El ensayista americano que ahora viaja con Abascal sabe qué va a pasar en Europa
La peculiar evolución del que fuera uno de los activistas climáticos más controvertidos es un síntoma de la deriva del pensamiento conservador. Lo entrevistamos a su paso por Madrid
Shellenberger, durante su charla del pasado sábado. (Instituto Juan de Mariana)
El viernes pasado,Santiago Abascal visitó Almendralejo para participar en un mitin de la campaña extremeña. Algunos de los asistentes al acto de Vox quizá repararían en la presencia entre el público de un misterioso y espigado estadounidense. Casi nadie lo identificaría como el periodista y ensayista estadounidense Michael Shellenberger, ni sabría que fue elegido como uno de los Héroes del Clima por la revista Time en 2008, ni que se presentó a gobernador de California, ni que ha sido de las pocas personas en tener acceso a las entrañas de Twitter.
Ha sido calificado en este periódico de “ecologista peculiar”. También de “activista climático al que odian los activistas”. Ha hablado sobre la agonía de San Francisco. En los últimos tiempos ha recorrido Europa cual fantasma para escribir sobre el que considera el gran tema del momento: el auge de los partidos de “derecha populista nacionalista”, como explica a El Confidencial un día después de su retorno de Extremadura, en el marco del I Foro Internacional Economía, Clima y Energía impulsado por el Instituto Juan de Mariana. No solo Vox, sino también AfD en Alemania, Reform UK en Inglaterra o la Agrupación Nacional en Francia.
“Todos estos partidos son parecidos, aunque pueda haber alguna diferencia entre ellos: fundamentalmente, nos están advirtiendo sobre la muerte de Europa”, explica durante la media hora de su agenda concedida a El Confidencial. “Viajé con Santiago Abascal, le entrevisté y entrevisté a la gente del público, mayores, jóvenes. Me resultó interesante ver que la gente mayor estaba más preocupada por la migración, y los jóvenes, por la economía y la falta de oportunidades”.
Escribirá sobre ello al volver a casa, pero su relación con estos partidos va más allá de lo periodístico. Hoy hablará en el Parlamento Europeo sobre “el claro y acuciante peligro que son para la Unión Europea y Occidente las políticas totalitarias de Von der Leyen”. Él mismo explicaba en X, red donde tiene más de un millón de seguidores, que “sus jefes, Emmanuel Macron y Friedrich Merz, están poniendo en peligro la seguridad de Europa”.
The EU is determined to censor X worldwide.
Tomorrow I will warn members of the EU Parliament of the
Un encuentro al que ha sido invitado por Patriots for Europe, la alianza europea impulsada por Viktor Orban. “Escribí a Valerie Deloge, que es eurodiputada de la Asamblea Nacional, para preguntarle qué iba a pasar con Marine Le Pen; me preocupa el lawfare que se impida a la gente presentarse a las elecciones, y le pedí entrevistar a Marine Le Pen o a Jordan Bardella”, explica. “Ella me invitó a hablar sobre la libertad de expresión”.
No es la primera vez que Shellenberger, nacido en Colorado en 1971, comparecerá ante las instituciones europeas denunciando la falta de libertad de expresión en Europa. El año pasado también fue invitado por Fernand Kartheiser, del conservador ADR (Partido Alternativo de la Reforma Democrática) luxemburgués. En aquella ocasión, Shellenberger denunció que la multa impuesta a X por la Ley de Servicios Digitales (DSA) era un peligro para la libertad de expresión. Hoy apunta aún más alto: “Si fuese europeo, me gustaría ver a la Comisión Europea perder poder, porque está abusando de él”.
"Después de escuchar a la derecha populista, es inevitable un cambio en Europa"
Un discurso alineado con el de los Patriots, de igual manera que Musk ha mostrado su apoyo a AfD. “He estado escuchando a todos los partidos de derecha populista como Vox, la Asamblea Nacional o AfD, y creo que es inevitable algún tipo de cambio en Europa”, añade. Pero ¿cómo ha terminado ahí un experto en cambio climático? La peculiar trayectoria vital y profesional de Shellenberg, que incluye codearse con los sandinistas en Nicaragua o boicotear a Nike, dice mucho del viraje de cierta derecha estadounidense, que después de su país natal, está fijando su mirada en Europa.
