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'Juego de pasillos' por el reparto de poder en la nueva cúpula de la Eurocámara
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Elección del presidente del Parlamento

'Juego de pasillos' por el reparto de poder en la nueva cúpula de la Eurocámara

El Parlamento Europeo elegirá a un nuevo presidente a mediados de enero. Pero en la partida de ajedrez se juegan otros puestos incluso más poderosos

Foto: Sede del Parlamento Europeo en Estrasburgo. (EFE)
Sede del Parlamento Europeo en Estrasburgo. (EFE)

A mediados de enero el Parlamento Europeo escoge a la persona que sucederá a David Sassoli como presidente de la cámara. Pero tras esa elección hay muchas fichas moviéndose en segundo plano, mucha negociación bajo el radar en los laberínticos pasillos de la Eurocámara. Hay mucho más en juego que la presidencia del Parlamento Europeo.

Lo inmediato es lo que se ve. Los eurodiputados votarán al sucesor de Sassoli y la favorita es la maltesa Roberta Metsola, candidata del Partido Popular Europeo (PPE). También se presenta la española Sira Rego, de Izquierda Unida, pero sin los suficientes apoyos de otros grupos políticos como para plantar cara a la conservadora, que es actualmente la vicepresidenta primera de la Eurocámara.

El camino de la maltesa ha quedado más despejado después de que Sassoli decidiera no presentarse cuando comprobó que no tenía el apoyo suficiente de su familia, los socialdemócratas, liderados por la española Iratxe García. No ha sido un presidente popular entre los eurodiputados de prácticamente ningún grupo político y desde 2019 ha aparecido como una figura rodeada de unos pocos asesores y aislada del día a día de la institución. “He decidido no volver a postularme para la presidencia del Parlamento Europeo. El frente proeuropeo correría el riesgo de dividirse e iría en contra de mi historia, nuestras creencias, nuestras batallas. No puedo permitirlo”, escribió en redes sociales el pasado 14 de diciembre.

Foto: La vicepresidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola (PE)

Pero inicialmente Sassoli tuvo la intención de ir a por la reelección. Ese intento hizo imposible para los socialistas presentar otro candidato que no fuera él a la carrera, pero al menos ayudó a García a cumplir con un acuerdo firmado desde principios de legislatura con populares y liberales por los que se repartían media la legislatura: la primera mitad para los progresistas, la segunda para los democristianos.

Romper ese tipo de acuerdos firmados tiene mucho peligro. En 2017 lo hizo el italiano Gianni Pittella, líder de los socialdemócratas en la cámara, presentándose a la elección de presidente del Parlamento Europeo en contra de lo pactado en 2014 con el PPE. Su fallida candidatura acabó provocando la ruptura de la Gran Coalición durante la segunda mitad de la legislatura y aisló a los socialdemócratas hasta las elecciones de 2019. Nadie con experiencia y conocimiento en los pasillos de la Eurocámara quería que se repitiera ese escenario. Tampoco García. La retirada de Sassoli facilita cumplir ese acuerdo.

placeholder García charla con la presidenta de la Comisión Europea en el Pleno de la Eurocámara. (EFE)
García charla con la presidenta de la Comisión Europea en el Pleno de la Eurocámara. (EFE)

Metsola tiene un precio

Con Sassoli fuera de la carrera, la partida de ajedrez de García empieza de nuevo. Metsola todavía no tiene el apoyo de los socialistas, que no presentan candidato a pesar de que con la salida del actual presidente de la Eurocámara quedarán claramente infrarrepresentados en las instituciones. La maltesa podría ser presidenta sin los votos de los socialdemócratas, pero lo sería con muy poco margen. A populares y socialistas les interesa pactar. A los primeros para que Metsola tenga un mandato fuerte y claro. A los segundos para obtener algo a cambio.

Y la pieza de la que todo el mundo habla tiene nombre y apellido: el poderoso Klaus Welle, secretario general del Parlamento Europeo. Los socialistas quieren ver su caída después de que haya ocupado el cargo desde 2009, siendo el segundo secretario general que más tiempo se ha mantenido en el cargo después de Hans Nord, que lo ocupó entre 1963 y 1979.

placeholder Klaus Welle, secretario general del Parlamento Europeo, a la derecha del presidente. (Reuters)
Klaus Welle, secretario general del Parlamento Europeo, a la derecha del presidente. (Reuters)

Welle ha sido la encarnación del dominio del PPE en la política europea, y también del dominio de la CDU de la que es miembro. Pero con la caída de la CDU en Alemania hay un amplio consenso, fuera de las filas democristianas europeas, en la necesidad de renovar el cargo tras 13 años del alemán a los mandos de toda la maquinaria y la burocracia de la Eurocámara. La secretaría general es un cargo muy importante. En una institución en la que los presidentes tienen mandatos de dos años y medio, el secretario general establece la ruta a medio y largo plazo del Parlamento Europeo y es capaz de imprimir su visión: su mandato no tiene caducidad, por lo que finaliza únicamente si dimite o si es sustituido. Esa posición de fuerza ha permitido a Welle esculpir buena parte de la personalidad política de la Eurocámara y le ha convertido en uno de los personajes más influyentes de la política comunitaria.

El SPD alemán intenta que el hombre que le sustituya sea Markus Winkler, que desde 2016 es secretario general adjunto tras una larga carrera siempre cerca de Martin Schulz, que fue presidente del Parlamento Europeo entre 2012 y 2017, y que antes de marcharse aupó a Winkler, que formaba parte de su gabinete, desde el aparato político de los socialistas a un cargo funcionarial. Pero el actual secretario general adjunto no ha hecho carrera de funcionario europeo. Tiene solamente cinco años de experiencia en el cargo.

Foto: El secretario general del PPE, Antonio López Isturiz, el flamante presidente del PPE Donald Tusk y el líder del PP en España Pablo Casado. (EFE)

En el PPE entienden que toca hacer sacrificios, pero Welle ha sido y sigue siendo una pieza fundamental en el engranaje del Parlamento, y además ha sido una figura importante para la familia democristiana. Acumula un enorme poder, como ha demostrado su capacidad negociadora para ampliar los poderes de la Eurocámara y también su personal, algo que no ha ocurrido en otras instituciones europeas, y los conservadores no quieren vender barata su plaza.

Todo se jugará en el Bureau del Parlamento Europeo, un órgano fundamental para el funcionamiento interno de la institución y conformado por el presidente, a partir de mediados de enero probablemente Metsola, los 14 vicepresidentes que le acompañan y cinco cuestores elegidos por la Eurocámara por un periodo de dos años y medio. Es el órgano que, además, elige al secretario general. Por lo tanto no será importante únicamente quién es presidente, sino el equilibrio de poderes en el Bureau en caso de que los socialdemócratas y los populares no lleguen a un acuerdo sobre sustituir a Welle y los socialistas tengan que buscar una alianza con otras formaciones políticas para elegir a un nuevo secretario general.

A mediados de enero el Parlamento Europeo escoge a la persona que sucederá a David Sassoli como presidente de la cámara. Pero tras esa elección hay muchas fichas moviéndose en segundo plano, mucha negociación bajo el radar en los laberínticos pasillos de la Eurocámara. Hay mucho más en juego que la presidencia del Parlamento Europeo.

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