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Tango bizarro a las puertas de Europa: un MiG-29 para arrestar a un chaval de 26 años
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Tango bizarro a las puertas de Europa: un MiG-29 para arrestar a un chaval de 26 años

¿Por qué Lukashenko ordenó que un MiG-29 interceptara el vuelo FR4978 para arrestar al joven Protasévich? Conversamos con Andrew Wilson, experto en Bielorrusia, para entender las claves de la operación

Foto: La policía detiene al periodista opositor Roman Protasevich en una protesta en Minsk, en 2017. (EFE)
La policía detiene al periodista opositor Roman Protasevich en una protesta en Minsk, en 2017. (EFE)

Domingo, 23 de mayo. A las 7:29 am, el vuelo FR4978 de Ryanair despega de Atenas, Grecia, destino Vilna, Lituania, con 171 pasajeros a bordo. Entre ellos el periodista opositor bielorruso Román Protasévich y su pareja, la ciudadana rusa Sofia Sapega. También viajan cuatro agentes encubiertos al servicio del dictador bielorruso Aleksandr Lukashenko. Pero esto lo sabremos después.

A las 09:30 am, tras dos horas de trayecto, el avión entra en el espacio aéreo de Bielorrusia. 16 minutos después, pocos antes de cruzar la frontera lituana, los agentes de la KGB bielorrusa informan a la tripulación de que puede haber una bomba de Hamás —algo que el grupo islamista palestino, que jamás ha utilizado un recurso así, negará más adelante—. La torre de control le pide al piloto desviarse urgentemente al aeropuerto internacional de Minsk. Un jet MiG-29 de las Fuerzas Áreas bielorrusas lo intercepta y escolta a la aeronave hacia el interior del país. A las 10:16 am, aterrizan en el aeropuerto capitalino.

Una vez en tierra, el joven periodista parece resignado. Un grupo de agentes uniformados acompañados por perros registran la aeronave y el equipaje en busca de los supuestos explosivos. Varios pasajeros publican fotos y vídeos de la inspección. No encuentran nada. En su lugar, el joven Protasévich y su novia son arrestados. A las 17:47 pm el avión despega de Minsk y aterrizará en Vilna, su destino original, a las 18:26 pm con 165 pasajeros. Para esa hora, ya es noticia internacional.

Foto: El presidente bielorruso, Alexander Lukashenko. (Reuters)

“Le preguntamos [a Protasévich] qué estaba pasando”, dijo un pasajero del vuelo FR4978 en una entrevista con Radio Free Europe. “Nos dijo quién era y añadió: ‘Aquí me espera la pena de muerte’. Estaba un poco más calmado, pero todavía temblaba”, relató. Había comenzado a temblar en cuanto escucho al piloto anunciar el aterrizaje de emergencia en Minsk. “Estaba asustado y en 'shock”, contó otra pasajera a 'POLITICO'. “Se levantó y quiso hablar con la azafata. ‘No hagáis esto. Me matarán. Soy un refugiado”, recuerda la testigo. Sabía que venían a por él.

Luego será demasiado tarde

Bielorrusia es un provocador recurrente de crisis en una de las fronteras más inestables de la Unión Europea. Pero, pese a que cada vez el voltaje aumenta, sigue sin generar tracción en la opinión pública occidental. “Lidiamos con un dictador patológicamente enganchado al poder”, afirmaba la líder de la oposición bielorrusa, Svetlana Tijanóvskaya, en una entrevista con El Confidencial el pasado mes de diciembre. “Que nos apoyen ahora, luego será demasiado tarde”, advirtió poco después de las masivas protestas que el pasado verano pusieron en jaque al llamado “último dictador de Europa”.

Pero, después de tres meses de represión, con 30.000 detenidos, más de 400 presos políticos y cuatro muertos, la agenda informativa viró hacia las elecciones presidenciales en Estados Unidos —todo bajo el permanente trasfondo del coronavirus—. La mecha se volvió a extinguir.

Foto: Belarus opposition leader svetlana tichanovskaja visits sweden

¿Por qué entonces el mandatario bielorruso ordena personalmente que un caza militar intercepte un vuelo comercial entre dos capitales europeas para arrestar a un joven de 26 años? Conversamos con Andrew Wilson, profesor en la Escuela de Estudios Eslavos y de Europa del Este en Londres, analista del European Council on Foreign Relations (ECFR) y autor de ‘Bielorrusia: la última dictadura europea’ (Yale Books, 2020), para entender las claves de este insólito episodio y sus posibles consecuencias.

