Las 5 edades del cerebro: así cambian nuestras conexiones neuronales con el paso del tiempo
Un equipo de investigadores señala el momento en que se producen los cambios cerebrales más importantes a lo largo de la vida, mostrando la edad en que las intervenciones podrían ser más efectivas.
Un grupo de investigadores de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) ha irrumpido en la actualidad científica señalando cinco nuevas etapas en la vida del cerebro humano. En concreto, el estudio, publicado recientemente en la revista Nature Communications, ha analizado cómo se organizan las estructuras del cerebro en el tiempo y ha concluido que en esa disposición de las redes neuronales hay cambios clave alrededor de los 9, los 32, los 66 y los 83 años.
La primera impresión que causan estas conclusiones es que anuncia algo importante. Ahora bien, ¿hasta qué punto eso es así? Es decir, ¿qué aporta este estudio que antes no se supiera? Según la investigadora de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), Sandra Doval Moreno, “la principal novedad es el enfoque multivariante: en lugar de examinar métricas de organización cerebral por separado, integran 12 medidas simultáneamente usando técnicas avanzadas de análisis que identifican puntos de inflexión de forma objetiva. Estudios previos -recuerda- habían encontrado picos en medidas individuales alrededor de los 30 años, pero este es el primero en mostrar cómo el cerebro transita por épocas topológicas distintas con sus propias reglas de desarrollo. Además, también cubre todo el espectro vital (0-90 años) en una sola muestra grande (3.802 personas), algo poco común. Y revela que la adolescencia topológica se extiende hasta los 32 años, mucho más allá de definiciones tradicionales”.
Las cinco edades que identifican los investigadores “representan períodos donde el patrón de reorganización del ‘cableado’ cerebral sigue una misma trayectoria. Cada época tiene características distintas en cuanto a eficiencia de las redes, modularidad y centralidad de ciertas regiones. Aunque la estructura influye en la función, este estudio se centra en medir cómo se organizan las conexiones, no en evaluar capacidades cognitivas específicas”, aclara la experta.
Así explica Doval esos cambios detectados por los autores y que han levantado las fronteras entre las cinco edades identificadas: “A los 9 años termina la consolidación de redes de la infancia y cambia el factor dominante: pasa de centrarse en conexiones locales a importar más la eficiencia global. A los 32 años ocurre el cambio más dramático de toda la vida: termina un período de 23 años de creciente eficiencia e integración cerebral, alcanzando su pico máximo, y comienza una fase de estabilización que dura tres décadas”.
Y continúa: “A los 66 años no hay cambios direccionales bruscos, pero sí una reorganización gradual que marca el inicio del ‘envejecimiento temprano’, con mayor vulnerabilidad a condiciones como hipertensión. A los 83 años, la organización cerebral se simplifica notablemente, con mayor dependencia de conexiones locales específicas en lugar de integración global”.
No son periodos fijos ni inmutables
A priori, si leemos solo las conclusiones del estudio podría dar la impresión de que, a lo largo de la vida habrá cuatro cumpleaños especialmente importantes desde el punto de vista neurológico que marcarán nuestra existencia. Sin embargo, los cambios cerebrales de los que hablan los investigadores no son inmutables. Y es que “el estudio no aborda esta cuestión directamente porque su diseño transversal compara personas diferentes, no intervenciones. Lo que identifica son patrones poblacionales promedio en condiciones de desarrollo típico”, matiza la experta. Y añade: “Sabemos por otras investigaciones que factores como el ejercicio, la dieta, la estimulación cognitiva y el control de factores de riesgo cardiovascular pueden influir en la salud cerebral, pero este estudio no puede determinar si estos hábitos modificarían los puntos de inflexión específicos o simplemente optimizarían la función dentro de cada época. Los autores reconocen explícitamente que factores culturales, históricos y sociales influyen en estos procesos, sugiriendo que no son puramente biológicos e inmutables”.
Cambios que son oportunidades
El hito de los 66 años es especialmente interesante. Tal y como explica la investigadora de la UNIR, “en este punto, los autores no encuentran cambios direccionales importantes en métricas individuales, sino una reorganización gradual donde cambia qué aspecto de la topología es más característico: pasa de ser la conectividad local a ser la modularidad. Refleja el inicio de lo que llaman ‘envejecimiento temprano’, con degeneración incipiente de sustancia blanca y mayor riesgo de condiciones como hipertensión que afectan al cerebro”.