El activista climático heterodoxo
Shellenberger saltó a la fama en 2007 con Break Through: Why We Can't Leave Saving The Planet To Environmentalists (Mariner Books), uno de los primeros ensayos en denunciar el pesimismo medioambiental y en apostar por la innovación tecnológica para salvar la economía. Una idea en la que abundó en su manifiesto ecomodernista, que apostaba por el desarrollo económico para salvaguardar el medioambiente, y que prolongó en No hay apocalipsis: Por qué el alarmismo medioambiental nos perjudica a todos (Deusto).
“Voy a hablar de la agenda del decrecimiento y de lo que hay detrás de ella. Estamos en mitad de un cambio significativo en el pensamiento sobre el cambio climático, no solo en EEUU sino en todo Occidente. Después de 35 años de ciencia, las predicciones no se han cumplido”, responde cuando se le pregunta por su charla. “El hielo del Ártico no se ha fundido estos últimos 20 años. No ha habido más muertes por desastres naturales. Nos dijeron que la Gran Barrera de Coral estaba desapareciendo y ahora está en su nivel máximo de los últimos 35 años. Todo el mundo es más rico. La mayoría de predicciones sobre cambio climático no se han cumplido, pero mientras, hemos impuesto medidas energéticas muy caras para los países ricos y pobres”.
Shellenberger, durante una de sus apariciones en un subcomité del Congreso, en relación a la desclasificación de documentos sobre objetos no identificados. (EFE/EPA/Anna Rose Layden)
A cambio, “hemos generado una epidemia de ansiedad climática entre niños, que ha contribuido a una ansiedad severa y a que haya quien piense que tener hijos es malo”. En su opinión, el camino hacia la autodestrucción civilizatoria. También, “una forma de desproveer a los países pobres de todas esas cosas, al decirles que es mejor que se queden en sus pueblos y recurran a las energías renovables en lugar de dejarlos desarrollarse como el resto de países, a través de la urbanización y la industrialización”.
En opinión de Shellenberger, la agenda climática de las últimas décadas ha sido influida por tres factores. “El primero es el dinero”, explica. “Hay mucho dinero en las renovables. Se gastan miles de millones en fuentes de energía que encarecen la electricidad y hay todo tipo de timos relacionados con los créditos de carbono, como pagar a la gente por no talar árboles que no iban a talar de todas formas”.
El segundo es el poder. “La agenda climática globalista mantiene el control del mundo desarrollado, sobre todo en Europa, para imponer ciertas políticas en África”, explica. El último, un movimiento antirreligioso. “En un momento en el que la gente cree cada vez menos en las religiones tradicionales, ha aparecido una nueva religión basada en la naturaleza, no en Dios. Un nuevo mito de la expulsión del Edén relacionado con la industrialización y un discurso apocalíptico que ha dado lugar a un tipo de discurso espiritual que está destruyendo los fundamentos de la civilización”, añade. Shellenberger es menonita, una de las ramas del cristianismo anabaptista.
"El cierre de centrales nucleares en Europa es una tragedia"
Aunque por lo general respetado por gran parte del mainstream, las ideas de Shellenberger no han sido recibidas de forma unánime. Ha recibido elogios de autores de diferentes ámbitos como el urbanista Richard Florida, el psicólogo Steven Pinker o el experto en alimentación Michael Pollan. Otros científicos han puesto en duda algunas de sus observaciones. Es el caso de la revisión que siete investigadores independientes realizaron sobre un artículo publicado a propósito de la publicación de No hay apocalipsis, y que concluía que “mezcla afirmaciones precisas e imprecisas para apoyar una argumentación engañosa y simplista sobre el cambio climático”.
El periodista insiste en que no niega el cambio climático, tan solo no está de acuerdo en las soluciones que se han impulsado durante las últimas décadas. “Estoy de acuerdo con la mayor parte de la ciencia climática”, explica. “Creo que el mundo se está calentando, y que esto se debe a la acción del hombre. Pero no creo que haya evidencias del daño causado por este calentamiento”.
Nuclear sí, gracias
Shellenberger se ha convertido en uno de los grandes defensores globales de la energía nuclear. En febrero de 2016 fundó Environmental Progress, una ONG dedicada a evitar el cierre de centrales nucleares. Además, ha sido invitado al congreso estadounidense para testificar a favor de la energía nuclear. “Amo a Europa, pero estoy preocupado: el cierre de plantas nucleares es una tragedia”, responde cuando se le pregunta por el tema. “Alemania tenía unas plantas nucleares increíbles, como te puedes esperar de un país como Alemania. Muy bien dirigidas, con muy pocos trabajadores. Las han cerrado por razones religiosas; bueno, antirreligiosas”.
