cuatro décadas del aniversario de Solidarność

De derrotar al comunismo al ostracismo polaco, el viaje a la irrelevancia de Wałęsa

Se cumplen 40 años de la fundación del mítico sindicato Solidaridad, que luchó contra el comunismo de la URSS. Hoy ha abandonado muchas de sus luchas para abrazar al gobierno del PiS

Foto: Una foto de archivo de Lech Wałęsa. (Reuters)
Una foto de archivo de Lech Wałęsa. (Reuters)

Si la Historia se compone de historias, la de Solidaridad, el mítico sindicato polaco que se fundó hace estos días 40 años, es sin duda una de las más románticas e importantes del siglo XX. Después de ser machacada por la Segunda Guerra Mundial, marginada por los aliados y sojuzgada por la Unión Soviética, la Polonia de los años 80 se encontró, por primera vez en mucho tiempo, con las cartas a favor para elegir su futuro: una URSS en decadencia, Reagan en la Casa Blanca y un papa polaco que movía masas dentro y fuera del país. Desde la industriosa ciudad de Gdansk, el movimiento Solidaridad se convirtió en el ariete que consiguió llevar la primera democracia al otro lado del Telón de Acero. Era el principio del fin de la Guerra Fría.

En poco tiempo quedó claro que Solidaridad había sido como un autobús en el que habían viajado ideologías muy diferentes y que, al llegar al destino, cada cual tomó su propio camino. La privatización del sector público, al estilo de un primer día de rebajas, las acusaciones retroactivas de traición y oportunismo y finalmente el nacimiento de partidos políticos de ideología antagonista, pusieron de relieve que, si Solidarność había sido un prisma, la luz se estaba descomponiendo en muchos colores. La Iglesia, cuyo apoyo había sido fundamental desde el principio, ejerció una influencia decisiva para que la facción que prevaleciese fuera la que más iba a beneficiar a sus intereses.

Hoy, el actual presidente de Solidaridad resume el poliédrico y complejo pasado del sindicato diciendo que "Solidaridad nació bajo una cruz", y el movimiento que nació para reclamar el derecho a la huelga, la asociación de trabajadores y la libertad de expresión, se ha convertido en un autoproclamado árbitro de la moral que ataca a las minorías, distingue entre "polacos" y "antipolacos". La Solidaridad de 2020 se ha convertido en el apéndice de un gobierno que ha hecho de Polonia un país menos democrático, libre e igualitario.

Celebraciones por el 40 aniversario de Solidarność en Gdansk (Polonia). (EFE)
Celebraciones por el 40 aniversario de Solidarność en Gdansk (Polonia). (EFE)

La figura de Lech Wałęsa y su caída en desgracia simboliza bastante bien la erosión del legado y los principios en que se fundó Solidaridad.

Una investigación de 2015 halló en el domicilio del exministro de Interior durante la era comunista, Czesław Kiszczak, un dosier que contenía 41 informes firmados por "Bolek", el supuesto nombre en clave de Wałęsa como confidente del gobierno comunista. El "héroe de Gdansk", que con su imagen de electricista proletario y su casi embarazosa simpleza se ganó la simpatía del mundo entero. En 1983, cuando estaba encarcelado, recibió el Nobel de la Paz y se convirtió en un símbolo viviente de los nuevos vientos que soplaban en el mundo. Doctor 'honoris causa' por más de cien universidades, presidente del país entre 1990 y 1995 y símbolo del episodio más emotivo de la historia reciente de Polonia, Wałęsa eclipsó a los otros muchos hombres y mujeres que hicieron posible el éxito de Solidaridad, como Anna Walentynowicz, que le acusó de traicionar a la revolución. Debido a sus continuos ataques a la minoría gay ("necesitan tratamiento médico"; "no pueden ir por ahí seduciendo a mis nietos"), a presidentes extranjeros, a los comunistas, a los capitalistas, al gobierno y a la oposición, el histórico líder ha terminado siendo una pieza más del museo de los astilleros de Gdansk, donde tiene un despacho y se le puede ver a veces.

Rentabilizar la 'marca'

Sin duda, es el partido gobernante polaco, el PiS, quien ha sabido rentabilizar mejor la marca "Solidaridad", hasta el punto de apropiarse del inmenso patrimonio emocional que todavía conserva para su millón y medio de afiliados. El partido de Kaczynski, quien militó en el sindicato pero no jugó ningún papel importante, ha tratado de minimizar la importancia de Wałęsa en la historia, llegando a eliminarse su nombre de los libros de texto escolares y en un vídeo institucional reciente con motivo del aniversario. El actual gobierno "nacido de Solidaridad" según el primer ministro Morawiecki, ha hecho poco por cumplir las 21 demandas que los trabajadores de Gdansk escribieron en unos paneles de madera expuestos a la entrada del astillero. La pensión media polaca en 1990 era de un 70% del salario medio; hoy es del 45%. Hoy hay 176 hospitales menos que en 1990. Un polaco trabaja de media 565 horas más al año que un trabajador alemán. Los subsidios por desempleo van de los 85 a los 190 euros mensuales, y los programas de recompensas populistas a la natalidad o subvenciones a granjeros subsisten a costa de reducir el gasto público y soportar la inflación más alta de Europa.

Hace 40 años, Solidaridad dio voz a una nueva sociedad que necesitaba sacudirse de encima la uniformidad impuesta por una potencia extranjera. Hoy es solo una expresión más de los mismos ideales —políticos y morales— que mantienen el gobierno ultra conservador del PiS y la Iglesia. Es parte del "rodillo" que, esta vez desde dentro, trata de homogeneizar a 40 millones de personas mientras se construye "un nuevo polaco". Todo el que no se acepte el proyecto nacionalista, ultra católico y conservador no es un "verdadero polaco" y es el nuevo enemigo. Tanto es así, que es frecuente encontrar en la hemeroteca reciente muestras de la retórica que, en otro tiempo y con otro objetivo, clamaba por la libertad: "LGBT es una ideología neo marxista y una plaga", dijo el presidente de Solidaridad hace poco. Ese mismo mes, la revista sindical nombraba al presidente pro gubernamental Duda "hombre del año", por defender los valores cristianos y defender a los trabajadores. Era la primera vez que Solidaridad hacía tal cosa con un político. En las vallas del astillero de Gdansk, afiliados a Solidaridad colgaban hace poco unas pancartas con textos como "Gloria a nuestro presidente, que sirve a nuestro país tan acertadamente".

El viaje ideológico que ha completado el sindicato en estas décadas solo es comparable al profundo cambio que Polonia ha completado en este tiempo. De defender principios democráticos, inclusivos y seculares, se ha pasado a un alineamiento mimético con el gobierno y la Iglesia. La inspiración que movió a miles de personas a arriesgarlo todo —decenas perdieron su vida— se ha difuminado con el tiempo y ahora es invocada, casi como un mito, para justificar lo que antes se cuestionaba. Paradójicamente, el poder lo detentan ahora aquellos que dicen que una vez lucharon contra él y sus abusos. En prácticamente todos los centros de trabajo polacos se puede ver una placa o bandera con el mismo logo que hace cuatro décadas unió a un país entero. Ahora, Solidaridad llama "plaga" y "antipolacos" a quienes se desvían de su visión totalitaria, y tal vez demasiado similar a la de sus antiguos enemigos, de lo que debe ser Polonia.

Cerca de Gdansk, en Bielorrusia, la canción 'Mury' (muros, en polaco) se ha convertido en un himno de la oposición que pide democracia en su país. Es la misma canción que los polacos cantaban, por el mismo motivo, hace 40 años.

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