Con menos casos que España, Francia toma medidas: "Vamos a algo peor que primavera"
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Cierre de bares en París y Marsella

Con menos casos que España, Francia toma medidas: "Vamos a algo peor que primavera"

Las autoridades francesas intentan frenar el avance de la pandemia en el país, que registra fuertes números de contagios y hospitalizaciones

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Con menos casos que España, Francia toma medidas: "Vamos a algo peor que primavera"

Con más de 30.000 muertos por covid-19 en primavera, Francia pagó un alto precio por la pandemia de coronavirus. Pero su incidencia resultó menor que la de España, Italia o Reino Unido. Eso ha cambiado con la segunda ola. Desde principios de septiembre, el número de positivos no ha dejado de aumentar al otro lado de los Pirineos, llegando incluso a adelantar a España en nuevos casos diarios (aunque España sigue por encima en el acumulado). Mientras en la Península parece que la pandemia se estabiliza, Francia está aumentando con fuerza el número de hospitalizaciones e ingresos en cuidados intensivos.

La respuesta del Gobierno de Emmanuel Macron ha sido, antes incluso de acercarse a las cifras totales de España, multiplicar las restricciones. Este lunes, se anunció el cierre de los bares en París, una semana después de aplicar una medida similar en Marsella. Aunque en Francia —un país con una Administración centralizada— la adopción de medidas no genera tanta controversia política como en España, la gestión de la pandemia de Macron recibe cada vez más críticas y ha rozado la rebelión local en Marsella.

Durante las dos últimas semanas, 162.575 franceses han dado positivo en la prueba del coronavirus, frente a los 143.143 en España durante el mismo periodo. Los fallecimientos se sitúan en torno a unos 60 diarios. Ambos países se encuentran a la cabeza europea de incidencia del coronavirus. Pero en términos porcentuales, las cifras del país galo resultan todavía menos graves que las españolas.

Foto: "Cada región va por libre": La segunda ola golpea la imagen internacional de España

El dato que más preocupa a las autoridades sanitarias es la creciente afluencia de infectados a los servicios de Urgencias. Más de 1.400 pacientes de covid-19 estaban en el ala de reanimación este martes, mientras que en verano eran menos de 300. Según las previsiones del Ejecutivo, si la transmisión de la enfermedad continúa el mismo ritmo, para principios de noviembre unas 5.620 camas de reanimación deberán destinarse a pacientes de coronavirus en las seis regiones más pobladas del país. Normalmente, los hospitales franceses disponen de un número total de este tipo de camas que oscila entre las 5.000 y las 6.000. El fantasma de una saturación de los servicios hospitalarios planea sobre Francia.

“De momento, no nos enfrentamos a una segunda ola como en primavera, ya que el número de pacientes del covid-19 no es tan elevado como entonces. Pero sí que representa un flujo constante todos los días”, explica Frédéric Adnet, responsable de los servicios de Urgencias en el departamento de la Seine-Saint-Denis, en el norte de la región parisina, a El Confidencial. Y esos pacientes tardan en recuperarse, ocupando las camas. “A diferencia de lo que sucedió durante el confinamiento, ahora no queremos escoger entre los pacientes con el covid-19 y los que sufren otras enfermedades. Esto es lo que puede provocar una saturación de los servicios de Urgencias”, reconoce este doctor del Hospital Avicenne. “Nos dirigimos a una situación en los hospitales peor que en primavera”, añade.

Sin distancia de seguridad en las universidades francesas

Cierre de bares y restricciones en universidades

Después de que la situación se agravara durante el verano en Marsella, uno de los principales destinos del turismo nacional, y convirtiéndose en foco de la pandemia en Francia, la 'rentrée' multiplicó las cifras de París. La capital francesa superó los 250 positivos por 100.000 habitantes a lo largo de la semana pasada —en Madrid, la incidencia es de más de 700—. Esto supuso que la región parisina fuera considerada una zona de alerta máxima y se decretara el cierre de los bares. También se prohibieron a partir del martes las concentraciones de más de 10 personas en el espacio público, excepto por las manifestaciones. No podrán celebrarse más bodas ni fiestas universitarias. Y se limitó a la mitad el aforo en las universidades.

Protestas en Montpellier, Francia. (EFE)
Protestas en Montpellier, Francia. (EFE)

“Ya era hora de que adoptaran este tipo de medidas, aunque casi preferiría que casi todas las clases fueran a distancia”, afirma Naz A., de 20 años, una estudiante de tercero del grado de Psicología en la Universidad París-Diderot. “Muchos de mis compañeros no llevan mascarilla o se la ponen por debajo de la barbilla”, critica esta joven. Un estudio de finales de septiembre de Salud Pública consideraba las universidades el principal lugar de transmisión del virus en el país vecino, sobre todo durante las fiestas universitarias. “El Gobierno echa toda la culpa a los jóvenes, pero en realidad los bares están llenos de mayores de 30 años”, defiende en cambio Alma Decaix-Massiani, otra universitaria.

