Tribuna Internacional
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¿Qué serías capaz de hacer si te prestaran 200 dólares?
La única vía de cooperación no es siempre la ayuda directa, sino la capacidad de borrar los paisajes de pobreza, asegurando que nadie quede excluido del sistema financiero, los avances tecnológicos, la sanidad y la educación
Arranca la madrugada en Medellín. Tras la rendija de una humilde fachada de ladrillo desgastado se revela una mujer jugueteando sonriente con pequeños montones de maíz deshilado.
De fondo, el sonido de viejas cacerolas apiladas, el chisporroteo del aceite hirviendo y de una entrañable canción de radio que parpadea de forma recurrente evocan la escena con la que María Noelia soñó innumerables veces, cuando la extrema violencia invadía su bucólica vida en el campo.
Enfrente, un toldo improvisado y unas sillas de plástico, serán refugio, horas más tarde, de quienes busquen un descanso en su jornada para tomar un ‘tintico’ (café en colombiano) y una sabrosa arepa de maíz.
Siempre supo que ese rincón privilegiado de una de las comunas más populares de Medellín lo cambiaría todo. Como un personaje sacado de una novela costumbrista, la historia de María Noelia es de esas que no dejan indiferente a nadie. Desplazada de su pueblo natal por la violencia de los grupos paramilitares, decidió instalarse en Medellín para emprender un negocio de restauración y poder sacar adelante a su familia: una niña de 3 años, un bebé de meses, un hermanito ‘especial’ y otro de 12. Como ella misma dice del futuro de sus hijos "era lo que yo hiciera por todos". Pero esta historia no es una novela ni una ficción; esta es la realidad de más de 1.100 millones de personas que viven en situación de pobreza en el mundo, según informes del PNUD. ¿En qué momento la pobreza se nos volvió paisaje?
Opinión Hace unos meses asistí a la cuarta Conferencia de Ayuda al Desarrollo organizada por la ONU en Sevilla, en la que se hizo una llamada urgente a la acción, la cooperación y la solidaridad global frente a los múltiples desafíos actuales, como los numerosos conflictos, la crisis migratoria y climática y, ahora, los recortes en la ayuda internacional. Sin embargo, la cifra que más me impactó fue que para cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible se requieren más de 4 billones de dólares cada año.
No hace falta saber de finanzas ni ser un experto en temas de desarrollo para entender la magnitud del reto y darse cuenta de que la única solución es que evolucionemos los modelos de negocio tradicionales para que generen impacto social de manera sostenible. En mi opinión, un excelente ejemplo en el mundo de la banca son las microfinanzas, un "palabro" desconocido en España, que tengo que explicar cada vez que cuento a qué me dedico.
Opinión Nuestro país roza el 100% de inclusión financiera. A nivel mundial, el porcentaje de adultos que tienen una cuenta en un banco o institución financiera similar, con un proveedor de dinero móvil, o ambas, es del 79% (según datos del Banco Mundial). La Fundación Microfinanzas BBVA estima que en América Latina esta cifra ronda el 75%. Pero si hablamos de inclusión financiera teniendo en cuenta el acceso al crédito, y la informalidad, la cosa cambia, y mucho.
Para entenderlo mejor, volvamos con María Noelia. En 2024, en Colombia, solo el 35,5% de los adultos tenía acceso al crédito formal, pero solo el 5,7% de las personas con un negocio informal, como María Noelia, tuvieron acceso al microcrédito. Teniendo en cuenta que en América Latina el 50% de los trabajadores son informales, cualquiera de nosotros puede darse cuenta de la brecha que existe.
En esta historia, nuestra protagonista (aunque ya no esté entre nosotros) tuvo un final feliz, ya que logró que sus hijos estudiaran en la universidad. Una de ellas se ha graduado este año en Medicina, un tremendo orgullo para cualquier madre. La enorme motivación de María Noelia, su inquebrantable espíritu de lucha y su infatigable ritmo de trabajo fueron, sin duda, las claves de su éxito. El apoyo de una microfinanciera que confió en ella en sus difíciles comienzos y le otorgó un primer préstamo de apenas 200 dólares también fue, sin duda, decisivo.
Opinión Tener nociones básicas de educación financiera y conocimientos en alfabetización digital, así como poder gestionar las finanzas online para hacer o recibir pagos, y crear una cultura de ahorro son imprescindibles para cualquier adulto que quiera gestionar bien su propia economía o la de su negocio.
Se puede innovar aún más y proporcionar protección con pólizas de vida o seguros de salud por menos de 5 USD al mes, desarrollar la banca comunal para que las mujeres más vulnerables hagan crecer sus negocios o facilitar microcréditos para que un agricultor implemente medidas como reservorios de agua o riego por goteo que le hagan más resiliente al cambio climático, son algunas de las soluciones o productos que se han desarrollado en las entidades de la Fundación Microfinanzas BBVA en cinco países de América Latina.
Si miramos en nuestro entorno, nos cuesta imaginar que con un préstamo de 200 USD se pueda generar tanto impacto, pero tras más de 20 años de carrera, la mayoría de ellos en Latinoamérica, donde he tenido la fortuna de conocer a personas extraordinarias como María Noelia, Jessica, Alberto, Carlos, Yamile y muchos otros, he podido constatar que poner en marcha productos y servicios adaptados a sus necesidades genera un desarrollo real.
Opinión La banca, como cualquier otra industria o sector, puede ser un motor de impacto social y contribuir de forma rentable y sostenible a cerrar esa brecha millonaria. La única vía de cooperación no es siempre la ayuda directa, sino la capacidad de borrar esos paisajes de pobreza, asegurando que nadie quede excluido del sistema financiero, de los avances tecnológicos, de la sanidad, de la educación y de otros muchos campos que hoy están a nuestro alcance.
*Gabriela Eguidazu, directora de Innovación para el crecimiento inclusivo de la Fundación Microfinanzas BBVA.
Arranca la madrugada en Medellín. Tras la rendija de una humilde fachada de ladrillo desgastado se revela una mujer jugueteando sonriente con pequeños montones de maíz deshilado.