Crece el optimismo para un acuerdo comercial del Brexit pese al 'teatro' de Boris
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Suena a acuerdo in extremis

Crece el optimismo para un acuerdo comercial del Brexit pese al 'teatro' de Boris

Según ha podido saber este diario, a día de hoy hay cierto optimismo. En cualquier caso, siempre con cautela porque con Johnson en el Número 10 el guion siempre puede tener un giro inesperado

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Crece el optimismo para un acuerdo comercial del Brexit pese al 'teatro' de Boris

Como en las buenas sagas, la última temporada del Brexit arrancó con fuerza. El capítulo de Boris Johnson amenazando con romper el tratado internacional de divorcio firmado el año pasado con la UE consiguió, de nuevo, acaparar toda la atención. Minuto de oro. Tensión máxima. Sin embargo, pese al buen hacer de los guionistas para mantener el suspense, todo apunta a que el final será el esperado. 'Spoiler': parece que habrá acuerdo comercial. 'In extremis', como siempre, pero lo habrá.

Este lunes, se reúne de nuevo el comité conjunto creado por el Reino Unido y la UE para implementar el “Protocolo de Irlanda del Norte”, el mismo que se recogió en el Acuerdo de Retirada para evitar frontera dura entre la República de Irlanda y la provincia británica, el mismo que el 'premier' amenaza ahora con violar si finalmente no hay pacto comercial antes de que termine el periodo de transición a finales de diciembre.

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El ambiente que se respira ahora en Whitehall -donde están todos los ministerios británicos- nada tiene que ver con el de principios de septiembre. Entonces había una sensación real de que las conversaciones no iban a ninguna parte. Pero, según ha podido saber este diario, a día de hoy hay cierto optimismo. En cualquier caso, siempre con cautela porque con Johnson en el Número 10 el guion siempre puede tener un giro inesperado.

El 'civil service' (cuerpo de funcionariado) nunca ha terminado de fiarse del todo del actual Ejecutivo. Son conscientes de la imprevisibilidad del primer ministro. De ahí que tengan que cubrirse las espaldas y se estén preparando para el peor de los escenarios con el objetivo de no repetir el caos que se vivió al anunciarse el (¿inesperado?) resultado del referéndum de 2016.

La relación del funcionariado además con Dominic Cummings, el todopoderoso asesor del premier, no puede ser más nefasta. El estratega está obsesionado con la 'digital economy' y quiere tener las manos libres en lo referente a ayudas de estado.

Teatrillo político

El 'level playing field' (un juego equilibrado para la competencia) sigue siendo uno de los puntos que genera más confrontación en las actuales negociaciones comerciales. Sin embargo, pese al teatrillo político que siempre viene acompañado de la mano de Johnson, en los últimos días ha habido gestos simbólicos que revelan el interés por parte del líder 'tory' para llegar finalmente a buen puerto.

El pasado martes, todo el foco mediático en el Reino Unido estuvo puesto en el anuncio de las nuevas restricciones sociales ante la segunda ola ya inevitable de la pandemia. Pero esa misma noche, el proyecto de Ley de Mercado Interno (con el que Johnson quiere violar el Acuerdo de Retirada) pasó a la última fase en su tramitación en la Cámara de los Comunes.

Lo hizo además sin rebelión, después de que el 'premier' cediese a las demandas de los 'tories' rebeldes para que sea el Parlamento y no el Ejecutivo el que, en última instancia, decida si se debe romper el tratado internacional del Brexit en caso de que las cosas terminen mal con Bruselas.

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Los planes ahora de Johnson son retrasar todo lo que pueda la tramitación de esta ley cuando pase a la Cámara de los Lores para no volver a tensar las cosas con al UE de cara al Consejo Europeo del 15 de octubre. Si hay pacto, el Ejecutivo británico estaría dispuesto a retirar inmediatamente las polémicas cláusulas del proyecto de ley.

El 'premier' siempre ha tratado de justificar su amenaza de violar la ley internacional advirtiendo que sin una acción por parte de Londres, la UE podría imponer un bloqueo de alimentos a Irlanda del Norte. El argumento era que, a menos que la UE concediera al Reino Unido el estatus de tercer país para las exportaciones agrícolas (lo que aún no se ha comprometido a hacer) podría evitar que los alimentos se trasladen de Gran Bretaña a Irlanda del Norte, que se mantendrá dentro de las reglas del mercado único.

Downing Street confía ahora en que la UE le otorgará el estatus de tercer país, lo que significa que los alimentos podrán seguir moviéndose libremente entre Gran Bretaña e Irlanda del Norte, y también entre este país y el continente.

Intereses internos en la UE

El progreso respecto a Irlanda del Norte se ha visto igualado en las negociaciones comerciales más amplias. Johnson y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, llevan sin hablar ya un tiempo. Pero quizá esté más cerca el día de coger el teléfono para que la inyección de voluntad política de a las conversaciones el impulso que necesitan.

Con todo, la UE no está en una situación fácil. Hay muchas presiones internas. El francés Emmanuel Macron (al que el tema pesquero, otro de los puntos de tensión, le toca muy de cerca) destaca el hecho de que el eventual pacto comercial tendrá que ser aceptable para todos los estados miembros. Con el Acuerdo de Retirada, todos fueron de lo más comprensivos con la delicada situación de la República de Irlanda. Pero ahora cada uno muestra sus intereses particulares.

Por otra parte, la UE está cansada de los juegos de Johnson. Y existe además un cierto desconcierto ante la actitud casi filosófica que está mostrando Londres en las negociaciones. El Número 10 tiene una visión a muy largo plazo del Brexit y las oportunidades que dicen que brinda. Su enfoque es que cualquier cosa que limite el futuro es un problema.

¿Covid y Brexit duro? Golpe mortal

Sin embargo, para llegar a una meta, uno tiene antes que sortear todos los obstáculos que hay al inicio y mitad del recorrido. Y en este sentido, Johnson se ha encontrado con las inesperadas vallas del covid-19.

Los 'tories' euroescépticos más radicales ven la pandemia como la mejor oportunidad para salir del bloque sin pacto. Consideran que se puede echar la culpa al virus de todas las dificultades económicas que vendrían a corto y medio plazo.

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Con todo, con las deficiencias administrativas que se han destacado recientemente, es difícil creer que el Reino Unido pueda manejar fácilmente al mismo tiempo un covid y un Brexit económico duro.

Downing Street está profundamente preocupado por este segundo pico de la pandemia. Cuentan en los corrillos que cuando recientemente le hicieron a Johnson un comentario sobre la creciente popularidad del líder de la oposición laborista, Keir Starmer, el 'premier' contestó que solo podía ahora preocuparse del covid. Las empresas también están centradas en la pandemia. Según las propias cifras del Gobierno, menos de una cuarta parte piensa que están completamente preparadas para el final del período de transición. Por lo que una desconexión sin acuerdo sería catastrófica.

En definitiva, un pacto conseguiría una cierta estabilidad económica, complicaría la vida a los independentistas escoceses de cara a las elecciones del Parlamento de Edimburgo de mayo e impulsaría la popularidad de un primer ministro que está ahora en sus horas más bajas. En Whitehall se respira optimismo. Pero con Johnson al timón nadie se atreve tampoco a descartar hasta el final ningún escenario.

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