SIN NOVEDADES EN EL FRENTE BREXIT

Barnier ve "poco probable" en este punto un acuerdo pos-Brexit con el Reino Unido

El Reino Unido y la Unión Europea han finalizado este jueves una nueva ronda de conversaciones en Londres. El negociador europeo ha advertido de la falta de progresos

Foto: Michel Barnier y David Frost. (Reuters)
Michel Barnier y David Frost. (Reuters)

Las negociaciones entre el Reino Unido y la Unión Europea para la puesta en marcha de un acuerdo comercial el 1 de enero de 2021 empiezan a ser el día de la marmota. Tras cada ronda ambas partes aseguran que existen importantes diferencias, y Michel Barnier, negociador jefe de la Comisión Europea, advierte de la falta de tiempo y de progresos, una mezcla peligrosa después de que el Gobierno de Boris Johnson decidiera no pedir una prórroga del periodo transitorio, un tiempo en el que el Reino Unido, aunque ya fuera políticamente de la UE sigue formando parte de ella a nivel económico.

Después de una nueva ronda de conversaciones celebrada esta semana en Londres, Barnier ha explicado que siguen “sin progreso” en varios puntos clave, fundamentalmente dos: ‘level-playing field’ (LPF), que se puede traducir como igualdad de condiciones en una serie de elementos regulatorios como la ayuda de estado, y pesca. "Por su actual negativa a comprometerse a condiciones de competencia abierta y justa y a un acuerdo equilibrado sobre la pesca, el Reino Unido hace un acuerdo comercial, en este punto, poco probable", ha asegurado Barnier.

Eso sí, los equipos británico y europeo han logrado progresos en otros campos. En concreto esta semana se han destacado dos cesiones, una por cada lado. David Frost, negociador británico, ha admitido que el Reino Unido está dispuesto a buscar un mecanismo de gobernanza “más simple” del que hasta ahora pedían, una exigencia de la Unión Europea, que quería alejar a Londres de la idea de contar con una serie de acuerdos separados al estilo de Suiza que han sido un auténtico dolor de cabeza para Bruselas durante muchos años y que, de hecho, busca simplificar. El último deseo de la Comisión Europea era resolver el rompecabezas suizo solo para que acabara apareciendo uno nuevo.

¿Líneas rojas? Tengo otras

A cambio, Frost ha explicado que el equipo europeo ha movido sus líneas rojas sobre el rol que debe jugar el Tribunal de Justicia de la UE (TJUE), la alta corte de Luxemburgo que se convirtió en uno de los elementos centrales de la cruzada euroescéptica británica y que es el último intérprete del derecho europeo. También parece haber un mayor nivel de acuerdo en materia de cooperación judicial y policial.

Lo que es ya una realidad es que Johnson no cumplirá con el objetivo de lograr un acuerdo a finales de julio. Para Frost sí que sería posible alcanzarlo en septiembre. La UE no tiene tanta prisa, pero también tiene un límite, al menos de forma pública, que es mediados o finales de octubre para tener tiempo para todo el proceso de ratificación. Sin embargo el equipo de negociadores técnicos europeo está dispuesto a ir mucho más allá de esa fecha y continuar con las negociaciones bien entrado el otoño, algo a lo que se oponen sus homólogos británicos.

La Unión Europea ha concentrado todos sus esfuerzos en los últimos meses en la gestión económica del coronavirus y de hecho este martes alcanzó un histórico acuerdo para una masiva emisión conjunta de deuda con la que financiar un programa de recuperación de 750.000 millones de euros. Eso ha provocado dos cosas: la primera es que el tiempo que quede por delante sea mucho menor, y que Londres no haya podido encontrar en las capitales europeas la atención que esperaba obtener para poder hacer uso de ella en las negociaciones.

El ambiente general de las conversaciones ha mejorado, pero Barnier es claro en su mensaje: el Reino Unido no está involucrándose lo suficiente, y el francés cree que la UE sí lo está haciendo. De hecho durante su rueda de prensa este jueves ha insistido en varias ocasiones que tiene muy en cuenta todo lo que dice y escribe Johnson. Pero el problema para el equipo negociador europeo es que ahora, por mucha atención que le preste, las ideas no llevan a ningún sitio. Bruselas sigue esperando a que el Gobierno británico ofrezca una idea sobre qué régimen de ayudas de estado establecerá tras su salida de la Unión, pero el problema es que parece haber dificultades en el propio gabinete de Johnson para llegar a un acuerdo sobre ello.

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