En Portugal, el confinamiento no basta a la gente: "Necesitamos medidas más duras"
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Portugal pide imponer el toque de queda

En Portugal, el confinamiento no basta a la gente: "Necesitamos medidas más duras"

Frente a un Gobierno que no quiere aplicar medidas demasiado radicales contra el covid-19, son los ciudadanos los que presionan por medidas más duras mientras se baten récords de contagios

Foto: En Portugal, el confinamiento no basta a la gente: "Necesitamos medidas más duras"
En Portugal, el confinamiento no basta a la gente: "Necesitamos medidas más duras"

“Es una payasada. Dígame usted, ¿de qué sirve? Quedarnos en casa salvo para lo esencial, trabajar y la escuela. ¿Y eso de teletrabajar obligatoriamente? Nosotros no podemos teletrabajar aquí en el restaurante, y nuestros clientes, la mayoría de oficinas, teletrabajando. Nos quedamos sin nada y para los que arman las fiestas en casa sin control y contagian no hay medidas. Hay que poner toque de queda para parar eso”, suelta Tiago mientras se pelea con las teclas del datáfono. Pierde él y debe reiniciarlo, lo que le da más tiempo para quejarse. “Es lo de siempre, este Gobierno dice que toma medidas, pero no hace nada. ¿Quieren salvar la Navidad? ¿A qué esperan para poner toque de queda? ¡Como en España! Hay que obligar ya a la gente a quedarse en casa. No vamos a resistir.

Tiago Rodrigues lleva casi nueve horas trabajando y le falta aún recoger una mesa y pasar la fregona antes de dar por terminado el día. Atiende en un restaurante-bar-tasca de precios populares en Picoas, una céntrica zona de Lisboa repleta de oficinas que hace apenas dos meses, después de las vacaciones de verano, recuperó algo de pulso. A partir del miércoles, volverá a vaciarse. Ese día entra en vigor el confinamiento parcial del 70% de la población de Portugal, Lisboa y Oporto incluidas, una medida tomada el fin de semana por el Gobierno del socialista António Costa que muchos consideran tardía y vacía.

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Tardía, porque llega cuando el país, de 10 millones de habitantes, ha batido durante una semana todos sus récords: de contagios diarios (que ya han superado la barrera de los 4.000), de muertes diarias (nuevo pico este lunes con 46 fallecimientos), de hospitalizados (más de 2.200 en todo el país) y hasta de personas en cuidados intensivos, con los profesionales sanitarios anticipando el colapso en pocas semanas. Y vacía, porque comparado con lo que ya había, poco —muy poco— cambiará.

No es un confinamiento duro

El confinamiento en Portugal no es como en España. En tierras lusas, implica un “deber cívico de recogimiento domiciliario” para los ciudadanos, que deben salir de casa solo para trabajar, ir al colegio, hacer la compra, ejercicio o ir al médico. Lo esencial. Pero no conlleva sanciones si se incumplen estos preceptos, que tienen apenas un carácter de recomendación robusta. Además, no se cerrarán comercios ni restauración, animando incluso a seguir yendo a espectáculos culturales —lo que se ha considerado contradictorio con la recomendación de estar en casa si no es esencial—, y se permitirán mesas de hasta seis personas en restaurantes, cuando hasta ahora las reuniones en cualquier contexto estaban limitadas a cinco personas.

Una mujer coge un tranvía en Lisboa. (Reutes)
Una mujer coge un tranvía en Lisboa. (Reutes)

¿Qué cambia entonces a partir del miércoles en Portugal? Tiago perderá clientes. Será obligatorio el teletrabajo para quien pueda, lo que implica que la zona de oficinas de Picoas tendrá de nuevo aspecto fantasmal. La confusión se ha ampliado con las noticias de que el Gobierno se plantea hacer un confinamiento duro en las dos primeras semanas de diciembre, para “salvar la Navidad”. “Ah, entonces cerramos dos semanas, y ese mes, que tenemos que recibir la extra, creen que mi jefe va a pagar dos sueldos a cada uno después de no tener ingresos durante 15 días. ¿En qué piensan? Vamos tarde”, insiste, después de haber logrado hacer funcionar el datáfono.

"Restricciones más duras" es la expresión más usada, sobre todo ahora que media Europa está cerrándose. "¿Por qué hay que esperar a lo peor?"

Tiago no es un caso aislado. Los portugueses quieren más. Lo quiere Rita, que no lejos de allí, en Saldanha, se pregunta cómo va a aguantar su pequeña tienda de ropa 'vintage' sin el trasiego habitual de las calles, y hasta Rodrigo, que tiene un puesto que vende juegos de azar. Si de lo que se trata es de salvar la economía, dicen, mejor cerrar todo a partir de una hora que dejar abierto pero pedir a la gente que se quede en casa. El problema, insiste Rita, son las fiestas nocturnas, “no los comercios, que cumplen las medidas de higiene”. “Restricciones más duras” es la expresión más usada, sobre todo ahora que media Europa está cerrándose. "¿Por qué tenemos que esperar a lo peor?", se pregunta Rodrigo.

"Son medidas insuficientes"

“Tengo la sensación de que [las medidas] son insuficientes: hay demasiadas excepciones, muy poca fiscalización y dependen de la responsabilidad cívica de los ciudadanos”. La frase es de Luís Marques Mendes, miembro del Consejo de Estado, que asesora al presidente de Portugal, respetado comentarista político en el país. “Y los portugueses tienen días”, agregó, apelando a la necesidad de tomar medidas efectivas urgentes antes de que la sanidad pública llegue a un límite insostenible, como ya ha ocurrido en el Hospital de Santo António, en Oporto, donde la UCI está ya completa. El tiempo se agota y el debate nacional, antes incluso de que entre en vigor el confinamiento parcial el miércoles, es cuál será el siguiente paso. Y si será por fin algo severo.

Lo ha dejado caer incluso el entorno del propio presidente, Marcelo Rebelo de Sousa. De signo conservador, su sintonía ha sido siempre excelente con el socialista Costa, pero la preocupación es cada vez mayor, con informaciones que apuntan a que accederá a los deseos del primer ministro y elevará el nivel de alerta nacional si y solo si conlleva un toque de queda.

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Hacia el estado de emergencia

Y hacia ahí se dirige Portugal. Apenas 48 horas después de anunciarse el confinamiento, el debate nacional es si se declarará pronto el estado de emergencia, el nivel de alerta más grave del país, algo que el Gobierno quiere, no para volver a las medidas duras que los portugueses vivieron cuando se declaró la última vez, en primavera, sino para tener un esqueleto jurídico robusto que le permita ir tomando decisiones sobre la marcha.

Ahora, el estado de emergencia sería mucho más suave, solo para que no se sigan cuestionando desde el punto de vista constitucional algunas de las últimas iniciativas del Ejecutivo, como prohibir los desplazamientos entre municipios este fin de semana del 1 de noviembre. Pero cuanto más insiste Costa en descafeinar las iniciativas, cuanto más se resiste a imponer restricciones que golpeen la economía lusa, más crece la presión para que apriete el puño. “¿Pero a qué espera?”, insiste Tiago. Asegura que no entiende qué pasa. Rita y Rodrigo también están impacientes. Todos quieren más en Portugal.

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