El 26 de octubre tendrá 25 horas: ¿cómo afecta el cambio de horario a la salud?
Insomnio, nerviosismo, falta de apetito… son algunos de los efectos que ya conocíamos del cambio de horario. Ahora, un estudio añade la posible existencia de riesgo de obesidad e ictus
Un año más, llega a nuestra lista de temas controvertidos, el cambio de hora. En esta ocasión, el ajuste (o desajuste, según si la persona está a favor o en contra) tendrá lugar la madrugada del 26 de octubre. Esa noche habrá que atrasar el reloj una hora, a las 03:00 serán las 02:00 (en las Islas Canarias, a las 02:00 horas serán las 01:00 horas), por lo que ese día tendrá una duración oficial de veinticinco horas, según se recoge en el Boletín Oficial del Estado (BOE).
Más allá de los típicos comentarios acerca de lo mucho que nos cuesta levantarnos por las mañanas, o de lo pronto que se hace de noche, existe un enfoque mucho más relevante, y que tiene que ver con cómo nos afectan estos ajustes horarios a nuestra salud.
No son pocos los estudios científicos que se han ocupado en los últimos años de este asunto. Uno de los más recientes es el impulsado por la Universidad de Stanford. Sus autores sugieren que modificar los relojes dos veces al año altera los ritmos circadianos y aumenta el riesgo de ictus y obesidad.
El estudio norteamericano arroja una conclusión que, según María José Martínez Madrid, experta en medicina del sueño y ritmos circadianos, CEO y fundadora de Kronohealth e investigadora en Ciberfes, viene a confirmar algo que la cronobiología está observando desde hace años: “Los cambios de hora dos veces al año provocan una cronodisrupción (desajuste entre nuestro reloj biológico y el entorno), y ese desajuste repercute en la salud”.
Foto: Eduardo Parra / Europa Press.
Ese cambio, aunque sea solo de una hora, tiene efectos medibles: “Durante los días siguientes se incrementan los accidentes de tráfico, los problemas cardiovasculares y el malestar general”, asegura la doctora quien, por otro lado, reconoce que “este nuevo trabajo añade un aspecto clave relacionado con la cronicidad: cuando ese desajuste se mantiene en el tiempo, puede contribuir a un mayor riesgo de obesidad y enfermedad cerebrovascular”.
En esta misma línea, Martínez recalca que un sistema que nos obliga a vivir permanentemente desajustados del sol está asociado a un mayor riesgo de obesidad, diabetes tipo 2, depresión y enfermedades cardiovasculares, debido a la cronodisrupción crónica que conlleva. “Nuestro cuerpo no se adapta completamente a los cambios de hora ni a los horarios sociales tan tardíos, y eso genera un estrés biológico sostenido que, con el tiempo, pasa factura”, aclara.
Entramos en el horario más saludable
Más allá de las consecuencias para la salud que recoge el estudio, la experta también apunta otros problemas como “las alteraciones del sueño, del apetito y del estado de ánimo, que se producen los primeros días, y que afectan especialmente a personas con horarios muy estructurados”.
Por otro lado, “lo positivo es que el horario de invierno está más alineado con la luz solar: amanecemos antes y recibimos más luz por la mañana, algo que favorece la regulación natural del reloj biológico. Por tanto, es el horario más saludable de los dos que tenemos en España”.
El ajuste estival suele tener un más impacto más negativo, porque “nos obliga a despertarnos y a empezar la jornada con oscuridad durante semanas, reduciendo la exposición a la luz matinal, que es el principal sincronizador de nuestro reloj interno. Y nos expone a luz natural hasta muy tarde, lo que retrasa nuestro momento de ir a dormir”, describe Martínez.
En cambio, “el horario de invierno nos alinea mejor con el ciclo solar. Por eso, desde la cronobiología y las sociedades de sueño, recomendamos mantener todo el año el horario de invierno y eliminar los cambios estacionales”, sostiene la experta.
Diseñados para el horario de invierno
La razón principal por la que la Martínez defiende la permanencia en el horario invernal es que “nuestro organismo está diseñado para funcionar con la luz del día. Esta sincroniza los ritmos hormonales, la temperatura corporal, el metabolismo y el sueño”.
“Cuando vivimos en un horario que no coincide con el sol, como ocurre en España, donde estamos permanentemente desplazados una hora respecto a nuestro huso natural, nos acostamos más tarde, dormimos menos y rendimos peor”, asevera.
De modo que, “cuanto más cerca esté nuestra rutina diaria del horario solar, más estable y saludable será nuestro reloj biológico, y eso se traduce en mejor sueño, mejor metabolismo y menor riesgo cardiovascular”, concluye.
De todos estos efectos positivos nos aprovechamos la mayoría, pero especialmente, los niños, los adolescentes y las personas mayores, ya que, son los colectivos más vulnerables. “Los niños tienen un sistema circadiano más inmaduro; los adolescentes poseen un reloj biológico que tiende naturalmente a ser más vespertino; y las personas mayores, cuentan con un sistema circadiano más frágil y menos capaz de adaptarse a cambios”, asevera la experta.
Además, considera que “las personas con trastornos del sueño, depresión estacional o aquellas que trabajan a turnos son también más propensas a los desajustes horarios”.
Un año más, llega a nuestra lista de temas controvertidos, el cambio de hora. En esta ocasión, el ajuste (o desajuste, según si la persona está a favor o en contra) tendrá lugar la madrugada del 26 de octubre. Esa noche habrá que atrasar el reloj una hora, a las 03:00 serán las 02:00 (en las Islas Canarias, a las 02:00 horas serán las 01:00 horas), por lo que ese día tendrá una duración oficial de veinticinco horas, según se recoge en el Boletín Oficial del Estado (BOE).