Por tanto, “más que un declive inevitable, podría verse como una ventana de oportunidad: es una edad donde intervenciones preventivas (control cardiovascular, estimulación cognitiva) podrían tener máximo impacto antes de que ocurran cambios más pronunciados en la década siguiente”.
Hay quienes apuntaban esas posibles intervenciones de carácter anticipatorio, como una de las aportaciones más valiosas de la investigación. Sin embargo, los autores son cautelosos. De hecho, “afirman que este hallazgo no genera recomendaciones clínicas inmediatas, aunque sí establece un marco temporal valioso. Conocer cuándo ocurren las mayores reorganizaciones cerebrales nos indica ventanas donde el cerebro podría ser más vulnerable a disrupciones. Por ejemplo, -señala Doval- el punto de los 66 años, que marca el inicio del envejecimiento cerebral temprano, podría ser un momento óptimo para implementar screening de biomarcadores de demencia. Sin embargo, antes de aplicarlo clínicamente se necesitan estudios longitudinales que sigan a las mismas personas en el tiempo y determinen si desviaciones de estas trayectorias típicas predicen realmente el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas”.
Un buen punto de partida
Estas ventanas de oportunidad, de momento, necesitan de más investigación, ya que, de momento, el “marco temporal que señala el estudio podría informar de cuándo intensificar screenings o implementar programas preventivos. Por ejemplo, sabiendo que los 9 años marcan un punto de inflexión con mayor riesgo de trastornos mentales, podríamos reforzar evaluaciones en esa edad”, asevera la profesora.
Por otro lado, “el conocimiento de que el desarrollo cerebral tipo-adolescente se extiende hasta los 32 años podría influir en políticas de salud mental para adultos jóvenes. Y los puntos alrededor de 66 y 83 años podrían guiar programas de prevención de deterioro cognitivo escalonados. Sin embargo, -advierte la experta- los autores enfatizan que primero se necesita validación con estudios longitudinales y evidencia de que intervenciones en estos momentos específicos son realmente más efectivas”.
Ni predicciones, ni recomendaciones
En definitiva, la literatura científica cuenta con un nuevo estudio que para la investigadora Sandra Doval Moreno se trata de un trabajo “metodológicamente robusto y con un enfoque innovador que avanza significativamente nuestra comprensión del desarrollo cerebral a lo largo de la vida. Además, la muestra es grande (3.802 participantes), cubre todo el espectro vital, y el uso de técnicas de aprendizaje automático para identificar puntos de inflexión de forma objetiva es novedoso en este campo”
“Las conclusiones están bien fundamentadas y los autores son apropiadamente cautelosos, reconociendo múltiples limitaciones. Me parece especialmente valioso que proporcionen un marco integrador que va más allá de examinar métricas aisladas. Sin embargo, es importante interpretar estos resultados como lo que son: patrones poblacionales promedio, no predicciones individuales ni recomendaciones clínicas directas”, considera.
La "letra pequeña"
En cuanto a las limitaciones del estudio, Doval apunta que las principales “son inherentes al diseño: al ser transversal, no puede seguir la evolución de cerebros individuales ni establecer causalidad, solo correlación. Los participantes mayores probablemente están más sanos que el promedio de su edad (sesgo de supervivencia), lo que puede no reflejar el envejecimiento típico. Las múltiples decisiones metodológicas (armonización de datos de 9 proyectos diferentes, umbrales aplicados) pueden influir en los resultados. Tampoco hay estratificación por sexo, así que no sabemos si estos puntos son iguales para hombres y mujeres. Y la última época tiene muy pocos participantes (93), limitando las conclusiones. A pesar de esto, el estudio es relevante porque establece por primera vez un mapa temporal robusto de reorganización cerebral que servirá de base para futuras investigaciones longitudinales”.
Un grupo de investigadores de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) ha irrumpido en la actualidad científica señalando cinco nuevas etapas en la vida del cerebro humano. En concreto, el estudio, publicado recientemente en la revista Nature Communications, ha analizado cómo se organizan las estructuras del cerebro en el tiempo y ha concluido que en esa disposición de las redes neuronales hay cambios clave alrededor de los 9, los 32, los 66 y los 83 años.