Whitechapel, los atroces crímenes del siglo XIX que asociaron a Jack el Destripador
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¿Fue obra de un imitador?

Whitechapel, los atroces crímenes del siglo XIX que asociaron a Jack el Destripador

Once prostitutas fueron brutalmente asesinadas en el barrio marginal de Londres entre 1888 y 1891 pero nunca han logrado dar con el responsable

Foto: Whitechapel, los atroces crímenes del siglo XIX que asociaron a Jack el Destripador
Whitechapel, los atroces crímenes del siglo XIX que asociaron a Jack el Destripador

El barrio de Whitechapel, situado al este de Londres, es hoy uno más en la ciudad británica; sin embargo hace siglos, era una zona marginal, nada agradable para familias de renta media, y habitada principalmente por prostitutas y maleantes. No es de extrañar, por tanto, que este fuera el barrio nativo de personajes de la crónica negra internacional como los gemelos Kray, los afamados gánsteres que tenían atemorizado (y fascinado) al vecindario en los años 60. Pero si hay algo que de verdad marcó la historia de Whitechapel fue la ola de crímenes que, entre 1888 y 1891, llenaron de sangre sus calles. Por aquel entonces, dado que se trataba de un distrito empobrecido, no pareció sorprender tanto; pero el caso se tornó más sombrío cuando descubrieron que el 'modus operandi' de los asesinatos y los escenarios tenían la misma firma: Jack el Destripador.

Era el año 1888, en el olvidado barrio más pobre del este de Londres y las víctimas eran todas mujeres y prostitutas. Todo parecía apuntar al misterioso asesino, y más mediático, de Reino Unido. Esta teoría no hizo más que avivar la preocupación de las autoridades, ya que andaban detrás de un conocido criminal en serie de rostro e identidad desconocidas cuyos crímenes eran conocidos por su monstruosidad. Sin embargo, el número de asesinatos que la Policía (y el mundo) decidieron atribuirle al despiadado asesino era 11, pero Whitechapel fue el escenario de, al menos, otros 27 crímenes más aún no resueltos.

[El estudio que aseguró haber dado con la identidad de Jack el Destripador]

La investigación oficial corría cargo de la Policía Metropolitana, pero también participó en la búsqueda del culpable el denominado Comité de vigilancia de Whitechapel, un grupo formado por vecinos que, voluntariamente, se prestaron a ayudar en la caza del asesino por temor a que sus crímenes provocaran la quiebra de los negocios del barrio. De hecho, esta agrupación fue fundada por sus integrantes solo dos días después de que encontraran a una de las víctimas del 'serial killer' sin nombre.

Mapa de los crímenes de Whitechapel del Comité de vigilancia: puntos en los que hallaron a las víctimas. Foto: Fuente propia/CC
Mapa de los crímenes de Whitechapel del Comité de vigilancia: puntos en los que hallaron a las víctimas. Foto: Fuente propia/CC

11 prostitutas asesinadas y ningún culpable

A pesar de que se llegaron a contabilizar al menos 11 víctimas al supuesto Jack el Destripador ('Jack the Ripper and the Case for Scotland Yard's Prime Suspect', de Robert House), solo hubo cinco de ellas a las que clasificaron como "víctimas canónicas" y que fueron atribuidas, casi de forma tajante, al asesino. Sin embargo, hubo otros asesinatos que, pese a guardar similitudes con los otros y habiéndose cometido en el mismo barrio, no se asociaron oficialmente al mediático criminal.

A primera hora de la mañana del 3 de abril de 1888, las autoridades conocieron a la primera víctima de estos sanguinarios crímenes. Se trataba de Emma Smith, una prostituta que fue asaltada y robada en la calle Osborn & Brick Lane, Whitechapel. Pero no fue allí donde la encontraron, ya que, pese a estar herida, la joven pudo desplazarse hasta su casa, en la 18 George Street, Spitalfields. Una vez allí, pidió ayuda y puedo ser trasladada al hospital de la ciudad donde, tras ser examinada por un médico, determinaron que Smith había sido penetrada vaginalmente con un objeto contundente. Como consecuencia de estas secuelas, la mujer padeció peritonitis y, un día después, falleció. A pesar de que la Policía inició una investigación tras el suceso, no dieron con un culpable. Este caso quedó apartado al considerar que la víctima había sido atracada por una banda criminal cualquiera o por un ajuste de cuentas entre proxenetas.

