Boris Johnson-Von der Leyen: un vis a vis clave para desactivar el Brexit duro comercial
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a 24 días del divorcio definitivo

Boris Johnson-Von der Leyen: un vis a vis clave para desactivar el Brexit duro comercial

En los próximos días, Boris Johnson viajará a Bruselas para un vis a vis clave con Von der Leyen, probablemente antes de la cumbre europea del jueves. Por el momento, no hay avances

placeholder Foto: Johnson y Von der Leyen en Londres en enero. (Reuters)
Johnson y Von der Leyen en Londres en enero. (Reuters)

En el fondo, son todos unos puristas y se están limitando a seguir la tradición. En el Brexit, los acuerdos siempre llegan a última hora. O eso es al menos lo que se quiere creer. Así que nadie esperaba ninguna fumata blanca tras la nueva conversación telefónica -la segunda en 48 horas- mantenida este lunes entre el primer ministro británico, Boris Johnson, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. Estaba dentro del guión. 'The show must go on'.

A tan sólo 24 días de que el Reino Unido consume a todos los efectos el histórico divorcio, seguimos sin un convenio comercial que evitaría que la relación entre ambas partes caigan a mínimos y se basen únicamente en las pautas de la Organización Mundial del Comercio, lo que supone cuotas y aranceles. Londres parece mantener su intención política de acabar firmando un pacto. A la llamada de hoy, se suma la reunión mantenida en Bruselas entre el viceprimer ministro británico, Michael Gove, y el vicepresidente de la Comisión Europea, Maros Šefčovič.

Y en los próximos días, Boris Johnson viajará a Bruselas para un vis à vis clave con Von der Leyen, probablemente antes de la cumbre europea del jueves. ¿Buscará cerrar un pacto 'in extremis' para tener algo que ofrecer a los líderes europeos o su buscará alargar plazos para incrementar aún la tensión y conseguir más concesiones de la UE para evitar la ruptura caótica? Son posibles escenarios de los analistas ante el hermetismo que reina ahora en el Número 10.

Los ánimos son un tanto pesimistas y las posibilidades de un pacto se ven ahora sólo al 50%. Incluso miembros del Gabinete que en su día hicieron campaña por la permanencia apoyan el temido Brexit duro económico. No cabe duda de que acuerdo comercial sería beneficioso para ambas partes. Sin embargo, en Londres no están dispuestos a cerrarlo a cualquier precio. Y echan la culpa a la UE, y especialmente a Francia (que ha amenazado incluso con veto), de poner exigencias que, a juicio del Ejecutivo británico, violan la soberanía que tanto les ha costado recuperar.

Bruselas, sin embargo, repite que son los mismos puntos de siempre. Y que, una vez más, Johnson pretende quedarse con lo mejor del pastel; es decir, tener acceso al mercado único sin cumplir con obligaciones.

Ceder y perder

Ahora, todo son símbolos. Y el primer ministro es consciente de que si firma algo que en casa se pueda interpretar como una gran cesión, su propio puesto estaría en juego. Steve Baker, líder del núcleo duro de los 'tories' euroescépticos, el mismo que hizo la vida imposible a David Cameron y forzó luego la dimisión de Theresa May, ya ha advertido que no le temblará el pulso para preparar una votación de no confianza sobre su liderazgo, en caso de que, a juicio de los 'brexiteers', se sobrepasen las líneas rojas. En su día, el propio Johnson estuvo en el grupo de los rebeldes. Sabe, por tanto, todo lo que está en juego.

De ahí que, de cara a su parroquianos, tenga guardar ciertas formas. En este sentido, el líder conservador volvió a incluir este lunes en el proyecto de Ley de Mercado Interno las polémicas cláusulas con las que está dispuesto a violar el Acuerdo de Retirada firmado el año pasado con la UE.

Foto: El primer ministro británico, en el Parlamento. (Reuters)

Durante la tramitación de la normativa, los Lores retiraron los párrafos de la discordia, pero a su vuelta a la Cámara de los Comunes, el 'premier' los ha vuelto a incluir. Eso sí, tras la reunión del Comité Conjunto que evalúa ahora la implementación del Protocolo de Irlanda, el Ejecutivo se ha comprometido a retirarlas si finalmente hubiera convenio comercial. Nada que no se supiera, pero tal y como están las cosas, dejarlo por escrito es todo un gesto.

El Protocolo de Irlanda es uno de los puntos claves del Acuerdo de Retirada (firmado por cierto también en el último minuto, literalmente). Con el objetivo de evitar frontera dura entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte, se pactó dejar a la provincia británica dentro de la unión aduanera del Reino Unido, pero al mismo tiempo alineada también a la unión aduanera de la UE y ahora hay que determinar cómo llevar a la práctica la compleja ecuación.

El trío de siempre

Respecto a las negociaciones comerciales, los tres puntos de discordia siguen siendo exactamente los mismos de siempre: gobernanza, pesca y el llamado 'level playing field' (igualdad de condiciones).

La pesca es un asunto cuya relevancia política es totémica tanto para Londres como París. El Reino Unido ofreció inicialmente un “periodo de transición” de tres años para reducir gradualmente el acceso de los pesqueros comunitarios a las aguas británicas. Bruselas, sin embargo, quería una década. Se escucharon rumores en las últimas horas de que ambas partes estaban dispuestas a comprometerse a una ventana de cinco a siete años, pero los protagonistas han desmentido la información.

Foto: Futbolín. (Reuters)

Por su parte, respecto a igualdad de condiciones, según un modelo propuesto por la UE, el Reino Unido podría sufrir aranceles sobre sus exportaciones si no copia los cambios futuros de los estándares comunitarios. Esto supone todo un dilema para los conservadores. El núcleo duro euroescéptico ha llegado a advertir a Johnson que estaría acabado si lo acepta.

El 'premier' recalca que la UE ya tiene un acuerdo de libre comercio con Canadá que no contiene tal cláusula. Pero los negociadores europeos responden que los escenarios son completamente distintos. Mientras Canadá es un jugador minoritario, el Reino Unido se convertirá inmediatamente en su mayor socio fuera del bloque. En este sentido, Londres querría una revisión de la igualdad de condiciones en un período de tiempo no especificado, lo que podría permitir que se aclare cualquier divergencia.

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