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Con la Iglesia hemos topado: el Vaticano pone freno a las leyes 'progres' italianas
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'In nomine patris'

Con la Iglesia hemos topado: el Vaticano pone freno a las leyes 'progres' italianas

Algunas voces en Italia piden hoy divorciarse de la larga sombra del Vaticano, mientras otras recuerdan que la mayoría de la población profesa la religión que encabeza el Papa

Foto: El papa Francisco, durante la misa de Nochebuena en el Vaticano. (EFE/Fabio Frustaci)
El papa Francisco, durante la misa de Nochebuena en el Vaticano. (EFE/Fabio Frustaci)

“¿Queréis el divorcio? Ahora debéis saber que luego vendrá el aborto, y después el matrimonio entre homosexuales y tal vez un día vuestra mujer os dejará porque se ha fugado con la sirvienta”, profetizó en 1970 Amintore Fanfani, secretario general de la entonces poderosa Democracia Cristiana italiana cuando se discutía la aprobación de la Ley del Divorcio. No se equivocó el 'profeta' Fanfani: efectivamente, tras el divorcio los italianos han querido aprobar todo aquello que él auguraba salvo lo de la fuga de mujeres con sus sirvientas, de lo que no hay hasta ahora una ley ni datos oficiales.

Entonces, en 1970, tras una polémica enorme y una última e interminable jornada de debate parlamentario, Italia aprobó una ley que iba en contra de ideas conservadoras cristianas y de lo que dictaba el Vaticano. Al entonces Papa, Pablo VI, la noticia le pilló en Australia. No le gustó la buena nueva al Pontífice, que en su encíclica 'Humanae Vitae' de 1968 ya había prohibido el uso de los anticonceptivos.

Foto: El papa conciliar Juan XXIII con el presidente de EEEU Eisenhower.

Las tensiones se mantuvieron en los años siguientes con una exitosa recogida popular de firmas de los sectores más conservadores y diversos intentos de legislar, al menos, que el matrimonio religioso fuera indisoluble. Finalmente, en 1974 se estableció un referéndum en el que el 58% de los italianos, entre ellos buena parte de los católicos progresistas, votó a favor del divorcio y en contra de lo que propugnaba el Santo Pontífice.

Ese ha sido un ejemplo más de una tensión constante que pervive siempre entre dos Estados peculiares como Italia y el Vaticano: uno está dentro del otro y comparten historia, amores y desencuentros. Algunas voces en Italia piden hoy divorciarse de la larga sombra del Vaticano, mientras otras recuerdan que la mayoría de la población profesa la religión que encabeza el Papa, es decir, el obispo de Roma, y su voz es tan legítima como la de otros sectores sociales.

“Italia es un Estado laico, no es un Estado confesional”, ha reiterado recientemente en el Parlamento italiano el actual primer ministro, el católico Mario Draghi, ante el intento del Vaticano de intervenir en la vida política italiana cuando se comenzaba a legislar el proyecto de Ley Zan, norma que regulaba algunos derechos del colectivo LGTBI y penaba la homofobia.

Foto: Un custodio cierra la puerta de la Capilla Sixtina en el Vaticano. (Reuters)

El Vaticano apeló al acuerdo (concordato) firmado en 1984 entre el Estado Italiano y el Estado vaticano para intentar parar una norma que la Iglesia juzgaba que intervenía en su libertad de credo y organización interna. “Algunos puntos de la propuesta legislativa que discute el Senado reducen la libertad garantizada a la Iglesia católica”, fue parte de la nota que monseñor Paul Richard Gallagher, secretario para las Relaciones con los Estados, entregó a la embajada de Italia en la Santa Sede.

La norma, tras una enorme polémica política y social, finalmente fue rechazada en el Senado, pero el gesto del Vaticano levantó ampollas: “Se trata de una injerencia inaceptable en un Estado laico”, dijo el hoy mayoritario Movimiento 5 Estrellas. “La intervención del Vaticano en una república laica es algo sin precedentes”, manifestaron colectivos homosexuales.

