Toda la verdad sobre los ingredientes que llevan las pastillas de caldo de pollo: ¿son saludables?
Analizamos con un experto qué contienen estos cubitos (incluida la cantidad real de ave) y sus efectos en la salud
Llega el invierno y con él ese impulso casi automático de buscar consuelo en un plato caliente. Los días se acortan, el cuerpo pide abrigo y la cocina se convierte en refugio.
Una sopa humeante, un cocido lento o un simple caldo pueden obrar milagros en una tarde gris. Y en ese momento de urgencia o pereza, cuando no hay tiempo ni ganas de poner una olla al fuego durante horas, las pastillas de caldo del supermercado se presentan como la solución perfecta: baratas, rápidas y aparentemente infalibles.
Durante décadas han sido un básico en las despensas de medio país, herencia de una época en la que la cocina se simplificó y la industria prometía sabor sin esfuerzo. Hoy, sin embargo, el paladar colectivo ha cambiado. Hablamos de ingredientes, de etiquetas limpias, de sostenibilidad. Y surgen las preguntas: ¿se parecen en algo a un caldo hecho en casa o solo lo imitan con trucos químicos?, ¿qué ingredientes llevan?, ¿realmente son saludables?
De la mano del dietista-nutricionista Iñaki Elío analizamos este producto tan popular en las casas españolas. Elío es el director del Grado de Nutrición Humana y Dietética de la Universidad Europea del Atlántico.
Análisis de los ingredientes
El especialista explica que las pastillas de caldo de pollo generalmente contienen “una alta proporción de sal, junto con potenciadores del sabor como el glutamato monosódico, grasas vegetales (a menudo grasa de palma), almidón o espesantes, aromas o extractos de pollo en muy baja cantidad (alrededor de 3% o menos), además de pequeñas cantidades de verduras, especias y aditivos para mejorar sabor y conservación”.
El nutricionista desgrana que la sal suele ser el ingrediente más presente y “puede superar el 50% del peso de la pastilla”. Sobre el sodio explica que numerosos estudios científicos “han evidenciado que el consumo elevado de sal, está asociado a hipertensión arterial y un aumento del riesgo cardiovascular”. En este sentido, señala que “una sola pastilla puede contener entre 2 y 3 gramos de sal, lo que se aproxima o supera el límite diario recomendado por autoridades como la OMS”.
Otro de los ingredientes más presentes en el glutamato monosódico que, “aunque considerado seguro a dosis normales, ha sido vinculado con estudios preclínicos con efectos adversos como neurotoxicidad, alteraciones metabólicas y aumento del apetito, además de provocar síntomas en individuos sensibles como cefaleas y malestar”.
A todo ello suma que “las grasas saturadas de la grasa de palma pueden incrementar el riesgo de trastornos cardiovasculares si se consumen en exceso”.
En cuanto al ingrediente que mucha gente se piensa que lleva en gran cantidad, el pollo o la gallina, “el contenido real es bajo, alrededor del 3% a veces menos, el sabor es atribuido a aromatizantes y potenciadores sintéticos del sabor, en lugar de carne natural”. “Esto limita el valor nutricional y proteico real de las pastillas respecto a un caldo casero preparado con pollo fresco”, desarrolla.
¿Son saludables?
Llegados a este punto, planteamos al experto la gran pregunta de si puede ser recomendable para la salud hacerte una sopa con una de estas pastillas, a lo que responde “no son saludables para un consumo frecuente o habitual debido a su alto contenido en sal, grasas saturadas y aditivos como el glutamato, que están asociados con riesgo de hipertensión, enfermedades cardiovasculares y alteraciones metabólicas”.
“La evidencia científica recomienda limitar su ingesta y preferir caldos caseros elaborados a partir de ingredientes frescos, que aportan mejor composición nutricional y menor carga de sodio y aditivos”, añade.
Llega el invierno y con él ese impulso casi automático de buscar consuelo en un plato caliente. Los días se acortan, el cuerpo pide abrigo y la cocina se convierte en refugio.