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Los últimos amigos españoles de Rusia: "Putin no es un maricomplejines"
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EL LÍDER MÁS TÓXICO DE LA TIERRA

Los últimos amigos españoles de Rusia: "Putin no es un maricomplejines"

¿Tienes alguna foto con Putin en casa? Si es así, métele fuego y rocía las cenizas con ácido. De otro modo, todo apunta a que acabarás en el lado malo de la Historia

Foto: Imagen: L. M.
Imagen: L. M.

Tremendo derrape en las relaciones internacionales. Allí donde antes veía prorrusos, neocosacos y simpatizantes de Putin, ahora hay un grupo de personas que nada tiene que ver con este espinoso asunto. Al menos en público, solo los periodistas financiados por Moscú se mantienen fieles a los postulados de Putin, que en poco más de una semana se ha convertido en el político más tóxico del planeta.

La consigna es apartarse del sátrapa ruso a cualquier coste. Incluso si para ello se ha de tirar a la basura más de un millón de folletos electorales, como le ha sucedido a la ultraderechista Marine Le Pen en Francia, o al no menos radical Matteo Salvini en Italia, que se ha visto obligado a borrar varios tuits donde lucía camisetas con el rostro de Putin. Incluso Silvio Berlusconi, que antaño calificó al líder ruso como un "hermano pequeño" y "el mejor líder mundial", se ha mostrado muy preocupado por la deriva de Putin. Los únicos que siguen en sus trece son sus viejos amigos, aunque ya en el dique seco del poder, como Gerhard Schröder o Donald Trump.

En España, de naturaleza poco proclive a la rusofilia, solo un puñado de voces se atreven a defender en público los postulados de Rusia. Y lo hacen siempre con matices, añadiendo explicaciones a los argumentos y midiendo cada palabra, conscientes de que el linchamiento está a la vuelta de la esquina.

placeholder El escritor Juan Manuel de Prada. (EFE)
El escritor Juan Manuel de Prada. (EFE)

Juan Manuel de Prada, escritor

El escritor y periodista Juan Manuel De Prada es uno de los pocos que no han saltado del barco de Rusia. La semana pasada escribió en ‘ABC’: "No se puede reprochar a Rusia que decida intervenir para atajar una masacre de compatriotas en el Donbás".

“No he recogido carrete porque sigo pensando lo mismo”, dice De Prada antes de contestar a unas preguntas sobre su posición: comprensivo con Rusia, pero crítico con la invasión.

¿Tiene derecho Putin a invadir Ucrania? 1) “No creo que nadie tenga ‘derecho a invadir’ ningún país. Creo que Rusia tiene derecho a defender los derechos de una minoría (la población de origen ruso del este de Ucrania) que, al menos desde 2014, ha sufrido fuertes agresiones. Minoría que es mayoría en un territorio que secularmente perteneció a Rusia”. 2) “Es un error el empeño de la OTAN por expandirse hacia el este, que Rusia percibe como un acto hostil. Pero estos antecedentes, en todo caso, podrían haber justificado una respuesta proporcionada que protegiera a los habitantes del Donbás. La guerra que se ha desatado con esta invasión desborda por completo lo que se entiende por 'respuesta proporcionada' y alcanza unas cotas lesivas de una naturaleza, intensidad y consecuencias que provocan mi absoluto rechazo".

El escritor asegura que “la UE no está libre de responsabilidad” por no “garantizar el cumplimiento” de los “acuerdos de Minsk” y apostar por un “estatuto jurídico especial al Donbás”. “La UE ha asumido las tesis de EEUU y la OTAN, cuando le corresponde adoptar políticas propias y decisiones independientes. Dada la circunstancia presente, creo que la UE debería conciliar las sanciones con una labor que comprometa a Rusia a interrumpir las hostilidades y alcanzar unos acuerdos de paz con Ucrania”, afirma.

