El Salvador Illa holandés que renunció al triunfo electoral para gestionar la pandemia
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Hugo de Jonge

El Salvador Illa holandés que renunció al triunfo electoral para gestionar la pandemia

El ministro holandés de Sanidad renunció a ser cabeza de lista de los democristianos para centrarse en cuerpo y alma en una gestión cuestionable de la pandemia en Holanda

placeholder Foto: El ministro de Sanidad holandés, Hugo de Jonge, durante una reunión del Consejo de Seguridad en Utrecht.
El ministro de Sanidad holandés, Hugo de Jonge, durante una reunión del Consejo de Seguridad en Utrecht.

El neerlandés Hugo de Jonge, ministro de Sanidad, era el candidato elegido para enfrentarse, en nombre de los demócratas cristianos (CDA), al primer ministro liberal Mark Rutte en las elecciones generales del próximo marzo. Fue apoyado por una mayoría en unas primarias que lo definieron como el “príncipe heredero” de CDA, socio de coalición de Rutte. Sin embargo, renunció semanas después de forma repentina, prometiendo anteponer su rol como gestor de la pandemia. “Por mucho que me guste mi partido, esta crisis es mi prioridad”, aseguró. Desechó, del mismo modo, ocupar cualquier puesto en la lista del partido. Únicamente repetiría su cargo al frente del ministerio, afirmó.

De forma similar al ministro español Salvador Illa, quien se marchará a liderar la campaña electoral en Cataluña como candidato del PSC a la Generalitat, De Jonge (1977), la cara de las medidas contra el coronavirus en Países Bajos, había apostado por empezar la carrera hacia la cumbre. Es el político que sorprende en cada rueda de prensa con unos zapatos peculiares, a veces más comentados en las redes sociales que las propias restricciones impuestas a la sociedad.

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Foto: EFE.

No obstante, también es el blanco de las críticas parlamentarias por haber tardado meses en tomar medidas estrictas para frenar los contagios, por haberlo dejado todo en manos de la sociedad, con su libertad de movimiento y su derecho a recibir recomendaciones y no exigencias. Y es quien está siendo bombardeado esta semana por la oposición, los sanitarios y la sociedad al haber retrasado dos semanas la campaña de vacunación, haciendo que Holanda sea el último país de la UE en empezar a inmunizar a los suyos contra el covid-19. Por eso, en gran medida, renunció a la candidatura: no daba abasto. “Se puede aceptar un cargo así cuando se tiene tiempo, pero yo no tengo ese tiempo”, se justificó, tras anunciar a su partido la negativa.

Desde que se marchara Sybrand Buma, anterior líder de CDA, el nombre del ministro había sonado en todas las quinielas para llevar a su partido a la cima. CDA ocupa ahora la tercera posición en el Parlamento neerlandés, con 19 escaños, después de los liberales (33) y la ultraderecha de Geert Wilders (20). El pasado verano, De Jonge emergió como ganador de unas elecciones internas en su partido, en unas semanas en las que la pandemia parecía estar bajo control con su estrategia del “confinamiento inteligente” y con gran parte del país de vacaciones de sol y playa. Pero la segunda ola que aún arrastra Países Bajos le hizo entender que debía dejar de lado sus aspiraciones electorales para gestionar la pandemia.

Foto: Viandantes pasan junto a un anuncio del Gobierno británico sobre el coronavirus. (EFE)

“En los últimos meses he visto que la gestión de la crisis del coronavirus requiere mi tiempo y atención al completo como ministro y eso no cambiará en los próximos meses. Tengo que tomar la decisión de dedicarme al completo al Ministerio”, explicó a la prensa algo emocionado, unos meses después de haber asegurado que “como es tradición de CDA” quiere “asumir la responsabilidad en los tiempos difíciles”. Entonces, había pronunciado esas palabras para anunciar que iba a hacerse cargo del liderazgo de su partido, pero volvió a recordarlas cuando retiró su candidatura: “El partido se merece un líder que tenga dedicación total”, añadió.

El presidente de CDA, Rutger Ploum, siempre defendió que De Jonge aporta “mucha energía nueva” al partido. “Es muy comprensible que deje que el interés nacional se anteponga al interés del partido. También eso es lo correcto, demuestra su sentido del deber”, aseguró. El primer ministro, Mark Rutte, que lidera la lista de los liberales de cara a los próximos comicios, también mostró su respeto por la decisión del que hubiera sido su rival en la carrera electoral. “Seguiremos luchando juntos en esta crisis”, subrayó. Algunos miembros de CDA habían criticado al ministro por aceptar el liderazgo de su partido en esta situación, pero no se sabe hasta qué punto esos comentarios han influido en su decisión de tirar la toalla.

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Foto: EFE.

Destacó en la prensa desde el primer día tras su nombramiento al frente del Ministerio de Sanidad. En la misma jornada en la que se hizo la foto con todo el gabinete, en octubre de 2017, lo que más se comentó fueron sus zapatos de colores peculiares y su rostro frecuentemente bronceado en un país aquejado de falta de sol. El propio De Jonge defendió que le gusta usar “zapatos alegres en los días alegres”. Algunos medios creen que le caracteriza una “típica bravuconería” que sacó a relucir antes de las primarias dentro de su partido, cuando se atrevió a apostar “una buena botella de vino” a que ganaría en una primera ronda de votación, lo que fue visto como una falta de respeto a sus oponentes.

