"Tristemente lo tengo que decir: la vacuna del coronavirus debería ser obligatoria"
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Entrevista a Rodríguez Palop

"Tristemente lo tengo que decir: la vacuna del coronavirus debería ser obligatoria"

María Eugenia Rodríguez Palop (España, 1970) es eurodiputada de Unidas Podemos

Foto: La eurodiputada María Eugenia Rodríguez Palop. (EFE)
La eurodiputada María Eugenia Rodríguez Palop. (EFE)

María Eugenia Rodríguez Palop (España, 1970) es eurodiputada de Unidas Podemos. La vicepresidenta de la comisión de Igualdad de la Eurocámara repasa en entrevista con El Confidencial la tensión entre los dos socios de Gobierno sobre las reformas claves para recibir las ayudas del fondo europeo de recuperación. Ante el récord histórico de nuevos casos de coronavirus en buena parte de los Estados miembro, lanza un mensaje: “La vacunación debería ser obligatoria”.

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PREGUNTA. Ha habido mucho ruido durante las últimas semanas y días en torno a la reforma laboral y su impacto en el fondo de recuperación español. ¿Han afectado estas imágenes de división y enfrentamiento entre los dos socios del Gobierno a la imagen de nuestro país en Bruselas?

REPUESTA. Espero que no. Es cierto que el PSOE y Unidas Podemos tienen visiones de la reforma laboral diferentes. No se le oculta a nadie. Pero, finalmente, se ha conseguido montar una mesa en la que creo que las cosas van a funcionar. Bruselas no ha indicado en ningún momento quién tiene que liderar la reforma laboral. De hecho, hace mucho tiempo que dice que nos hace falta dicha reforma por nuestro paro estructural y juvenil y por el exceso de flexibilidad y precariedad. También lo ha dicho el Fondo Monetario Internacional (FMI). Que la reforma laboral nos hace falta es una evidencia. Creo que las propuestas de Yolanda Díaz siempre se han visto bien en Bruselas. De hecho, tiene una muy buena relación con el comisario de Empleo, Nicolas Schmit.

La UE trabaja ahora en la directiva de salario mínimo y en la de transparencia salarial en la misma línea en la que se está trabajando en España. La Comisión de Empleo de la Eurocámara ha aprobado recientemente el informe sobre la directiva de salario mínimo, que plantea que el salario mínimo sea un 50% del sueldo medio y un 60% del mediano. Europa es más exigente que España. Y, aun así, tenemos enormes resistencias. Por otro lado, España es uno de los pocos países que tiene una apuesta por la transparencia salarial muy clara con planes de igualdad. Desde el punto de vista laboral, no hay ningún problema con el proyecto que representa el Ministerio de Trabajo.

P. ¿Qué va a ocurrir? ¿Veremos una derogación total de la reforma laboral?

R. Derogación total es técnicamente imposible. Por eso se habla de una reforma de la reforma. Lo que sí se puede es eliminar los elementos más lesivos, que son muchos, de la reforma del PP. Y Bruselas no se va a oponer. La directiva de salario mínimo va justamente en la línea de incrementar la negociación colectiva y de propiciar una convergencia salarial al alza. Es decir, acabar con la devaluación salarial que dejó la gestión de la crisis de 2008 y la reforma del PP.

P. La reforma laboral ha desatado la mayor crisis hasta la fecha del Gobierno de coalición. Pero los socios también difieren en puntos como la reforma fiscal o las pensiones, cruciales para recibir los 69.500 millones de euros de la UE a fondo perdido. ¿Hay falta de comunicación a la hora de gestionar estos fondos europeos tan importantes para los próximos años?

R. Creo que no está faltando comunicación, sino que hay dos visiones matizadamente distintas del modelo de Estado que queremos: más social y con más inversión pública o más tendente a la privatización. Esto pasa en todas las familias. Dentro del propio PSOE también existe ese debate. Pero son debates que se reproducen en todos los partidos y formaciones políticas. Se trata de ir limando asperezas y de encontrar soluciones conjuntas. Creo que el Gobierno de coalición tiene buena salud y se va a mantener hasta el final de la legislatura. Y lo hará con concesiones tanto de un sector como de otro.

