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Vetados RT y Sputnik, Rusia pesca entre los 'influencers' españoles: "Putin es el mejor"
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LLEGAN DONDE LA PRENSA NO PUEDE

Vetados RT y Sputnik, Rusia pesca entre los 'influencers' españoles: "Putin es el mejor"

Dos personalidades de YouTube han entrado y grabado en Donbás, una zona controlada por Rusia y que está prohibida a los medios occidentales

Foto: Imagen: Irene Gamella.
Imagen: Irene Gamella.
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Se abre el telón. En el interior de un avión, dos jóvenes 'influencers', Rubén y Liu, anuncian que van a hacer lo que ningún periodista ha conseguido: cubrir la invasión de Ucrania desde el extremo oriental, en la parte de la región del Donbás controlada por las milicias separatistas prorrusas. Nadie diría que van camino del punto más caliente del conflicto, donde las tropas rusas siguen luchando diariamente contra los ucranianos por el control de la zona: bromean sobre su relación, el vodka y los 'gulags' siberianos. "Vaya pareja hacemos. Yo, una loca del coño, y él, Don Perfecto, que os viene a dar datos interesantes", dice Liu entre risas. "Joder, no digas eso, que se van a pensar que soy un bodrio", le responde Rubén.

En realidad, apenas se conocen.

No llevan chalecos ni cascos, ni siquiera tienen claro qué medios publicarán sus reportajes, aunque van acreditados por la televisión ultraconservadora 7nn. Su plan pasa por aterrizar en Helsinki, Finlandia, y desde allí tomar trenes y autobuses hasta Donetsk. Casi 2.000 kilómetros de viaje durante los que esperan poder pertrecharse con lo básico para ir al frente.

Los 'influencers' separan sus caminos en la frontera de Finlandia y, contra todo pronóstico, ambos llegan por su cuenta a Donetsk. Y todo, dicen, sin haber necesitado ayuda de nadie y con libertad casi completa de movimiento. En sus vídeos recalcan que son los únicos allí, pero lo cierto no es que el resto de periodistas en la zona del conflicto no hayan querido hacerlo, es que no se lo han permitido. No es posible entrar al Donbás sin la autorización y la escolta de Rusia.

Reporteros como Alicia Alamillos, enviada especial de El Confidencial a Ucrania, asegura que es imposible llegar a la parte del Donbás controlada por los prorrusos, y menos sin la ayuda del Kremlin. Lo mismo ya han dejado claro en varias ocasiones periodistas con experiencia en conflictos armados como Óscar Mijallo, de Televisión Española. Más revelador es el caso de dos redactores de 'ABC' que se fueron días después del inicio de la guerra a contar lo que estaba ocurriendo en el lado ruso y encontraron decenas de problemas que relatan en un podcast.

Algunos reporteros han sido obligados a borrar imágenes en el Donbás

Uno de ellos, el fotógrafo Javier Nadales, explica a El Confidencial que intentaron en varias ocasiones cruzar la frontera desde Rostov del Don, la ciudad rusa más cercana al Donbás, pero que nunca se lo permitieron y, durante el tiempo que estuvieron allí, pese a contar con los visados como periodistas y todos los permisos, vivieron bajo un control estricto de las autoridades. "Es imposible cruzar o acercarte a centros de refugiados sin seguir los cauces oficiales", añade el periodista. Desde 'ABC' afirman que incluso hubo ocasiones en las que tuvieron que borrar imágenes de sus cámaras que habían grabado, como en la estación de tren a la que llegan muchos de los refugiados por exigencia de las autoridades allí presentes.

