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Perspectivas futuras, ¿qué nos depara la próxima década en neurocirugía y cirugía de columna?
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Perspectivas futuras, ¿qué nos depara la próxima década en neurocirugía y cirugía de columna?

Gracias al análisis de datos en tiempo real, las tecnologías y las herramientas diagnósticas en la próxima década seguiremos mejorando nuestra manera de diagnosticar, operar y rehabilitar a nuestros pacientes

Foto: Cirugía de bypass mediante el robot 'Da Vinci'. (EFE)
Cirugía de bypass mediante el robot 'Da Vinci'. (EFE)

La neurocirugía y la cirugía de columna han experimentado en los últimos años una evolución vertiginosa. Lo que hace apenas una década parecía ciencia ficción —como operar con robots, planificar cirugías en 3D o utilizar realidad aumentada en el quirófano— es hoy ya una realidad cotidiana en muchos hospitales. Pero el progreso no se detiene. La próxima década seguiremos mejorando nuestra manera de diagnosticar, operar y rehabilitar a nuestros pacientes tras las cirugías.

Gracias al análisis de gran cantidad de datos en tiempo real, podremos realizar cirugías que estén, en primer lugar, bien indicadas y, en segundo lugar, con la mejora de las tecnologías y herramientas intraoperatorias, bien ejecutadas.

Muchas veces dentro del equipo, entre nosotros, realizamos un juego intelectual que trasladamos a nuestros jóvenes colaboradores y médicos visitantes: ¿Qué es más importante en cirugía de columna la indicación o la ejecución? Está claro que la respuesta es que ambos son igual de importantes. Si indicamos bien, pero nuestra técnica quirúrgica no es depurada, seguramente tendremos un mal resultado. De la misma manera, por muy bien que operemos, si indicamos mal, tendremos también un mal resultado. En ambos aspectos veremos que en los próximos años principalmente la tecnología y las nuevas herramientas diagnósticas y terapéuticas nos van a ayudar.

Los planes quirúrgicos que debatimos en sesiones multidisciplinares estarán condicionados por recomendaciones basadas en el análisis de miles de casos realizados previamente no solo por nosotros, sino también por muchos cirujanos de nuestro entorno. Dichas propuestas irán lógicamente ajustadas a las características de nuestros pacientes, su edad, sexo, comorbilidades, cirugías previas, peso, biomecánica y morfología de la columna, calidad ósea, fuerza muscular, etc. Pero también irán ajustadas a las características del cirujano y del medio en el que operará al paciente. Está claro que lo que podamos ofrecerle y hacerle a un paciente no será lo mismo en un hospital en Madrid que en un hospital en Adís Abeba. De la misma forma, las recomendaciones no serán iguales para mí, un cirujano con más de 30 años de experiencia que para un cirujano que acabe de comenzar. Quizás a mí me recomiende (¿y permita?) realizar abordajes más complicados, mientras que a mi colega le proponga un abordaje menos complicado, pero que ofrezca mayor seguridad.

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Lo que también resultará interesante es que contaremos con información en tiempo real sobre si los pasos quirúrgicos que estemos realizando son los apropiados. Ya recibimos por parte de los softwares que incorporan los sistemas de robótica y navegación, recomendaciones y propuestas sobre la mejor colocación de la instrumentación y que nosotros validamos antes de empezar una intervención. Pero lo interesante será contar con ese asistente inteligente (quien contará con información de miles de cirugías realizadas previamente) en tiempo real que nos guíe.

En la parte de la ejecución, inevitablemente la cirugía dependerá cada vez menos de la habilidad del cirujano. Algo que puede chocar en la actualidad (¿quién no prefiere un buen piloto?) irá desapareciendo con el tiempo. Y eso será algo bueno en sí mismo, dado que eliminará el factor actual que determinados resultados dependan de la pericia del operador. Esa democratización de la neurocirugía garantizará a los pacientes un mejor resultado general. Contamos ya hoy en día con mucha tecnología que permite la colocación exacta y precisa de electrodos en el parénquima cerebral y en columna los brazos robóticos ya nos ayudan en la colocación más exacta de la instrumentación.

Bien es cierto que aún estamos lejos de que estos sistemas sean capaces de realizar las incisiones o realizar descompresiones mediante resecciones de partes de la lámina ósea o escisiones del ligamento amarillo, pero no duden que llegaremos a verlo.

¿Qué ocurrirá con las cirugías para tumores?

El continuo progreso en el conocimiento de la biología molecular de los tumores cerebrales también supondrá un cambio en cómo afrontamos la cirugía de los mismos. Hoy en día ya sabemos que algunos de ellos no precisan de resecciones amplias, dado que con terapias específicas podemos tratarlos.

De la misma manera, los avances en biotecnología, terapia celular y neuroestimulación están abriendo nuevos horizontes. Ya sabemos del beneficio de determinadas terapias regenerativas en grandes articulaciones. Estos progresos aún requieren de confirmación cuando hablamos de nuestras columnas. Sin embargo, ha avanzado mucho el conocimiento en la neuroestimulación tanto a nivel cerebral como a nivel medular. Nos atrevemos a colocar electrodos en nuevas dianas profundas cerebrales para tratar enfermedades mentales tan variadas como el párkinson, la depresión o las adicciones. La estimulación medular empieza a ofrecer resultados prometedores en la recuperación motriz de pacientes que han sufrido una lesión medular y el conocimiento cada vez mayor de la estimulación epidural medular ha mejorado los resultados para el tratamiento de los pacientes con dolor crónico axial o irradiado a miembros.

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Siempre ante tanto avance, quedará la pregunta sobre la confidencialidad en el manejo de tanta información tan sensible. Pensemos además que en ocasiones de esta información no solo son depositarios los actores sanitarios conocidos (hospitales, aseguradoras, médicos) sino que ahora también lo empiezan a ser la industria, las empresas tecnológicas y los gobiernos.

Y finalmente, tendremos que acostumbrarnos quizás a que los tratamientos dependan cada vez menos de las personas. Ya está ocurriendo que buscamos respuestas a problemas de salud en las aplicaciones de inteligencia artificial basadas en los modelos de lenguaje. Las nuevas generaciones interaccionan de forma natural y diaria con pantallas y pronto no nos tendrá que sorprender que una recomendación de tratamiento la realice un humanoide y la medicación nos la acerque un robot.

Será entonces cuando tengamos que decidir sobre la relación ancestral entre médicos y pacientes.

La neurocirugía y la cirugía de columna han experimentado en los últimos años una evolución vertiginosa. Lo que hace apenas una década parecía ciencia ficción —como operar con robots, planificar cirugías en 3D o utilizar realidad aumentada en el quirófano— es hoy ya una realidad cotidiana en muchos hospitales. Pero el progreso no se detiene. La próxima década seguiremos mejorando nuestra manera de diagnosticar, operar y rehabilitar a nuestros pacientes tras las cirugías.

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