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La Europa del malestar: más de la mitad de los gobiernos perderían hoy las elecciones
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OLEADA DE INESTABILIDAD EN LA UE

La Europa del malestar: más de la mitad de los gobiernos perderían hoy las elecciones

Las mayorías frágiles y el auge de la derecha radical dinamitan el sistema, disparando la demanda de líderes fuertes que ofrezcan soluciones rápidas

Foto: Macron y Sánchez, entre los líderes que perderían unas nuevas elecciones legislativas según las encuestas. (EFE/EPA/Simon Wohlfahrt)
Macron y Sánchez, entre los líderes que perderían unas nuevas elecciones legislativas según las encuestas. (EFE/EPA/Simon Wohlfahrt)

España no está sola en su parálisis política. La Unión Europea atraviesa una etapa de gobiernos frágiles y mayorías inestables. En 15 de los 27 Estados miembros, el partido que encabeza el ejecutivo va a rebufo en la carrera por la reelección.

Cada nueva cita en las urnas confirma el desgaste de los partidos. En los trece países que han celebrado elecciones legislativas desde 2024, la formación que lidera el gobierno ha empeorado su resultado. Ha ocurrido en Alemania, República Checa o Países Bajos, entre otros. La única excepción han sido los comicios en Portugal del pasado mayo, en un contexto de bloqueo político y cansancio con el largo ciclo socialista anterior.

La mayoría de los ejecutivos de la UE se inclinan hoy hacia el centroderecha, que gobierna en 11 países. Socialdemócratas y liberales lideran cinco gobiernos cada uno y la derecha radical, cuatro. Pero en buena parte de Europa, las formaciones gobernantes no soportarían un nuevo test del electorado.

Según la media de encuestas de Politico, la derecha radical ganaría hoy los comicios en al menos cinco países donde está en la oposición. La AfD se impondría en Alemania, la Agrupación Nacional de Le Pen haría lo propio en Francia y el Partido de la Libertad repetiría victoria en Austria. El triunfo también caería del lado de estas formaciones en Rumanía y Letonia.

Los populares europeos superarían a la formación que lidera el gobierno en cuatro países. El PP sería el partido más votado en España, con dos puntos de ventaja sobre el PSOE; mientras que en Hungría, Péter Magyar parte con ventaja para desahuciar del poder a Viktor Orbán.

Eslovenia y Estonia también caerían del lado de la familia política que dirige Manfred Weber. Los socialdemócratas obtendrían victorias contundentes en Finlandia y Suecia y la izquierda radical de Sinn Féin y AKEL ganaría en Irlanda y Chipre.

Pero la situación va más allá de unas malas perspectivas electorales. En nueve países, la coalición gobernante no tiene mayoría parlamentaria y depende de apoyos externos en el legislativo. El gobierno Sánchez es uno de los más débiles, con el 41,7% de los escaños en el Congreso de los Diputados, pero aún lo son más los de Chipre, Portugal o Francia.

El país galo ha tenido doce gobiernos diferentes en apenas una década, los mismos que Bulgaria y uno menos que Rumanía. En el mismo periodo, han pasado tres por Luxemburgo o Hungría. Hoy solo quedan dos gobiernos monocolor con mayoría absoluta en la UE. El de Grecia, por su ley electoral que premia a la formación ganadora con un bonus de 50 escaños, y Malta, un fuerte bastión bipartidista.

Tras la inestabilidad de los gobiernos europeos hay algunos factores particulares internos y otros compartidos. Entre los comunes, destaca la desconfianza de muchos votantes hacia los partidos tradicionales y su pesimismo sobre el futuro. Según una encuesta de Pew Research Center, tres de cada cuatro españoles cree que el sistema político necesita cambios, pero un 55% ve imposible que lleguen a producirse.

“Las coaliciones de centroizquierda o centroderecha gestionan el día a día, pero la derecha radical ha sabido presentarse como la única opción capaz de transformar la realidad ilusionando a parte de la población, aunque sus soluciones sean simples”, explica Javier Martínez-Cantó, politólogo en el Instituto de Bienes y Políticas Públicas (IPP-CSIC).

El resultado es una expansión de la oferta de opciones políticas para un electorado menos fiel a su partido de toda la vida, lo que deja unos parlamentos más fragmentados y con cordones sanitarios o minorías de bloqueo relevantes que afectan la gobernabilidad. “La derecha radical puede poner en riesgo la democracia si toca poder, pero sale reforzada si se la excluye, ya que se victimiza y alimenta la frustración de sus votantes, que consideran que su voz no cuenta”, señala Martínez-Cantó.

La aceleración de la conversación pública, con la viralización de narrativas extremas en redes sociales, genera una emergencia permanente. “En la sociedad de la inmediatez, la ciudadanía exige respuestas rápidas ante los cambios acelerados, mientras que la democracia requiere tiempo. En este contexto, los liderazgos fuertes y autoritarios ganan simpatías al asegurar que pueden resolver los problemas con celeridad”, afirma Steven Forti, profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Barcelona.

