Tribuna Internacional
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Perú, en la encrucijada y necesitando sus Pactos de la Moncloa
Los partidos en la democracia peruana necesitan una estructura más potente, con militancia y con un sistema de financiación que no dependa solo de las empresas amigas o de la red de contactos de los candidatos, algo que permite las corruptelas
Acabo de regresar del Perú, este martes hace exactamente una semana. Fecha en la que supuestamente se cerraban las mesas electorales y concluimos la Observación acreditada por el Jurado Nacional de Elecciones (JNE), aunque nos volvimos demasiado pronto a la vista de la situación, bastante irregular producida por los retrasos de las papeletas, urnas o material informático de bastantes mesas de sufragio en Lima. Lo que obligó a la ONPE, la Organización Nacional de Procesos Electorales, y al Jurado Nacional de Elecciones (JNE), dos de las tres autoridades competentes, a ampliar los horarios.
Por un lado, a ampliar la hora de votación del domingo una hora más de la tarde (lo que se anunció en rueda de prensa insólita hacia el mediodía) y, después, a declarar que al día siguiente, lunes, seguiría la votación para las mesas que no pudieron instalarse (también de Lima). Días después, además de las dudas, no está cerrado el cómputo final que corresponde a la ONPE y la consiguiente proclamación de quienes disputarán la segunda vuelta.
La ONPE sigue estando (ya lo estuvo en 2021) tremendamente cuestionada como institución y en particular en la figura de su director Piero Corvetto — que acaba de renunciar al cargo— por distintos errores que, de probarse su intencionalidad, constituirían delito electoral. Reducir el derecho al voto en la ciudad de Lima, no en los valles sagrados del Cuzco o en las alturas del Lago Titicaca, sino en la capital, tiene bemoles. Lima acumula el 30% de los votantes del país, por lo que esos fallos son significativos porque pudieron o pueden hacer inclinar hacia un lado o hacia otro el resultado.
Ahora mismo Keiko Fujimori de Fuerza Popular lidera con un millón de votos de diferencia el resultado (pero sólo con el 17% del total). A continuación están tres candidatos que se siguen de cerca:, Sánchez, del partido Juntos por el Perú, de izquierda radical, congresista que fue parte del gobierno de Castillo, anterior presidente -como saben, hoy en prisión-; Rafael López Aliaga (Renovación Popular, antes llamada Solidaridad), exalcalde de Lima y empresario exitoso en lo personal aunque con poco perfil comunicativo que, al sentirse "robado" — parece que con razón— , ha sacado a sus partidarios a la calle y, Jorge Nieto (Partido del Buen Gobierno), un exministro de diversos gobiernos y que hoy defiende el centro izquierda más moderado y el preferido por los universitarios.
A continuación, hay más candidatos con más de 1 millón de votos, como pueden imaginar, unas elecciones en las que hay 35 candidatos, la dispersión, la fragmentación del voto tanto de derecha como de centro, como de izquierdas es total. Dicho eso, lo que está pendiente es quién pasa a la segunda vuelta una vez que se revisen las actas observadas. El JNE que ha merecido la aprobación y respaldo de 500 observadores internacionales, tiene en la mesa una decisión difícil e histórica: si acceder a la nulidad total del proceso — que sería calamitoso— que se le ha pedido, a la anulación de las mesas que perdieron más de 4 horas en abrirse, cuestión que ha hecho crecer la abstención y/o proclamar ya el segundo candidato que se batirá con la heredera de Fujimori.
La proclamación parece que no va a producirse hasta mediados de mayo (la segunda vuelta es el 7 de junio); se sorprenderán ustedes, pero es así, efectivamente el Jurado Nacional de Elecciones tiene un procedimiento que puede seguirse online por el que todos los jurados —como las juntas electorales provinciales de España— revisan una a una las actas y lo hacen además con una cámara que puede verse en directo por todos. Eso sabiendo que hay casi más de 6000 actas observadas que hay que revisar, unas por errores aritméticos o por otras causas, pues puede retrasar de hecho el asunto.
Posibles elecciones complementarias
Varios partidos han pedido al JNE que estimen la posibilidad de organizar un día de comicios complementarios para enmendar el daño causado, especialmente ante la propuesta de Renovación Popular de López Aliaga, pero secundada por País para todos, con figuras públicas como el comediante Carlos Álvarez —que en algún momento estuvo segundo en las encuestas— o el diputado Edward Molina.
Tampoco lo verían mal desde Fuerza Popular con la aquiescencia de Keiko Fujimori e incluso el Partido del Buen Gobierno de Nieto, unas elecciones complementarias que permitiesen votar a aquellas personas que se presentaron en los colegios a las 7 de la mañana y que, porque no se abrieron hasta el mediodía, 12 de la mañana en algunos casos, o por edad u otras obligaciones, no volvieron en la tarde. Ciertamente eso no está previsto en la legislación electoral peruana, pero tampoco lo estaba la prórroga del lunes 13 para las mesas que no se constituyeron el domingo.
Como saben, el voto en el Perú es obligatorio, pena de una multa, es verdad que no muy alta, pero una multa que va desde los 15 euros. Por eso se ha valorado el peso político de la abstención del 20% que todas las voces apuntan a que es muchísimo más alta que la de las elecciones del año 2021: todos hacen sus cálculos estadísticos y piensan que hay más de un millón de votos en juego. Algo igualmente arriesgado para los contendientes, pues las izquierdas podrían unirse y endosar a Sánchez o a Nieto.
