Clases online en Grecia, ¿un año perdido? "Nuestros niños necesitan ir al colegio"
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Clases online en Grecia, ¿un año perdido? "Nuestros niños necesitan ir al colegio"

La mayor parte de los estudiantes griegos están inmersos desde casi el inicio del curso en una educación online. Algunos todavía no tienen acceso y muchos siguen sin acostumbrarse

placeholder Foto: Una niña griega en clases online. (EFE)
Una niña griega en clases online. (EFE)

Después de un año de crisis sanitaria, dos confinamientos nacionales y varios locales, la mayor parte de los estudiantes griegos están inmersos desde casi el principio del curso en una educación online. A estas alturas, algunos todavía no tienen acceso y muchos siguen sin acostumbrarse. Una situación que no parece vaya a solucionarse pronto y que podría tener un grave impacto en el futuro académico de toda una generación de jóvenes griegos.

En otoño de 2020, mientras que muchos gobiernos europeos imponían estrictas medidas para garantizar que las clases presenciales siguieran adelante, un peligroso aumento de contagios por Covid-19 en Grecia provocó que el Ejecutivo de Kyriakos Mitsotakis diese el paso de cerrar universidades, institutos y colegios. A pesar de que la Organización Mundial de la Salud y su director regional para Europa, Hans Kluge, han dejado claro que los colegios no juegan un papel significativo en la transmisión del coronavirus, las autoridades consideran los centros educativos abiertos supone correr un riesgo demasiado alto para el de por sí delicado sistema sanitario público heleno.

“Cerrar los colegios de primaria era nuestra última intención”, afirmaba recientemente el ministro de Sanidad, Vassilis Kikilias, “esto demuestra lo seria que es la situación”. Actualmente, Grecia es uno de los focos covid-19 de Europa, con una media de casi 1.800 contagios diarios y 50 fallecidos al día -lo que duplica la media de muertes por millón que registra España en los últimos siete días por la pandemia-. El pasado 4 de marzo, el país registró 2.702 infectados, el mayor número de casos diagnosticados en lo que llevamos de 2021.

Foto: El viceministro de Protección Civil y Gestión de Crisis griego, Nikos Hardaliás. (Cedida)

En enero, los más pequeños (guarderías, preescolar y primaria) regresaron unas cuatro semanas a clase. Pero un nuevo aumento de los contagios y muertes hizo que al mes siguiente las autoridades anunciaran el cierre en las zonas rojo oscuro o de alto riesgo como Atenas y la región de Ática, la más poblada del país; el área de Salónica, segunda ciudad más importante de Grecia; gran parte del Peloponeso y la Grecia central. Grecia, de nuevo, se quedó semidesierta.

Impacto generacional

Dado el número de contagios y muertes diarias es muy poco probable que las clases presenciales a nivel nacional se reanuden pronto, algo que preocupa a una gran parte de los educadores del país que creen que esta situación puede perjudicar el futuro de una generación de estudiantes griegos en comparación con otros alumnos de países europeos donde los centros han permanecido abiertos.

“El cierre de los colegios es algo terrible”, comenta Vasilikí, profesora de un instituto del centro de Atenas, a El Confidencial. “No es sólo que a los alumnos no les guste dar clase por Webex (la plataforma telemática elegida por el Gobierno para la enseñanza online), sino que nuestros niños necesitan ir a clase. La interacción con sus compañeros y profesores es algo fundamental así como parte de un proceso básico para el aprendizaje y el desarrollo”.

El salto a la enseñanza online en Grecia no ha sido fácil, ni ha estado exento de problemas y dificultades técnicas. Un año después de que el Gobierno ordenara el primer confinamiento nacional, los alumnos y profesores siguen sin estar convencidos de que estar sentados frente al ordenador para dar clase sea una buena solución, pese a que algunos expertos insisten en que esta crisis podrá, a largo plazo, tener repercusiones positivas para el sistema de enseñanza griego. Pero para los que están inmersos en este 'experimento en tiempo real', el ambiente es de pesimismo generalizado.

Foto: La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso (d), escucha al alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida. (EFE)

“No nos engañemos, las clases online nunca pueden ser lo mismo” comenta Katerina, profesora de un instituto de la localidad costera de Glyfada. Para ella, el cierre de los colegios ha afectado negativamente a la motivación de una gran parte de sus estudiantes. “No aprenden como en las clases presenciales. Los alumnos medios son los que más han empeorado, su nivel ha bajado mucho. Sólo cinco o seis que han mostrado interés en que las clases online vayan a continuar el año que viene sin problemas, pero son una minoría”. “La mayoría de mis colegas consideran que este es un año perdido”, sentencia la docente.

Una opinión que comparte también un número elevado de alumnos, quienes se quejan de los problemas que están teniendo para seguir las clases online. “Hasta ahora hemos tenido muchas dificultades” dice Yannis, estudiante de música en la Ionian University de Corfú. Para Yannis, quien está cursando su último año completamente online a través de la plataforma Zoom, sistema no es bueno ya que "durante las clases se cae continuamente el sistema por la mala conexión. Pero no sólo durante las clases, también en los exámenes. Los profesores muchas veces no escuchaban correctamente las respuestas”.

