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Así se transcriben a braille los libros que dan "autonomía e independencia" a los niños ciegos
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Así se transcriben a braille los libros que dan "autonomía e independencia" a los niños ciegos

Cada año, en Ilunion Accesibilidad transcriben unos 250 libros académicos que permiten que los estudiantes con discapacidad visual sigan el mismo ritmo que el resto de sus compañeros

Foto: Así se transcribe a braille los libros que dan 'autonomía e independencia' a los niños ciegos. (A. M. V.)
Así se transcribe a braille los libros que dan 'autonomía e independencia' a los niños ciegos. (A. M. V.)
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Pablo Rodríguez Ríos siempre ha estado familiarizado con el braille. Su padre era ciego y recuerda perfectamente cómo preparaba, con una pauta o con su máquina Perkins, el listado de canciones que componían sus vinilos. Lo que no sabía es que acabaría dedicándose a ello: lleva casi 30 años dedicándose a la transcripción a braille de todo tipo de libros, aunque tiene especial predilección por los académicos de ciencia.

A pesar de llevar a sus espaldas más de mil libros y muchas otras publicaciones, la ilusión al explicar su trabajo sigue intacta. Actualmente, es el coordinador del Equipo de Transcriptores de Ilunion Accesibilidad, desde donde muestra algunos ejemplos de su trabajo, como las papeletas que hacen posible que las personas con discapacidad visual puedan votar con total autonomía desde 2008. 

Aunque él es el responsable, su equipo lo conforman también otras 18 personas que se encargan de la transcripción a braille de todo tipo de documentos: desde folletos de fiestas patronales, hasta las cajas de medicamentos, pasando por el último Premio Planeta o los libros escolares que cientos de niños utilizan en España. “La transcripción braille consiste en generar la misma documentación que tenemos en tinta, pero en braille. Exactamente lo mismo; no traducimos, no cambiamos cosas, hacemos adaptaciones específicas que se puedan necesitar”, relata desde una de las plantas de Ilunion, que forma parte del Grupo Social Once, que está completamente adaptada para las necesidades de sus trabajadores, muchos de ellos con discapacidad.

Aunque las tareas son múltiples, la transcripción a braille de libros académicos ocupa el 90-95% del trabajo, con unos 250 al año. Este especialista en transcripción de ciencias (como matemáticas, química y circuitos eléctricos), recuerda que este tipo de publicaciones suele contar con fórmulas matemáticas o fracciones y una serie de signografías que han de transcribir.

Transcribir libros de matemáticas a braille

Para pasar de un libro de texto a uno en braille, el proceso cuenta con varios pasos. En primer lugar, los estudiantes solicitan a la Once, quienes son clientes de Ilunion Accesibilidad, las adaptaciones, que pueden ser en braille o en audiolibro, depende de las características de cada uno. Una vez que se decide el sistema que se va a seguir, se solicita la publicación y comienzan con la transcripción.

placeholder Pablo Rodríguez Ríos posa para el reportaje de El Confidencial. (A. M. V.)
Pablo Rodríguez Ríos posa para el reportaje de El Confidencial. (A. M. V.)

“Hace unos años, cuando yo empecé, te mandaban el libro físico y te ponías a transcribirlo, aún no había ordenadores para hacerlo. Aprendí a escribir a mano con una pauta; luego a partir de ahí con una máquina de escribir para personas ciegas y ya luego entró la informática en marcha”, explica. Es decir, actualmente, suelen recibir los libros en PDF, lo que facilita mucho la labor; después no es automático y tienen que ir más allá de adjuntarlos a un programa específico para que realice la transcripción con las signografías especiales.

Va mucho más allá. Se han de marcar los títulos de determinada manera, analizar los mapas, ilustraciones y demás contenidos especiales y todo siguiendo una normativa especial. Además, si son para niños pequeños, se hacen con un máximo de X caracteres por línea y se imprimen a una sola cara.

Foto: Dos mujeres con ceguera. (EFE)

Además, han de tener en cuenta las distintas tipografías y colores utilizados en los libros de tinta. Normalmente, lo que más se utiliza es la letra redonda, pero también está la negrita, la cursiva y el subrayado y para las tres últimas hay marcas especiales, es decir, signos que ponen por delante y por detrás de las palabras para indicarlo. El problema es cuando utilizan también colores o cuando hay fotografías o mapas. En estos casos, se hace una adaptación específica que se describe al alumno lo que se ha hecho. También hay un sistema de relieves.

placeholder Una trabajadora de Ilunion Accesibilidad. (A. M. V.)
Una trabajadora de Ilunion Accesibilidad. (A. M. V.)

