Vuelta a los fundamentos: EEUU pierde el norte y Europa está por encontrarlo
Con el zarandeo al que EEUU somete a Europa y esa línea estratégica para procurar su cisma, la pregunta es si nuestras derechas populistas entrarán al trapo de la ideología y la sumisión
Ursula von der Leyen reunida con Donald Trump en imagen de archivo. (Reuters/Al Drago)
La semana pasada, el secretario de Estado americano, Rubio, dio un discurso en la Conferencia de Seguridad de Múnich, con el propósito de bajar la tensión entre EEUU y sus aliados históricos en Europa. Tras un año de hostilidades por parte de la Administración Trump —imposición unilateral de aranceles (la mayoría de ellos declarados ilegales por el Tribunal Supremo de EEUU), apoyo a las demandas rusas en los acuerdos de paz en Ucrania, amenaza de anexión de Groenlandia, una Estrategia Nacional a favor de la diáspora europea incluida financiación, etc.—, el tono del discurso fue hasta conciliador y amigable. Una invitación a marchar juntos, pero condicionada a que Europa acepte el nacionalismo de "sangre y tierra" encumbrado por el movimiento MAGA. Con otro tono, la línea es afín a la marcada por el vicepresidente Vance hace un año, cuando se permitió explicar a los alemanes cómo interpretar su pasado. Lecciones de Historia las justas, si lo que se socava es el mismísimo fundamento de Occidente.
Aunque la ovación inicial a Rubio respondió perfectamente a un episodio de negación en cualquier proceso de duelo, en Europa no nos llamamos a engaño: la relación está muy tocada. Esta semana Rubio visitó a Orbán, el valedor de Putin en la UE. Y estamos más que apercibidos. La intención sedante de buenas palabras no borra la virulencia de los hechos. Los europeos sabemos ya dos cosas. Que la confrontación volverá —sea por Groenlandia, por la regulación sobre servicios digitales, por guerras arancelarias o incluso de capital, o cualquier otra—. Y sabemos que la estrategia de apaciguamiento no funciona. Buscamos ya cómo mitigar dependencias.
Lo que ha contenido el matoneo americano desde la reunión de Davos es, sin duda, el apercibimiento de que tanta bravuconería, todo ese menosprecio y mala animadversión contra el resto del mundo y Europa en especial, "que se aprovecha de ellos", tiene una falla estructural. La gran mentira del MAGA: ese resto del mundo es el que financia sus excesos para vivir por encima de sus posibilidades. Y muy por encima de lo que les ha costado la carga de defensa extra en la OTAN. Una observación académica devenida ya en realidad de mercados. A ver si levantando esa perdiz resulta que les sale el tiro por la culata.
Mientras en EEUU se atienen a esta pequeña mentirijilla que nos deparará episodios singulares en un futuro próximo, reparemos en toda esa invocación a la "cultura occidental" común de que hizo gala el discurso. Al fin y al cabo, esto puede ser un divorcio fatídico. Y no vaya a ser que sean ellos los que necesiten que les enmienden la mayor.
América es "hija de Europa" nos dijo. Nos habla de las raíces europeas en la génesis americana. Nos habla de un "modo de vida occidental". Para tanto encomio a "la tradición" y "la Historia", estos del MAGA se la saben muy mal. No alcanzan a entender su esencia. Qué tenemos de verdad en común y por qué, europeos y americanos. Por qué el movimiento que hunde sus raíces en el clasicismo de Grecia y Roma y la tradición judeocristiana prendió en el siglo XVII toda una revolución epistemológica, ética, y política. La liberación del individuo/persona, vértice y fundamento de cualquier ordenamiento jurídico en una democracia liberal y un sistema capitalista que se precie. Tan sencilla y ubicua su articulación, como ultracomplejo su advenimiento y difícil su conservación. Todo un lujo del que no somos conscientes.
Que esta esencia occidental haya devenido los cuatro últimos siglos en arquetipo de civilización, refuta a unos y a otros. Le pesa al "wokismo" que esa línea histórica de liberación sea muy real. Y al nacionalismo del MAGA le rompe el relato de corte nativista. Si guardamos cierta ascendencia sobre el resto del globo, es justo por esto: tener al individuo de nuestro lado frente a cualquier delirio colectivista, que casi siempre deriva en autocracia y su gemela, cleptocracia, como insiste la americana Applebaum.
Decía Rubio que los ejércitos no batallan por "abstracciones". Vaya, toda la fundamentación de la Constitución americana, el "libres e iguales" del personal, sin distinción de sexo, raza o religión, para buscarse la vida, orillada. ¿Y esa sangre de color derramada por el mundo —Normandía incluida—?
