¿Es realmente la República Checa más rica que España?
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¿Es realmente la República Checa más rica que España?

Todas las alarmas patrias han sonado tras conocerse que la República Checa ha superado a España en producto interior bruto per cápita. La realidad en el terreno no es tan bonita

placeholder Foto: Una nevada en Praga. (Reuters)
Una nevada en Praga. (Reuters)

Todas las alarmas patrias han sonado tras conocerse que la República Checa ha superado a España en producto interior bruto per cápita. El dato, que es cierto, está muy lejos de demostrar que la Europa excomunista haya superado económicamente a nuestro país. Es un aviso de que algunos de nuestros socios europeos están sabiendo adaptarse a las circunstancias y aprovechando las oportunidades. Pero también se trata de un hecho coyuntural lleno de matices y de importancia relativa.

Que uno de los países de la órbita excomunista haya superado, por primera vez en 30 años y por 24 dólares, la renta per cápita anual de nuestro país (38.152 anuales frente a los 38.128 de España) debe ser puesto en perspectiva. Aunque nunca fue noticia, la antigua Checoslovaquia (de la que la actual República Checa era la mitad más próspera) superaba ampliamente a España en renta per cápita hasta 1990, cuando aquel país tenía una economía socialista y España empezaba a beneficiarse de las ayudas europeas. Desde ese año, la renta per cápita ha llegado a ser casi un 40% más alta en España (año 2002). Al igual que la República Checa, el alumno más aventajado del grupo excomunista, países como Polonia o Hungría disfrutan de una prolongada bonanza económica favorecida por su integración en el mercado europeo y las ayudas de Bruselas, al igual que le ocurrió a España en la década de los 90. Un ejemplo: Polonia es el país que más dinero recibe de la Unión Europea.

Foto: Imagen de archivo de unos fajos de billetes de zlotys, la moneda polaca. (EFE)

El PIB de un país es una estimación que suma el valor de los bienes y servicios producidos por una economía en, por ejemplo, un año. Y el PIB per cápita es la división entre el número de habitantes. Aunque sirven como indicativo de la capacidad económica aproximada del país, ambos indicadores no describen por sí solos la calidad de vida ni el poder adquisitivo de los ciudadanos. Dejando de lado los ejemplos de desigualdad extrema, como por ejemplo los países del Golfo (Emiratos Árabes tiene una renta per cápita mayor que Francia), la capacidad de producción por sí sola es una pieza más del puzle que forma la economía de un país, e incluso puede tener su parte negativa. Polonia es el tercer productor de carbón de Europa, pero a cambio tiene el aire más contaminado del continente y cada año mueren 50.000 personas por ello, además de los gastos sanitarios y laborales que este problema acarrea.

Pero hay otros datos, más fáciles de percibir para el ciudadano de a pie, que definen el bienestar económico: los sueldos, los precios y los servicios públicos. En la República Checa, el salario mínimo no llega a los 580 euros mensuales brutos y en Polonia acaba de subir a 614 euros. En Hungría es de 442 euros. En España, 1.108 euros brutos. Si nos fijamos en el salario medio neto en euros, los húngaros vuelven a quedar debajo (750), los polacos en medio (900) y los checos arriba (1.100 euros), aunque todos ellos por debajo de España (1.780 euros).

Fuerte inflación

En cuanto a los precios, estos tres países (Hungría, Polonia y República Checa) registraron la inflación más alta de toda la Unión Europea: un 4, un 3,7 y un 3,5% respectivamente (cifras de agosto de 2020), mientras que en España hubo inflación negativa: un -0,6%.

Sobre los servicios públicos, si bien es cierto que nuestros socios centroeuropeos tienen menos déficit presupuestario, hay que notar que España supera los 11.000 euros de gasto público per cápita (en 2019), frente a los 5.900 de Polonia, los 6.800 de Hungría o los 8.650 de Chequia. En Salud, nuestro país invierte 1.690 euros por ciudadano al año; Polonia 603, Hungría 650 y la República Checa 1.340. Además, hay que tener en cuenta que estos países necesitan mejorar sus infraestructuras de servicios públicos para ponerse a la altura de países que, como España, están en una mejor situación desde hace décadas.

Foto: Una enfermera en un hospital de Budapest. (EFE)

No se trata tampoco de ser triunfalistas: los tres países excomunistas elegidos para este ejemplo por ser los de más peso específico disfrutan de una envidiable tasa de paro inferior al 4%, que pone en evidencia el 16% español. Al igual que ocurre en España, hay una gran diferencia entre las grandes ciudades y las áreas rurales, donde podemos encontrar que, al igual que en Andalucía, en las regiones polacas más depauperadas hay tasas de paro del 25%. También conviene recordar que, sobre todo en el caso polaco, desde estos países emigran cada año millones de personas para trabajar en Alemania o el Reino Unido.

Un solo dato, y menos aún un dato tan relativo como la renta per cápita, no retrata la economía de un país. Comparar algunos indicadores económicos y de desarrollo elegidos a conveniencia es capcioso y equivale a torturar a las estadísticas hasta que digan lo que uno quiere. No solo la República Checa, también otros países europeos como Estonia pueden presumir de algunos números mejores que los de la mismísima Alemania: su deuda pública por ciudadano es 12 veces menor.

España se queda rezagada

Tal vez la mejor conclusión que se puede extraer del titular sobre la mejora en la renta per cápita de los checos sea el aviso de que, mientras que otros países presentan una tendencia positiva gracias a la estabilidad que ofrece su mercado laboral y al empeño de sus habitantes por mejorar su formación, España se está quedando rezagada en estos y otros aspectos. Tomar como referencia a vecinos o competidores es un ejercicio legítimo que debe servir para aprender y corregir, pero que pierde su sentido cuando se utiliza de modo derrotista o falaz. En su primer mandato, Putin prometió a los rusos “un nivel de vida como el de Portugal antes de 15 años”. “Alcancemos a Portugal” (algo que hasta ahora no se ha logrado), es una broma que todavía utilizan los rusos para ironizar sobre su nivel de vida.

La circunstancia de que muchos de los países excomunistas estén cayendo bajo el influjo del populismo, con Gobiernos que se autoproclaman como “defensores de la verdadera Europa” frente a la “decadente” y “caótica” Europa occidental, hace que algunos identifiquen su relativa pujanza económica con el éxito de la política "iliberal". Pero los parámetros del bienestar no pueden ceñirse a la anécdota de un dato coyuntural, sino a situaciones estructurales. En el índice que mide el estado de la democracia que elabora cada año la Unidad de Inteligencia del Economist (EIU), y que evalúa 60 indicadores como el pluralismo, la igualdad de géneros o los derechos civiles, España se considera una democracia completa (con una nota de 8,12 sobre 10), mientras que República Checa (7,67), Polonia (6,85) y Hungría (6,56) están en el grupo de “democracias con fallos”. Según la ONG norteamericana Freedom House, Hungría no puede ya considerarse ni siquiera una democracia y ha pasado a ser un “régimen híbrido”, con una democracia que solo merece un 49 sobre 100.

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