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El signo de Frank: ¿puede una 'inocente' arruga en el lóbulo predecir un infarto?
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RIESGO CARDIOVASCULAR

El signo de Frank: ¿puede una 'inocente' arruga en el lóbulo predecir un infarto?

Aunque no hay motivo para ponerse en lo peor, si descubres una arruga (concreta) en una oreja (o en las dos), no sería mala idea acudir a la consulta del cardiólogo

Foto: (istock)
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Cada año mueren 17,9 millones de personas a causa de la enfermedad cardiovascular (ECV), que incluye las enfermedades cardiacas y cerebrovasculares. Hoy en día, la ECV es la primera causa de muerte en todo el mundo y se estima que la cifra ascenderá a 23 millones en el año 2030.

Estas cifras consolidan la enfermedad cardiovascular en el ranking de las principales causas de muerte, ocupando las primeras posiciones, tanto en el mundo, como en España. Un lugar en el que, año tras año, permanece a pesar de las continuas campañas de salud llevadas a cabo para concienciar a la población e intentar salvar vidas.

Uno de los factores que dificultan el diagnóstico y tratamiento de algunas enfermedades cardiovasculares es su carácter asintomático. Ejemplo de ello, es la hipertensión arterial, una de esas patologías que pueden estar durante años sin “dar la cara”, al mismo tiempo que van dañando poco a poco la salud de las personas que la padecen.

Por ello, resulta especialmente interesante la posibilidad de tener un indicio que advierta de la existencia de la enfermedad cardiovascular. Un de ellos se conoce como el signo de Frank, “un pliegue o surco diagonal en el lóbulo de la oreja que se extiende desde el trago (la pequeña prominencia cartilaginosa frente al conducto auditivo) hacia el borde externo del lóbulo, con una inclinación aproximada de 45 grados”, describe el Dr. Luis Rodríguez Padial, presidente de la Sociedad Española de Cardiología (SEC).

El lóbulo y el riesgo cardiovascular

El Signo de Frank se describió por primera vez en 1973 por el neumólogo estadounidense Saunders T. Frank en una carta publicada en The New England Journal of Medicine. Observó que 19 de 20 pacientes con este pliegue presentaban al menos un factor de riesgo cardiovascular conocido, lo que lo llevó a proponer su asociación con la enfermedad arterial coronaria.

“Este signo se considera un ‘marcador cutáneo’ que podría reflejar procesos subyacentes relacionados con el envejecimiento vascular o la disfunción endotelial”, apunta el doctor quien recalca que “aunque fue descrito como un posible marcador de cardiopatía isquémica o aterosclerosis, su utilidad sigue siendo objeto de debate”.

¿En una oreja o en las dos?

Más allá de la relación (más o menos estrecha) de esa pequeña hendidura en la oreja con la salud cardiovascular, veamos cómo reconocerla. Según el experto, “se identifica como un pliegue diagonal en el lóbulo de la oreja: comienza en el borde interior del conducto auditivo externo y se dirige hacia el borde externo del lóbulo, puede ser completo (atravesando todo el lóbulo) o incompleto, y su profundidad puede variar”.

Además, “puede aparecer en una o ambas orejas, siendo la bilateral la que se asocia a un mayor riesgo cardiovascular. Se puede detectar mediante una simple inspección visual”, subraya el doctor.

El problema es que “puede confundirse con arrugas comunes asociadas al envejecimiento, ya que el lóbulo de la oreja tiende a desarrollar pliegues con la edad. Sin embargo, -continúa el doctor- no es simplemente una arruga de envejecimiento, ya que tiene unas características concretas. Para diferenciarlo, es clave evaluar su forma específica y considerar el contexto clínico del paciente, como la presencia de otros factores de riesgo cardiovascular”.

Indica, pero no determina

Es importante considerar que tener esa arruga no significa necesariamente que la persona posea un riesgo cardiovascular mayor que otra que no lo tenga. “No podemos decir que sea una señal de alarma definitiva, pero sí puede ser un indicador de riesgo cardiovascular, especialmente en personas con otros factores de riesgo (hipertensión, diabetes, tabaquismo, obesidad, dislipemia) o en individuos más jóvenes”, apunta Rodríguez Padial.

No todas las personas con el Signo de Frank tienen un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular

Es más, si aparece, lo más conveniente es “consultar a un médico para que evalúe los factores de riesgo y antecedentes personales. El profesional determinará si hay que hacer pruebas específicas. También es importante mantener un estilo de vida saludable para reducir el riesgo cardiovascular”, aconseja el experto.

Además, insiste en que “no todas las personas con el Signo de Frank tienen un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular. La presencia del signo debe interpretarse en el contexto de otros factores su bilateralidad y profundidad, la edad del paciente, sus factores de riesgo y su etnia. Es decir, el signo es un marcador que, combinado con otros factores, puede justificar una evaluación más detallada”.

Estudios científicos y conclusiones

En cuanto a la explicación científica que hay detrás del vínculo entre el Signo de Frank y el riesgo cardiovascular, en concreto en su asociación con la aterosclerosis, factores de riesgo y eventos cardiovasculares, lo cierto es que, según el doctor, “el mecanismo exacto no está completamente aclarado”.

Aun así, contamos con algunos estudios que han investigado esta asociación, y cuyos resultados varían en cuanto a la fuerza de la relación. De todos ellos, el doctor destaca los siguientes:

  • Estudio de 1973 (Frank, NEJM): Saunders T. Frank describió inicialmente la asociación en una carta al New England Journal of Medicine, observando que 19 de 20 pacientes con el signo tenían factores de riesgo cardiovascular.
  • Estudio A Estrada (2019): un estudio epidemiológico en 1.050 personas encontró que el Signo de Frank es más prevalente en pacientes con hipertensión, diabetes, hipercolesterolemia y obesidad, y se relaciona con índices de riesgo cardiovascular como Framingham, REGICOR, SCORE y ASCVD. También mostró cambios histomorfológicos, como menor densidad capilar en el lóbulo.
  • Estudio hecho con 300 participantes y mostrado en el Congreso SEC 2014 encontró que el 48,9% de los pacientes con antecedentes de ictus y el 45,8% con infarto presentaban el signo, frente a un 27,8% y 28,2% en aquellos sin estos antecedentes.

Por otro lado, muchas de las investigaciones llevadas a cabo sugieren que la edad podría ser un factor de confusión, “ya que el signo es más común en personas mayores, donde el riesgo cardiovascular también es mayor. En concreto, según la evidencia científica disponible es raro en personas menores de 30 años, volviéndose más común a partir de los 50”, apostilla el doctor.

Cada año mueren 17,9 millones de personas a causa de la enfermedad cardiovascular (ECV), que incluye las enfermedades cardiacas y cerebrovasculares. Hoy en día, la ECV es la primera causa de muerte en todo el mundo y se estima que la cifra ascenderá a 23 millones en el año 2030.

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