PREGUNTA. ¿Quién es Protasévich y por qué Lukashenko se ha arriesgado tanto por arrestarlo? ¿Tan peligroso es para él?

RESPUESTA. Podemos empezar con el hecho de que Protasévich nació en 1995, tiene 26 años. Lukashenko llegó al poder en 1994. Lleva 27 años. Este joven nació después de que Lukashenko llegara al poder, no ha conocido otra Bielorrusia. Como muchos otros bielorrusos, domina mucho la tecnología. Esto es algo generalizado en la juventud europea, pero es un rasgo muy acusado en Bielorrusia, con una potente industria de tecnologías de la información que supone en torno al 7% del PIB (antes de la actual crisis).

Él y otros jóvenes opositores crearon un canal de Telegram llamado Nexta, que en bielorruso significa 'Alguien', como una forma de decir “eres alguien, tienes una voz”. A día de hoy ese canal tiene 2,5 millones de usuarios en una población de unos nueve millones de habitantes. Este canal, uno de los más grandes del mundo, era utilizado para organizar las protestas contra Lukashenko después de las elecciones fraudulentas de agosto del año pasado. En la ola de la represión, el Gobierno cerró varios medios y encarceló a varios políticos opositores, pero Telegram es una plataforma encriptada y difícil de cerrar. Así que el régimen apuntó directamente a este joven para tratar de acabar con Nexta y su desafío al poder.

P. ¿Y por qué precisamente ahora? ¿No podría este movimiento reactivar las protestas opositoras?

R. Comparemos las protestas de Bielorrusia con las de [el líder opositor Alekséi] Navalni en Rusia. Las manifestaciones fueron grandes para Rusia, duraron dos semanas e implicaron en su momento máximo a unas 100.000 personas. En Bielorrusia, un país 15 veces más pequeño, salieron más de un millón de ciudadanos durante tres meses, entre agosto y noviembre. Se necesitó mucha represión para aplacarlas, más 30.000 arrestos, 400 presos políticos y el mayor abuso político desde la Guerra Fría. Ante ese nivel de represión, la táctica opositora cambió y desde noviembre estaba utilizando canales como Nexta para organizar protestas móviles o espontáneas.

Así que, en este año, Lukashenko quiso arrasar con toda la oposición, no solo Nexta, sino otros medios y canales domésticos. La mayoría de los presos políticos han sido arrestados desde enero. Su fin es destruir toda posibilidad de oposición y ahogar así cualquier intento de volver arrancar las protestas, como uno que tuvo lugar en primavera y que no fue muy exitoso. En las próximas semanas podría haber protestas de nuevo, pero a baja escala. Con un régimen tan represivo, que utiliza la tortura y la prisión indiscriminada, es muy difícil lograr ese ciclo de movilización de nuevo.

Foto: Albert Santin, en su despacho de la sede del PCCC en Amposta.

P. Sigue siendo una operación muy arriesgada, sabiendo además que iba a generar más presión internacional para aplicar sanciones.

R. Lukashenko no es como Putin. Es más impulsivo, su estilo de dictadura es muy personal. Durante las protestas masivas del pasado verano, él mismo sobrevoló las marchas en helicóptero vestido con uniforme militar y agitando un rifle. Ese es el personaje. No puedes imaginar a Putin haciendo eso. Putin no tiene escrúpulos, pero no es su estilo.

Esta operación le ha ganado algunos aplausos en la prensa rusa, con titulares admirando al “macho Lukashenko”. Pero Bielorrusia, al contrario que Rusia, es un país pequeño. La Unión Europea debería aplicar sanciones considerables en junio, debería hacerle pagar un precio. Hasta la fecha, está fanfarroneando de su éxito. Y no nos deberían gustan los dictadores fanfarrones.

P. Sin embargo, vemos la alargada sombra de Putin en esta operación. La alianza entre Moscú y Minsk se fortaleció tras las protestas del año pasado y ahora el Kremlin ha reafirmado su respaldo a Lukashenko tras el arresto de Protasévich. Pareciera que Bielorrusia, como Ucrania, podría convertirse en un ‘desafío proxy’ (indirecto) entre Rusia y Occidente.