Cada asignatura y nivel educativo tiene su aquel y asegura que no es lo mismo transcribir un libro de filosofía que uno de química orgánica. “Son totalmente distintas”, comenta. Cada uno de los trabajadores del equipo suele estar especializado, pues el resultado final “siempre será mejor y se optimiza los tiempos de trabajo”, aunque asegura que todos pueden hacer de todo. 

No suelen centrarse en un único libro, pero en el caso de hacerlo, tardarían una media de tres a cuatro semanas en transcribirlo por completo. En cambio, suelen trabajar por volúmenes o unidades. Una vez que tienen un par transcrito, lo envían a Once, quienes los imprimen y los envían a casa de los estudiantes. Siempre intentan hacerlo con cierto margen para que pueda tener los materiales a la par de sus compañeros.

placeholder Una hoja de tinta en tamaño A4 con letra estándar equivaldría, aproximadamente, a tres páginas braille. (A. M. V.)
Una hoja de tinta en tamaño A4 con letra estándar equivaldría, aproximadamente, a tres páginas braille. (A. M. V.)

En cuanto a las proporciones, una hoja de tinta en tamaño A4 con un tamaño de letra estándar equivaldría, aproximadamente, a tres páginas braille. Transcriben para todas las lenguas oficiales en España, así como para libros de idiomas.

Sara y Laura utilizan libros transcritos a braille

Sara y Laura son dos hermanas madrileñas que llevan años utilizando libros transcritos a braille. Estas niñas, que tienen discapacidad visual a causa de una enfermedad congénita,  comenzaron a aprender a leer y escribir a la par que el resto de sus compañeros: primero las vocales, luego con consonantes, hasta leer sílabas y al final palabras y frases completas. Eso sí, lo hicieron de la mano de su profesora itinerante de la Once.

Además del braille, también aprendieron a escribir en Perkins, una especie de máquina de escribir pero para el braille. “La etapa de aprendizaje fue al igual que en todos los niños, en infantil. Según sus compañeros aprendían a leer y a escribir, ellas también lo hacían”, explica Óscar Avendaño, padre de las pequeñas.

placeholder Sara y Laura, hermanas madrileñas con discapacidad visual. (Cedidas)
Sara y Laura, hermanas madrileñas con discapacidad visual. (Cedidas)

Tanto Óscar, como Inmaculada del Pozo, la madre, saben braille, pero conforme las niñas se hacían mayores y las asignaturas eran más, pidieron tener los libros transcritos a braille, pero también en tinta. “Nosotros hasta segundo, nos apañábamos y les intentábamos ayudar, pero la cosa se ha ido complicando y venían más materias, por lo que decidimos pedir los libros en tinta”, explica Óscar.

Inmaculada añade que en los primeros cursos de primaria, el enunciado del ejercicio era muy cortito, pero cada vez son más extensos, al igual que las lecturas. “Aunque nosotros sepamos, es un poco inviable”, detalla. Además, cuando son más pequeños, los libros suelen ir a una cara, pero ya, en cuarto y quinto de primaria, “las dos caras de la hoja vienen punteadas”. 

Además de estos libros, las niñas cuentan en su colegio ordinario con un profesor itinerante de la Once y otro de pedagogía terapéutica (PT). En cualquier caso, la improvisación no es posible: si un maestro quiere poner un examen, primero tiene que encargarlo al de la Once para que lo solicite en el servicio bibliográfico, de manera que tienen el mismo examen que sus compañeros. Este proceso se repite cuando utilizan fichas, por ejemplo.

“Tener esto les permite seguir el ritmo al igual que cualquier otro niño de la clase. Les proporciona autonomía e independencia para que ellas puedan hacerlo por su cuenta perfectamente”, concluyen los padres.

Pablo Rodríguez Ríos siempre ha estado familiarizado con el braille. Su padre era ciego y recuerda perfectamente cómo preparaba, con una pauta o con su máquina Perkins, el listado de canciones que componían sus vinilos. Lo que no sabía es que acabaría dedicándose a ello: lleva casi 30 años dedicándose a la transcripción a braille de todo tipo de libros, aunque tiene especial predilección por los académicos de ciencia.

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