No ser un simple espectador

España tiene que ser más frugal en Europa: la batalla de la comunicación en Bruselas

La cumbre europea demuestra que ya no es un cónclave papal, en el que nada de lo que ocurre fuera afecta: los frugales muestran el camino en comunicación y mensajes

Foto: El primer ministro holandés, Mark Rutte y Pedro Sánchez. (EFE)
El primer ministro holandés, Mark Rutte y Pedro Sánchez. (EFE)

Nadie lo ha entendido mejor que los llamados frugales, y en parte por eso ellos han estado en el foco de atención. Todo lo que ocurre en Bruselas es política, y los líderes europeos que antes lo entienden son los que dan forma a buena parte del debate. Antes, durante y después de la cumbre sobre el fondo de recuperación de la UE que se celebró entre el pasado viernes y el martes de madrugada ha quedado claro.

España ha apostado por una estrategia concreta. Según el equipo del presidente del Gobierno, durante la cumbre el objetivo era mantener un perfil bajo, constructivo, que permitiera ser un facilitador de acuerdos. Las posiciones españolas en este tipo de cumbres son predecibles desde el primer momento: incluyen la palabra “constructivo” y “consenso”. España quiere ser constructiva y siempre estará en el consenso europeo.

Nadie puede decir que le sorprenda esa posición: es la que España ha mantenido durante muchos años. Pero una de las cosas que prometía Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, era dar más presencia, más visibilidad. No en vano, el líder socialista habla inglés, y eso no es ninguna tontería en la capital comunitaria. Te permite tener una foto como la de la cumbre de la elección de cargos europeos del pasado julio, charlando mano a mano con sus homólogos franceses y alemanes sin necesidad de intermediarios. Te permite tratar de tú a tú los temas, y construir relaciones personales con otros líderes europeos, algo que es muy importante en el medio plazo.

La idea de "España ha vuelto" tan utilizada tras la entrada de Sánchez en Moncloa muestra que queda mucho trabajo por hacer. La cumbre de este pasado fin de semana demuestra que no vale con lo hecho hasta ahora: hay que ir más allá, hay que entender mejor las cumbres y la política europea.

Provocaciones

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, argumentó que prefería no entrar en lo que consideró provocaciones por parte de los frugales porque buscaban solo generar una dinámica negociadora. Puede que fuera así, y que incluso esa decisión fuera la correcta. Pero en los días previos y durante la cumbre España estuvo desaparecida en el combate público, y creer que una cumbre es todavía algo parecido a un cónclave papal en el que nada externo altera las decisiones finales es un error: la comunicación juega un rol importante en la negociación.

El problema es que España lo ha hecho muy bien y muy mal en esta crisis al mismo tiempo. Lo hizo muy bien lanzando la primera propuesta sólida en la que proponía la creación de un Fondo de Recuperación de 1,5 billones de euros en forma de transferencias y con una emisión de bonos perpetuos, lo que fue muy aplaudido en Bruselas y muchas otras capitales y que dio forma al debate.

La ministra de Economía, Nadia Calviño. (EFE)
La ministra de Economía, Nadia Calviño. (EFE)

Y lo ha hecho muy mal porque después ha desaparecido del tablero, especialmente durante los cuatro días de cumbre. Se informó de las reuniones que mantenía el presidente del Gobierno, como si lo importante fuera demostrar que “España ha vuelto” en vez de explicar para qué lo ha hecho. Prácticamente en ningún momento hubo información sobre cuáles eran las cifras que el Gobierno defendía, cuáles eran sus posiciones respecto a elementos clave de un Fondo en el que la economía española se jugaba el cuello.

La pasividad se ha mostrado de otras maneras. Por ejemplo con la falta de comparecencias ante las cámaras del presidente del Gobierno, mientras otros líderes hablaron en varias ocasiones durante los distintos días de la cumbre. La invisibilidad se paga caro en Bruselas. El perfil bajo puede entenderse cuando España juega un papel de intermediario. Pero en esta ocasión el Gobierno no tenía que asumir ese rol, sino el de defender su propia agenda, impulsar sus propias ideas y promover soluciones también en público. España ha hecho contribuciones valiosísimas al debate solo para después apartarse de él y observarlo desde la grada de espectadores, al menos a nivel público.

El ejemplo frugal

Los frugales han mostrado el camino en muchos elementos. El grupo, dirigido por Países Bajos y del que forman parte Austria, Dinamarca y Suecia, con el apoyo también de Finlandia, han pasado a ser señalados por la opinión pública de muchos países europeos por su estilo agresivo, declaraciones duras y sus posiciones negociadoras en ocasiones inflexibles.

Un ejemplo del trabajo bien hecho por estos países a nivel comunicativo es el propio nombre que se han dado: frugales. En los últimos días se ha criticado que buena parte de los medios internacionales hayan aceptado ese nombre con unas connotaciones positivas. La realidad es que nadie les ha discutido el terreno de la comunicación y, por supuesto, nadie aplicó esa mentalidad de ‘marketing’ al grupo de países que estaban a favor del Fondo de Recuperación. Es un campo que solo han sembrado ellos.

El primer ministro holandés, el primer ministro sueco, el canciller austriaco y la primera ministra danesa. (EFE)
El primer ministro holandés, el primer ministro sueco, el canciller austriaco y la primera ministra danesa. (EFE)

Por supuesto parte de ese mensaje tenía como objetivo ir dirigido a su clientela local, sus electores, y eso forma parte del teatro político que hay alrededor de una cumbre. Pero también marca la agenda pública, afecta al debate y acaba jugando un papel importante en la negociación final. Y por supuesto eso no significa que su elección de palabras, o su forma de abordar las discusiones haya sido la más constructiva: pero sí que demuestra que han entendido bien cómo se negocia en Bruselas.

El Reino Unido se marchó en realidad en junio de 2016, tras el resultado del Brexit. Un gigante económico y político que dejaba sin protección a un grupo de países más pequeños y con menos peso y capacidad que solían parapetarse tras Londres. En cuestión de cuatro años han sido capaces de establecer una dinámica de comunicación, estrategia y coordinación que les ha dado muchas victorias en Bruselas.

Personas e ideas

Una de ellas tiene que ver también con España: Países Bajos y Austria estuvieron en el corazón de los movimientos que acabaron por tumbar la candidatura de Nadia Calviño a la presidencia del Eurogrupo. La española era la favorita sobre el papel, pero el resto supieron jugar sus cartas mejor, y, entre otras cosas, lograron colocar algunos mensajes en el público general que acabaron calando, como la idea de que Calviño era “divisiva” dentro del foro de ministros de Finanzas. Con prácticamente todo en contra, incluidas las cuatro principales economías de la Eurozona, el irlandés Paschal Donohoe logró hacerse con la victoria.

España demuestra tener los mimbres para hacerlo mucho mejor, para tener mucho más peso. Tiene el tamaño, las personas, como demostró la candidatura de Calviño, y las ideas, como quedó claro con la presentación del plan de 1,5 billones. Pero para llegar a jugar el papel que le puede corresponder tiene que asumir un rol distinto, también en las cumbres europeas. Hay que ser un poco más frugal, en el sentido figurado, a la hora de afrontar los debates europeos.

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