"La rusofobia de Occidente es un suicidio"

¿Se considera un defensor del régimen ruso? “No soy una persona que defienda el régimen ruso, mucho menos a su presidente. He mostrado mi aprecio y admiración por la cultura rusa, por su arte, por su espiritualidad, por todo eso que llamamos el 'alma rusa', que me parece una de las grandes aportaciones del genio europeo. También he advertido de que la rusofobia imperante en Occidente es un suicidio, y he señalado que las reivindicaciones de Rusia deben ser escuchadas por Europa (lo cual, naturalmente, no significa que deban ser atendidas). Esto no puede confundirse con defender a tal o cual régimen político, que por otro lado es algo pasajero. Creo que en estas calumnias no hay más que el deseo de desprestigiar y silenciar la voz de alguien que trata de mantener su independencia de juicio”.

En una de sus clásicas implosiones, Hermann Tertsch acusó una vez a Juan Manual de Prada de estar a sueldo de Moscú. De Prada, que niega tajantemente esas “calumnias repugnantes”, respondió a Tertsch en un artículo satírico: “Pocas calumnias del pobre Tertsch me ponen tan palote (...) como que me acuse de cobrar de Putin (...) Por la reseña sobre ‘Chernobyl’ cobré un lingote; por mis glosas de Dostoievsky, dos lingotes, y por mis filípicas anticapitalistas, tres y hasta cuatro lingotes, dependiendo del fervor de la prosa. A estas alturas ya he podido embaldosar toda mi casa con los lingotes del oro de Moscú”.

El artículo de De Prada en ‘ABC’ sobre la invasión de Ucrania concluía así: “Tenía razón Solzhenitsyn cuando escribía: ‘No hay esperanza en Occidente; es más, nunca debemos contar con él. El exceso de bienestar y una atmósfera contaminante de sinvergonzonería’ le han atrofiado la voluntad del juicio. De ahí que convenga recordar siempre la profecía del monje Filoteo: 'Bizancio es la segunda Roma. La tercera será Moscú. Cuando esta caiga, no habrá más”.

Albert Santin, político

placeholder Albert Santin, segundo por la derecha, posa con cuadros del régimen bielorruso en Minsk.
Albert Santin, segundo por la derecha, posa con cuadros del régimen bielorruso en Minsk.

El pasado domingo, recién comenzada la invasión, un grupo de activistas quemó una bandera de la OTAN en mitad del paseo marítimo de Barcelona. Lo hicieron en nombre del Partit Comunista dels Comitès Catalans, una pequeña formación fundada en 2019 y que no ha concurrido a ningunas elecciones. Al frente se encuentra el payés Albert Santin, el más devoto, y quizás el único, admirador de Aleksandr Lukashenko en nuestro país.

Como Lukashenko, el principal socio de Putin en este conflicto, Santin se ha dejado el bigote y luce siempre adustos trajes oscuros. Incluso ha sido recibido por altas estancias de Minsk, que se han encontrado con un aliado donde menos lo esperaban. No obstante, el catalán dice sentirse más cercano al país y sus gentes que a la figura de su eterno presidente, en el cargo desde 1994: "No me considero seguidor de Lukashenko. Estoy seguro de que hay cosas que no comparto, pero tengo claro que Bielorrusia es un Estado más social y humano que el Reino de España", dice a este periódico. Bielorrusia tiene varias condenas de la ONU por vulnerar los derechos humanos, la última del año pasado.

En cuanto a Putin, Santin limita sus responsabilidades en la guerra: "Es un conflicto que Estados Unidos de América y países de la UE empezaron hace más de ocho años. Creo que es necesario hacer autocrítica como sociedad europea. Todos los países, sin excepción, son los culpables de la escalada bélica. Nunca he estado ni estaré a favor de las guerras, pero es necesario conocer su historia".

Foto: Albert Santin, en su despacho de la sede del PCCC en Amposta.

El principal culpable sería, por tanto, Estados Unidos. "Es el gran beneficiado de esta situación, ya que Europa planea en estos momentos someterse más a los mandatos de la Casa Blanca. Al final, han empujado a la guerra al pueblo de Ucrania y lo han dejado tirado con falsas promesas. Es el pueblo quien sufre y sufrirá las consecuencias no solo de la guerra, sino también las económicas posteriormente".

placeholder Pedro Baños, en 'La mesa del coronel'. (Mediaset)
Pedro Baños, en 'La mesa del coronel'. (Mediaset)

Pedro Baños, militar en la reserva

"Lo siento mucho, a partir de ahora no voy a volver a hacer ninguna declaración sobre la guerra en Ucrania", dice Baños en una nota de voz enviada a este periódico. Su caso es un ejemplo claro de achicharre político: ha pasado de posiciones prorrusas a ponerse un bigote falso y asegurar que no conoce a ningún Pedro Baños.

