Polonia es altamente dependiente del carbón

Polonia, el "socio sucio" de la UE que ahora coquetea con la energía nuclear

Su adicción a la energía más contaminante, el carbón, no es solo económica sino también histórica, política y patológica: le cuesta 50.000 vidas al año

Foto: La planta térmica de Laziska, en Polonia. (Reuters)
La planta térmica de Laziska, en Polonia. (Reuters)

Polonia tiene una ley que regula la producción y el uso de la energía nuclear; también un proyecto para adoptarla como una de las fuentes de energía del país a medio plazo; incluso hay una vajilla con el logo de una central nuclear que se empezó a construir en 1982 en Żarnowiec, cerca de Gdańsk y que es hoy objeto de coleccionismo. Sin embargo, lo que no hay es ninguna planta nuclear en funcionamiento. Ahora, el gobierno tiene un plan para ir disminuyendo poco a poco su dependencia energética del carbón usando la energía nuclear.

Polonia es ahora mismo el “socio sucio” de la Unión Europea. Su adicción a la energía más contaminante, el carbón, no es solo económica, sino también histórica, política y patológica: le cuesta 50.000 vidas al año, una cantidad incalculable en tratamientos médicos a su población y el discutible récord de tener, según la Organización Mundial de la Salud, 33 de las 50 ciudades más contaminadas de Europa (datos de 2017). Además, este país es el único que se negó a ratificar el plan de la Unión de limpieza energética, que fija en el año 2050 unos objetivos de producción de energía limpia que Polonia está lejos de cumplir. Dado que casi el 80% de la electricidad polaca viene del carbón, si no cambian mucho las cosas se penalizará a Polonia con el 50% de los jugosos fondos de transición energética de Bruselas, que asignan 15.000 millones de euros para este país.

En este contexto, el anuncio este mes del gobierno de un plan para emprender el camino de la energía nuclear es un asunto urgente.

El primer tramo del proyecto prevé tener seis centrales produciendo unos nueve gigavatios (el 10% de las necesidades del país) para el año 2040 aproximadamente. El coste de esta operación rondaría los 50.000 millones de euros y, para mantener el control estatal, el gobierno está dispuesto a constituir una sociedad de la que poseerá el 51% y ha invitado a inversores privados a poner el 49% restante. Aunque desde los ministerios polacos se ha asegurado que hay negociaciones “muy avanzadas” en curso, lo cierto es que aún no hay ningún socio que se haya comprometido en firme. En declaraciones a una emisora polaca, el ministro de inversiones públicas, Jacek Sasin, dijo que “estamos muy cerca de decidir cómo será la energía nuclear [en Polonia]”; “el Gobierno está preparándolo todo, dando forma al concepto, eligiendo un contratista y un modelo financiero”.

El presidente polaco, Andrzej Duda, visita el Centro Nacional de Investigaciones Nucleares de Otwock, cerca de Varsovia. (EFE)
El presidente polaco, Andrzej Duda, visita el Centro Nacional de Investigaciones Nucleares de Otwock, cerca de Varsovia. (EFE)

Uno de los problemas más importantes a los que se enfrenta la 'nuclearización' del país es que están en juego los cerca de 100.000 empleos de la minería, un sector cuya fuerza no reside solo en los números: se trata del gremio más poderoso del país.

Tradicionalmente considerados como un símbolo nacional, los mineros de Silesia y otras regiones gozan de una aureola histórica en la que se mezclan el patriotismo, la mística proletaria y el orgullo de un oficio que durante décadas se consideró uno de los puntales del espíritu polaco.

Sin embargo, el paso del tiempo ha convertido al carbón en una dependencia perjudicial para la salud y para la economía: actualmente el carbón que se extrae es de baja calidad y resulta más rentable importarlo de Holanda, por ejemplo, que producirlo en Katowice. Durante la pandemia, el sector minero ha sido el único en todo el país al que el gobierno ha pagado sus salarios íntegramente, aunque no acudieran a trabajar. A principios del verano, en plena campaña electoral, el presidente Duda quiso celebrar el “Día Nacional del Minero” acudiendo en persona a una explotación carbonífera para prometer que no permitiría “dejar morir la industria” y recordó que se acababan de destinar cientos de millones de euros a mantener abiertas todas las minas del país, incluidas las deficitarias. Pocos días después, el gobierno anunció el plan de transición a la energía nuclear.