Sea como fuere, el 31 de marzo, dos días antes de que se conozca la masacre de Bucha, Rubén ya está sobre el terreno. Se encuentra en un barrio residencial de Donetsk, mostrando los efectos de una deflagración sobre un bloque de viviendas, de la que hablaron varios medios, la mayoría cercanos a Rusia, el día anterior. "Acabo de entrevistar a un señor mayor que está esperando a que saquen (del edificio) el cuerpo de su mujer", arranca el vídeo, visiblemente afectado. Su cobertura se aleja de la ortodoxia periodística, reprimiendo las lágrimas y haciendo un relato emocional de los hechos: "¿Dónde están los medios? Por eso estoy aquí. Es una lucha desproporcionada, pero alguien lo tiene que hacer. ¡Estoy aquí solo! ¡No hay un puto periodista! ¡A nadie le importa esto un pimiento!", dice.

En ocasiones, Rubén alude a mantras propios de la propaganda del Kremlin: "Todo esto se ha hecho con las bombas que le enviamos a Zelenski, con nuestros impuestos", lamenta. "La hipocresía que construimos desde nuestro pedestal de moralidad en Occidente es tan enorme, que ha llegado a un punto que no solo nos genera un daños a nosotros, sino que tampoco nos importa que se lo genere a terceros. No forman parte del relato oficial y nos da igual", continúa.

Paralelamente, Liu ha llegado a Donetsk un día antes. Desde una habitación de hotel, la 'influencer' se muestra derruida ante lo que ha vivido. No obstante, tiene claro quiénes son los buenos y no duda en dar el parte del Kremlin: "Mariúpol es un territorio más o menos controlado. Es una ciudad libre. Pero allí hay tres o cuatro fábricas donde los rusos han acorralado a los batallones ucranianos, como por ejemplo Azov", explica. "He preguntado a los ciudadanos de Mariúpol si los del Batallón Azov son nazis y me han dicho que sí, que tienen tomado un colegio y que allí han realizado torturas a todo aquel que consideren prorruso".

Su siguiente aparición será mucho más dramática. Desde un portal, Liu graba el sonido de las bombas. "¿Lo oís? Son las bombas ucranianas. Llevan 8 años bombardeando esta zona, y nosotros callados", explica.

Su viaje sigue en líneas paralelas hasta Mariúpol, una ciudad sitiada y asolada de la que los últimos periodistas occidentales allí presentes tuvieron que salir disfrazados de médicos semanas atrás para evitar problemas. Ambos visitan una zona que en unos 2 kilómetros aglutina dos de los edificios que más ha mostrado la propaganda rusa de esa ciudad desde la invasión. El Hospital Regional de Cuidados Intensivos y el centro comercial Metro.

El primero aparece en vídeos en los que se muestra que las estructuras siguen funcionando bajo su bandera, y el segundo es clave por ser una especie de base de operaciones en la que también han grabado en numerosas ocasiones cómo reparten ayuda humanitaria. Ninguno de los 'influencers' hace alusión a estos detalles ni a que, por ejemplo, Ucrania acusó a Rusia de usar el hospital para encerrar a 400 rehenes al inicio de las hostilidades y de colocar una base del partido de Putin, Rusia Unida, en el centro comercial.

Constatado que estos dos comunicadores han ido a defender la versión rusa (incluso la propia Embajada de Rusia en España comparte su contenido y los menciona en sus 'post' en redes sociales y el propio Gisbert acudió al canal RT en Moscú), surgen varias preguntas: ¿cómo llegaron los 'influencers' al Donbás sin ayuda? ¿Ha empezado Rusia a movilizar otro tipo de propaganda para contrarrestar el rodillo mediático de la OTAN? Y, sobre todo, ¿quiénes son estas personas que, sin ser periodistas, deciden jugarse la vida por difundir la versión rusa de los hechos?