El peso del Vaticano es indiscutible. Sus actos son noticia diaria en una Italia donde dos tercios de la población se declaran católicos practicantes

El peso del Vaticano es indiscutible. Sus actos son noticia diaria en una Italia donde dos tercios de la población se declaran católicos practicantes y la agenda del Papa forma parte de la escaleta diaria de los telediarios. Según el Instituto de Estadística italiano, un tercio de la población va a misa una vez por semana.

Eutanasia, el último conflicto

El último capítulo de estas fricciones es la eutanasia. El caso de un tetrapléjico, Mario, que lleva 10 años postrado en una cama y que ha solicitado el suicidio asistido, en virtud de una sentencia del Tribunal Constitucional de 2019 que despenaliza esta práctica, ha generado un nuevo acalorado enfrentamiento. El mismo que en otras partes, no es que la Iglesia católica tenga una postura más férrea sobre estos temas en Italia que en otros Estados, pero el altavoz aquí está magnificado porque se produce desde el balcón de un vecino rodeado de columnas de mármol.

Tras denegarle la Sanidad de la Región de Marche a Mario la medida, un Comité de Ética, tras verificar sus condiciones a través de un grupo de médicos especialistas, ha confirmado que el solicitante cumple con los requisitos de acceso legal al suicidio asistido establecidos en la sentencia Cappato-Antoniani. “Me siento más ligero. Me he quitado de encima toda la tensión acumulada estos años”, ha dicho el solicitante. Ahora queda cumplir con algunos trámites burocráticos, ya que al no haber una ley que defina cómo se realiza esta práctica, no hay un procedimiento sobre qué y cómo se le debe suministrar al paciente.

Foto: Vicenç Lozano en una foto promocional. (Cedida)

El caso, que ha tenido una enorme repercusión mediática porque podría tratarse del primero de eutanasia en Italia, viene junto al próximo debate parlamentario sobre la aprobación de esta práctica. Una recogida popular de firmas por parte de la asociación Luca Coscioni, encabezada —como casi todas las leyes sociales progresistas en Italia— por el Partido Radical, ha conseguido 1,3 millones de apoyos que obligarán a que la eutanasia se discuta en el Parlamento.

La Iglesia ya se ha posicionado. La web Vatican News, el pasado 27 de septiembre, titulaba así las palabras del papa Francisco en el transcurso de una audiencia con defensores de la vida: “El Papa: aborto y eutanasia, una muy mala costumbre de matar”.

“La eutanasia es un crimen contra la vida. Incurable no es nunca sinónimo de ‘in-cuidable’. Quien sufre una enfermedad en fase terminal, así como quien nace con una predicción de supervivencia limitada, tiene derecho a ser acogido, cuidado, rodeado de afecto. La Iglesia es contraria al ensañamiento terapéutico, pero reitera como enseñanza definitiva que la eutanasia es un crimen contra la vida humana”, dice un escrito de la Congregación por la Doctrina de la Fe aprobado por el Papa de septiembre de 2020. Los promotores de la recogida de firmas que hará que el Parlamento debata sobre la eutanasia, por su parte, declaran: “Italia no es una provincia vaticana. Paciencia si el Vaticano se muestra preocupado. Somos un Estado laico”.

Sin matrimonio gay

Italia no ha aprobado aún el matrimonio gay y solo en 2016 sacó adelante una norma sobre uniones civiles de personas del mismo sexo. “El matrimonio homosexual está aprobado hoy en 29 Estados, entre los que no está Italia, donde se vive una especie de 'apartheid' matrimonial que reserva para gais y lesbianas solo la unión civil, una institución con menos derechos que el matrimonio”, recordaba el escritor y activista LGTBI Dario Accolla, en un artículo sobre el 20 aniversario de la aprobación del matrimonio gay en Holanda.