Aunque le gusta relatar cómo, en sus años de infancia en Zelanda, acumuló unos ahorros cargando fardos de paja en una granja, el democristiano comenzó a trabajar oficialmente como maestro en una escuela de un barrio de clase baja en Róterdam y saltó a la política como concejal en ese municipio, cargo que desempeñó durante siete años. Después fue fichado para dirigir la cartera de Salud, siendo una de las figuras más importantes del Gobierno, remplazando de forma regular a Rutte en las ruedas de prensa posteriores al Consejo de Ministros gracias a su cargo como viceprimer ministro de Países Bajos. Cuando el ministro de Cuidados Sanitarios, su colega Bruno Bruins, renunció por agotamiento en plena primera ola el pasado marzo, De Jonge se convirtió en el principal responsable de la estrategia contra el coronavirus.

Foto: Una protesta en La Haya contra las medidas adoptadas en Países Bajos contra el confinamiento. (Reuters)

Su sustituto: un "amigo del sur"

Durante mucho tiempo, De Jonge y el ministro de Finanzas, el también democristiano Wopke Hoekstra, amenazaban con convertirse en rivales para liderar las listas de su propio partido. Pero Hoekstra se retiró de la carrera de forma repentina, dejando el camino libre hacia el liderazgo de CDA al ministro de Sanidad. Sin embargo, y aunque parecía que le esperaba una alfombra roja hacia la cumbre del partido, otro diputado, Pieter Omtzigt, decidió retarle. Al final, De Jonge fue elegido líder con 50,7% de los votos, frente al 49,3% obtenidos por su rival. Visto el resultado, De Jonge convirtió a Omtzigt en una especie de segundo y compañero de carrera y se plantearon hacer campaña juntos.

La retirada de De Jonge a principios de diciembre devolvió de forma inesperada a los escenarios a Hoekstra, a quien la mayoría de sus compañeros le habían mostrado su respaldo público para liderar la lista del partido. La junta de CDA lo acabó nominando por unanimidad como nuevo líder de los democristianos, abriendo el camino a que el actual ministro de Hacienda pueda ser el futuro primer ministro de Países Bajos, siempre que gane en las elecciones de marzo. Aunque De Jonge se lo ha puesto difícil: CDA no pasa por su mejor momento en las encuestas electorales de los últimos meses, en especial por las críticas que está recibiendo el ministro de Sanidad por diferentes polémicas en la gestión de la pandemia, como la falta de rastreo de contagios y la campaña de vacunación.

Foto: Figura de cera de Donald Trump en el museo Madama Tussauds de Ámsterdam. (Reuters).

Pero a Hoekstra le podría salvar su propia fama. Su mano dura con el sur de Europa o el rescate de la aerolínea KLM, con condiciones tan estrictas como una prohibición de subida de sueldo a los directivos y la aplicación de recortes, le han dado fama de guardián de las cuentas nacionales. De 45 años de edad, es el mismo funcionario que, en nombre de Países Bajos, pidió investigar a los países del sur por no tener sus cuentas al día y por no haber sometido a reformas sus sistemas financieros. Se negó a autorizar la emisión de los coronabonos y rechazó dar ayudas sin condiciones a los países más afectados por la pandemia antes de verano.

Los democristianos anhelan desde hace 10 años volver a ser el partido más grande de Países Bajos. Aunque las encuestas sitúan a los liberales de Rutte muy por delante, con hasta 45 escaños, en el sondeo de diciembre pasado, que coincide con los primeros días de Wopke Hoekstra como líder del partido, CDA se recuperó de la bajada sufrida en meses anteriores y llegó a 20 posibles escaños. Si la previsión se hace realidad en marzo, los democristianos podrían asegurarse la continuidad como uno de los partidos más importantes en el escenario político neerlandés, dejando abierta la posibilidad de volver a formar coalición de Gobierno, aunque en el hemiciclo seguirán por detrás de la ultraderecha de Wilders, que puede subir hasta 24 escaños.

placeholder Wopke Hoekstra, el actual líder de los democristianos neerlandeses. (EFE)
Wopke Hoekstra, el actual líder de los democristianos neerlandeses. (EFE)

A diferencia de lo que pasó con De Jonge, a Hoekstra lo respalda hasta Omtzigt. “Creo que es muy prudente que se convierta en líder de CDA, para que nuestro partido y nuestro país superen este periodo extremadamente difícil”, dijo ante las cámaras. El próximo 9 de enero, los miembros del partido estudiarán la candidatura de Hoekstra y analizarán la lista electoral con la que irá a los comicios.

Siempre fue el candidato ideal para la junta del partido, más que el propio De Jonge, pero su rechazo a ocupar el cargo porque se veía “más como un gerente que un político profesional” hizo que todos miraran al ministro de Sanidad. Sin embargo, durante años se le ha considerado el candidato soñado y el hombre que puede romper la hegemonía de los liberales. Es un político carismático y para muchos votantes, pese a ser ministro desde hace casi cuatro años, sigue siendo una cara nueva y joven. Al menos a él, cierta enfermedad vírica no le ha dejado huellas.

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