De hecho, en enero de 2018, Baños estuvo a punto de convertirse en el director del Departamento de Seguridad Nacional, un cargo con sede en Moncloa que aconseja al presidente, entre otras cosas, acerca de si España debe entrar en una guerra. Fue Josep Borrell, vicepresidente de la Comisión Europea, quien mostró una "profunda preocupación" por tener a Baños, que había mostrado posiciones cercanas a Rusia en conflictos como los de Siria y Crimea, dentro de los órganos de decisión de la OTAN. Finalmente, el elegido para el puesto fue el general Miguel Ángel Ballesteros.

Foto: Pedro Baños. (Jorge Álvaro Manzano)

Baños empezó a interesarse por Rusia y Ucrania en una visita oficial en 2008, cuando no sabía nada de estos países, y reconoce que terminó por fascinarse con la figura de Vladímir Putin, "quien había devuelto el orgullo al pueblo ruso, tras llegar a la presidencia del país en 2000". Según su versión, fue una operación de Inteligencia la que consiguió que fuera considerado "un coronel soviético de la KGB", y ahora no se quita el sambenito ni explicándose en un hilo de 46 tuits. Con todo, se ha convertido en un habitual de las tertulias sobre Ucrania, aunque con un perfil más moderado que el que lucía el año pasado con Iker Jiménez.

placeholder El escritor Sánchez Dragó, en una convención de Vox. (EFE)
El escritor Sánchez Dragó, en una convención de Vox. (EFE)

Fernando Sánchez Dragó, escritor

Putin es el mejor gobernante del mundo”.

Lo dijo Fernando Sánchez Dragó hace un año. Le preguntamos si lo sigue siendo tras invadir Ucrania: “Me refería a las cuestiones técnicas. Gobernar es tomar decisiones. Los gobernantes hoy día se dedican a pastelear; por contra, Putin no es un ‘maricomplejines’. ¿El Gobierno de Putin puede llegar a ser tóxico? Sí, pero para bien o para mal, gobernar gobierna”.

Al margen de ser un gobernante hecho y derecho, ¿qué le gusta a Dragó de Putin exactamente? “En mi caso, con Putin funciona lo de ser amigo del enemigo de tus enemigos. Al igual que yo, Putin está en contra de los 'wokes' y de los progres. Es un referente de la gran revolución conservadora en marcha”, explica el escritor.

"No me creo nada de lo que dice la prensa, ni sobre Ucrania ni sobre nada"

Dragó cree que la invasión de Ucrania es “excesiva” y critica “los bombardeos a civiles”, pero no se cree el relato occidental oficial: 1) “La UE es un enfermo terminal. Estoy contra su existencia y su ideología”. 2) “La OTAN se tenía que haber disuelto tras la caída del muro y el Pacto de Varsovia”. 3) “Las sanciones a Rusia perjudican a millones de rusos. Acabaremos pagando todos el pato. La internacionalización del conflicto puede exasperar a un Putin que apriete el botón nuclear”. 4) “No me creo nada de lo que dice la prensa, ni sobre Ucrania ni sobre nada”.

Hay quien cree que Dragó está a sueldo de Moscú. Hace unos años, tras una serie de artículos empáticos hacia la “cultura rusa”, Dragó fue invitado a comer con el embajador ruso en España. ¿El contenido del almuerzo? “Hablamos de Dostoievski”.

¿Es Dragó un agente ruso? “Eso es delirante. No he cobrado un rublo ni de Rusia ni de ningún Gobierno”, razona el escritor, que zanja la conversación con un deseo de paz: “Espero que no me linchen después de leer tu artículo”...

Tremendo derrape en las relaciones internacionales. Allí donde antes veía prorrusos, neocosacos y simpatizantes de Putin, ahora hay un grupo de personas que nada tiene que ver con este espinoso asunto. Al menos en público, solo los periodistas financiados por Moscú se mantienen fieles a los postulados de Putin, que en poco más de una semana se ha convertido en el político más tóxico del planeta.

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