La reanimación cardiopulmonar en la calle salva vidas
¿Cómo actuaría ante una persona que sufre una parada cardiorespiratoria? Según los datos, solo tres de cada diez ciudadanos de nuestro país tienen conocimiento sobre la reanimación cardiopulmonar. Una maniobra que pueden salvar una vida y que todos deber
El Samur explicando maniobras de RCP, en un maratón de sangre en el Hospital Ramón y Cajal. (Europa Press/Alberto Ortega)
Ya está desatada la locura Natalicia en el centro de la capital desde hace dos semanas. Cada año sucede antes. Riadas de personas que se agolpan y atropellan en busca de inexistentes gangas y que hacen imposible la circulación fluida de los peatones. Imaginen que uno de estos caminantes, varón, de unos sesenta, sin antecedentes de enfermedad previa, se desploma en el suelo por una parada cardiaca.
¿Qué pasaría? Se generaría una alarma general entre los transeúntes y se formaría un círculo alrededor del cuerpo, todos tirando de móvil, algunos para pedir ayuda, otros para grabar. Entre la confusión, por cuestión meramente probabilística, aparecería un sanitario o sanitaria de los que aún atesoran espíritu altruista, que se arrodillaría para comprobar que, en efecto, está en parada cardiorrespiratoria. Sería entonces cuando iniciaría las maniobras de reanimación cardiopulmonar (en adelante, RCP) y pediría a cualquiera de los que están alrededor que contacte con emergencias para solicitar una ambulancia, si es que alguien no lo ha hecho ya de forma espontánea. En ese momento, iniciaría las famosas compresiones en el pecho que todo el mundo conoce de las películas e instruiría a los otros testigos para sustituirle cuando se cansase. Porque el sanitario, o sanitaria, sabe perfectamente que mantener las compresiones torácicas son fundamentales para que el porcentaje de supervivencia sea mayor.
Es probable que las asistencias lleguen con prontitud (estamos en el centro de la capital) y que nuestro infortunado paseante sea trasladado al hospital con buenas posibilidades de sobrevivir. Pero, imaginemos ahora que nuestro protagonista tiene la desgracia de que se le pare el corazón una hora antes, cuando aún se encuentra en casa preparándose para salir a la calle. Se está poniendo un zapato cuando sufre una parada cardiaca y cae sin vida en el piso de su casa, sin que nadie sea testigo de la situación, puesto que vive solo. No es algo inusual, ya que sabemos por el Instituto Nacional de Estadística que uno de cada nueve de los ciudadanos españoles vive solo.
¿Tiene alguna posibilidad de sobrevivir? Francamente, no. El Dr. Frederic Larsan siempre dice que hasta para morir hay que tener suerte. Hace referencia, por supuesto, al hecho de que nunca sabemos qué jugarreta nos tiene preparado el destino. No le falta razón. Si sufrimos una parada cardiaca (en tal caso podemos decir que estamos técnicamente muertos), es mejor que sea con gente alrededor que pueda, primero, dar la voz de alarma y segundo, iniciar la reanimación cardiopulmonar básica hasta que llegue la asistencia cualificada. Si hay alguien alrededor puede que nos salvemos. Si no, no. En efecto, hasta para morir hace falta un poco de suerte… siempre y cuando alguien haga algo.
Según datos ministeriales (en concreto, el informe OHSCAR, acrónimo inglés de Out-of-Hospital Spanish Cardiac Arrest registry, que significa “registro español de parada cardiaca extrahospitalaria“), cada año se producen en nuestro país unas treinta mil paradas fuera de los hospitales. En concreto, se calcula una incidencia entre 13 y 35 casos por cada 100.000 habitantes/año, una cifra inferior en comparación con otros países de nuestro entorno, circunstancia que siempre se ha justificado por factores socioculturales y demográficos. Es más frecuente en el varón que en la mujer (en una proporción de 3/1), y la edad media ronda los 65 años, con una diferencia de edad de unos 6 años (en la mujer se producen, de media, más tarde).
¿Cuántos sobreviven a una PCR? Entre el 5% y el 40%, (es decir, en el mejor de los casos, no llega a uno de cada dos) y va a depender de varios factores. La primera, como todos ustedes podrán colegir, de la premura de la intervención. La llegada de los servicios de emergencia en los primeros 8 minutos desde la parada cardiaca se asocia de manera significativa con la supervivencia del sujeto, pero esta circunstancia solo pasa en una de cada cuatro llamadas. Es un porcentaje difícil de mejorar, puesto que depende de la cantidad de recursos que tenga la población en la que se encuentra el sujeto, y de donde se encuentre este (puede estar en un domicilio de difícil acceso, o en una población remota). En estos casos cobra más importancia aún la actuación de los testigos del incidente. Según el informe OSHCAR el 40% de las paradas cardiacas reanimadas son asistidas inicialmente por testigos, lo cual supone que la supervivencia alcance entre el 46% y el 51%.
