Dificulta el 'frente Mediterráneo' en la UE

Esta es la 'leyenda negra' de España en Italia que sabotea la alianza mediterránea

Los restos de la leyenda negra española en Italia han dificultado, apuntan los expertos, la alianza de un 'frente del sur' en la Unión Europea, pese a que ambos países son aliados

Foto: Plaza España en Roma. (EFE)
Plaza España en Roma. (EFE)

"La época del dominio español es considerada como una de las más infelices de la historia de Italia. Equiparable al final de Roma y los efectos de las invasiones bárbaras. De mediados del siglo XVI al inicio del XVIII, la libertad de pensamiento fue apagada, la cultura empobrecida, la literatura se hizo manierista y torpe, las artes figurativas se hicieron barrocas y España es considerado no solo acompañante, sino autor de esa decadencia”, dice el primer párrafo de las conclusiones del libro 'España en la vida italiana durante el Renacimiento', del más importante historiador italiano de finales del siglo XIX y principios del XX, Benedetto Croce. La leyenda negra española, merecida, inmerecida o amplificada, existe a ambos lados del Atlántico.

El historiador hace en ese párrafo un resumen de lo que era la creencia generalizada sobre España en Italia (¿lo es aún hoy?), para luego en la obra desmontar en parte ese argumento. “La verdad sobre la vida de aquellos siglos hay que buscarla en otro lugar y en reconocer que España e Italia, ambas, eran en esos tiempos países en decadencia”. Es decir, la decadencia la hubo, común a ambos lados del Mediterráneo, pero parte del discurso nacional tras la unidad italiana se construyó culpando a lo español de todos los males y con un supuesto espíritu nacional que, al menos, era cuestionable. “El sentimiento nacional unitario durante el dominio español no fue oprimido porque sencillamente no existía”, acaba en las conclusiones el maestro Croce.

Más de un siglo después de esa obra, España e Italia han formado un frente común en la importante negociación de fondos europeos para luchar contra los efectos del covid. Los transalpinos han descubierto, casi de golpe, que en Europa son más sur de lo que ellos pensaban ser, y los ibéricos, sencillamente, están acostumbrados a ser eternamente meridionales. Dos gigantes económicos en el contexto continental, pero dos gigantes débiles, que comparten todo, virtudes y defectos, hasta casi allende los mares confundirlos como un único país donde se come bien, hace sol, la gente es alegre y se trabaja poco. Hoy van de la mano, por cariño y por obligación, pero con rastros de aquellos estereotipos que señalaba Croce en sus relaciones internacionales.

"En el discurso común del ciudadano italiano se pensaba que España era un país atrasado. A finales del siglo XX esa idea cambia. España e Italia son dos países cercanos que se han mirado poco”, señala el historiador y escritor italiano Francesco Benigno a El Confidencial. “Somos unos amigos que de vez en cuando se vienen a visitar, pero no somos familia. Los italianos creen que España era un pueblo retrasado y que trabajando los últimos años han llegado a hacer cosas grandes”, explica el también historiador español Alberto Rodríguez, que desde hace 21 años vive en Roma.

Parte del discurso nacional tras la unidad italiana se construyó culpando a lo español de todos los males

¿Por qué esa cercana lejanía reciente? "Italia prefiere mirar a Francia y Alemania, y es un error. Una mayor unidad mediterránea puede ser muy útil. Compartimos problemas y, más allá de la simpatía, debemos unirnos para ser más fuertes", responde el historiador y escritor Angelantonio Spagnoletti. Los españoles están acostumbrados a disfrutar o padecer a paladas, a gusto del consumidor, su controvertida conquista de América, pero poco saben de su larga conquista italiana y de los siglos en los que todo el sur de la bota, y Milán, sí Milán, fueron dominados desde las Cortes de Aragón o las Cortes de Madrid. Si América tiene una marcada herencia española, ¿Italia la tiene también? Del siglo XIII, reino de Aragón, al siglo XVIII ya con la España unificada, su huella está por todas partes.

El inicio de los "siglos oscuros" españoles

En 2008, en el bus turístico de la ciudad de Nápoles, por los audífonos se escuchaba al explicar la época de dominio español: “Es un periodo de marcada decadencia, los llamados siglos oscuros”. Aquella idea prevalece hoy en buena parte de la historia de Italia donde el dominio español está denostado, difuminado o borrado. Esa sensación de que, sirva como ejemplo, era el pintor Velázquez el que venía a Roma a estudiar la escuela de Caravaggio, y no al revés, ha creado la sensación de superioridad intelectual de la dominada sobre la dominadora. “El tiempo de la dominación española se considera decadente. El Renacimiento es un tiempo de crecimiento y el Barroco y la contrarreforma es decadencia”, explica Benigno, quien añade: “En Italia estaban las dos cosas más importantes para el Imperio español, la religión y la plata. Dominar Italia suponía dominar la religión. Al final, la cultura española se ha construido desde la italiana. Hay un diálogo entre ambos países en el barroco. El barroco es italiano y español”.

“Un ejemplo práctico de lo complicado de ese dominio es el papa Calixto III, primero de los Borgia. Es un papa del reino aragonés, reformista, que siempre fue rechazado y considerado un extranjero. Con él empieza el nepotismo porque los italianos no entendían ni apoyaban sus reformas. Lo consideraban un hombre poco ilustrado que vendía libros o cuadros para defender Constantinopla”, ejemplifica Rodríguez.

