más presentes. La inteligencia social, en ese sentido, es casi un ‘vitamínico emocional’”.

Mantener una vida social activa estimula la memoria, la atención y reduce el riesgo de deterioro cognitivo

Y es que, las conversaciones, los debates, las anécdotas compartidas ejercitan la mente de manera natural. “Observo a menudo que incluso personas con cierto temor a quedar fuera descubren, al retomar la vida social, que sus capacidades cognitivas se activan y se sienten más vivas, más despiertas y más conectadas con el presente”, asegura la psicóloga.

Entre las principales razones que explican esta retahíla de bondades remarca que “tener planes, compromisos y espacios de encuentro ayuda a combatir el sedentarismo emocional y físico. Muchas personas recuperan la ilusión simplemente porque alguien las espera para tomar un café o para caminar juntas. Esa sensación de ser importante para alguien es profundamente reparadora”.

¿Quién dijo que fuera a ser fácil?

Dejando a un lado los detalles en torno a cómo se trabaja la inteligencia social y cuáles son sus beneficios, la experta reconoce que existen ciertos obstáculos que dificultan la creación de nuevos lazos sociales. Y es después de décadas batallando con los problemas del día a día, la mayoría de las personas descuidan su mundo emocional. De modo que llegan los 60 o 65 años con la sensación de que ya no toca hacer nuevos amigos y que los demás ya tienen su vida hecha. Pero, sobre todo, se llega con miedo al rechazo.

“En consulta trabajamos justamente para desmontar esa idea: nunca es tarde para crear vínculos, y la mayoría de personas están más abiertas de lo que parece”, señala Martín.

placeholder En la jubilación hay que pensar en cómo reorganizar el tiempo. (Freepik)
En la jubilación hay que pensar en cómo reorganizar el tiempo. (Freepik)

Además, la falta de oportunidades también complica las posibilidades de tejer una nueva red de relaciones. “Con la jubilación se pierden espacios de socialización natural como el trabajo, y esto puede generar una cierta desconexión. Algunas personas no saben por dónde empezar o sienten vergüenza al entrar en un grupo nuevo. A veces también intervienen problemas de movilidad, de energía o incluso de ánimo, que hacen que salir de casa cueste más”, apunta.

Y, por supuesto, “aparecen barreras emocionales: duelos, pérdidas, decepciones o vínculos que han dejado huella. Cuando estas heridas no están trabajadas, -continúa la experta- la persona se protege evitando nuevas relaciones por miedo a sufrir otra vez. Reconocer estas barreras es el primer paso para superarlas, y es precioso ver cómo, con acompañamiento adecuado, vuelven a abrirse a la vida social”.

Las mujeres llegan más preparadas

La importancia de esta red de apoyo es fundamental tanto para los hombres como para las mujeres. Y es que las relaciones sociales son esenciales para ambos. Ahora bien, “hombres y mujeres suelen llegar a los 60 con recorridos distintos”, puntualiza Martín. Por un lado, “las mujeres, en general, están más habituadas a cultivar vínculos íntimos desde etapas tempranas, lo que les proporciona una red emocional más sólida. No es que las necesiten más, sino que suelen tener más práctica en mantenerlas vivas”, aclara la experta.

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Por otro lado, “en los hombres noto algo muy característico: al retirarse del mundo laboral, se produce un vacío social que puede resultar muy brusco. Muchas de sus relaciones estaban vinculadas al trabajo, y cuando este desaparece, se encuentran sin espacios naturales para iniciar nuevas amistades”, añade. En este sentido “en terapia trabajamos mucho la reconstrucción de entornos sociales que no dependan exclusivamente de lo laboral”.

7 hábitos para potenciar la inteligencia social

Entender la importancia de los vínculos emocionales, y en su caso, de la creación de nuevos lazos sociales, es el primer paso para disfrutar del bienestar emocional más allá de los 60. Ahora bien, cómo se lleva todo esto a la práctica. La psicóloga Leticia Marín ha seleccionado los siguientes consejos para trabajar la inteligencia social:

  1. Escucha activa: dejar hablar, interesarse genuinamente, validar al otro. Es uno de los hábitos que más trabajamos en terapia.
  2. Comunicación emocional clara: expresar necesidades, poner límites con amabilidad y evitar malentendidos.
  3. Participar en actividades grupales: talleres, centros culturales, ejercicio en grupo, voluntariado… espacios que abren puertas.
  4. Mantener pequeños gestos sociales: saludar, iniciar una conversación breve, mandar un mensaje de seguimiento.
  5. Practicar la empatía: intentar comprender la historia, el contexto y la emoción del otro sin juzgar.
  6. Salir de la zona de confort: decir más “sí” a planes, a propuestas nuevas, a conocer gente distinta.
  7. Cuidar la propia salud emocional: descanso, buen autocuidado y gestión del estrés. Cuando uno está bien consigo mismo, se relaciona mejor con los demás.

La mayoría de la gente en torno a los 60 años, y especialmente, a partir de los 65, suele experimentar muchos cambios en su vida, algunos de cuales son realmente críticos, como, por ejemplo, pasar de la vida laboral activa a la jubilación. Esto hace que aparezca la necesidad de reorganizar el tiempo y cubrir los huecos que dejan las ocupaciones que ya no se tienen.

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