¿Sabe el ciudadano de a pie reanimar? Según datos de la Fundación Española del corazón, solo el 30% (en el mejor de los resultados) sabe realizar una RCP. Los datos empeoran por el hecho de que quien conoce la técnica no la aplica, llegado el caso por bloqueo, pudor, o falta de iniciativa. El Dr. Frederic Larsan insiste en la importancia de que se enseñe la RCP en los colegios como materia obligatoria. La LOMLOE (Ley Orgánica de Modificación de la LOE), vigente desde 2020, incluye la enseñanza de la RCP como parte de la Educación Física obligatoria en la ESO. El objetivo es que el alumnado adquiera los conocimientos básicos para poder aplicarlos en su entorno, ya que la mayoría de las paradas cardíacas ocurren en el hogar. Ahora bien, ¿es realmente una disciplina que deba incluirse en la asignatura de educación física? ¿Quizás se debiera impartir de otra manera?
La supervivencia de las paradas cardiacas también depende del tipo que sea esta. No es lo mismo que el corazón tenga una arritmia que pueda ser tratada eléctricamente con un desfibrilador (fibrilación ventricular), o que el problema sea que el corazón está completamente parado (asistolia), o que tenga actividad, pero que no genere contracción miocárdica (actividad eléctrica sin pulso). En los dos últimos casos las posibilidades de éxito son aún menores (y bajan a un 15%). En las PCR provocadas por una arritmia que tratable con un desfibrilador, las probabilidades de éxito aumentan. Los equipos médicos de emergencias disponen de un desfibrilador portátil que utilizarán si consideran oportuno, pero para ello han de llegar. Y a veces no es tan sencillo; pueden estar ocupados en otros pacientes, o puede que el camino sea muy complicado.
¿Qué ocurre si presenciamos una parada y los equipos aún no han llegado? Desde hace muchos años se disponen de los dispositivos DEA (Desfibrilador Externo Automático) y que son esos aparatos que ustedes han visto en aeropuertos, estaciones y grandes superficies. Normalmente, están en vitrinas, como los extintores, y se encuentran a la disposición de cualquiera que presencie una parada cardiaca. Su uso es sencillo; basta con seguir las instrucciones; se saca, se enciende y se colocan los parches autoadhesivos en el paciente. El aparato analizará el ritmo y realizará una descarga en el caso de que detecte una arritmia desfibrilable. En caso contrario, sugerirá que se mantengan las compresiones torácicas, u otra medida que considere pertinente. Los testigos seguirán todas estas indicaciones que salen a través de un altavoz que el propio aparato tiene a la espera de la ayuda especializada.
Un tercio de las reanimaciones que inician los testigos suceden bajo las instrucciones que reciben desde el teléfono y que provienen de los centros coordinadores de emergencias de las diferentes CCAA, donde se les explica cómo realizar la RCP y cómo utilizar el DEA en el caso de que esté disponible. Aun así, es bajo el porcentaje de DEA que se utilizan por parte de los testigos, circunstancia que debe ser mejorable, si tenemos en cuenta que su uso se asocia de manera significativa con la supervivencia. El Real Decreto 365/2009 establece los requisitos técnicos que tienen que tener tales aparatos a nivel nacional, mientras que cada comunidad autónoma regula las obligaciones específicas para locales, centros deportivos, centros educativos, centros comerciales y establecimientos de transporte con ciertas capacidades o aforos. No tengan miedo de romper el cristal y sacarlo. Una vida está en juego.
A nuestro viandante se le realizó RCP mediante compresiones hasta la llegada de la ambulancia. El equipo comprobó el ritmo (desfibrilable), aplicó una descarga, y su corazón volvió a latir. Poco a poco volvió en sí, aún muy confuso. Lo primero que vio son las luces de Navidad en el cielo, y luego un tumulto a su alrededor. Tímidos aplausos cuando le levantaron en la camilla. Ya en la ambulancia el médico le confortó con palabras adecuadas mientras él se preocupaba de respirar el aire puro de la mascarilla. En el hospital, le trataron su problema, y consiguió sobrevivir.
Semanas después, el viandante que sufrió la parada se reunió con la persona que le hizo RCP aquella tarde. El encuentro quedó retratado en una fotografía hecha en el mismo local donde se produjeron los hechos y esa imagen completó la noticia que se publicó en un diario de tirada nacional. “La reanimación cardiopulmonar en la calle salva vidas” tituló el periodista aquel reportaje que nos hace pensar a todos, que una sociedad que se preocupa del bienestar de los demás es aún posible.
Si alguna vez alguien cae a su lado, llamen al 112 y sigan las instrucciones. Las compresiones torácicas son necesarias y salvan vidas y, les aseguro, que más vale por exceso que por defecto. Hay tutoriales en todas partes; gasten unos minutos de su tiempo en instruirse. La vida de otro depende de ello. La suya también, llegado el caso, si quien le auxilia no sabe qué hacer.
Que se mejoren.
Ya está desatada la locura Natalicia en el centro de la capital desde hace dos semanas. Cada año sucede antes. Riadas de personas que se agolpan y atropellan en busca de inexistentes gangas y que hacen imposible la circulación fluida de los peatones. Imaginen que uno de estos caminantes, varón, de unos sesenta, sin antecedentes de enfermedad previa, se desploma en el suelo por una parada cardiaca.