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La UE da luz verde a nuevas sanciones que prohíben la importación de carbón ruso
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La UE da luz verde a nuevas sanciones que prohíben la importación de carbón ruso

Los embajadores de los Veintisiete dan la luz verde al quinto paquete de sanciones, que todavía tienen que ser publicadas en el Diario Oficial de la UE

Foto: Josep Borrell, Alto Representante de la Unión, en el último Consejo Europeo. (Reuters/ Stephanie Lecocq))
Josep Borrell, Alto Representante de la Unión, en el último Consejo Europeo. (Reuters/ Stephanie Lecocq))
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Estaba previsto que el paquete, que tiene en cuenta por primera vez sanciones contra la energía al incluir la prohibición de importar carbón desde Rusia, recibiera el visto bueno de los embajadores permanentes de los Veintisiete ante la Unión Europea este miércoles, pero algunas dudas técnicas respecto a los contratos vigentes hicieron que el proceso se retrasara unas horas más. El jueves los embajadores han dado su visto bueno definitivo al paquete, que se ha visto impulsado en los últimos días por las imágenes de lo que en Bruselas ya se califica como “la masacre de Bucha”. Este acuerdo a nivel de embajadores necesita ahora completar el proceso de adopción, que la presidencia del Consejo de la Unión Europea ha propuesto que sea por procedimiento escrito y que por lo tanto debería entrar en vigor en las próximas horas, cuando sean publicadas en el Diario Oficial de la Unión Europea.

Las sanciones son importantes porque abren el camino a que la Unión Europea comience a atacar la energía, que es el pilar central de la economía rusa. Las medidas contra el carbón tienen un efecto limitado, reportan al Kremlin únicamente unos 4.000 millones de euros al año. Pero se trataba de una medida que busca abrir el camino para después seguir avanzando en lo que de verdad es la joya de la corona económica del Kremlin y lo que permite seguir financiando la guerra en Ucrania: el petróleo y, sobre todo, el gas. Este mismo jueves el Parlamento Europeo ha intentado aumentar la presión política sobre los Estados miembros en una votación muy amplia en la que han exigido una prohibición al completo de las importaciones energéticas desde Rusia.

Foto: El canciller alemán, Olaf Scholz. (EFE/Steffi Loos)

El problema es que hay muchas capitales que no quieren ir mucho más allá. El carbón se consideraba un elemento más o menos simbólico que manda una señal a Moscú, aunque en la capital comunitaria no se hacen ilusiones y saben que esa señal va a servir de muy poco. Por eso cuando el martes Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, anunció el quinto paquete de sanciones, especificó que ya se estaba trabajando también en cómo aplicar sanciones sobre el petróleo. El golpe para la economía rusa es relativamente pequeño: de unos 4.000 millones de euros al año.

Al final la aprobación de este quinto paquete se ha retrasado más horas de lo previsto pero no por la oposición de Hungría, como algunos temían. Budapest marca la línea roja en el gas y el petróleo. El problema ha sido que algunos Estados miembros han pedido que el periodo de transición fuera más largo de lo propuesto por la Comisión Europea. Además de vetar la importación de carbón el quinto paquete de sanciones incluye medidas como la prohibición de entrada de barcos rusos en puertos europeos salvo por cuestiones básicas, prohibir exportaciones a Rusia de material importante para su economía, y la prohibición de transacciones con cuatro nuevos bancos, que representan el 23% de la cuota de mercado, entre ellos VTB, el segundo banco más importante del país.

Tensión con la Comisión

El ambiente ha estado enrarecido porque algunas capitales consideran que la Comisión Europea ha sido, a ojos de algunas de ellas, demasiado agresiva y autónoma. Sobre todo, estaban preocupados porque consideraban que el Ejecutivo comunitario había marcado demasiado el ritmo: los Estados miembros se enteraron de las sanciones al carbón al mismo tiempo que lo hacía el público general. Se trata de una vieja estrategia de Bruselas: anunciar medidas que la Comisión sabe que van a recibir un importante apoyo público y mediático para que los Estados miembros sientan la presión y se abstengan de presentar mucha resistencia.