Igual de crítica con las medidas del Ejecutivo se muestra Céline, de 23 años: “Resulta incoherente que aprueben restricciones en la universidad pero no hagan nada en el metro, que está lleno de gente”, asegura esta estudiante de Arquitectura, mientras toma unas cervezas junto con tres amigos en la explanada de esta facultad en el sureste de París. “Si cierran los bares, vamos a seguir viéndonos en nuestras casas”, añade Anatole, uno de sus compañeros, quien recuerda, entre risas, que hace poco participó en una fiesta con más de 30 personas en un piso pequeño en Lyon. En Francia, no hay restricciones respecto a las reuniones privadas.

Si cierran los bares, vamos a seguir viéndonos en nuestras casas

“Los parisinos prefieren ahora quedar en sus apartamentos, aunque ahí respetan menos el distanciamiento social que en un bar”, sostiene Yanis Guerda, gerente del bar restaurante Au Cadran, que sigue abierto al ser un local donde también se sirve comida, algo permitido por las autoridades francesas. “No tiene mucho sentido que se hayan cerrado los bares pero se mantengan abiertos los restaurantes”, añade Guerda. Este responsable de este local en el distrito X, corazón del París popular, recuerda que la mayoría de 'brasseries' parisinas disponen de ambas licencias (de bar y restaurante), por lo que ahora siguen abiertas. “Temíamos que también cerrarían los restaurantes, pero afortunadamente podemos seguir trabajando”, afirma Kajen Sathia, gerente del restaurante italiano Casta Diva, quien lamenta que su cifra de negocios ha caído un 50%.

Tregua en el pulso entre París y Marsella

Con el cierre de los bares, pero manteniendo abiertos los restaurantes, el Gobierno francés intenta un juego de equilibrios entre la salud y la economía. También pretende enterrar el hacha de guerra entre París y Marsella. El Ejecutivo anunció el 23 de septiembre el cierre de bares y restaurantes marselleses. En Francia, las medidas sanitarias son adoptadas por los prefectos —equivalente de los delegados del Gobierno— y a los responsables estatales no les tembló el pulso. Pero esta medida indignó a las autoridades locales, que se consideraron agraviadas en comparación con el trato dado a la capital. Solo una semana después de su entrada en vigor, se permitió la reapertura de los restaurantes en Marsella. Y se adoptaron las mismas restricciones en París.

“Dudo que con estas medidas se frene el crecimiento del virus”, asegura Adnet, quien ha publicado recientemente el libro 'Les fantassins de la République' ('Los soldados de infantería de la República'). Este doctor lamenta que los hospitales públicos no cuenten con los recursos humanos y materiales extra que les prometieron durante los meses más críticos: “Los servicios hospitalarios se siguen gestionando con los mismos criterios contables y de austeridad que predominaban antes de la crisis sanitaria”. El Ejecutivo alcanzó en julio un acuerdo con algunos sindicatos para aumentar en 183 euros el salario neto mensual de las enfermeras. También prometió que el número total de camas de reanimación alcanzaría las 12.000, un objetivo difícil de cumplir, según alertaba esta semana el diario 'Le Monde'.

El presidente francés, Emmanuel Macron. (EFE)
El presidente francés, Emmanuel Macron. (EFE)

Otro aspecto controvertido de la gestión francesa: su estrategia de realización masiva de pruebas del covid-19. Francia realiza cerca de un millón de test cada semana, y no se necesita una receta médica para hacerse la prueba. Esta cifra resulta tan elevada que prácticamente ha colapsado los laboratorios, que no disponen de los resultados hasta una semana después de su realización. Esto supone todo un obstáculo para frenar las cadenas de transmisión. Por este motivo, los epidemiólogos recomiendan que se priorice la realización de test entre las personas de riesgo.

Con más de 30.000 muertos en primavera, Francia pagó un alto precio por la pandemia. Pero su incidencia resultó menor que la de España, Italia o Reino Unido. Esto permitió al presidente Macron sacar cierto rédito de su gestión. Sin embargo, el joven presidente podría verse ahora más cuestionado ante la amenaza de una segunda ola. El 9 de septiembre, el doctor Jean-François Delfraissy —el Fernando Simón francés— aseguró que “se deberían adoptar algunas decisiones difíciles”. Macron le recordó el día después que son los políticos quienes “toman las decisiones”. Y entonces no se adoptó ninguna medida. Las restricciones terminarían llegando dos semanas después.

De hecho, el presidente, ante las dudas de algunos de sus ministros, abandera la posición de “aprender a vivir con el virus”. Es decir, buscar un punto de equilibrio entre la urgencia sanitaria y los intereses económicos, y evitar a cualquier precio un nuevo confinamiento. Una apuesta arriesgada para Macron.

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