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Polonia celebra su independencia con un ojo puesto en Bielorrusia: "Son capaces de todo"
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un indigesto sándwich geopolítico

Polonia celebra su independencia con un ojo puesto en Bielorrusia: "Son capaces de todo"

Polonia celebra este jueves su fiesta de la independencia. Las autoridades militares temen que este momento sea aprovechado por Bielorrusia para forzar un asalto de migrantes en la frontera

Foto: Imagen de archivo del día nacional polaco, el 11-11, en 2017. (Reuters/Adam Stepien)
Imagen de archivo del día nacional polaco, el 11-11, en 2017. (Reuters/Adam Stepien)

A un lado, la última dictadura de Europa, con un Aleksandr Lukashenko dispuesto a todo para mantenerse en el poder; al otro, 15.000 efectivos polacos en estado de alerta y un Gobierno decidido a abordar la situación dando prioridad a la opción militar. Y en medio, varios miles de inmigrantes y refugiados provenientes de países como Irak, Siria o Afganistán, durmiendo a la intemperie, sin recursos y atrapados en tierra de nadie. Un sándwich humanitario y geopolítico que tiene la Unión Europea en el plato y que debe pensar en cómo digerir. En este ambiente de máxima tensión, Polonia celebra este jueves su fiesta de la independencia mientras crecen los rumores de posibles asaltos de migrantes en la frontera, avivados las restricciones de acceso a la zona que hacen muy complicado obtener información independiente sobre lo que sucede en el lugar.

Hay precedentes. En los últimos días, cientos de inmigrantes han intentado superar la valla fronteriza en el lado polaco de manera violenta y todo indica que continuarán haciéndolo. Tras la contundente respuesta de las fuerzas polacas, que rechazaron los avances con cañones de agua y gases lacrimógenos (se han tenido que enviar más desde Varsovia), los migrantes han optado por la estrategia del gato y al ratón, dividiéndose en pequeños grupos y aprovechando las noches para coordinar intentonas simultáneas. Mientras, el número de campamentos aumenta a lo largo de la frontera y comienzan a bajar las temperaturas nocturnas. En los últimos dos meses, al menos 10 personas han muerto debido al frío, enfermedades o la ingestión de setas venenosas recogidas para comer.

Foto: Un manifestante sostiene un cartel contra el presidente bielorruso en Vilnius, Lituania. (Reuters)

La última información disponible confirma la militarización del conflicto por la parte polaca, con la movilización de 8.000 miembros del cuerpo paramilitar de Defensa Territorial. Mientras tanto, continúan aterrizando en Minsk vuelos procedentes de Beirut y Damasco con personas a las que Minsk proporciona los papeles necesarios para legalizar su estancia (temporal) en el país, sabiendo que, tras comprar ropa de abrigo, víveres, tiendas de campaña y tarjetas prepago de operadoras telefónicas, se dirigirán hacia la frontera polaca.

Tensa independencia

Mientras crece la tensión, las autoridades militares a cargo de las fuerzas desplegadas alertan de que en los próximos días se esperan nuevos intentos de cruces ilegales en la frontera aprovechando las festividades nacionales polacas como el Día de la Independencia, que se celebra este 11 de noviembre. De este modo, Bielorrusia lograría el golpe de efecto propagandístico que busca para desestabilizar la zona.

placeholder Un soldado patrulla la zona de Kuznica, en Polonia. (Reuters/Irek Dorozanski)
Un soldado patrulla la zona de Kuznica, en Polonia. (Reuters/Irek Dorozanski)

En grabaciones proporcionadas por individuos y organizaciones independientes se pueden oír disparos en el lado bielorruso. Un general polaco aseguró en televisión que bien podrían ser “ejecuciones” para intimidar a los migrantes que pretendan volver a adentrarse en territorio de Lukashenko. “Son capaces de cualquier cosa”, afirmó el militar. Por otro lado, los polacos ya han denunciado en varias ocasiones que tienen constancia de la existencia de agentes bielorrusos infiltrados entre los grupos de migrantes para darles instrucciones y coordinarlos con otros. Además, ya se han producido incidentes entre soldados polacos y bielorrusos, en los que estos últimos (según la versión polaca) han apuntado con sus armas e incluso han efectuado disparos de fogueo.

