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¿Qué tienen que hablar un informático extremeño y un biólogo alemán?
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¿Qué tienen que hablar un informático extremeño y un biólogo alemán?

El Confidencial participa en el proyecto Europe Talks, que organiza encuentros de debate entre ciudadanos de distintos países europeos para hablar de temas candentes de la UE

Foto: Algunos de los participantes en Europe Talks
Algunos de los participantes en Europe Talks

"¿Es la UE demasiado dependiente de la energía rusa?". "Sí". "¿Debería la Unión Europea aceptar más refugiados?". "No". "No, no, sí". Cuando Rafael, un informático extremeño de 32 años que trabaja y estudia a tiempo parcial en Reino Unido contestó a la batería de preguntas del proyecto Europe Talks, en el que participa El Confidencial junto a más de una veintena de socios europeos, no tenía grandes expectativas. "Fue algo curioso, ¿sabes? Me apunté, contesté el cuestionario, para ver qué tal. Pero lo que pasó es que de ahí salió algo mucho más, mucho más grande".

Rafael es uno de los participantes españoles de la iniciativa Europe Talks, que durante los últimos dos meses ha organizado miles de encuentros de debate entre parejas de ciudadanos europeos de distintos países, perfiles de todo tipo y -en función de sus respuestas a la encuesta- opiniones contrarias en los temas más candentes o controvertidos que se están debatiendo ahora mismo en la Unión Europea, desde la legalización de la marihuana al ingreso mínimo vital.

A Rafael le emparejaron con Holger, un alemán de 53 años que trabaja como biólogo para la protección de la naturaleza. Tras decir que sí al 'match', Rafael y Holger organizaron un encuentro vía 'Zoom'. Estuvieron hablando más de dos horas y media. "Ninguno de los dos habíamos ido ahí a predicar, era simplemente un sentimiento de curiosidad, él había contestado de forma diametralmente opuesta, en todos los temas, y cuando compartimos los puntos de vista, los argumentos detrás de la respuesta en sí y no, lo que pasó es que nos dimos cuenta de que había más en el tema de lo que pensábamos al principio", explica Rafael.

Más de 15.402 personas de 36 países han participado en lo que llevamos de la edición de 2021 de Europe Talks, un proyecto en el que participa El Confidencial junto a otros 24 medios europeos, como los alemanes 'Zeit online' o Deustsche Welle, Télex en Hungría, el británico 'Mirror' o 'La Reppublica' en Italia. Algo más de 250, lectores de El Confidencial como Rafael, Anna o Juan.

Foto: Simon Koy (Zeit Online)

Las parejas de participantes se forman juntando a dos ciudadanos europeos de distintos países y que hayan respondido de la manera más divergente posible en la encuesta previa. De las 10 preguntas presentadas, hay casi un consenso del 85% en que los matrimonios homosexuales deberían ser reconocidos en todos los países de la UE, pero otras han sido mucho más divisivas, como "¿Deberían prohibirse los vuelos domésticos en los países europeos?", una medida que ha presentado por ejemplo Francia al parlamento para limitar las emisiones de C02 en el caso de vuelos domésticos cuyo trayecto pueda ser cubierto por un tren en menos de dos horas y media. Entre los participantes de Europe Talks, apenas un 43% se han mostrado de acuerdo con esa medida, con los participantes españoles incluso por debajo de esa media, apenas un 35,71%.

Otras preguntas divisivas han sido la de si debería ser obligatoria la vacuna del coronavirus en la Unión Europea -un debate abierto en muchos países en medio de la nueva ola de contagios y con la amenaza de la variante ómicron- o si los países europeos deberían aceptar más refugiados. El alemán Holger, con un perfil de activista, chocó especialmente en esa con Rafael, que se apoya en su experiencia como español para defender que se debería limitar la llegada de refugiados en función de los recursos del país. "Como son preguntas conflictivas, y respuestas de sí y no, tienes que matizarlas, y ahí es donde ya encontrábamos puntos de coincidencia", cuenta por su parte Juan, un jubilado español de 64 años que trabajó en una empresa de telecomunicaciones y que el sistema le emparejó con Sebastian, un alemán de 38 años operador de parques eólicos en plataformas marítimas.

Foto: El gobierno británico vuelve a hacer obligatoria la mascarilla. (EFE/Andy Rain)

“Quizá las respuestas a las preguntas eran muy diferentes, pero son temas que no son una cosa de sí o no”, apunta en la misma línea Georgina, una joven húngara de 27 años que trabaja como analista en desarrollo regional y urbano, y que nunca había hablado con una española. Europe Talks la emparejó con Anna, una joven valenciana de Sagunto, quien se considera casi 'público cautivo' de la iniciativa, ya que estudia un máster relacionado con la Unión Europea y vio la iniciativa como algo interesante y una oportunidad de conocer otros puntos de vista de distintos ciudadanos, con perfiles muy distintos, de la Unión.

Precisamente Georgina, como húngara, tenía mucho que decir de una de las preguntas de la encuesta, "¿Debería la UE excluir a un país miembro si violan los estándares democráticos?". Actualmente, tanto sobre Hungría como Polonia pesa la amenaza del artículo 7 de los tratados por distintas violaciones del Estado de derecho, que les suspendería de voto en el Consejo Europeo. “Por su puesto que mi respuesta fue un poquito egoísta", se ríe Georgina, quien considera que la UE "ha tenido en general un impacto positivo" en su vida, pese a que "no concuerda con cada principio" de la Unión. "Porque a veces Hungría viola un estándar democrático, pero no es todo el país, sino un gobierno. Así que mi respuesta fue no”, continúa. "Yo creo que hay países que no cumplen [los compromisos] y que no hay ninguna repercusión, creo que eso no es bueno ni para la Unión Europea ni para los propios países" argumenta por su parte Anna, quien, sin embargo, tras el debate con Georgina, concuerda en que no debería tomarse la radical decisión de expulsar al país. Del total de participantes en los encuentros Europe Talks, 2.180 han sido húngaros, una de las nacionalidades más numerosas en participar en esta edición de la iniciativa.

"Queda muchísimo por hacer en este diálogo entre europeos, para mí es excepcional hablar con una persona de otro país que no conozco", asegura Juan, quien defiende que "nuestros puntos de vista pueden ser similares, pero la forma de expresarlos no: al final, los códigos culturales son diferentes, y a veces crean una barrera". No es lo mismo la perspectiva de un español sobre el ingreso mínimo vital que la de un holandés, o la de una mujer griega y un sueco sobre los refugiados. "En las preguntas poníamos de relieve de dónde éramos", comenta al respecto Rafael, y eso daba forma también a sus respuestas: "se puso de manifiesto muchas veces esa diferencia geográfica, pero que nunca fue un impedimento".

"Claro que repetiré", concluye el extremeño. "¡Es más, Holger y yo hemos quedado de nuevo por nuestra cuenta para seguir hablando!"