Alice McKenzie y Martha Tabram. Fotos: CC
Alice McKenzie y Martha Tabram. Fotos: CC

Alice McKenzie fue unas de las mujeres que quedaron fuera de la clasificación de "canónicas". También prostituta, McKenzie era más conocida en el barrio como Clay Pipe Alice, ya que siempre se la veía con una pipa en la boca, según los escritos. Fue esa misma pipa que siempre la acompañaba lo que permitió identificar su cuerpo cuando lo encontraron en julio de 1888. SU cuerpo fue examinado por dos forenses que fueron determinantes. Por un lado, el doctor Thomas Bond — conocido como 'el forense del destripador — concluyó tras estudiar el cadáver que el crimen era obra del famoso asesino. Pero otro médico que también estuvo a cargo de la autopsia, negó que fuera este el verdadero autor pero sí concedió que el responsable sabía manejar un bisturí: dos puñaladas en el cuello en el lado izquierdo y otro tajo más profundo en toda la zona, hematomas en pecho y abdomen, una puñalada desde el pecho hasta el ombligo y un corte en la zona genital.

Otras de las víctimas de las calles de Whitechapel fue Martha Tabram, también prostituta, asesinada en la madrugada del 7 de agosto del mismo año. Cuando examinaron su cuerpo descubrieron que presentaba heridas de 39 puñaladas. El toque diferenciador de este caso fue que al menos la Policía contaba con una testigo, una compañera de trabajo de la víctima que la vio por última vez salir de la casa de huéspedes acompañada por su cliente, un soldado. Con todo, nadie pudo señalar a ningún culpable, por lo que el asesinato quedó, de nuevo, sin resolver. Aunque la muerte de Tabram sí se relacionó con la de la primera, Smith, tampoco se pudo relacionar directamente con los de Jack el Destripador, puesto que ella había sido acuchillada más veces que cualquier otra.

"Parecía más la obra de un demonio que la de un hombre"

Solo unas semanas después, el 31 de agosto de 1888, un vecino encontró el cuerpo sin vida de la prostituta Mary Ann Nichols, de 43 años, en Durward Street. Durante la autopsia comprobaron que había sufrido heridas muy similares a las de McKenzie: hematomas en el torso, dos cortes profundos de derecha a izquierda en el cuello y varios cortes más pequeños. Además, este caso adquirió relevancia porque fue entonces cuando los medios y la Policía de Scotland Yard comenzaron a hilar los asesinatos. Sin embargo, el forense George Bagster Phillips — que también examinó a McKenzie — insistió en que este crimen no tenía nada que ver con los anteriores.

Annie Chapman. Foto: CC
Annie Chapman. Foto: CC

Poco más de una semana después, el 8 de septiembre de 1888, apareció la primera víctima después del verano. Se trataba, de nuevo, de una meretriz, y su cuerpo mutilado también encontrado en plena calle, en el patio trasero del 29 Hanbury Street, en la zona de Spitalfields. Annie Chapman había recibió una puñalada de izquierda a derecha en el cuello pero, además, fue destripada y quien halló el cadáver tuvo la mala suerte de ver los restos de sus intestinos esparcidos sobre sus hombros. Este asesinato fue diferente por dos motivos. El primero, por la mayor brutalidad a la que fue sometida; y el segundo, porque la Policía logró dar con un sospechoso. Se trataba de John Pizer, apodado por los medios como 'Delantal de cuero'. Los agentes se lo llevaron detenido al tener conocimiento de que era un asiduo cliente de los burdeles que molestaba a las prostitutas. Sin embargo, un juez lo declaró inocente y, ante la falta de pruebas, quedó libre. Este hecho no tranquilizó nada a los vecinos de Whitechapel, que exigían a los agentes dar con el culpable cuanto antes, por lo que el Comité de Vigilancia tuvo que ofrecer una recompensa para aquel que encontrase al asesino.

Un par de días después, apareció el torso de lo que parecía una mujer arrojado en mitad de una calle cercana a Whitechapel. No hallaron la cabeza ni las extremidades, solo un tronco destrozado. Aunque no dieron con la identidad de la víctima, las autoridades lo achacaron al mismo asesino.