"En Europa hay gas que podría ser extraído, pero no ocurre por razones políticas"
¿Solo energía nuclear? ¿No hay más soluciones? “La obvia es el gas natural”, añade. “Mi visión sobre la energía es que el carbón es mejor que la madera; que el gas natural y el petróleo son mejores que el carbón; y que la energía nuclear es mejor que el gas. Hemos liberado una gran cantidad de gas natural en EEUU, gracias a nuestra geología, pero también a las leyes que permiten que los propietarios puedan tener los derechos sobre las tierras bajo la superficie. En Europa también hay gas listo para ser extraído pero no está extrayéndose por razones políticas y legales. Por eso la energía nuclear es una prioridad para mí”.
La visión de Shellenberger parece haber ido calando poco a poco, al menos en lo que se refiere a sus críticas a la mentalidad decrecentista. En los últimos años, ensayistas y pensadores como Ezra Klein, su coautor Derek Thompson o Matt Yglesias se han sumado a lo que podía denominarse “abundancismo”, la idea de que no solo es posible crecer y salvar el planeta, sino necesario. “El libro de Ezra Klein se llama Abundancia, y creo que es el enfoque correcto, pero sigo sin estar de acuerdo con las soluciones”, responde Shellenberger.
El periodista invitado por Musk a las tripas de Twitter
“Los demócratas tienen un problema”, prosigue. “Trump ha dejado de financiar a los científicos del clima, ha quitado subsidios a las renovables y está apostando por el petróleo, el gas y la energía nuclear. Los demócratas no han dicho nada. ¿Su apuesta más importante está siendo aplastada por el presidente y no hay protestas?”, se pregunta. “Protestaron contra Tesla, que irónicamente es una empresa de coches eléctricos. Pero no tenía nada que ver con la política climática, sino con el odio a Elon Musk”.
Shellenberger puede presumir de ser una de las pocas personas de este planeta que ha sido retuiteado de forma positiva por el dueño de X y Tesla. A finales de 2022, fue uno de los tres periodistas, junto a Matt Taibbi y Bari Weiss, a los que Musk facilitó el acceso a parte de los documentos internos de Twitter después la adquisición de la compañía por parte del empresario. Papeles que mostraban los procesos de moderación de la compañía en la suspensión de la cuenta de Donald Trump o el veto a los enlaces a las noticias sobre el portátil de Hunter Biden.
Según a quien se le preguntase, una revelación de los complicados procesos de deliberación de una red social con tanto poder o una muestra más de censura progresista. Para Shellenberger, lo segundo. “Los tres periodistas descubrimos la implicación de las agencias de inteligencia en esta censura y vimos que era una operación a gran escala”, explica Shellenberger, que denuncia que esa censura se ha trasladado a Europa.
Es de lo que hablará hoy en el Parlamento, cuya participación lleva el hombre “The Twitter Files: censura más allá del mar”. “Esas mismas personas están intentando trasladar esa censura a Europa”, añade. “Hemos descubierto un encuentro secreto en Stanford a principios de otoño que implicaba a australianos y brasileños para poner en marcha operaciones de censura en Europa, Australia, Canadá o Brasil”.
"Trump era necesario, una medicina fuerte para un paciente muy enfermo"
El periodista denominó “catártica” la victoria de Donald Trump en las elecciones del pasado año. ¿Aún lo piensa? “Sí, era necesario, medicina fuerte para un paciente muy enfermo”, responde. “Nuestras fronteras estaban abiertas y no había ningún control migratorio, la espiral transgénero se había salido de madre, se permitía a los hombres participar en deportes de mujeres y se estaba generando una jerarquía racial en las universidades y los espacios de trabajo a causa del DEI (diversidad, equidad e inclusión). Era una situación tóxica”.
Aunque, en su opinión, Trump ha hecho “muchas cosas positivas para la libertad de expresión”, hay otras que no le convencen tanto. “Aunque ha actuado con dureza contra Brasil por su censura, ha terminado levantando sus aranceles porque la Casa Blanca está preocupada por el precio de la comida, ya que importamos mucha comida de Brasil”, responde.