¿Cuál es el peso del Vaticano para que Italia no haya legalizado aún, como han hecho países como España, Sudáfrica, Francia, EEUU y hasta la catolicísima Malta, el matrimonio gay? En 2016, la aprobación del matrimonio gay fue otra cruzada entre conservadores católicos y progresistas en Italia. Por entonces, el papa Francisco, considerado el más abierto que ha habido entre los pontífices en este tipo de temas sociales, dijo: “No puede haber confusión entre la familia que Dios quiere y cualquier otro tipo de unión”.

Foto: Frédéric Martel, durante una entrevista. (Chema Moya/ EFE)

La entonces senadora del progresista Partido Democrático Monica Cirinnà, que propuso y sacó adelante la ley de uniones civiles gais, manifestó sobre la postura del Vaticano y las disputas internas de su formación política donde había controversias sobre temas como la adopción por parte de parejas del mismo sexo: “Siempre se ha dado un choque entre los miembros no religiosos y los católicos del partido. La gran cúpula a veces proyecta una sombra”, afirmó en referencia a la Basílica de San Pedro.

La propia senadora Cirinnà, el pasado 26 de septiembre ante la noticia de que Suiza aprobaba en referéndum el matrimonio gay, escribía en sus redes sociales: “Ahora Italia es el único país de la Europa occidental que se queda atrás. Muchas veces he dicho que querría que la ley de uniones civiles que lleva mi nombre fuera inútil por la plena igualdad de todas las familias y todos los amores”.

La sombra vaticana en Italia, y en el mundo, es alargada. La propia embajada de EEUU, en un cable de 2013, explicaba ante el nombramiento del papa Francisco al entonces vicepresidente Biden que “el Vaticano es como nosotros los estadounidenses, una potencia mundial que influye en el mundo”.

Foto: Frédéric Martel, autor de 'Sodoma'.

La cercanía histórica y física con Italia hace que todo lo que se diga tras los muros de San Pedro tenga una enorme resonancia en el resto de Italia. Es tal la confusión entre ambas instituciones, que, sin embargo, fue el propio Vaticano fue el que dio un paso para “divorciarse” de Italia. “El papa Benedicto XVI decidió que, a partir del 1º de enero de 2009, el Vaticano ya no adoptará automáticamente las leyes aprobadas por el Parlamento italiano. Todas las leyes italianas serán examinadas una por una antes de que se adopten. Bajos los Pactos de Letrán, firmados en 1929 entre el entonces Reino de Italia y la Santa Sede, las leyes italianas se aplicaban automáticamente”, recoge una crónica de aquel día de la BBC.

Los analistas señalaban entonces que el Vaticano quería blindarse ante posibles aprobaciones de leyes como el matrimonio gay, la eutanasia, el divorcio… que afectaran a su régimen interno. Algunas de ellas, más lentamente que en otros países, van aplicándose en Italia, como temía Fanfani. Todo lo concerniente al Vaticano e Italia tiene algo de peculiar: una Iglesia, universal y mayoritaria, convertida en minúsculo Estado que 'representa' a dos tercios de la población del país de 'acogida' en el que está incrustado. Más allá de una alta muralla y algunos guardas suizos, las diferencias entre ambas realidades siempre ha costado distinguirlas.

“¿Queréis el divorcio? Ahora debéis saber que luego vendrá el aborto, y después el matrimonio entre homosexuales y tal vez un día vuestra mujer os dejará porque se ha fugado con la sirvienta”, profetizó en 1970 Amintore Fanfani, secretario general de la entonces poderosa Democracia Cristiana italiana cuando se discutía la aprobación de la Ley del Divorcio. No se equivocó el 'profeta' Fanfani: efectivamente, tras el divorcio los italianos han querido aprobar todo aquello que él auguraba salvo lo de la fuga de mujeres con sus sirvientas, de lo que no hay hasta ahora una ley ni datos oficiales.

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