Por el contrario, los mandatarios europeos son cada vez más impopulares. Apenas el 13% de los franceses y el 24% de los alemanes respalda a Emmanuel Macron y a Friedrich Merz, según el tracking de líderes mundiales de octubre de Morning Consult. Sánchez se sitúa en el 35%. Lejos de Modi en India (72%), Sheinbaum en México (52%) o Lula en Brasil (41%). Solo destacan la premier italiana Giorgia Meloni y el polaco Donald Tusk, con en torno a un 40% de respaldo a su gestión en sus países.

El clima de impugnación se extiende a Bruselas, como demuestran las duras críticas a su relevancia decreciente como actor geopolítico, retratada en el acuerdo comercial con EEUU o la gestión de la guerra en Gaza. Pese a haber superado tres mociones de censura en 2025, seis de cada diez encuestados en los cinco mayores países de la UE son favorables a una dimisión de la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, según el sondeo Eurobazooka de septiembre.

Los países más inestables

Francia vive en un impasse político desde las elecciones legislativas anticipadas de hace un año y medio, que dejaron una Asamblea Nacional partida en tres bloques hoy por hoy irreconciliables. El bloqueo institucional y la sucesión de primeros ministros –Francia ha tenido tres en 14 meses– no han hecho más que alimentar la desconfianza y el hartazgo ciudadano.

Según el último barómetro del CEVIPOF, solo el 26% de los franceses afirma confiar en la política. Un 71% considera que la democracia funciona mal y un 73% ve con buenos ojos que llegue un “líder fuerte” para imponer orden. El desgaste es profundo y transversal.

La crisis actual también ha sacado a la luz disfunciones institucionales de mayor calado. La capacidad del presidente para fijar la agenda, sumada a la división parlamentaria y a la fragmentación de la oposición, permite a Macron mantenerse en el poder incluso con unos niveles de popularidad mínimos.

Sin embargo, su debilidad no ha generado aún una alternativa capaz de articular una mayoría estable. Por ello, el electorado oscila entre el voto de protesta y la abstención, sin trasladar el poder hacia nuevas fuerzas políticas, lo que perpetúa la parálisis.

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Bulgaria también encadena cuatro años de profunda inestabilidad política, desatada por la salida del poder del primer ministro Boiko Borísov y su partido, el GERB, tras más de una década en el gobierno. Su caída respondió a las protestas ciudadanas masivas contra la corrupción y el deterioro del sistema judicial, que impulsaron la formación de una coalición de cuatro partidos dispuesta a apartarlo del poder.

La fragilidad de la alternativa a Borísov desencadenó un ciclo inédito de siete elecciones anticipadas y sucesivos gobiernos interinos en tres años y medio. Este periodo de inestabilidad parece haber concluido con el retorno del GERB al poder a principios de 2025.

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Aunque el GERB se presenta como una fuerza de centro derecha proeuropea y pro atlántica, gobierna junto al prorruso Partido Socialista Búlgaro y al partido populista Hay Tal Gente. La continuidad del ejecutivo depende además del apoyo externo de Delyan Peevski, un polémico oligarca sancionado por EEUU y Reino Unido, que lidera el Movimiento por Derechos y Libertades – Nuevo Comienzo.

Aun con profundas diferencias ideológicas y una popularidad limitada, los socios de gobierno mantienen la disciplina interna por miedo a una caída del gobierno que refuerce al presidente Rumen Radev. Crítico con el envío de armas a Ucrania y alineado con el primer ministro húngaro Viktor Orbán, surge como alternativa capaz de reordenar el tablero político búlgaro.

Donde sí parece llegar cierta calma es a la República Checa, tras la victoria del partido populista ANO en las elecciones legislativas de octubre. Su líder, el multimillonario Andrej Babiš, ha pactado con otras dos formaciones euroescépticas –Libertad y Democracia Directa (SPD) y Automovilistas por Sí Mismos– para asegurar una mayoría de gobierno.

Babiš, que ya ejerció como primer ministro entre 2017 y 2021, ha reconfigurado el sistema político checo en apenas una década. ANO ha absorbido a la izquierda tradicional, hoy extraparlamentaria, y ha frenado el ascenso de la extrema derecha, que no consigue despegar. La derecha clásica resiste gracias a la coalición Spolu (“Juntos”), aunque lejos de sus niveles de apoyo previos a la crisis financiera.

Foto: babis-elecciones-republica-checa-trump-checo

En paralelo, han emergido nuevos partidos con vocación de gobierno: STAN, que agrupa a los alcaldes de pequeñas localidades, y los Piratas, de perfil liberal urbano y verde. La respuesta defensiva de los partidos tradicionales frente a Babiš, apropiándose del discurso nacional-populista en materia migratoria, integración europea o transición ecológica, deja una incógnita abierta: ¿ha servido para contener a Babiš o solo para normalizar su relato?