El abogado y la politóloga

Liu Sivaya, 26 años, es una politóloga con cerca de 400.000 seguidores en redes sociales. Nació en la ciudad de Krasnoyarsk, en Siberia, pero se mudó en 2012 a España "por amor", según sus propias explicaciones. Sivaya irrumpió en las redes sociales en 2020, cuando empieza a publicar contenido en Instagram, Twitter, Facebook y YouTube. Pocos meses después del inicio de la pandemia, se hizo viral por unos vídeos grabados en el asiento de un coche en los que atacaba al Gobierno español con una mezcla de humor y sarcasmo. Tal fue el éxito que recibió el apoyo de figuras políticas como Macarena Olona, de Vox, y desde entonces empezó una pequeña carrera de 'influencer' con sello propio en todas las grandes plataformas. Además, su labor como "azote" de Moncloa le sirvió para encontrar hueco en varios medios como 7NN o Esdiario (este último cortó la relación con Sivaya tras su viaje al Donbás, según la joven).

Pese a que dice no apoyar a ningún partido político y estar "en la búsqueda de la verdad", desde que Rusia invadió Ucrania se ha convertido en una de las voces del Kremlin en España. Se ha paseado por programas como Horizonte, de Íker Jiménez, o Todo es mentira, de Risto Mejide, siempre defendiendo los "motivos de Putin", lo que le ha llevado a generar importantes broncas en directo. Tampoco habla bien de su independencia el hecho de que lleve en la muñeca la llamada 'cinta de San Jorge', un símbolo militar ruso, de color naranja y negro, muy habitual entre las milicias de las zonas independentistas de Ucrania para mostrar su apoyo a Rusia desde 2014.

Es clave conocer por qué no se sabe nada de Liu antes de 2020. En realidad, la politóloga rusa no siempre ha usado el nombre de Liu Sivaya. Hasta 2020 se daba a conocer por su nombre completo, Liubov Sivaya, de quien ha borrado todo rastro en redes sociales. Si preguntamos a Google por Liubov Sivaya, es fácil confirmar que estudió Políticas en la Universidad Complutense de Madrid durante los primeros años de la década pasada, e incluso que fue presidenta de una asociación de corte "aideológico", la Unión de Estudiantes para el Futuro Profesional (UEFP), que denunció agresiones por parte de grupos de extrema izquierda.

Durante sus años universitarios, de 2012 a 2015, Liubov fue muy activa en Twitter con una cuenta que tiene decenas de interacciones y cuyo rastro demuestra que estaba entregada a la causa de Vox. Incluso encabezaba una candidatura para comandar el partido a nivel regional. Por entonces su apoyo al Kremlin estaba incluso más a la vista: "Digan lo que digan, ¡Putin es el mejor!", rezaba en su biografía.

Liu continúa en el Donbás y no ha contestado este medio ante las preguntas por las dudas en torno al viaje. No así su compañero Rubén Gisbert, que regresó a los tres días. Este abogado valenciano de 32 años, con un ideario cercano al liberalismo, reconoce que no acertó al embarcarse con Sivaya en el viaje: "Tenía ganas de ir a Donbás para recabar la versión de los rusos, pero quizá no acerté al pedirle a Liu que me acompañase. Solo la conocía de un día que vino a mi canal y pronto nos dimos cuenta de que éramos incompatibles, que nuestros intereses no coincidían. De modo que nos separamos y yo me quedé tirado en mitad de Rusia, sin hablar ruso y con un inglés que llega hasta donde llega", le dice a este periódico. "Entré porque tenía un amigo en Bielorrusia que me echó una mano, si no habría sido imposible llegar al Donbás".

Gisbert es un hombre de fuertes convicciones que no duda en meterse en charcos. En su canal, ha llegado a sostener que España no es una democracia, que en menos de un año el país entrará en suspensión de pagos por su elevada deuda o que los 'youtubers' hacen bien yéndose a Andorra para no tributar. Como no podía ser de otra manera, su posición en la invasión de Ucrania también ha ido a la contra, tratando de contrarrestar la propaganda otanista con la versión opuesta.