Los siguientes papas españoles Borgia no contribuyeron a mejorar la imagen hispana en estas tierras. “Durante los carnavales de 1499, se decretó en Roma que los españoles permanecieran encerrados en sus casas por temor a que muchos de ellos fueran asesinados”, recuerda Javier Reverte en su libro 'Un otoño romano', por el odio que los pontífices españoles y lo español producía en los locales.

Poco tiempo después, en 1527, se sucede el famoso Sacco di Roma (saqueo de Roma) por las tropas del emperador Carlos V. “El Sacco di Roma hace que Roma se reconozca frágil. Por las noches el pueblo romano temía salir. Los soldados, alemanes, españoles, italianos… tomaron el orgullo de la ciudad, robaron en las casas, violaron a las mujeres…”, cuenta Alberto. De alguna manera, ese saqueo se enlaza en el imaginario con la toma de Roma siglos antes por los bárbaros.

"Durante los carnavales de 1499, se decretó en Roma que los españoles permanecieran encerrados por temor a que muchos fueran asesinados"

“La dominación española estricta, con Castilla y Aragón unidos, comienza en 1503 y acaba en 1714. La idea de que ese fue un periodo de fanatismo y decadencia religiosa comienza en 1800. Se combatía a lo extranjero. En realidad, era una decadencia mediterránea, el poder se concentraba ahora en el norte de Europa. Esta es una visión histórica que ahora se está reconsiderando”, señala Spagnoletti.

El sur, pobre por español

¿Cómo surge la leyenda negra española en Italia? “Hay una leyenda negra española tras el Risorgimento (movimiento que lleva a la unidad de Italia de 1861). Los borbones que gobernaban el Reino de las dos Sicilias se identifican como una monarquía que viene de España. Los Saboya se atribuyen que ellos sí son Italia”, explica Alberto Rodríguez.

Es clave esa unidad conseguida por las tropas de Garibaldi y los Saboya que consiguieron conquistar el sur del país en una especie de conflicto civil, en el que los perdedores fueron los borbones italianos descendientes de los borbones españoles. España, sin ser dominadora oficial desde 1714, seguía teniendo una estrecha relación con el Reino de las dos Sicilias por lazos familiares. “El último vínculo directo entre España e Italia es la Constitución de Cádiz. La revuelta italiana del sur en 1820 usa la Constitución de Cádiz como texto. El Risorgimento acaba con esa unidad”, explica Spagnoletti.

Esa partición del país norte y sur, tan española y tan italiana, en el antes, el ahora y parece que el después de ambos países, ha formado parte de ese ideario. En Italia hay una especie de creencia social de que la falta de desarrollo del sur respecto al norte se debe a que los “incultos” españoles dominaron la parte meridional, mientras que el norte fue dominado por los “avanzados” franceses y austriacos. “Es cierto que entre alguna gente hay esa idea, pero no es un discurso real que el menor desarrollo de Nápoles y Sicilia se deba a ese dominio porque España también dominó Milán durante 200 años. El sur y el norte fueron durante años una economía integrada. De Lombardía llegaban telas y de Sicilia y Nápoles alimentos. En la Italia meridional hay quien afirma que la falta de desarrollo se debe a los Borbones y otros, sin embargo, señalan a la conquista y unidad de los Saboya como inicio del declive”, contesta Spagnoletti.

“La diferencia norte y sur es más marcada en Italia que en España. El sur español está más desarrollado que el italiano y el norte español está menos desarrollado que el italiano. La Lega (partido hoy liderado por Matteo Salvini] creó con sus ataques una identidad meridional”, explica Benigno. “Hace 10 años, en Italia había un riesgo independentista como hay hoy en España, pero en este momento la Lega ha virado a partido nacional y esa tensión se ha contenido”, apunta Spagnoletti.

El coche deportivo y la Vespa

En marzo de 2019, 'The Economist' ilustraba un artículo que se titulaba “La diferencia entre Italia y España”, con una esclarecedora viñeta: Italia era representada por un hombre de mediana edad gordinflón subido a una vieja Vespa y España por un moderno tipo que lo adelantaba subido a un coche deportivo.

Ilustración del artículo de 'The Economist'. (Peter Schank)
Ilustración del artículo de 'The Economist'. (Peter Schank)

La inercia de las últimas décadas parecía indicar que España ascendía mientras Italia parecía estar en una interminable cuesta abajo. El covid puede haber puesto el contador a cero en ambos lados y convertido la viñeta en un mismo tren, quizá coche de caballos, del que ambos países deben tirar de forma conjunta. “Italia y España son los soldados que están en primera línea. Estamos en la trinchera”, decía recientemente el primer ministro Giuseppe Conte. “La trágica experiencia del coronavirus ha unido más a nuestros países”, añadió el italiano tras visitar al presidente español Pedro Sánchez en La Moncloa.

Hay muchos desafíos comunes por delante entre ambos países: la crisis económica, la inmigración que viene del norte de África, el proyecto europeo, los populismos de derecha e izquierda, tensiones territoriales… La vieja España, a la que se miraba desde Italia con afecto pero por encima del hombro, ¿ha pasado a la historia? ¿España es merecedora de la leyenda negra que le persigue? No se trata para responder de darse golpes en el pecho de patria, ni de creer que tener un espíritu progresista y social es hacer lo contrario, se trata de entender la historia y su contexto para mejorar el futuro común de ambas naciones desde el pasado.

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