¿Mont Blanc o Monte Bianco? La pelea por la cumbre entre Italia y Francia
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UN CHOQUE HISTÓRICO QUE SE REAVIVA

¿Mont Blanc o Monte Bianco? La pelea por la cumbre entre Italia y Francia

Los mapas del Instituto Geográfico Nacional de Francia incluyen toda la cumbre dentro de sus fronteras, mientras que la cartografía italiana en Turín la marca como italiana

Foto: Emmanuel Macron, en la cordillera del Mont Blanc. (Reuters)
Emmanuel Macron, en la cordillera del Mont Blanc. (Reuters)

¿Mont Blanc o Monte Bianco? ¿Ambos? La mítica cima del viejo continente, con sus 4.809 metros, se ha convertido, de nuevo, en asunto de estado entre los dos países que comparten su cumbre: Francia e Italia. La comparten sin compartirla, porque los mapas del Instituto Geográfico Nacional de Francia incluyen toda la cumbre dentro de sus fronteras, mientras que la cartografía italiana en Turín la marca como italiana.

El inicio de esta disputa por las 82 hectáreas de la cima tiene para los italianos su origen en el Tratado de Turín de 1860 y la Convención de Delimitación de la Frontera de 1861 que fijaba los límites del pico entre el entonces imperio francés de Napoleón III y el Reino de los Saboya de Cerdeña (ese año se produjo la reunificación de Italia). Los franceses, sin embargo, señalan otras cartografías y derechos históricos para considerarse los dueños de ese terreno. El armisticio de Cherasco de 1796 tras la primera campaña napoleónica en Italia y un mapa de 1865 del cartógrafo del ejército francés, el capitán Jean Joseph Mieulet, otorga a los galos la cima. Ambas decisiones son señaladas por los italianos como actos unilaterales sin ningún valor legal.

Foto: Giorgia Meloni, líder del partido Fratelli d'Italia (Hermanos de Italia). EFE

Dese entonces, la montaña ha sido un quebradero de cabeza para ambos países que han creado diversos grupos de trabajo tras la II Guerra Mundial para alcanzar una concordia sobre la cumbre que salta por los aires con facilidad. El último ejemplo de esta fragilidad fue en octubre pasado, cuando el municipio francés de Chamonix e St Gervaix prohibió la actividad de parapente, incluyendo en esa prohibición la parte de la cumbre en disputa que Italia considera su territorio.

Expedición de reconquista

El Monte Bianco es un tema muy sensible entre los italianos, cansados de ver que el macizo europeo parece de facto pertenecer en exclusiva a los franceses, que desde hace décadas levanta la polvareda nacionalista especialmente entre los soberanistas transalpinos. Desde un punto de vista sentimental, el Monte Bianco es como una especie de Gibraltar para muchos españoles que prende la mecha del acerbo nacionalista con facilidad. De hecho, como si de reconquistar la isla la Isla de Perejil se tratara, los activistas de Casa Pound, organización italiana de extrema derecha, se fueron el pasado 26 de octubre a la cima, con sus banderas y eslóganes, a retomar una cumbre que por enésima vez era “mancillada” por los franceses.

“Con esta acción sorprendente exigimos una reacción del Gobierno italiano que, en lugar de cerrar toda Italia y sus actividades comerciales, debe controlar y defender las fronteras nacionales de una nación que ha sido humillada durante demasiado tiempo”, decía el comunicado que los patrióticos ultras enviaron desde la misma cima.

placeholder Ultraderechistas de Casa Pound, en la cima de la montaña.
Ultraderechistas de Casa Pound, en la cima de la montaña.

El revuelo causado ha tocado de lleno la política y la siempre delicada sensibilidad popular en Italia cuando se trata de Francia. La dirigente de Fratelli d’Italia (FDL), Giorgia Meloni, sacó rápido toda su artillería mediática: “Francia invade el Monte Bianco. Entre un silencio general, Francia hace entrar de nuevo en su territorio la veta del Monte Bianco. FDL está preparada con todo para restaurar la legalidad internacional y defender nuestras fronteras e intereses nacionales. El salario del Gobierno lo pagan los italianos, no los franceses”, era la cabecera de un video en el que la dirigente se grababa atacando el servilismo de los dirigentes italianos en esta nueva afrenta. “Macron, quita las manos del Monte Bianco” ha sido otro de sus eslóganes.

