De la primera "bebé probeta" a la última: así ha cambiado la fecundación 'in vitro' en 47 años
Silvia y Lesley tienen una historia parecida, ambas necesitaron una FIV para concebir a sus hijas, pero con casi cinco décadas de diferencia. Así ha cambiado este tratamiento desde 1978 y estos son los retos a los que se enfrenta
El equipo pionero en FIV sostiene a Louise Joy Brown, la primera bebé probeta del mundo. (Getty Images/Keystone)
La niña de Silvia tiene 10 meses, pudo tenerla gracias a la fecundación in vitro (FIV) y lograr el embarazo no fue un camino de rosas. Ella y su pareja comenzaron a buscar un bebé en 2020, con 41 y 40 años, respectivamente. Pasaban los meses, pero ese positivo no llegaba y se plantearon buscar ayuda en la sanidad privada, ya que la pública no les acogía por su edad. Pese a que ahora algunas comunidades, como Madrid o Castilla y León, hayan ampliado la edad máxima de acceso a los tratamientos de fertilidad, en aquel momento el tope estaba en los 40.
La FIV es una técnica reproductiva por la cual la fecundación de los ovocitos por los espermatozoides se realiza fuera del cuerpo de la madre. “No teníamos ni idea de los procedimientos de reproducción asistida. La primera transferencia a la que me sometí, en 2021, no salió bien”, explica a El Confidencial. Tras una experiencia regular en un centro, comenzaron un nuevo tratamiento unas semanas más tarde en la clínica Tambre, especialista en casos complejos, como fallos en la implantación o abortos espontáneos.
“Me han dicho que tengo un 5% de probabilidades de conseguir un embarazo con mis óvulos, no voy a perder tiempo, dinero o las pocas fuerzas mentales que me queden”, les dijo Silvia. Y directamente pasaron a la ovodonación, un proceso que utiliza óvulos de una mujer donante anónima para crear embriones que se transfieren al útero de una mujer receptora.
Mientras seguía el proceso y le hacían varios exámenes médicos, se quedó embarazada, pero perdió al bebé a las nueve semanas: “Yo pensé que ya estaba, te centras en que tu objetivo es el positivo, pero aprendes que no, que es el bebé”.
Andrea MuñozKim Son Hoang (Der Standard. Austria)Silvia Martelli. Italia (Il Sole 24 Ore)Kostas Zafeiropoulos (Efsyn. Grecia)Francesca Barca (Voxeurope. París)
Y vuelta a empezar, esta vez con pruebas inmunológicas, en las que le detectaron celiaquía. Tuvo que pasar por varios pinchazos de heparina, otra donante de óvulos, otro intento fallido, una terapia inmunosupresora y pagar unos 30.000 euros por todos los procedimientos desde que empezó su búsqueda de embarazo. Por ese motivo, nunca olvidará la fecha del positivo: el 31 de enero de 2024. “Pasamos bastante miedo por si la situación se repetía. Al principio es un poco difícil tener ilusión o estar muy alegre, luego te lo vas creyendo, pero compramos la silla de paseo solo un mes antes de nacer la niña”, confiesa.
Lesley Brown vivió una historia parecida a la de Silvia, solo que en 1978. Su hija, Louise Joy Brown fue la primera "bebé probeta", nacida mediante FIV, del mundo. Su figura ha sido tan relevante que tiene una película en Netflix, Joy. Además, hace unos días se convertía en embajadora de la inauguración de la nueva clínica de medicina reproductiva del Grupo Tambre en Alicante.
Louise Joy Brown en el Festival de Cine de Londres de 2024. (Getty)
“Mamá y papá me sentaron cuando tenía cuatro años y me enseñaron el vídeo de mi nacimiento. Me dijeron que solo querían que fuera consciente de que había nacido de una manera un poco diferente a los demás”, cuenta Joy Brown a El Confidencial.
A aquella adolescente que creció viendo las entrevistas que los medios hacían a sus padres, le molestaba que la pudieran reconocer en cualquier parte del mundo. “Ninguna persona de esa edad quiere hablar del esperma de su padre”, bromea.
Respecto a cómo vivió su familia su nacimiento, siempre le han contado que los periodistas se amontonaban a las puertas del hospital de Oldham, donde su madre dio a luz. De hecho, no pudieron volver a su ciudad, Bristol, hasta unos cuantos días después. “Cuando llegamos, mi padre tuvo que abrirse paso a empujones para entrar en la casa. Fue una auténtica locura”, sostiene. Cuando el bebé tenía tan solo tres meses, se trasladaron a Estados Unidos para hacer una gira contando su historia en los diferentes periódicos y platós de televisión.
Lograr la fecundación y el cultivo embrionario en condiciones estables fueron los principales retos técnicos y médicos que tuvieron que superar los pioneros de la FIV en los años 70. “No existían los protocolos de estimulación ovárica ni los incubadores de laboratorio que tenemos ahora. Además, problemas médicos que actualmente tratamos de forma rutinaria, en aquel momento condenaban a muchas mujeres a no poder ser madres. Es el caso de Lesley Brown, que tenía las trompas de Falopio obstruidas, hoy en día, gracias a la FIV, esta situación se soluciona con normalidad. Ese avance abrió la puerta a que miles de familias pudieran cumplir su deseo de tener hijos”, opina la doctora Laura García de Miguel, ginecóloga especialista en fertilidad de Tambre.
