Crece en todo el mundo la sensibilidad al gluten sin diagnóstico médico, sobre todo entre mujeres
Aunque no tengan diagnóstico de celiaquía ni de alergia al trigo, una de cada 10 personas dice padecer síntomas –gastrointestinales, fatiga o dolor de cabeza– tras ingerir trigo u otros alimentos que contienen gluten
Alrededor de una de cada diez personas en el mundo afirma sufrir síntomas como dolor abdominal, hinchazón, cansancio o dolor de cabeza después de consumir alimentos con gluten o trigo, pese a no tener enfermedad celíaca ni alergia al trigo.
Así lo revela una revisión sistemática y metaanálisis de 25 estudios con casi 50.000 participantes de 16 países, publicada en la revista médica Gut (BMJ Group).
Los autores definen esta condición como sensibilidad al gluten/trigo no celíaca (NCGWS, por sus siglas en inglés), una alteración todavía mal comprendida y difícil de diagnosticar porque no presenta marcadores en sangre ni un mecanismo biológico claramente identificado.
El análisis muestra que la prevalencia global de la NCGWS es del 10,3%, aunque con grandes diferencias entre países: 0,7% en Chile, 23% en el Reino Unido y 36% en Arabia Saudí.
En casi cuatro de cada diez casos, las personas afectadas siguen una dieta sin gluten por iniciativa propia, sin contar con un diagnóstico formal ni consejo médico.
Los síntomas más comunes son la hinchazón abdominal (71%), la molestia digestiva (46%), el dolor abdominal (36%) y la fatiga (32%), junto con episodios de diarrea, estreñimiento, cefalea y dolor articular.
Más común en mujeres y vinculada a la salud mental
El estudio confirma que esta sensibilidad autodeclarada es significativamente más frecuente en mujeres, y que quienes la padecen tienen mayor probabilidad de sufrir ansiedad, depresión o síndrome del intestino irritable (SII).
Los investigadores subrayan que esta conexión entre el intestino y el cerebro —ya observada en otros trastornos digestivos funcionales— podría desempeñar un papel clave.
“La sensibilidad al gluten o al trigo no celíaca afecta aproximadamente a una de cada diez personas en todo el mundo, con una fuerte asociación con el sexo femenino, el malestar psicológico y el síndrome del intestino irritable”, concluyen los autores.
Hacia un nuevo enfoque del diagnóstico
A diferencia de la enfermedad celíaca o de la alergia al trigo, la NCGWS no tiene pruebas de laboratorio específicas. El diagnóstico se basa en excluir otras enfermedades y en los síntomas que el propio paciente atribuye al gluten o al trigo.
Por ello, los investigadores piden reconocer esta condición dentro de los llamados “trastornos de interacción intestino-cerebro”, un marco neurogastroenterológico que destaca la comunicación bidireccional entre ambos órganos.
El objetivo sería desarrollar criterios diagnósticos basados en síntomas y estrategias de manejo personalizadas, que consideren otros desencadenantes alimentarios además del gluten y eviten restricciones dietéticas innecesarias.
Un fenómeno global aún sin respuestas
Aunque los autores reconocen limitaciones en los estudios disponibles —como su dependencia de datos autodeclarados o las diferencias metodológicas entre países—, el metaanálisis ofrece la estimación más sólida hasta la fecha sobre un fenómeno en auge.
La sensibilidad al gluten no celíaca, concluyen, no debe confundirse con la enfermedad celíaca, pero tampoco ignorarse: representa un reto diagnóstico y terapéutico para la medicina moderna, en la frontera entre la biología intestinal y la psicología del bienestar.
Alrededor de una de cada diez personas en el mundo afirma sufrir síntomas como dolor abdominal, hinchazón, cansancio o dolor de cabeza después de consumir alimentos con gluten o trigo, pese a no tener enfermedad celíaca ni alergia al trigo.