El tema es complicado, como pueden imaginarse, yo diría, tanto para López Aliaga como para Sánchez. Este último lógicamente no quiere eso, de hecho, no lo pide porque sus votos no están en la capital limeña, están en la sierra, la selva y el sur. Y bueno, cabría efectivamente que diera una vuelta y ganase Nieto en vez de Sánchez o de Aliaga, pero una decisión así cerraría bien la herida del descrédito abierta por la ONPE —cuyo director debería ser depuesto por la autoridad judicial competente— y que debe vigilar el JNE.
Después del 7 de junio: un Pacto de Estado
Resuelta esta cuestión, lo que sin duda salta a la vista y conversaba con periodistas, académicos e incluso con políticos del Perú, después de los 10 días que estuve en la Misión del Observatorio Complutense y el PNUD, es que se necesita un pacto de Estado para revisar el modelo democrático y constitucional peruano: las garantías que ofrecen, los contrapesos entre las instituciones porque indudablemente el Perú no se merece que se repita lo ocurrido tanto en 2016 como en 2021: que un Congreso saliente pueda "vacar", cesar al presidente elegido directamente, causando constantes crisis de gobierno.
No hay que olvidar que es un sistema presidencialista que prevé -como ha ocurrido en los últimos 5 años- que una mayoría de dos tercios del Congreso que no corresponde con la mayoría del presidente o presidenta pueda cesarle. Además, ahora, con la vuelta de la bicameralidad (el Senado se ha elegido con 60 curules), el Senado igualmente puede bloquear propuestas legislativas o vetar esos acuerdos del Congreso, lo que va a seguir propiciando la inestabilidad. Piensen que los resultados actuales del control del Congreso los tiene mayoritariamente el grupo de Keiko Fujimori, aunque quedan detalles del reparto. Y es aún mayor el control en el Senado, especialmente en los 30 asientos de provincias; pues los muchos votos en blanco en las listas abiertas de Congreso y Senado han propiciado a los más votados.
Falta también una revisión importante de la ley de partidos y del sistema electoral que resuelva problemas que se han ido afrontando. A la vista está el derivado de la decisión del expresidente Vizcarra de bajar el umbral mínimo de votos al 1% porque gracias a eso o, por culpa de eso, podríamos decir, se han podido presentar partidos insignificantes, produciendo gastos y dispersando inútilmente el voto. Además, el JNE ha dado un dinero a todas las formaciones políticas para su formación de sus cuadros o para gastos en estructurales, lo que también podría ser fiscalizado con más rigor y transparencia.
En estas elecciones aquellos partidos que no superen la "valla" del 5% de votos (elevada de 1 a 5 en la última reforma electoral) obteniendo además mínimo de 3 senadores o 6 diputados, no podrán volver a presentarse, pues el partido pierde la inscripción, algo que ha mejorado el marco jurídico.
Los partidos políticos en la democracia peruana necesitan una estructura más potente, con militancia y con un sistema de financiación que no dependa solo de las empresas amigas o de la red de contactos de los candidatos (que pagan de su bolsillo su campaña), algo que permite las corruptelas. Sin duda también es una disfunción que muchos partidos sean propiedad de un empresario o dependan de un dueño. Como ha ocurrido, por ejemplo, con el que promocionó a Carlos Álvarez donde hay personas, pues como Edward Málaga, efectivamente, como otros muchos, o al ya clásico de APP de Acuña, este último defenestrado en las urnas.
Más de una voz pide fomentar las primarias y que esos 30 partidos se queden en ocho, en donde efectivamente se vea el reparto del poder territorial y la diversidad de este fantástico país. En lo económico, se requieren acuerdos también sobre impuestos, pensiones o la minería ilegal que tira para abajo del país sobre la informalidad de la economía que llega al 70%; que 7 de cada 10 peruanos no tengan acceso a seguro o pensión es algo que debe remediarse pronto.
Como sabrán los presidentes que no resultan electos, no quedan como congresistas, lo que hacía perder la continuidad del discurso público, pero el nuevo Senado puede aportar aquí peso. Pues me consta que se incorporarán a esa cámara políticos con experiencia, visión y capacidad de articulación de dichos pactos, como el excongresista Jaime Delgado con quien pudimos conversar, además de los líderes de Ahora Nación, López Chau, exrector universitario, o López Aliaga de RN, que -de no pasar al balotaje— quedaría como nº 1 al Senado junto a Muñante o Cueto; o personas del equipo de Nieto que — a diferencia de Sánchez no propone un sistema constituyente— podrán aportar cordura. Además, el Senado podrá tener más sensibilidad con los territorios pues se siente también en Perú la tensión contra el centralismo de Lima, siendo un país con riqueza minera, turística y agroalimentaria.
Pactos todos ellos que exigen ponerse de acuerdo con altura de miras, como se logró en la difícil transición en los pactos de la Moncloa en España, para que el país siga hacia adelante, progrese, evitando dependencias económicas y velando por un sistema democrático estable. Se juega que todo el pueblo se desenganche o no del todo de sus representantes públicos. Hemos notado mucha desconfianza, mucho hartazgo. Los 2,5 millones de jóvenes que han votado tienen ganas de una nueva época en este Perú, un Perú que tiene muchísimas posibilidades de tirar para arriba de América Latina.
*Loreto Corredoira, catedrática acreditada de Derecho de la Información en la Universidad Complutense.
Acabo de regresar del Perú, este martes hace exactamente una semana. Fecha en la que supuestamente se cerraban las mesas electorales y concluimos la Observación acreditada por el Jurado Nacional de Elecciones (JNE), aunque nos volvimos demasiado pronto a la vista de la situación, bastante irregular producida por los retrasos de las papeletas, urnas o material informático de bastantes mesas de sufragio en Lima. Lo que obligó a la ONPE, la Organización Nacional de Procesos Electorales, y al Jurado Nacional de Elecciones (JNE), dos de las tres autoridades competentes, a ampliar los horarios.