El fantasma de Chernóbil

Pero, en un país donde la tragedia de Chernóbil estaba a la puerta de casa, todo lo que lleve el apellido 'nuclear' despierta desconfianza. Krzysztof Bolesta, un consultor energético de Varsovia que trabajó para el gobierno, aseguraba en una entrevista al Financial Times del año pasado que “no tenemos una historia nuclear (…) no es realista pensar que podemos acceder a o comprar la tecnología nuclear tan rápido como se dice, y además es muy caro”.

En Żarnowiec, los problemas económicos, las turbulencias políticas y las protestas locales tras Chernóbil llevaron a abandonar la construcción de la central. Aún existen los estanques construidos para los cuatro reactores, que, una vez comprados e instalados, tuvieron que ser desmantelados para venderse como instalaciones de prácticas a Finlandia y Hungría. De los 400 millones de euros que se gastaron, se recuperaron cinco.

Que Polonia sea uno de los pocos países excomunistas que nunca albergó una central nuclear tiene que ver en gran parte, según los expertos, con la resistencia de la población local. Sin embargo, todos los vecinos de Polonia (Alemania, República Checa, Eslovaquia, Hungría, Ucrania, Bielorrusia y Lituania) aprovechan este tipo de energía.

El proyecto ruso de levantar una central nuclear en el enclave de Kaliningrado ha sido desechado. Aunque todo el mundo coincide en que la opción nuclear es la opción más realista a día de hoy para que Polonia salga del túnel de hollín en que vive por culpa de la contaminación, lo cierto es que nadie quiere vivir cerca de una central. En Gąski, uno de los lugares donde se podría construir una de las centrales, los vecinos levantaron una capilla con una estatua de la Virgen María junto a un cartel que decía “protégenos de la energía nuclear”. En un referéndum local, el 95% de la población dijo “no” a la construcción de la central.

La opción nuclear es la más realista a día de hoy para que Polonia salga del túnel de hollín en que vive por culpa de la contaminación

Mientras tanto, el magnate polaco Michał Sołowow no parece enfrentarse a problemas parecidos, pues ha anunciado que antes de una década estará en funcionamiento una mini central con capacidad para 0,3 gigavatios, que servirá para abastecer a sus plantas químicas. Sołowow, cuya otra faceta como piloto de rallyes le llevó a ser subcampeón de Europa en dos ocasiones, se ha asociado con una firma estadounidense para financiar la construcción de la que será, con casi total seguridad, la primera central nuclear operativa de la historia en suelo polaco.

Hasta 2026, cuando supuestamente se pondrá la primera piedra de una central estatal, Polonia seguirá siendo el país europeo más dependiente de la energía fósil más sucia que existe. El gobierno ha dejado claro que la energía nuclear será un “suplemento” en una dieta energética que estará “basada por razones de seguridad” en el carbón durante las próximas décadas.

Cuando el PiS (partido del Gobierno) ganó las elecciones en 2015, creó por primera vez un Ministerio de Energía y se emprendió el proyecto de construir una enorme central energética de carbón, la Ostrołęka C. Hasta el momento se han gastado más de 200 millones de euros en un programa que ha caído en un punto muerto en el que, tanto terminar de construir la planta como abandonar la obra, sería ruinoso. Ni siquiera hacer que las mayores empresas estatales inyecten capital ha conseguido enderezar el proyecto, y ya hay quien ve en este fiasco un aviso de lo que podría ser el programa nuclear.

'Smog' sobre Cracovia este abril. (EFE)
'Smog' sobre Cracovia este abril. (EFE)

Las normas para prohibir el uso de carbón en calefacciones domésticas en Cracovia se han retrasado varias veces en los últimos años y cada invierno, el 'smog' y las capas de polvo negro ensucian las fachas de toda la ciudad y tiñen la nieve de gris. En esta ciudad se supera el límite máximo de partículas P10 en el aire (las que tienen menos de una milésima de milímetro de diámetro), más de 150 días al año. En la ciudad de Rybnik, de Silesia, las escuelas cierran varios días al año para que los niños puedan quedarse en casa cuando sube la contaminación. Y en otras escuelas públicas, los padres de alumnos han comprado mediante colectas voluntarias máquinas purificadoras para instalarlas en los centros. Con el 12% de las muertes en el país relacionadas con la polución, se puede decir que el carbón forma parte de la vida -y la muerte- de muchos polacos. Y que seguirá siendo así durante muchos años.

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