Primero Manhattan, luego Bruselas
En su punto de mira ahora se encuentra Von der Leyen, una de las promotoras de lo que ha denominado “complejo industrial de censura” (censorship industrial complex). “La mayoría de la gente desconoce que después de las revoluciones populares de 2016, primero el Brexit y más tarde la elección de Trump, la Unión Europea, los demócratas, EEUU, sus ONG más progresistas y sus filántropos invirtieron mucho dinero en crear un complejo industrial de censura centrado en una estrategia de censura por proxy: el gobierno seleccionaba a las ONG e investigadores que debían decidir qué es desinformación y discurso de odio, y utilizaban esa información para solicitar su censura a las compañías de redes sociales”.
La ponencia de Schellenberger fue una crítica al decrecimiento. (Instituto Juan de Mariana)
Hoy Shellenberger pisará por segunda vez el Parlamento Europeo. “Europa es muy especial y peculiar”, explica. “Hay un buen motivo para que vuestros museos estén llenos de visitantes chinos, no hay nada como Europa en el resto del mundo. El florecer cultural europeo durante los últimos 500 años es increíble. Sobre todo el modelo de gobierno que Europa desarrolló y exportó a EEUU. Creo que aun así en EEUU tenemos el mejor modelo de gobierno, un sistema que fiscaliza al poder ejecutivo”.
El esplendor europeo comenzó a decaer tras el final de la Segunda Guerra Mundial, prosigue. “La ansiedad ante un posible retorno del nacionalismo y del fascismo, pero también del comunismo, ha conducido a que el discurso de sociedad abierta haya sido saboteado por la izquierda al sugerir que la civilización occidental se fundó sobre el genocidio, el colonialismo y la esclavitud, que llevaron al holocausto y que conducirá a la guerra nuclear”, desarrolla.
“El objetivo es acabar con los principios de la civilización occidental, así que la mayoría de universidades occidentales están centradas en destruirlos valores y las instituciones occidentales. Y por eso parece que la ley, la disciplina y el trabajo duro son ideas racistas o colonialistas”, añade. Una situación que ha provocado la rebeldía de la generación Z. “Son mucho más conservadores, están hartos de que los llamen tóxicos y de que los ataquen por ser blancos o europeos”, añade. “El tópico dice que te haces más conservador a medida que creces, así que es significativo que los jóvenes sean más conservadores que los mayores”.
La izquierda ha sido derrotada: "La derecha solo compite consigo misma"
Para Shellenberger, las divisiones que se están produciendo dentro de la derecha americana no solo son positivas, sino que también son el síntoma de la derrota de la izquierda: “La izquierda ha sido derrotada hasta el punto que la derecha ya solo compite consigo misma”. Estamos entrando en un nuevo ciclo de nacionalismo en todo el mundo, añade. El primer paso ha sido EEUU, que se encuentra al final de uno de sus ciclos de 80 años (que el periodista identifica en la Revolución Americana de 1776, la Guerra Civil Americana de 1865, la Segunda Guerra Mundial en 1945 y la reelección de Trump en 2025; una forma distinta de gobierno en cada ciclo); ahora le toca a Europa.
“Después de la multa impuesta a X, Elon Musk dijo que desmantelaría la Unión Europea”, añade. Eso pasa por la salida de EEUU de la OTAN. “Un republicano disidente llamado Thomas Massie ha presentado una ley para que EEUU se salga de la OTAN, y en respuesta, la administración Trump ha publicado su estrategia de seguridad nacional que dice que EEUU debería cuestionar su alianza con Europa, que no debería ver a China como su competidor y que debería centrarse en América y el hemisferio occidental”.
En respuesta, prosigue, “hemos visto al líder de la OTANMark Ruttedecir que los europeos deberían prepararse para la guerra. Creo que los europeos han tenido una relación paternalista con EEUU desde la Segunda Guerra Mundial, y ese tipo de relaciones terminan acabándose tarde o temprano. Los europeos infravaloran la preocupación de los americanos por su libertad de expresión y sobrevaloran su preocupación por la OTAN y la seguridad europea. Se van a producir conversaciones muy duras”, concluye en un tono ominoso. Y tenga razón o no, no se puede negar que Shellenberger tiene acceso a buenas fuentes.
El viernes pasado,Santiago Abascal visitó Almendralejo para participar en un mitin de la campaña extremeña. Algunos de los asistentes al acto de Vox quizá repararían en la presencia entre el público de un misterioso y espigado estadounidense. Casi nadie lo identificaría como el periodista y ensayista estadounidense Michael Shellenberger, ni sabría que fue elegido como uno de los Héroes del Clima por la revista Time en 2008, ni que se presentó a gobernador de California, ni que ha sido de las pocas personas en tener acceso a las entrañas de Twitter.