El 'halcón' francés con el que Macron quiere someter a la delincuencia y el islamismo
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El ministro de Interior, Gérald Darmanin

El 'halcón' francés con el que Macron quiere someter a la delincuencia y el islamismo

Tras haber sido acusado de laxo, el presidente francés apuesta por una política férrea en materia de seguridad de la mano de su nuevo ministro del Interior, Gérald Darmanin

Foto: El presidente francés, Emmanuel Macron, junto a su ministro de Interior, Gérald Darmanin (izquierda). (EFE)
El presidente francés, Emmanuel Macron, junto a su ministro de Interior, Gérald Darmanin (izquierda). (EFE)

Es el ministro en boca de todos. Gérald Darmanin, responsable del Interior, no deja a nadie indiferente en Francia. Este joven dirigente, de 38 años, lidera el giro conservador del presidente Emmanuel Macron sobre las cuestiones regalianas. En un otoño marcado por la segunda ola del covid-19 y la crisis económica por la pandemia, el Gobierno francés también tiene entre sus prioridades la lucha contra la inseguridad y el islamismo radical, que en el último mes ha dejado un reguero de atentados en Francia. Para ello, Darmanin parece tener la receta perfecta: aplicar mano dura.

Desde su denuncia del 'ensauvagement' (salvajismo) de la sociedad hasta sus críticas a la presencia de secciones de comida 'halal' o 'kosher' en los supermercados, las polémicas declaraciones de Darmanin acapararon la atención de los medios franceses. “Hay que parar el salvajismo de la sociedad. Debemos reafirmar la autoridad del Estado”, advertía el flamante ministro del Interior a mediados de julio en una entrevista para el diario conservador 'Le Figaro'. Tras haber sido a principios de ese mes uno de los nombramientos estrella del Ejecutivo del nuevo primer ministro, Jean Castex, este exdirigente de Los Republicanos —socios del Partido Popular en Francia— ya se posicionaba como el 'sheriff' que pretendía sofocar un supuesto aumento explosivo de la delincuencia.

Además de la inseguridad, Darmanin se enfrenta a la lacra del yihadismo. El asesinato del profesor Samuel Paty y los atentados en Niza y Viena hicieron reemerger la amenaza del terrorismo islamista. El 16 de octubre, la decapitación de un profesor por haber mostrado las caricaturas de Mahoma heló la sangre de la sociedad francesa. Ante la conmoción nacional, el joven ministro se apresuró a dar una respuesta: cierre de mezquitas, disolución de asociaciones musulmanas y la expulsión de más de 200 extranjeros inscritos en las listas de personas radicalizadas.

“Es el primer atentado en que su arma no es solo un cuchillo, sino también un arma ideológica, la de las oficinas islamistas francesas”, ha asegurado Darmanin al respecto en una entrevista publicada en el diario progresista 'Libération'. En ella, defendía la voluntad del Gobierno francés de combatir el yihadismo a través de una lucha ideológica contra los predicadores del islamismo. Los autores de los últimos ataques en Francia no se encontraban bajo el radar de los servicios de inteligencia. Por eso, las autoridades desean confrontarse a todo aquel universo de ideas fundamentalistas y de odio que legitiman la acción de los lobos solitarios. Una batalla noble, pero que corre el riesgo de caer en la amalgama de terroristas y personas musulmanas.

Siguiendo a Sarkozy

El mismo ministro del Interior levantó ampollas cuando, cuatro días después de la decapitación de Paty, dijo en un plató de televisión que “siempre me ha sorprendido entrar en un hipermercado y ver que hay secciones de cocinas comunitarias”. “Es así como empieza el comunitarismo”, añadió refiriéndose a la carne halal o kosher. Unas declaraciones denostadas tanto por la oposición de izquierdas como por voces del macronismo. “Esto supone traspasar la frontera que sobre todo no se debe cruzar: la que lleva la lucha contra el islamismo radical a la estigmatización de los musulmanes”, criticó el eurodiputado Yannick Jadot, que suena como candidato de los verdes en las presidenciales de 2022.

Con mano de hierro y un verso suelto —sin miedo a lo políticamente incorrecto—, Darmanin promete mostrarse implacable ante el islamismo y la inseguridad. “Esta posición se corresponde a una estrategia de Macron, quien cree que en las próximas presidenciales se confrontará a la extrema derecha y no quiere dejarle el terreno ideológico libre”, explica el sociólogo Laurent Mucchielli, director de investigaciones en el prestigioso CNRS y especializado en temas de seguridad y violencia urbana, a El Confidencial. “Está claro que el joven presidente sigue la visión política de Nicolas Sarkozy”, añade el sociólogo Éric Fassin, experto en la cuestión racial y profesor en la Universidad París 8 de Saint-Denis.

Foto: Policía austriaca en la terraza donde se perpetró el atentado. (Reuters)

Como ya hizo el conservador Sarkozy en las presidenciales de 2007, Macron confía en pararle los pies a la ultraderecha en sus ámbitos de predilección, como la lucha contra la delincuencia, inmigración o el terrorismo islamista. Para ello, dejó las riendas de la plaza Beauvau a un discípulo confeso de Sarkozy como Darmanin. El flamante ministro del Interior no solo ejerció como jefe de campaña del expresidente en las primarias de Los Republicanos en 2016, sino que su trayectoria política mantiene similitudes evidentes con las de su mentor. Ocupó su primer puesto en el Ejecutivo al frente de la cartera de Finanzas, como había hecho Sarkozy. Y después dio el salto a Interior, donde el expresidente se consagró como el 'Monsieur Seguridad'.