También Matteo Salvini, y su partido La Lega, tuvieron una respuesta contundente ante a su juicio este nuevo desafío galo. “Fuera las manos del Monte Bianco”, es la pancarta de protesta que integrantes de la Lega portaron a los confines con Francia. “Mientras Di Maio duerme, la Lega va a los pies del Monte Bianco para reafirmar a los franceses que no pueden hacer lo que les da la gana”, dijo Salvini.

Mientras, el Ministerio de Asuntos Exteriores italiano ha emitido a través de su embajada en París una queja formal firmada por el Ministro Luigi Di Maio: “La Embajada en París expresó formalmente a las autoridades francesas la fuerte decepción italiana por las medidas de protección del paraje natural del Mont Blanc adoptadas por la Prefectura de Haute-Savoie y que también han afectado territorios bajo soberanía italiana”. El texto concluye asegurando que “en cualquier caso esas medidas unilaterales no pueden tener ningún efecto ni son reconocidas por Italia”.

Macron: "No me imaginaba un deshielo tan rápido. Es impresionante. Uno entiende cómo las no decisiones nos han llevado hasta aquí"

Desde la parte francesa, la visión es la de sencillamente proteger un espacio verde, mítico por ser el techo de la UE, y con ello mandar un mensaje de compromiso en la lucha contra el cambio climático. El presidente francés, Emmanuel Macron, visitó el pasado mes de febrero el parque para poder comprobar de primera mano los efectos del calentamiento global en el deshielo. “No me imaginaba un deshielo tan rápido. Es impresionante. Uno entiende ahora cómo las no decisiones nos han llevado hasta aquí”, dijo el mandatario ante un glaciar que ha retrocedido 700 metros en los últimos 30 años.

El Gobierno galo, a petición de algunos de los alcaldes de los pueblos franceses cercanos a la cumbre, ha decidido limitar la masificación de visitas que sufre el Mont Blanc. El 1 de septiembre de 2019, Jean Marc Peillex, primer edil de Saint Gervaix Les Bains, mandaba una misiva a Macron en la que denunciaba que la montaña se ha convertido en un “parque de atracciones” y le decía que “está muy bien ocuparse de los incendios en el Amazonas, pero ignorar y permitir la falta de respeto que ocurre en el Mont Blanc no es tolerable”.

La montaña, como pasara con la mítica foto que se hizo viral de la abarrotada cumbre del Everest, ha dejado de ser un refugio de alpinistas para convertirse en un sendero turístico que abordan miles de personas con sus mascotas o todo tipo de objetos que muchas veces dejan abandonados entre el hielo. “Cientos de parapentes en la cumbre, el aterrizaje de una aeronave, la instalación de un jacuzzi para que los turistas se hagan una foto en la cumbre, un anciano británico que subió con un aparato de gimnasia de remo que dejó allí abandonado o la ascensión de miles de personas sin equipamiento ni preparación suficiente”, forman parte de la lista de quejas de la parte gala. Un punto álgido de ese desencuentro ocurrió el 4 de septiembre de 2015 cuando el alcalde de Chamonix bloqueó el acceso al glaciar Gigante con una barrera que colocó cerca de la estación italiana del teleférico Skyway al considerar que eso era territorio francés.

Foto: El presidente francés, Emmanuel Macron, junto a su ministro de Interior, Gérald Darmanin (izquierda). (EFE)

No es en todo caso solo un problema conservacionista sino también de seguridad pública. La masificación de un macizo de hielo convertido en caminata de fin de semana o fiesta de amigos tiene sus consecuencias. La montaña blanca se ha tragado a cientos de personas. El 5 de abril pasado, saltándose el confinamiento, fue encontrado el cadáver de un esquiador que cayó por una veta de 300 metros. El 11 de agosto fallecía en otro accidente un guía de montaña con 30 años de experiencia que cayó por una grieta y quedó sepultado bajo la nieve. De media, la montaña se cobra la vida de unas 50 personas cada año y obliga a unos 1.200 rescates.

Los alcaldes franceses y el Gobierno galo quieren acabar con esa vorágine de deterioro medioambiental y mal uso de la cumbre, según su parecer, pero el problema es que han decidido legislar sobre la parte de la montaña que no les pertenece. En Italia esto se entiende como el enésimo ataque a su soberanía territorial por parte de un país y un presidente, Macron, que está siempre en la diana de los ataques del frente soberanista italiano.

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