R. Lukashenko no es una marioneta de Putin. Él llegó al poder en 1994 y Putin en 2000. Pero cuando las protestas comenzaron tras el fraude electoral del pasado agosto, inesperadas y masivas, Lukashenko se vio en problemas y buscó ayuda de Rusia. Moscú dio apoyo económico, de seguridad y tomó el control de los medios bielorrusos, importando su propaganda estilo ruso. Los rusos luego se quedan sorprendidos cuando Lukashenko se muestra reacio a pagar el precio ‘pactado’, que incluye la entrada de capital ruso en los sectores más rentables de la economía. Así que vemos que hay cosas que Lukashenko hace que Moscú no aprueba. De hecho, los rusos podrían en algún momento estar dispuestos a apoyar una transición hacia un líder más prorruso y, al mismo tiempo, con más apoyo doméstico.

Sin embargo, en este caso es difícil pensar que la operación no tuvo visto bueno del Kremlin. Es, efectivamente, un desafío ‘proxy’ de Rusia con Occidente, algo que estamos viendo a menudo desde que Joe Biden llegó a la presidencia (de Estados Unidos). Es Moscú poniendo a prueba al presidente Biden, como sucedió recientemente con el despliegue de tropas en la frontera con Ucrania. Es todo parte del mismo proceso de presión rusa sobre Occidente, un tango bizarro en la frontera de Europa antes de la cumbre Estados Unidos-Rusia el próximo mes. Pero hay que recordar que Bielorrusia puede ser un ‘proxy’ de Putin, pero no es una marioneta.

Foto: Foto de archivo de Biden, entonces vicepresidente, saludando a Putin. (EFE)


P. ¿Hasta dónde cree que va a llegar la reacción internacional? ¿Pueden las sanciones doblar el brazo a Lukashenko?

R. Por el momento, no habrá ninguna sanción hasta la nueva ronda de decisiones de junio. Hasta ahora no hay sanciones económicas sobre el país [hay sobre algunos individuos vinculados al régimen] y eso es una locura. Secuestrar un vuelo de un país de la UE a otro país de la UE con casi 200 pasajeros, contraviniendo las leyes internacionales de aviación y la Convención de Chicago, para arrestar a un periodista, sin asilo, pero hasta cierto punto bajo protección europea… Las expresiones de “grave preocupación” no son suficientes.

Por el momento, la reacción más obvia de cancelar vuelos, aerolíneas y demás puede que no sea la más acertada. Actualmente las fronteras terrestres están cerradas [por la pandemia], así que la forma de salir del país —para ciudadanos y otros posibles objetivos del régimen— es volando. Lo mejor sería impactar económicamente al régimen, ya que, financieramente, no se puede sostener sin acceso a los mercados internacionales de deuda. Esto podría ser un problema serio para Lukashenko, que tendría a Rusia como única alternativa.

P. Lukashenko lleva 27 años en el poder, pero su autoridad está cada vez más cuestionada. ¿Hay posibilidad real de cambio?

R. Hay que comprender que, aunque Lukashenko lleva 27 años en el poder, el país lleva cambiando aceleradamente en los últimos 10 años. Un país menos dependiente e influido por Rusia, donde la sociedad da más relevancia ahora a la soberanía nacional, donde hay más balance económico entre la economía estatal heredada de los soviéticos y un pujante sector privado, donde cada vez hay más organizaciones independientes... Esto es lo que nutre las protestas. Bielorrusia es, en realidad, dos países. Y cada vez más quieren esa nueva Bielorrusia que no sea un satélite ruso y que pueda, incluso, aspirar a una democracia plena.

Enfrente, un dictador de la vieja escuela detestado en su país, pero que logra mantenerse en el poder por la fuerza bruta. Y, mientras tenga el control de la represión y desde fuera no se haga nada, podrá seguir al mando quién sabe cuánto tiempo.

Domingo, 23 de mayo. A las 7:29 am, el vuelo FR4978 de Ryanair despega de Atenas, Grecia, destino Vilna, Lituania, con 171 pasajeros a bordo. Entre ellos el periodista opositor bielorruso Román Protasévich y su pareja, la ciudadana rusa Sofia Sapega. También viajan cuatro agentes encubiertos al servicio del dictador bielorruso Aleksandr Lukashenko. Pero esto lo sabremos después.

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