“El cargo de ministro del Interior tiene un rol central en la política francesa desde principios de los 2000. Así fue con Sarkozy cuando ocupó este puesto y después también con Manuel Valls”, recuerda Fassin. Ahora sucede lo mismo con Darmanin, cuya relevancia se ve reforzada por el creciente sentimiento de inseguridad entre los franceses. Según un sondeo del instituto Odoxa, publicado en julio, un 68% de los franceses aseguraba no sentirse seguro, los niveles más elevados en los últimos cuatro años. Y eso antes del asesinato terrorista de Paty o el atentado en una iglesia en Niza, que dejó al menos tres muertos.

¿Sube la delincuencia en Francia?

El violento ajuste de cuentas entre la comunidad chechena y miembros de un popular barrio de Dijon. El asesinato de un conductor de autobús en Bayona tras haber pedido a un grupo de jóvenes que se pusieran la mascarilla. O dos policías agredidos en una localidad del noroeste de la periferia parisina. Una serie de sucesos trágicos hicieron correr ríos de tinta en los últimos meses en la prensa francesa. Y esto repercutió en la opinión pública.

Según el servicio de estadística del Ministerio del Interior, el número de agresiones aumentó en Francia un 21% entre mayo y junio, por un total de 69.000 casos. Pero este incremento “se debe a que con el desconfinamiento volvieron a producirse los robos y agresiones en las calles que disminuyeron de forma significativa durante la cuarentena, ya que la gente se quedó encerrada en casa”, sostiene Mucchielli. Este sociólogo reconoce, sin embargo, que “el miedo por el covid-19 acentúa la tensión y el descontento de la gente, pero esto se refleja sobre todo en violencias verbales”.

Foto: Un coche en llamas fruto de los disturbios en Dijon. (EFE)

Pese a estos matices de los expertos, Darmanin no duda en hablar del “salvajismo de la sociedad”, una expresión utilizada por la extrema derecha. Para hacer frente a este supuesto incremento de la delincuencia, el joven ministro tiene una curiosa receta: comunicar cada mes en una rueda de prensa los datos sobre la delincuencia. Esta estrategia recuerda a la aplicada entre 2005 y 2007 por su admirado Sarkozy. Entonces, el expresidente puso en marcha un sistema de recuento similar y en función de él se exigían unos objetivos concretos a las comisarías. No obstante, esto desembocó, según Mucchielli, en “una falsificación sistemática de los datos” para alcanzar los objetivos, lo que hizo que decenas de miles de delitos quedaran fuera de las estadísticas oficiales.

Combatir el “enemigo interior”

Detrás de esta política de las cifras “no hay ninguna estrategia para hacer disminuir la delincuencia, sino que se trata sobre todo de una táctica comunicativa ante los medios”, critica este sociólogo. Además de la inseguridad, la lucha contra el terrorismo también corre el riesgo de caer en la sobreactuación política. Tres días después del asesinato de Paty, Darmanin anunció con un tono casi marcial una batería de medidas contra el radicalismo islámico. En las semanas siguientes a la decapitación de Paty, las fuerzas de seguridad realizaron más de 240 inspecciones a domicilio a personas vigiladas por sus vínculos con el islamismo, aunque la mayoría de ellas no estaban implicadas en el atentado. Estas desembocaron en solo siete investigaciones judiciales.

El responsable del Interior también tiene en su punto de mira a unas 50 asociaciones musulmanas que podrían ser disueltas. Si bien los indicios apuntan que el colectivo pro-palestino Sheikh Yassin, que ya fue disuelto la semana pasada, estuvo involucrado en la campaña en las redes contra el profesor Paty, más polémica resulta la tentativa para suprimir el Colectivo Contra la Islamofobia (CCIF), acusada sin pruebas concluyentes de simpatizar con los Hermanos Musulmanes. Pese a ser una asociación respetada e influyente por la comunidad musulmana francesa, el Ejecutivo tiene entre ceja y ceja su disolución. “No, no os digo” que haya ningún vínculo entre el CCIF y el atentado, reconoció Darmanin en su entrevista para 'Libération'.

Foto: Un hombre se manifiesta contra la prohibición en Francia del 'burkini'. (Reuters)

El joven ministro también es el encargado de elaborar la polémica ley contra el “separatismo islamista”. Con el objetivo de controlar la financiación extranjero de mezquitas, evitar el adoctrinamiento de los niños y potenciar un islam compatible con los valores occidentales, Macron presentó este proyecto de ley con el objetivo de encontrar un punto de equilibrio entre la lucha contra el fundamentalismo y el respeto de los derechos de la minoría musulmana. Sin embargo, la crispación creciente en Francia en torno al islam fue impulsada por el turco Recep Tayyip Erdogan y otros mandatarios árabes para impulsar un boicot contra los productos franceses.

“Nuestro enemigo del interior (…) es el islamismo político”, afirmó recientemente Darmanin. Unas declaraciones que podrían fragilizar las frágiles costuras de la convivencia entre las comunidades en Francia. “Hablar de un enemigo interior es un discurso típico de la extrema derecha, de regímenes autoritarios como el que impulsa Erdogan en Turquía”, recuerda Fassin. Según advierte este sociólogo, “el riesgo de disputarle el terreno ideológico a la extrema derecha es que los electores terminen prefiriendo el original a la copia”. Un peligro que corre ahora el macronismo de la mano de un halcón neoconservador como Darmanin.

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