No obstante, su regreso precipitado de Ucrania plantea una cuestión: ¿se sintió Rubén Gisbert engañado por la propaganda rusa? "No. Fui yo quien propuso el viaje y creo que Liu defiende lo que defiende por convicciones personales, no creo que nadie le esté pagando por decirlo", continúa. "A mí nadie me ha pagado el viaje, que de hecho me ha costado un dineral. Yo he dicho lo que he visto y lo que he sentido, sin más. Es muy doloroso que te cuestionen cuando he tenido que hacer testamento para viajar y he escuchado las bombas caer a 500 metros", dice. Según su versión, regresó a España por las continuas amenazas que los ucranianos le dejaban en las redes sociales. "Llegaron a publicar una foto mía en un cartel de 'se busca', con mi teléfono y mi dirección física. Esto no puedo permitirlo, porque conmigo viven familiares", lamenta.

Una escisión en la trinchera

El hecho de que una parte de los conservadores españoles se haya puesto del lado de Putin ha creado una zanja ideológica. Comunicadores como Javier Negre, director de 'Estado de Alarma', ha reprochado públicamente que algunos de sus compañeros se hayan dejado seducir por la propaganda rusa. "En el Consulado ruso de Madrid estuvieron varios comunicadores españoles, me aseguran fuentes diplomáticas rusas. Una de las reuniones fue el jueves 17 de marzo. Una vez que entras en el aparato de la propaganda rusa, ya no puede salir de él. Y si encima haces algo que les cabreas pues la fuga de información comienza. Ayer un compañero de 'El Mundo', con grandes amistades en Rusia, me reconoció que también le llamaron personas próximas al Consulado ruso para viajar al Donbás a ser altavoz de la propaganda Putin. Lo rechazó. Al Donbás solo se podía entrar con la ayuda del Gobierno ruso", escribía en Twitter.

La situación rusa ha generado un verdadero debate en el seno de los comunicadores de corte derechista. Incluso clásicos como César Vidal se han postulado del lado de Vladímir Putin y gestos como que Vox aplaudiera a Zelenski en el Congreso ha provocado cierto revuelo entre sus apoyos en redes sociales. Un buen ejemplo también es el de la propia cadena 7nn en la cual varios de sus firmas tienen cierta afinidad hacia el discurso del Kremlin, no solo Sivaya.

La propia Rusia parece estar aprovechando este debate compartiendo los contenidos de comunicadores que siguen sus relatos, al menos a través de los canales de comunicación de la embajada rusa en España y con una política, de cara al público, de dar alas a estos discursos. Un perfil muy activo desde el inicio de la invasión y que es de los pocos oficiales del país que siguen activos en nuestro país, tras el cierre de otros como RT o Sputnik.

"Yo nunca he estado en el Consulado de Rusia", replica Rubén Gisbert, que ha colaborado con Negre en varias ocasiones. "De hecho, solo he hablado con la Embajada de Rusia una vez en mi vida, y fue cuando estuve atrapado en la frontera de Finlandia, porque no me dejaban entrar. Tampoco he estado con el ejército ruso, entré con una ONG que llevaba alimentos a los civiles. Todo esto se demostrará en una serie de vídeos que voy a ir publicando, pero ahora mismo mi prioridad es mudarme de casa y poner a salvo a mi familia, que también ha sido amenazada", concluye.

Se abre el telón. En el interior de un avión, dos jóvenes 'influencers', Rubén y Liu, anuncian que van a hacer lo que ningún periodista ha conseguido: cubrir la invasión de Ucrania desde el extremo oriental, en la parte de la región del Donbás controlada por las milicias separatistas prorrusas. Nadie diría que van camino del punto más caliente del conflicto, donde las tropas rusas siguen luchando diariamente contra los ucranianos por el control de la zona: bromean sobre su relación, el vodka y los 'gulags' siberianos. "Vaya pareja hacemos. Yo, una loca del coño, y él, Don Perfecto, que os viene a dar datos interesantes", dice Liu entre risas. "Joder, no digas eso, que se van a pensar que soy un bodrio", le responde Rubén.

Conflicto de Ucrania Vladimir Putin
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