Los países más estables

Italia, uno de los países europeos que tradicionalmente se consideraba políticamente inestable es hoy un ejemplo de estabilidad. El gobierno de Meloni, en el cargo desde octubre de 2022, es ya el tercer ejecutivo más duradero de la historia de la República Italiana, solo por detrás de dos de los gabinetes liderados por el sempiterno Silvio Berlusconi.

La premier de 48 años lidera una coalición aparentemente sólida, que suma el 61% de los diputados en la Cámara Baja y el 58% de los senadores. Su partido, Fratelli d’Italia, está muy unido en torno a su figura y posee más escaños que la suma de los partidos integran la coalición gubernamental (Lega y Forza Italia), que no tendrían mucho que ganar en caso de elecciones anticipadas. Hasta ahora, Meloni ha tenido un estilo de gobierno muy eficaz, que ha buscado evitar obstáculos serios y conciliar diferentes posiciones entre sus socios en asuntos como la política hacia Ucrania.

Al mismo tiempo, se enfrenta a una oposición incapaz de generar una alternativa convincente, vehiculada fundamentalmente a través del Partido Democrático (PD), liderado por Elly Schlein, una activista de 40 años externa al aparato, y el Movimiento 5 Estrellas de Giuseppe Conte, que en los últimos años se ha escorado definitivamente hacia el centroizquierda y actúa como socio minoritario del PD, aunque conserva cierta autonomía.

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La ley electoral introducida en 2017 otorga más escaños a la coalición ganadora que en el pasado, favoreciendo a un centroderecha más compacto. Schlein y Conte están probando en las siete elecciones regionales de 2025 la fórmula del ‘campo largo’, que abarca desde el proyecto centrista del exprimer ministro Matteo Renzi hasta la coalición de izquierdas Alianza Verdes e Izquierda. Sin embargo, no se han registrado ni se prevén cambios de gobierno a nivel regional.

Otro de los países aparentemente más estables es Grecia. No obstante, el gobierno Mitsotakis, con mayoría absoluta y en el poder desde 2019, está sufriendo un declive relativo que ya le ha hecho perder al menos 11 puntos en intención de voto respecto a las elecciones de 2023. Sin embargo, lo salva una oposición muy fragmentada, con un Syriza fuera de juego por sus escisiones y un Pasok estancado en el 14% de los votos.

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El principal problema del país es la inflación y la pérdida del poder adquisitivo, seguida de una crisis habitacional sin precedentes, con los alquileres alcanzando niveles inasequibles. En la Grecia actual, es mucho más difícil encontrar una vivienda que un trabajo.

Mientras tanto, el gobierno de Nueva Democracia apuesta por el dilema de “Mitsotakis o el caos”, presentando la estabilidad política como motor del progreso económico. “La Grecia de 2025 no se parece en nada a la paria de los mercados de 2015”, asegura el primer ministro, resaltando que el país se financia más barato que otras economías europeas fuertes. Pero tras esa imagen triunfal, la realidad es otra: el déficit por cuenta corriente sigue disparado, las exportaciones de bienes caen y el superávit en servicios apenas crece.

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Sin embargo, el regreso de dos antiguos mandatarios podría sacudir la política griega. El ex primer ministro Alexis Tsipras ha abandonado Syriza y plantea fundar un nuevo partido de cara a las legislativas de 2027. Las encuestas indican que un 24% de los ciudadanos podría apoyarlo. Su antecesor, el conservador Andonis Samaras también estudia la creación de un partido de derecha “patriótica” tras su expulsión de Nueva Democracia. La política griega se prepara para un terreno imprevisible.

En Hungría, el ultraconservador Viktor Orbán y su partido Alianza de Jóvenes Demócratas (Fidesz) encadenan victorias electorales desde hace quince años. Aun así, el rumbo del país podría cambiar en los próximos meses.

La principal amenaza para el statu quo es Péter Magyar. Su partido, Tisza, con poco más de un año de vida, ha conseguido superar a Fidesz en las encuestas. Aunque los comicios no se celebrarán hasta abril de 2026, la polarización es elevada, con protestas constantes y campañas de difamación contra la oposición.

La confianza en las instituciones también está en horas bajas en el país. Según una encuesta del Instituto de Investigación 21, el 48% de los ciudadanos no cree en los medios públicos y el 45% tampoco confía en la estabilidad que pregona el gobierno. La desconfianza hacia la propia oposición supera el 32%.

Hungría se ha convertido así en el ejemplo más visible de la crisis de los regímenes iliberales. Tras quince años de gobiernos de Orbán, es ya el Estado más corrupto de la Unión Europea, según Transparencia Internacional, una posición que comparte con Cuba y Burkina Faso.

España no está sola en su parálisis política. La Unión Europea atraviesa una etapa de gobiernos frágiles y mayorías inestables. En 15 de los 27 Estados miembros, el partido que encabeza el ejecutivo va a rebufo en la carrera por la reelección.

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