"Bruselas no se va a oponer a eliminar los elementos más lesivos de la reforma laboral del PP"

P. ¿Qué hay de real y qué de mediatizado en ese choque y tensión constante entre las vicepresidentas Calviño y Díaz?

R. De mediatizado diría que hay el 90%. A los medios les interesan siempre estas cosas más morbosas que parece que venden más. Las audiencias suben si se habla de tensión y de conflicto. Francamente, creo que la tensión y el conflicto son de baja intensidad. Es cierto que no solo nos diferencia la metodología, también tenemos visiones del mundo distintas. Pero está claro y se ha visto que los acuerdos no son imposibles.

P. Sobre la crisis en torno a la reforma laboral muchos en ambos lados se escudaban en lo que Bruselas permitirá o no. ¿Se abusa o se instrumentaliza a las instituciones europeas con demasiada frecuencia en las capitales?

R. Evidentemente sí. Utilizamos a las instituciones europeas y no siempre bien. Las utilizamos de forma partidaria e interesada. De todo lo que sale mal la culpa es de Bruselas, y todo lo que sale bien es un éxito del Gobierno. Se juega también con la desinformación sobre Europa. Por eso, este tipo de proyectos [impulsado por El Confidencial y el Parlamento Europeo] son importantes para aproximar Europa a la gente y que esta se dé cuenta de que Europa influye en el 70% de la legislación que se decide en España.

Foto: Sesión plenaria del Parlamento Europeo en Bruselas. (EFE)

P. Es usted vicepresidenta de la Comisión de Igualdad y Género aquí en la Eurocámara. Desde hace unos días, las mujeres en la UE trabajan “gratis” hasta finales de año debido a la brecha salarial. En los últimos años se ha avanzado, pero ¿dónde estamos en este campo y qué más debería hacerse?

R. Se ha avanzado mucho, pero no lo suficiente. El último informe del Instituto de Igualdad de Género de la UE dice que faltan todavía tres generaciones hasta que consigamos la igualdad en la UE. El año pasado hablaba de 60 años. Sobre la igualdad salarial estamos muy atrasados. Hay una brecha de un 14,8% que se convierte en una brecha de pensiones del 30%. Nuestras abuelas cobran menos pensión por haber dedicado su vida a cuidarnos. Así se paga el cuidado en la UE. Queda mucho por hacer. Y hay que recordar que, desde 2012, el Consejo tiene congeladas dos Directivas sobre antidiscriminación y la que asegura que las mujeres lleguen a cargos altos en los consejos de administración. En estos momentos, ellas representan el 7,5% en estos Consejos. No mandamos. Cobramos menos y mandamos poco.

P. Durante su marco política insiste con mucha frecuencia en la etiqueta ‘ecofeminista’. ¿Qué significa exactamente?

R. Ser ecofeminista significa poner sobre la mesa dos luchas que deben ir sobre la mano: la feminista y la ecologista. No todos los feminismos son ecofeministas. Hay feminismos liberales u otros. Y tampoco todos los ecologismos son compatibles con el feminismo.

Por tanto, esta corriente plantea que la cuestión ecológica es una cuestión vinculada con el mundo de los cuidados. Las mujeres no solo son más víctimas que los varones del cambio climático o de los deterioros ambientales, sino que lideran la lucha ambiental en todas partes del mundo, la lucha por el territorio, por acabar con la crisis hídrica o la lucha por el mantenimiento de las comunidades. Esas luchas las están librando las mujeres. Las mujeres ponen en el centro que somos ecodependientes e interdependientes. El ecofeminismo es la militancia del futuro. Es lo más revolucionario que tenemos por delante.