Igualmente, comenta que en aquella época la tasa de éxito era “muy limitada”. “No se conocían los protocolos de estimulación ovárica que tenemos actualmente y con medios muy rudimentarios. Con el paso de los años se han incorporado avances que han cambiado radicalmente el pronóstico de los pacientes. La microinyección espermática (ICSI) permitió resolver los casos graves de factor masculino; la vitrificación de óvulos y embriones nos da supervivencias muy altas tras la descongelación y la posibilidad de preservar la fertilidad y el cultivo prolongado hasta blastocisto nos ayuda a seleccionar mejor qué embriones transferir”, indica.
Acerca de cómo ha cambiado la percepción de la FIV, la experta considera que durante los primeros años se percibía como una terapia experimental, rodeada de “cierta controversia” y muchas dudas médicas y sociales”: “La realidad ahora es completamente distinta, se ha consolidado como un tratamiento seguro y eficaz, con millones de niños nacidos en todo el mundo gracias a estas técnicas. Desde la medicina se considera una herramienta esencial para abordar problemas de fertilidad que antes no tenían solución, y socialmente ha dejado de ser un tema tabú. Cada vez hay más conocimiento, más normalización y también más diversidad en los pacientes que recurren a ella. Esto ha contribuido a que la reproducción asistida forme parte de la vida cotidiana de muchas familias”.
Menos efectos secundarios
Otra de las cosas que destaca es la disminución de los efectos secundarios. “En los primeros años, existían riesgos importantes, como el síndrome de hiperestimulación ovárica, que podía ser una complicación grave. Ya contamos con protocolos de estimulación mucho más seguros y personalizados, que prácticamente han eliminado este problema. También hemos aprendido a reducir de forma drástica los embarazos múltiples, que eran una de las principales causas de complicaciones para la madre y el bebé. Esto ha sido posible gracias a la mejora de los laboratorios, a la vitrificación y a la estrategia de transferir un único embrión de buena calidad”, apunta.
Sobre los precios, cree que la FIV es “más accesible” que hace unas décadas por la evolución tecnológica y la cobertura sanitaria. “En España, la sanidad pública ofrece tratamientos de reproducción asistida en muchos hospitales, con unos criterios de edad y número de intentos que pueden variar según la comunidad autónoma. Esto ha supuesto un cambio enorme respecto a los inicios, cuando la única opción era acudir a centros privados y asumir unos costes elevados”.
Añade que en el ámbito privado, los precios “se han ido ajustando”: “Existen diferentes opciones de financiación, lo que facilita el acceso a más personas. Por la ausencia de listas de espera y porque hay muchos procedimientos que aún no cubre la seguridad social, muchas familias siguen recurriendo a clínicas como Tambre para poder realizar tratamientos más personalizados o con tiempos de espera más cortos”.
Fracaso en los tratamientos
En 2022, se realizaron en España casi 167.195 ciclos de FIV, lo que se tradujo en el nacimiento de 31.635 bebés, lo que representa alrededor del 12% de todos los nacimientos ese año, según la Sociedad Española de Fertilidad (SEF).
Sin embargo, no todos los casos acaban en éxito y García de Miguel expone los motivos: “El principal factor que influye en el fracaso de los tratamientos sigue siendo el impacto de la edad de la mujer en la calidad de los óvulos, ya que empeora los resultados y aumenta la probabilidad de que los embriones presenten alteraciones cromosómicas”. Y no solo eso, insiste en que también pueden influir otros factores como la baja reserva ovárica, malformaciones uterinas o problemas de factor masculino severo.
"El principal factor que influye en el fracaso de los tratamientos sigue siendo el impacto de la edad de la mujer en la calidad de los óvulos"
Para finalizar, reconoce que en la próxima década veremos avances que buscan perfeccionar los procedimientos. “Se está investigando mucho en métodos de selección embrionaria menos invasivos y en la aplicación de inteligencia artificial para ayudarnos a interpretar mejor la información que obtenemos de los embriones. Todo ello siempre con la cautela de que aún necesitamos evidencia científica sólida antes de incorporar estas herramientas a la práctica clínica rutinaria”, dice.
“Podemos afirmar es que seguiremos mejorando la seguridad de los tratamientos, reduciendo riesgos para las mujeres y personalizando cada vez más las terapias. En definitiva, el futuro de la reproducción asistida estará marcado por la innovación, pero también por la responsabilidad médica y el respeto a los marcos legales y éticos que nos guían”, concluye.
La niña de Silvia tiene 10 meses, pudo tenerla gracias a la fecundación in vitro (FIV) y lograr el embarazo no fue un camino de rosas. Ella y su pareja comenzaron a buscar un bebé en 2020, con 41 y 40 años, respectivamente. Pasaban los meses, pero ese positivo no llegaba y se plantearon buscar ayuda en la sanidad privada, ya que la pública no les acogía por su edad. Pese a que ahora algunas comunidades, como Madrid o Castilla y León, hayan ampliado la edad máxima de acceso a los tratamientos de fertilidad, en aquel momento el tope estaba en los 40.