Mientras se dirime el juego geopolítico, el tiempo juega en contra de todos: los civiles que malviven en campamentos enfrentan cada día temperaturas más bajas, que llegan a caer por debajo de cero en las noches; los polacos no pueden mantener un estado de emergencia indefinido; y los bielorrusos han perdido el factor sorpresa de la estrategia, que perderá efectividad poco a poco conforme avance el invierno.

placeholder Foto: Reuters.
Foto: Reuters.

Por eso, las tres partes pueden terminar por verse obligadas a hacer un movimiento arriesgado que haga saltar por los aires el inestable 'statu quo' de la zona. Aquí, los escenarios son todos peligrosos. Un nuevo intento de avalanchas masivas de migrantes se encontraría con una contundente respuesta militar polaca y aceleraría la reacción europea. Por su parte, Varsovia y Minsk se arriesgan a que, en cualquier momento, alguien pierda el control o haya un accidente en una situación en la que hay dos bandos frente a frente, a muy corta distancia y con los nervios a flor de piel.

Un órdago con todas las siglas

El uso que Lukashenko está haciendo de civiles desesperados para hostigar a sus vecinos de la UE ha hecho que Bruselas se vuelque con el Gobierno polaco, que insiste en que está “defendiendo la frontera y la seguridad europeas”. Sin embargo, dentro del país, la oposición política y social cuestiona la actuación del Gobierno, especialmente su decisión de impedir el acceso a la zona a los periodistas. Varsovia ha sellado el área, bloqueado el acceso a medios independientes y rechazado la asistencia de la agencia europea de fronteras Frontex, dejando vía libre a las autoridades para proceder, sin supervisión externa, de la manera más expedita. Un cambio reciente en la ley de extranjería polaca deja a discreción de cualquier agente la expulsión “en caliente” de inmigrantes ilegales sin tan siquiera considerar si son solicitantes de asilo.

Foto: Migrantes, en la frontera de Polonia con Bielorrusia. (Reuters)

Los casos de hostigamiento y largos interrogatorios a periodistas que se han acercado a la zona fronteriza son numerosos, así como las denuncias por parte de organizaciones humanitarias que pretenden acceder a la frontera. Desde hace semanas, las imágenes de campamentos con mujeres y niños cociendo agua y cocinando al aire libre a las puertas de la UE llegan a los medios gracias a organizaciones como Nexta, la red de comunicación de bielorrusos exiliados que coordina a la oposición democrática de ese país. El control férreo que ha impuesto el Gobierno polaco a todo lo que ocurre a lo largo de los 420 kilómetros de ella frontera incluye también la opacidad de información.

La retórica militarista, tanto por parte del Gobierno ultranacionalista polaco, como por parte del dictador Lukashenko, no hace sino aumentar un órdago en el que están implicados el Kremlin, la UE y la OTAN. La mayoría de las personas que se agolpan entre la espada bielorrusa y la pared polaca provienen de países que han sufrido o sufren situaciones de guerra y miseria en las que seguramente también ejercieron el triste papel de peones en una partida que se inició hace muchos años y en la que ellos no son más que un gambito.

A un lado, la última dictadura de Europa, con un Aleksandr Lukashenko dispuesto a todo para mantenerse en el poder; al otro, 15.000 efectivos polacos en estado de alerta y un Gobierno decidido a abordar la situación dando prioridad a la opción militar. Y en medio, varios miles de inmigrantes y refugiados provenientes de países como Irak, Siria o Afganistán, durmiendo a la intemperie, sin recursos y atrapados en tierra de nadie. Un sándwich humanitario y geopolítico que tiene la Unión Europea en el plato y que debe pensar en cómo digerir. En este ambiente de máxima tensión, Polonia celebra este jueves su fiesta de la independencia mientras crecen los rumores de posibles asaltos de migrantes en la frontera, avivados las restricciones de acceso a la zona que hacen muy complicado obtener información independiente sobre lo que sucede en el lugar.

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