P. Por concluir con este bloque, hemos visto recientemente la primera víctima moral en Polonia de la restrictiva ley del aborto. Las competencias sanitarias son exclusivamente nacionales. Pero ¿hay algo que pueda hacer Bruselas para proteger los derechos fundamentales de las mujeres?

R. Este Parlamento en concreto ha hecho mucho por los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres en Europa. Lleva mucho tiempo señalando a Polonia, Hungría y todo el eje de Visegrado por lo que suponen sus políticas para las mujeres, que son evidentemente retrocesos. Las resoluciones de la Eurocámara sobre las prohibiciones del aborto ‘de facto’ en Polonia son muy claras. Hemos tenido al primer ministro polaco sentado en el pleno y todo el mundo le ha dicho las cosas bastante claras.

Los derechos sexuales y reproductivos son derechos humanos. No es una cuestión estrictamente sanitaria. Por tanto, no es cierto que sea una competencia de los Estados porque afecta directamente a los principios y valores del Estado de derecho. Creo que el Parlamento ha sido contundente. La Comisión lo tiene claro. Pero encontramos los problemas donde siempre: en los Estados, en los gobiernos, en el Consejo Europeo, que es una piedra en el zapato para los derechos de las mujeres y para cualquier avance de derechos en la UE.

Foto: Varias mujeres acuden en 2017 a una manifestación en el primer aniversario del 'Black Protest' contra los planes para cambiar las leyes del aborto. (Reuters)

Hace unos días hablábamos con la comisaria de Igualdad, Helena Dalli, y nos decía que hay algunos comisarios que no querían que la violencia de género sea considerada un eurodelito, como ha pedido el Parlamento. El Consejo Europeo lo va a frenar sin duda. Un eurodelito puede ser la delincuencia informativa o la trata de personas, pero la violencia contra las mujeres no. No es algo técnico, es algo político.

P. Otro de los temas que regresan con fuerza a la agenda europea es la pandemia. La UE es ya y de nuevo el epicentro mundial del covid-19. Hay vacunas, pero hay mucha población que no quiere ponérsela. ¿Qué se puede hacer? ¿Estamos ya en una pandemia de los no vacunados?

R. Se puede obligar a que se vacunen, aunque todo lo que sea invadir el espacio privado de las personas puede plantear problemas desde el punto de vista del derecho a la privacidad y a la salud. Pero es cierto que las vacunaciones obligatorias existen en otras enfermedades. Si estas personas no solo mueren, sino que matan y, además, ralentizan procesos de recuperación importantes a otros niveles, no solo sanitarios, algo habrá que hacer. Yo soy jurista especializada en derechos humanos y sé perfectamente que es una línea roja.

Pero le pongo un ejemplo. En los momentos del 11-S también eran una línea roja los controles en los aeropuertos y la recopilación de datos biométricos. Eran también invasivos, pero se adoptaron en el marco de la lucha contra el terrorismo. Esto es lo que va a pasar ahora. La situación de los no vacunados no se puede sostener mucho más tiempo.

P. ¿Usted, por ejemplo, pediría la vacunación obligatoria?

R. Sí, la verdad. Tristemente lo tengo que decir. Porque no es lo mejor. Lo mejor es persuadir, educar y hacer pedagogía. Pero las normas jurídicas están para cuando los conflictos no se pueden resolver.

P. Es usted jurista. La crisis en la frontera bielorrusa ha abierto el debate de la construcción de muros en las fronteras externas financiados por primera vez con dinero europeo. El Consejo Europeo dice que sería legal. ¿Lo es?

R. Yo creo que no. De hecho, financiar muros no sirve absolutamente para nada. Hay miles de muros que se saltan todos los días. No resuelve los problemas. Se está violando el derecho internacional y el comunitario desde el momento en el que no hay una atención casuística a las personas que llegan a las fronteras vulnerando su derecho al asilo y al refugio. No es nada nuevo porque se está violando todos los días. Lo que ocurre es que la UE no tiene una respuesta para la cuestión migratoria. Es más, ha retrocedido.

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