El desafío de la híperconectividad

A pesar de que para el Gobierno el programa de clases online está siendo un éxito, la gran tragedia son los hogares más desfavorecidos que carecen de las herramientas necesarias para seguir las clases online. “Es cierto que todos los centros educativos del país han recibido tablets y ordenadores portátiles del Ministerio de Educación para profesores y alumnos y que sea más fácil implementar el aprendizaje a distancia. Pero los dispositivos en los colegios de las zonas más desfavorecidas han sido insuficientes” se lamenta la profesora Vasilikí.

Dímitra no cuenta con cinco ordenadores en su casa y tiene que hacer malabarismos tecnológicos para que sus hijos puedan seguir el curso

Este mes, el Ejecutivo puso en marcha un plan para que todos los alumnos de entre 4 y 24 años partir del 10 de marzo las familias con menos ingresos puedan solicitar una ayuda de 200 euros para comprar un dispositivo. Para Vasilikí esta medida “está muy bien, pero llega muchos meses tarde”.

Para las clases medias, la híperconectividad también está suponiendo un verdadero desafío. Muchas familias que han tenido que adaptarse a la situación de tener que teletrabajar a largo plazo con los niños en casa. “Nuestra conexión a internet no es tan potente como para tener a tres personas conectadas a la vez”, afirman Xenia y Spiros, del municipio de Ayios Dimitrios. “Internet va lento y a veces nuestra hija tiene dificultades para seguir la clase. Hemos tenido que contratar más megas en los teléfonos móviles. Los utilizamos como routers para que ella se conecte correctamente y que nuestro trabajo no sea vea perjudicado”.

Foto: Un hombre, teletrabajando desde su casa. (EFE)

Para Dímitra, madre de tres hijos cursando primaria, la educación a distancia se ha convertido en un dolor de cabeza. “Mi marido y yo teletrabajamos y a las 14:20 cada día, sin haber terminado aún nuestra jornada laboral, tenemos que conectar a los niños a Webex para que sigan las clases online”. Dímitra no cuenta con cinco ordenadores en su casa y tiene que hacer malabarismos tecnológicos para que sus hijos puedan seguir el curso. “Cada día uno de los niños da clase en el ordenador de mis padres que, afortunadamente, viven en el piso de arriba”, cuenta. “Sus hermanos tienen que seguir las clases desde una tablet que a veces no funciona correctamente y con mi móvil, que tiene una pantalla bastante pequeña. No es la solución ideal, pero intentamos que no pierdan clase”.

Familias estresadas

Para Sofía, madre de dos niñas de 5 y 8 años en Argirúpoli, el problema es la duración de las clases. Mientras que los estudiantes de secundaria, instituto y universidad cuentan 40 minutos por materia y seis o siete horas lectivas, dependiendo del día, en primaria las clases se reducen a 30 minutos por asignatura entre las 14:10 y las 17:20, incluyendo descansos de diez minutos entre cada una de ellas. “Entiendo que los niños de primaria son más pequeños y su capacidad de concentración es menor, pero 30 minutos no son suficientes” comenta. “Entre que se saludan, tardan en escribir, abren y cierran el micrófono para responder a los profesores y que se congela la pantalla… muchas veces el tiempo efectivo de la clase puede ser de 10 o 15 minutos”.

"Se aburren, no interactúan con sus amigos ni con sus profesores. No es lo mismo a través de una pantalla"

A pesar de que Sofía cree que sus hijas no van a tener problemas en su futuro educativo porque aún “son muy pequeñas como para tener lagunas”, sí que cree que no ir al colegio les afecta muchísimo. “No sólo no tienen una rutina como antes, sino que no cambian de ambiente, se aburren, no interactúan con sus amigos ni con sus profesores. No es lo mismo verlos de cerca que a través de una pantalla”.

Ante esta situación, muchos progenitores griegos no han tenido más remedio que convertirse en un recurso clave en la educación escolar de sus hijos. “Casi siempre uno de nosotros tiene que dejar lo que está haciendo para echarle una mano con los deberes”, reconoce Xenia. “No los hace como los hacía antes de la pandemia y necesita ayuda”.

Tampoco los padres están rindiendo como antes de la crisis. La prolongada estadía en casa está impactando en sus carreras y en su productividad. “Es difícil que desde casa saquemos adelante el mismo trabajo que en la oficina”, afirma rotunda Xenia. “A veces tenemos reuniones en las que tienes que parecer como si estuvieras en tu puesto de trabajo. Pero estás en casa y hay ciertas cosas que no puedes evitar, como que entre tu hija a pedirte algo en medio de una videollamada. Ella no entiende realmente la importancia de lo que estoy haciendo”.

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