Aunque las cifras de la incidencia del cáncer permanecen más o menos estables, el análisis fino de los datos ilumina tendencias que deberían servir para planificar nuestras estrategias, tanto colectivas como individuales
Foto de archivo de un hombre recibiendo quimioterapia en un hospital de Carolina del Norte en 2003. (Getty Images/Chris Hondros)
Es una de las preguntas de sobremesa que cualquier oncólogo ha de responder más veces: "¿Por qué cada vez hay más cáncer?". La intuición nos dice que el aumento del cáncer alcanza ya cotas de epidemia; los datos, no tanto. En general, tu probabilidad de tener cáncer no es mucho mayor que la de tu padre o la de tu abuela, año a año.
Para empezar, sucede que somos más y, además, más viejos. La población española ha crecido en 10 millones desde 1990, casi triplicando los setentones y octogenarios, el caladero favorito del cáncer. Otros factores que colaboran a la ilusión óptica de la epidemia de cáncer son los programas de diagnóstico precoz —contamos hoy los cánceres de mañana— y la mejoría de los registros de cáncer —no se escapa ni un caso—. Un último aspecto antipático es nuestra propia percepción condicionada por la edad; según vamos entrando en el territorio de los 50 y los 60 nos parece que el cáncer se dispara porque nosotros y nuestro entorno —hermanos, cuñados, amigos, colegas, parejas y exparejas— nos adentramos de la mano en la zona de riesgo. Nos parece que hay mucho más cáncer en general solo porque así sucede en nuestro ecosistema de relaciones.
Por eso los epidemiólogos miden la incidencia por cada 100.000 personas nacidas en una misma franja de tiempo. Cuando uno mira esa curva, las tasas globales llevan dos décadas muy estables en España. Se aprecia una ligera disminución en los hombres y un leve aumento en las mujeres, reflejando el tirón del cáncer de pulmón, ya que nosotros empezamos a dejar de fumar a finales de los 80 y vosotras seguisteis dale que te pego con el fumeque hasta bien entrado el siglo XXI.
Pero no todos los tumores siguen el mismo guion. El panorama empieza a ser más informativo al trocear los datos. Son cánceres al alza en España los de páncreas, tiroides, riñón y linfomas no Hodgkin, así como el de pulmón y vejiga en las mujeres. Otros tumores que aumentan en países occidentales son algunas variedades de cerebrales, los de hígado y vesícula biliar, los uterinos (endometrio) y el mieloma.
El aumento de los tumores de pulmón y vejiga entre las mujeres españolas no tiene mucho misterio porque se relaciona con su tabaquismo tardío respecto a los hombres —sí, el cáncer de vejiga está estrechamente vinculado con el tabaco porque sus venenos se eliminan por la orina—. Respecto a los factores que tiran del carro de los otros tumores, probablemente sea una combinación de ellos. El principal sospechoso es el sobrepeso —¡que eso sí es una epidemia de las de verdad!—. Los cánceres de mama posmenopáusica, tiroides, riñón, mieloma, útero, páncreas, vías biliares e hígado se correlacionan tozudamente con la obesidad en todas las estadísticas
En el lado del sol, están a la baja los cánceres de pulmón en hombres, los de colon en personas mayores, el de cuello de útero y el gástrico. La curva de caída del cáncer de pulmón en los hombres calca la del abandono del tabaco, con veinte años de decalaje. El cáncer de colon se repliega a la par que eliminamos los pólipos premalignos descubiertos en los programas de diagnóstico precoz. La drástica reducción del cáncer de cuello de útero en los países desarrollados deriva directamente de las citologías de cribado y de la generalización de las vacunas del virus del papiloma humano (VPH), que es su causa. El gástrico, que solía ser el 5º cáncer más frecuente, se desploma en picado; tiene que ver con mejoras en la seguridad alimentaria y con el diagnóstico y tratamiento, cada vez más frecuente, del Helicobacter pylori, una bacteria que parasita el estómago y está detrás de 9 de cada 10 casos.
Un asunto paralelo y preocupante —para otro día, prometido— es la juvenilización del cáncer; algunos tumores permanecen estables o disminuyen en sus edades clásicas, pero aumentan en personas más jóvenes. Los tumores malignos de mama, colon y recto son el paradigma de este fenómeno, que apenas estamos empezando a estudiar. El caso del cáncer de colon está adquiriendo tintes dramáticos; a nivel global, los casos menores de 50 años se han más que duplicado desde 1990.
Entonces, ¿hay o no hay más cáncer? Pues no hay una explosión generalizada, sino una estabilidad general con puntos negros y otros luminosos. La buena noticia es que, mientras discutimos la incidencia, cae con fuerza la estadística que de verdad importa, la de lamortalidad, gracias a la prevención, a los programas de diagnóstico temprano y al avance de los tratamientos.
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Es una de las preguntas de sobremesa que cualquier oncólogo ha de responder más veces: "¿Por qué cada vez hay más cáncer?". La intuición nos dice que el aumento del cáncer alcanza ya cotas de epidemia; los datos, no tanto. En general, tu probabilidad de tener cáncer no es mucho mayor que la de tu padre o la de tu abuela, año a año.