El 30 de septiembre la Policía Metropolitana volvió a enfrentarse a otro crimen. El 30 de septiembre apareció el cuerpo ensangrentado de Elizabeth Stride — prostituta — en Berner Street. Según los escritos de la época, las heridas del cuello (corte de izquierda a derecha) no habían sido realizadas hacía mucho, por lo que solo llevaba menos de una hora muerta. Además, su cuerpo no presentaba más lesiones que las del degollamiento. Pero no fue el único caso con el que se toparon las autoridades. Ese mismo día, de madrugada, hallaron el cuerpo sin vida de la meretriz Catherine Eddowes, a pocos metros de la calle en la que fue encontrada su compañera. Si aquel día los agentes se hubieran dado un poco más de prisa, Eddowes aún seguiría viva, puesto que cuando la encontraron llevaba solo unos minutos muerta. Habían pisado los talones del asesino sin siquiera saberlo. El cuerpo de la segunda víctima estaba totalmente descompuesto y le habían extraído los riñones; su torso, los intestinos y los riñones estaban destrozados.

Elizabeth Stride y Catherine Eddowes. Fotos: CC
Elizabeth Stride y Catherine Eddowes. Fotos: CC

El mes de octubre, para sorpresa de los investigadores, transcurrió sin asesinatos en Whitechapel. El asesino pareció dar un respiro a los vecinos que miraban atemorizados de lado a lado antes de pisar la calle. Pero ese otoño no fue calmado para las prostitutas del barrio, que se mantuvieron un tiempo alejadas de los burdeles y de las compañías de hombres desconocidos ante el riesgo de ser la próxima víctima. Una de estas meretrices fue Mary Jane Kelly, quien en la noche del 9 de noviembre, por fin se atrevió a pisar el arcén para trabajar. Fueron muchos los testigos que, horas después de una de sus salidas, declararían ante la Policía que habían visto a la joven en compañía de varios hombres. El caso de Kelly volvió a parecer distinto para los forenses, pero no porque no existieran similitudes con respecto al resto de asesinatos, si no por la asombrosa crueldad que habían infligido contra la joven Kelly: nariz, pecho y orejas partidas, muslos desgarrados y los órganos del cuerpo esparcidos en su mesita de noche. Esta vez, el criminal había actuado en el interior, no en la sucia acera. Según describe el escritor y abogado Gabriel Pombo en 'Jack el Destripador: la leyenda continúa', el contable que encontró el cuerpo de la joven aseguró que "parecía más la obra de un demonio que la de un hombre".

Mary Jane Kelly (a), Frances Coles (i) y una ilustración, 'El misterio de Whitehall' de octubre de 1888. Fotos: CC
Mary Jane Kelly (a), Frances Coles (i) y una ilustración, 'El misterio de Whitehall' de octubre de 1888. Fotos: CC

El asesino tampoco concedió un descanso en navidades. El 20 de diciembre encontraron el cuerpo de la prostituta Rose Millet. Aunque en un principio se pensó que se traba de un suicido, ya que apareció ahorcada en su propia habitación, un médico forense manifestó su extrañeza por que Millet estuviera con la boca cerrada en lugar de abierta, como es habitual si la muerte es provocada de esa manera.

Ese hallazgo fue el último de aquel fatídico 1888. Durante unos años, el barrio se libró de la amenaza del supuesto destripador. Así fue hasta el 10 de febrero de 1891, cuando la Policía de Londres dio con otra víctima más de Jack. O al menos eso apuntaron desde un principio, tras ver el cuerpo (o lo que quedaba) de Frances Coles. Poco se apreciaba el llamativo pelo rojo de la joven prostituta cuando la vista se dirigía hacia el corte de su cuello y las puñaladas de su tronco. En este caso también se produjo la detención de un sospechoso; el último cliente conocido de la meretriz que, cuando vue sorprendido por los agentes, llevaba las ropas ensangrentadas. Pero, como era de esperar, en el juicio tampoco se pudo corroborar que fuera él el responsable.

Aquel fue el último crimen perpetrado en las aceras de Whitechapel y el último que asociaron a Jack el Destripador. Con todo, nunca se llegó a demostrar que las once víctimas mencionadas estuvieran relacionadas con el 'serial killer', puesto que tampoco alcanzaron nunca a capturarle. Sin embargo, el 'modus operandi' de los asesinatos pareció suficiente para concluir que eran obra suya; otros expertos se inclinaron por la teoría de que el responsable de los crímenes fuera solo un imitador. A día de hoy, estos crímenes que tanto horrorizaron a Londres siguen impunes y sin ningún autor demostrado.

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