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Historia del cannabis medicinal: ¿por qué España lo aprueba mientras la ciencia no avala sus beneficios?
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Historia del cannabis medicinal: ¿por qué España lo aprueba mientras la ciencia no avala sus beneficios?

La publicación concluye que la evidencia científica de ensayos clínicos aleatorizados no respalda su uso para la mayoría de las afecciones para las que se promueve, como el dolor crónico y el insomnio

Foto: Cannabis medicinal en una planta de una compañía alemana. (Reuters/Matthias Rietschel)
Cannabis medicinal en una planta de una compañía alemana. (Reuters/Matthias Rietschel)
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El pasado mes de octubre el Consejo de Ministros aprobaba la regulación del uso medicinal de cannabis como una alternativa terapéutica en casos donde los tratamientos convencionales no resultan eficaces.

En España, se trata de fórmulas magistrales con preparados estandarizados de cannabis que solo pueden ser prescritas por médicos especialistas. “Deberán elaborarse y dispensarse exclusivamente en servicios de farmacia hospitalaria bajo seguimiento clínico individualizado”, explicaba el Ministerio de Sanidad el mismo día de su aprobación.

Un hecho que calificaban como un “paso decisivo” en la integración del cannabis medicinal en el sistema sanitario, asegurando su “utilización con garantías científicas, clínicas y de control sanitario”. "La evidencia científica avalada por organismos internacionales ha demostrado beneficios en algunas condiciones clínicas concretas, como la espasticidad asociada a la esclerosis múltiple, ciertas formas graves de epilepsia refractaria, las náuseas y vómitos derivados de la quimioterapia y el dolor crónico refractario", añadían desde Sanidad.

Sin embargo, una nueva revisión sobre el papel terapéutico del cannabis y los cannabinoides concluye que la evidencia científica de ensayos clínicos aleatorizados es insuficiente para respaldar su uso en la mayoría de las afecciones para las que se promueve, como el dolor crónico y el insomnio. Además, añade que hace falta una “orientación sanitaria clara” para “respaldar una toma de decisiones segura”.

Foto: Cannabis medicinal en Los Ángeles (EEUU). (Getty Images/Kevork Djansezian)

El documento, publicado recientemente en la revista JAMA, se refiere al cannabis como los productos de la planta y a los cannabinoides como compuestos activos, incluyendo formas sintéticas. Los investigadores buscaron en PubMed (base de datos de la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos) estudios observacionales, ensayos clínicos, revisiones sistemáticas, guías y metaanálisis en inglés desde enero de 2010 hasta septiembre de 2025.

Algunos de los mensajes que arroja la revisión tras analizar el contenido de esos 15 años en adultos de Estados Unidos y Canadá son los siguientes: “Las guías basadas en evidencia no recomiendan cannabis inhalado o de alta potencia para fines médicos. El consumo de productos se asoció con más síntomas psiquiátricos, como ansiedad o psicosis aguda, más intoxicación y más síntomas cardiovasculares”.

Igualmente, subrayan que las aprobaciones regulatorias se apoyan en ensayos clínicos que usan cannabinoides de grado farmacéutico: “La efectividad y seguridad de productos no farmacéuticos, como vapeadores, gominolas o brownies, no cuenta con ensayos de un rigor similar”. Pese a esto, los autores indican una brecha notable entre las expectativas terapéuticas del público y la eficacia que respalda la evidencia científica.

Foto: cannabis-medicinal-ondara-garray-espana-1hms

No obstante, hay voces críticas con esta revisión, como la de Franjo Grotenhermen, médico alemán y vicepresidente de la Alianza Internacional para Medicamentos Cannabinoides (IACM). Él reconoce como una “verdad evidente” que los medicamentos basados ​​en el cannabis “no tienen suficiente evidencia clínica para una variedad de indicaciones para las que se recomiendan”. A su parecer, esto ocurre porque a pesar de la falta de estudios clínicos, a menudo son “muy eficaces” para muchas de estas dolencias: “Su efecto es mejor y conllevan menos efectos secundarios que los medicamentos aprobados para resolverlas”.

Por ese motivo, relata que el “factor decisivo” siempre será si el cannabis es eficaz en un caso específico. “Los opiáceos, por ejemplo, están aprobados para el tratamiento de diversas formas de dolor crónico, pero a menudo no tienen ningún efecto. Esto significa que existen muchos fármacos cuya eficacia ha sido probada para ciertas indicaciones, pero que no funcionan en casos individuales. Pasa lo mismo con los antidepresivos”, puntualiza a El Confidencial.

El doctor asegura que la mayoría de veces para las que ha usado esta sustancia con sus pacientes ha resultado ser “un éxito”, pese a “no existir suficiente evidencia científica sobre su eficacia”. “No se han realizado suficientes estudios clínicos para la mayoría de las indicaciones por la falta de financiación. La falta de estudios clínicos no indica si el cannabis y los cannabinoides son eficaces o no”, afirma.

¿Qué opinan los usuarios?

Fuentes del Observatorio Español de Cannabis Medicinal (OECM) explican a este periódico que la mayoría de los efectos negativos del uso prolongado de cannabis se producen, “como reconoce el trabajo”, por el empleo de cannabis de alta potencia y fumado. Insisten en que, en general, los pacientes de su entorno prefieren cannabis de potencia moderada y no fumado, sino comestible o vaporizado. “No confundir fumar, que implica humo, con vaporizar, que implica vapor”, puntualizan. “Obviamente, no existen psicofármacos totalmente seguros, pero en general el cannabis se considera razonablemente seguro y bien tolerado en el ámbito clínico, con un perfil claramente más favorable que, por ejemplo, el de los opioides”, opinan.

Para finalizar, insisten en que esos estudios que se han analizado son ensayos clínicos llevados a cabo en pacientes con enfermedades debilitantes crónicas. “Generalmente, han incluido tamaños muestrales bastante reducidos y medidas de síntomas aislados empleando escalas muy concretas. Esto choca claramente con los estudios de medicina de mundo real [lo que pasa con los pacientes en la vida real, no en un ensayo clínico idealizado] asociados a programas de dispensación de cannabis medicinal, por ejemplo en Canadá, Israel, Reino Unido y muchos estados de EEUU, que implican el seguimiento de centenares de miles de pacientes que emplean el cannabis para mejorar su calidad general de vida, no para tratar un síntoma concreto. De hecho, en estos últimos estudios observacionales los resultados obtenidos son generalmente bastante más positivos que en los antedichos ensayos clínicos controlados”, comentan.

El pasado mes de octubre el Consejo de Ministros aprobaba la regulación del uso medicinal de cannabis como una alternativa terapéutica en casos donde los tratamientos convencionales no resultan eficaces.

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