La Comisión, en un contacto muy estrecho con Washington, considera que hay que ser más exigente, que hay que seguir apretando el cerco sobre la economía rusa y que hay que hacerlo rápido. Mientras algunos Estados miembros dudan de hasta qué punto se debe atacar la energía rusa, Bruselas intenta empujarlos en esa dirección. Y a las capitales no les gusta sentirse presionadas por la Comisión. En todo caso no es algo que esté haciendo únicamente el equipo de Von der Leyen: ante el Pleno del Parlamento Europeo Charles Michel, presidente del Consejo Europeo, abrió la puerta a que “tarde o temprano” se ataque al gas.

Foto: Charles Michel. (Reuters/Olivier Matthys)

Pero eso será superar muchas líneas rojas y no está previsto que se tomen medidas de ese calado en el futuro cercano. De hecho se considera que tanto el petróleo como el gas requiere de un nuevo empuje político, es decir, que eso no debe discutirse a nivel técnico, sino que tendrán que ser los jefes de Estado y de Gobierno los que den ese salto hacia delante. Además, sigue siendo una idea bastante extendida entre muchos Estados miembros que la Unión debe seguir teniendo sanciones en la cartera por si la situación empeora en Ucrania. ¿Cómo respondería la UE a un ataque con armas químicas en el país si ya han agotado todas las sanciones?

Pero el principal problema es que la Unión Europea es muy dependiente de la energía rusa, especialmente del petróleo y del gas. El primero es menos conflictivo, y Alemania, que se niega por ahora a cortar el gas, considera más factible empezar por el petróleo porque es mucho más fácil de sustituir. El segundo, que en 2021 representó el 40% del gas importado consumido en la Unión, es mucho más complicado, aunque es la clave de bóveda de la economía del Kremlin. El ministro de Asuntos Exteriores ucraniano, Dymtro Kuleba, ha criticado este jueves tras una reunión con sus homólogos de la OTAN que los aliados estén apoyando con una mano a Ucrania mientras que con la otra siguen comprando gas ruso y siguen alimentando la máquina de guerra del país.

La Comisión ha presentado un plan para reducir un 65% las importaciones de gas ruso en 2022 y para acabar con todas las importaciones en 2027, pero eso es demasiado lento para algunos países que piden mano dura inmediata, como es Polonia, que lidera ese grupo. Otros, como Alemania, Austria y Hungría, pero también muchas otras capitales que se esconden detrás de ellos, se niegan a tomar medidas que van a tener un impacto importante sobre el día a día de sus ciudadanos. Hay otros Estados miembros, como Italia, que habiéndose negado durante las últimas semanas han empezado a virar y ahora defienden un discurso duro. “¿Prefieres la paz o el aire acondicionado? Ésa es la pregunta que debemos hacernos”, explicaba este miércoles en una rueda de prensa en Roma.

Estaba previsto que el paquete, que tiene en cuenta por primera vez sanciones contra la energía al incluir la prohibición de importar carbón desde Rusia, recibiera el visto bueno de los embajadores permanentes de los Veintisiete ante la Unión Europea este miércoles, pero algunas dudas técnicas respecto a los contratos vigentes hicieron que el proceso se retrasara unas horas más. El jueves los embajadores han dado su visto bueno definitivo al paquete, que se ha visto impulsado en los últimos días por las imágenes de lo que en Bruselas ya se califica como “la masacre de Bucha”. Este acuerdo a nivel de embajadores necesita ahora completar el proceso de adopción, que la presidencia del Consejo de la Unión Europea ha propuesto que sea por procedimiento escrito y que por lo tanto debería entrar en vigor en las próximas horas, cuando sean publicadas en el Diario Oficial de la Unión Europea.

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