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Un tercio de los españoles es hipertenso: claves para detectar y prevenir a tiempo
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Un tercio de los españoles es hipertenso: claves para detectar y prevenir a tiempo

Los especialistas recomiendan iniciar controles de la tensión arterial a partir de los 18 años

Foto: Un doctor toma la tensión a una paciente. (EFE/Francisco Guasco)
Un doctor toma la tensión a una paciente. (EFE/Francisco Guasco)
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En el interior de la cabina, la doctora chequea los datos facilitados por la persona y, seguidamente, analiza sus niveles de hierro en sangre y también su tensión arterial, para asegurarse que es apto para donar. Los valores de esta última prueba están ajustados. Tras un segundo intento, se encuentran en el baremo. Una tensión arterial fuera de los niveles establecidos no solo descarta al donante; además supone un riesgo para su salud. Una información que un gran porcentaje de la población adulta desconoce.

El pasado año, la Revista Española de Cardiología publicó el artículo Cifras e impacto de la hipertensión arterial en España. El texto recoge que, "en España, el 33% de los adultos de 30-79 años (10 millones) eran hipertensos en 2019: el 68% estaba diagnosticado y el 57% recibía tratamiento farmacológico, y la cobertura terapéutica efectiva (control) alcanzaba al 33%, con disparidades geográficas y sociales en ambos parámetros. Aproximadamente, 46.000 muertes cardiovasculares al año son atribuibles a la hipertensión".

Aunque cualquier persona tiene en su entorno familiar, amigos o conocidos con problemas de tensión arterial, ¿conocemos cuál es la tensión arterial óptima? El doctor Luis Rodríguez Padial, presidente de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), explica que “la presión arterial es la presión que ejerce la sangre contra las paredes de las arterias y es vital para llevar oxígeno y nutrientes a los órganos”. Esta se expresa en dos cifras: sistólica —cuando el corazón se contrae— y diastólica —cuando se relaja—. "En consulta, valores por debajo de 120/80 mmHg se consideran óptimos; hipertensión suele definirse ≥140/90 mmHg, en medición de consulta, y ≥135/85 mmHg, en el domicilio/ambulatoria", señala.

La definición de hipertensión no cambia por edad. "En adultos, buscamos <130/80–85 mmHg si se tolera; como mínimo, <140/90 mmHg. En ≥65–80 años, el objetivo habitual es 130–139 mmHg de sistólica (sin bajar <120); en ≥80 años, también 130–139 mmHg, si el paciente lo tolera", apunta el doctor Rodríguez. Lo fundamental es individualizar según fragilidad, comorbilidades y efectos adversos.

Foto: Hospital Materno Infantil. (EFE)

En personas sanas, se recomienda iniciar controles de la tensión arterial a partir de los 18 años. Si los valores son normales, la medición puede repetirse en 3 o 5 años y anual si está "alta-normal" (130–139/85–89). Junto a estas comprobaciones hay que tener en cuenta otros factores, sostiene el presidente de la SEC, como el sobrepeso, antecedentes familiares, embarazo, apnea del sueño, enfermedad renal, diabetes o deporte de competición. "Es muy útil validar con automedición en casa (con un dispositivo que esté válido y posea un manguito adecuado) y, ante dudas, monitorización ambulatoria de 24 horas", declara.

Hay ciertas enfermedades que pueden comprometer de manera especial los valores de la presión arterial, "como la enfermedad renal, apnea del sueño, trastornos tiroideos/cortisol, hiperaldosteronismo, estenosis de arteria renal, feocromocitoma; también fármacos (AINE, descongestionantes, esteroides)", dice el doctor Rodríguez. Asimismo, existen determinados órganos que son vulnerables a la aparición de hipertensión: "el cerebro (ictus), corazón (infarto, insuficiencia cardiaca, fibrilación auricular), riñón (nefropatía), retina y arterias periféricas", manifiesta.

placeholder José Antonio Castañeda, atiende a una paciente. (EFE / Francisco Guasco)
José Antonio Castañeda, atiende a una paciente. (EFE / Francisco Guasco)

Más allá de la medición de la presión arterial que, técnicamente, se realiza de la misma manera en hombres y mujeres, existen algunas características diferenciales en su evolución. La principal es a nivel hormonal, un componente que modifica la presión arterial, "especialmente durante el embarazo, menopausia o con la toma de anticonceptivos", afirma el nefrólogo y especialista en hipertensión del Hospital Clínico San Carlos, José Antonio García Donaire. Asimismo, más allá de los anticonceptivos, tanto en hombres como en mujeres, "la toma de determinados fármacos favorece el incremento de la presión arterial como son antiinflamatorios, corticoides o/y antidescongestivos nasales, y, por supuesto, todo tipo de drogas ilícitas", dice el doctor García.

Para prevenir la aparición de la hipertensión, los expertos recomiendan centrarse en tres pilares fundamentales: nutrición, ejercicio físico y control de las emociones. Estas medidas deben iniciarse desde la infancia, especialmente si se tienen antecedentes familiares u otros factores de riesgo vasculares como la diabetes, la hipercolesterolemia, la obesidad o los hábitos tóxicos como el tabaquismo o el consumo excesivo de alcohol. Además, insiste el especialista del Hospital Clínico San Carlos, “se debe reducir la ingesta del sodio de los alimentos, el consumo de alimentos ultraprocesados, la ingesta de grasas saturadas y, en su lugar, llevar una nutrición saludable y variada. Asimismo, la práctica de ejercicio físico moderado y control del estrés”.

Las recomendaciones que se deben seguir para evitar el inicio de una patología tan prevalente y severa como la hipertensión arterial, primera causa de mortalidad a nivel mundial, están basadas en la prevención y en la detección precoz de determinados síntomas. “Aunque una persona se encuentre sana, puede estar indicando el debut de la hipertensión arterial con síntomas banales fácilmente confundibles con la normalidad como la cefalea, el mareo, la dificultad de concentración, visión borrosa o palpitaciones”, apunta el doctor García. Si hay presencia de alguno de estos síntomas es esencial acudir al médico de Atención Primaria para hacer una revisión de presión arterial y, potencialmente, un estudio para verificar si el paciente requiere un tratamiento específico, “pues iniciar precozmente el tratamiento es la clave para evitar sus graves complicaciones”, afirma.

En el interior de la cabina, la doctora chequea los datos facilitados por la persona y, seguidamente, analiza sus niveles de hierro en sangre y también su tensión arterial, para asegurarse que es apto para donar. Los valores de esta última prueba están ajustados. Tras un segundo intento, se encuentran en el baremo. Una tensión arterial fuera de los niveles establecidos no solo descarta al donante; además supone un riesgo para su salud. Una información que un gran porcentaje de la población adulta desconoce.

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