¿"Supremacismo blanco"? ¿A estas alturas? Nadie lo diría, por la facilidad con la que se ha levantado China en un cuarto de siglo. Por la emergencia incipiente de la India. Por el liderazgo en lo mejorcito de la empresa americana (Pichai, Huang, Nadella, Bezos, etc.). O por los resultados en nivel educativo de los orientales en los informes PISA. Algunos parecen creer que la emergencia de la ciencia en un punto concreto de espacio y tiempo, sea título alguno de propiedad intelectual. Como si Oriente no hubiera tenido que ver en su génesis. A menor nivel cultural y económico, mejor señuelo político el tono de la piel. En fin, toda una patraña.
Más bien, lo que el MAGA o el Brexit, o cualquier otro partido occidental de derecha populista, aprovecha es el descontento ante los efectos de una forma de globalización precipitada. China en la OMC sin contraprestaciones institucionales de ningún tipo y desindustrialización subsiguiente. O la dimensión del fenómeno inmigración. Llegó la época de la escasez y la competencia por recursos entre comunidades políticas. La asertividad de esas comunidades deviene ahora en todo punto legítimo, pero la globalización es como el tiempo, inapelable. Quisimos exportar valores liberales e importamos competencia, y en ocasiones, muy desleal y muy malas maneras. A lo hecho, pecho.
De la miopía del nacionalismo nativista y la descomunal mentira antropológica que representan, sabemos en Europa más que nadie. Esa sangre y ese suelo de guerras civiles durante siglos y el clímax de dos guerras mundiales a principios del s. XX nos han vacunado contra ello. O deberían. Falta por ver en los próximos años qué ejercicio de memoria, qué validación de la tradición hacen nuestros partidos políticos europeos a los que esta Administración Trump recurre y quiere, por encima de todo, fragmentados y obedientes. Qué niveles de realismo, qué verdades son capaces de asimilar. Sin comunidad política real, estamos fuera de juego.
La primera observación realista es que, con toda la diversidad y diferencia que nos caracteriza a Europa, la distancia que nos separa entre nosotros es ínfima en comparación con la que se abre entre nosotros y lo que nos rodea. Un demos, una identidad. La segunda es que toda esta "abstracción" —libertades individuales, rigor de ley, Estado de derecho— que ahora EEUU parece repudiar, está ya codificada en la UE, aunque mal ejecutada. "Los partidos euroescépticos confunden la crítica legítima a las políticas y las normas de la UE con la impugnación del marco institucional europeo" señala Becerril. Bajar de la rabieta a la gestión. Meloni es el ejemplo.
Y tercera, y más crítica: en esta era geopolítica, sin la defensa y vindicación de un perímetro nacional ahora europeo, perdemos toda opción de afrontar el futuro. Nos pasan por encima. A propósito de Groenlandia, Bardella del RN francés pidió a la UE la activación del "instrumento anticoerción", dándose por enterado. Ese es el camino porque no pararán los embates. Sin poner la fuerza del conjunto por delante, no llegamos. Estas derechas valientes.
PD: Cierto, EEUU y Europa —hermanados por la Historia— dos veces nos salvaron de nosotros mismos. Pero sospecho que no superaremos este cisma incipiente hasta que Europa hable con una sola voz. Y del otro lado, escancien las esencias y hayan depurado esa vena de racismo residual de corte histórico. Efectivamente, un hijo de inmigrantes y con un tono más morenito, postulándose para presidente, lo más sutil del discurso de Rubio.
La semana pasada, el secretario de Estado americano, Rubio, dio un discurso en la Conferencia de Seguridad de Múnich, con el propósito de bajar la tensión entre EEUU y sus aliados históricos en Europa. Tras un año de hostilidades por parte de la Administración Trump —imposición unilateral de aranceles (la mayoría de ellos declarados ilegales por el Tribunal Supremo de EEUU), apoyo a las demandas rusas en los acuerdos de paz en Ucrania, amenaza de anexión de Groenlandia, una Estrategia Nacional a favor de la diáspora europea incluida financiación, etc.—, el tono del discurso fue hasta conciliador y amigable. Una invitación a marchar juntos, pero condicionada a que Europa acepte el nacionalismo de "sangre y tierra" encumbrado por el movimiento MAGA. Con otro tono, la línea es afín a la marcada por el vicepresidente Vance hace un año, cuando se permitió explicar a los alemanes cómo interpretar su pasado. Lecciones de Historia las justas, si lo que se socava es el mismísimo fundamento de Occidente.