terremoto en la administración pública

Guerra en el servicio civil: Reino Unido lanza la mayor reforma del Estado en décadas

El primer ministro, Boris Johson, está dispuesto a entrar en una guerra política para reformar el servicio civil en plenas negociaciones del posBrexit y la pandemia del covid-19

Foto: Un cartel contra Dominic Cummings, asesor de Boris Johnson. (EFE)
Un cartel contra Dominic Cummings, asesor de Boris Johnson. (EFE)

“Se avecina una gran tormenta sobre el Civil Service”, vaticinaba Dominic Cummings, el todopoderoso asesor del primer ministro Boris Johnson, en una reciente reunión con su equipo. Y, en efecto, los primeros temblores del terremoto que va a sacudir los cimientos del sistema público británico han comenzado a provocar las primeras grietas. El hombre que verdaderamente mueve los hilos en Downing Street —si quedaba alguna duda, fue disipada durante la pandemia— se dispone a llevar a cabo la mayor centralización del Estado en la historia reciente de Reino Unido.

Cummings quiere revolucionar la Administración pública con expertos procedentes del campo de la ciencia, la empresa y la tecnología —con especial atención sobre todo lo relacionado con la inteligencia artificial (IA)—. El pasado mes de enero, el estratega ya publicó un anuncio en su blog donde decía, literalmente, “se buscan raros e inadaptados” para esta misión. Pero la reforma está siendo cada vez más piramidal y lo que realmente preocupa a los analistas es que se termine con un “ejército” estilo Trump que ejecute las políticas sin tan siquiera cuestionarlas. La fórmula en democracia no suele salir bien.

Mientras los políticos vienen y van, el conocido Civil Service (o servicio civil) ha sido desde 1853 el engranaje clave de la maquinaria del Reino Unido. Se trata de una organización constante e imparcial que no solo está ahí para llevar a cabo los planes de las administraciones elegidas en las urnas, sino también para brindar asesoramiento y estabilidad al Gobierno de turno.

Por lo tanto, el hecho de que Sir Mark Sedwill —la máxima autoridad al frente de la Administración pública— haya presentado este lunes su carta de renuncia es sumamente relevante. Se trataba además del asesor de Seguridad Nacional, un puesto que, a partir de septiembre y sin tener experiencia previa en la materia, ocupará David Frost, actual negociador del equipo británico ante Bruselas para intentar cerrar un acuerdo comercial posBrexit. Por cierto, las fechas mandan un claro mensaje a la UE: debe haber avances significativos para otoño.

Sedwill es el tercer funcionario de alto rango que deja su puesto por desavenencias con el Número 10 en apenas unos meses. En febrero, Sir Philip Rutnam abandonó su oficina en el Ministerio del Interior y hace apenas un par de semanas Sir Simon McDonald hacía lo propio con Exteriores. De los grandes departamentos, el único superviviente que queda es Sir Tom Scholar, en el Tesoro, pero quizá no por mucho tiempo. Así que, definitivamente, “la gran tormenta” ha llegado.

¿Centralizar o descentralizar?

Según Cummings, el análisis que se está realizando de su estrategia es erróneo. Se trata de una “invención de la prensa” porque, según defiende, él no quiere centralizar el poder del Estado. Todo lo contrario. Su plan pasa por “aligerarlo” y dar más independencia a los departamentos gubernamentales individuales.

Seguramente, los medios también habrán “malinterpretado” el absoluto control impuesto al resto de asesores, que tienen prohibido comer con periodistas y temen ser pillados por la red de espías que el estratega ha creado en todos los restaurantes de la zona de Westminster. O puede que también se eche la culpa a las supuestas 'fake news' ante el hecho de que el comité de Inteligencia y Seguridad no se haya reunido desde las elecciones de diciembre (el parón más prolongado de los últimos 25 años) porque Cummings quiere controlar quiénes van a ser sus miembros. "The Dom factor" —el factor Dominic—, lo ha llegado a llamar el mismísimo 'The Telegraph', biblia para los 'tories'.

Lo cierto es que en Reino Unido siempre ha habido un sentimiento de que el primer ministro tiene mucho poder oficial, pero pocos recursos para imponerlo. En definitiva, puede tirar cuando quiera del freno de mano, pero eso no lleva implícito que el coche se detenga. Y esto ha creado diferentes batallas entre el funcionariado y gobiernos de todo signo político, desde el liderado por Margaret Thatcher —que ya en su día quiso sustituirlos por ejecutivos empresariales— hasta el de Tony Blair. Con todo, lo que se ha emprendido ahora es una auténtica guerra contra el funcionariado.

Aunque el término tiene en Reino Unido una connotación distinta. Mientras que existen actualmente alrededor de seis millones de 'public servants' (aquellos que trabajan para las instituciones públicas), solo hay unos 420.000 'civil servants' que recorren Whitehall, la gran avenida pegada a Westminster donde se encuentran todos los ministerios. Los sueldos iniciales rondan las 25.000 libras anuales, una cifra que podría duplicarse en el sector privado. Pero los que logran ascender, aparte de la satisfacción de servir al país y lidiar con asuntos de Estado, normalmente son premiados con títulos de 'Sir' o incluso 'Lord'. Y en la cultura británica, eso da mucho pedigrí e influencia.

Las pruebas de acceso son de lo más peculiares. Según ha podido saber El Confidencial, uno de los requisitos para entrar en el departamento de Exteriores, por ejemplo, es ser capaz de vender ante una mesa de expertos que se hacen pasar por hombres de negocios un programa (ficticio) que quiere llevar a cabo el Gobierno británico pero que va en contra de los intereses de otro país aliado, cuyo embajador (ficticio) está sentado también como comensal. Y todo ello, claro, sin poner en peligro las relaciones diplomáticas.

Dominic Cummings. (EFE)
Dominic Cummings. (EFE)

¿Reforma o guerra?

El asesor principal del primer ministro quiere ahora reformar la Oficina del Gabinete —creada originalmente para supervisar y centralizar el Servicio Civil—, ya que considera que la organización está “inflada” y es “ineficiente”.

“¿Hay margen de mejora? Por supuesto que sí y ningún funcionario respetuoso diría lo contrario”, señala Lord Kerslake, quien en su día fue responsable de la Administración pública para el Ministerio de Comunidades, en 'The Guardian'. “Pero es poco probable que la reforma vaya a salir bien si el Gobierno empieza una guerra”, advierte.

“Peor aún, este Ejecutivo parece estar preparándose para utilizar las dificultades que conlleva el Brexit y las deficiencias en la gestión de la pandemia como razones para socavar la imparcialidad de los funcionarios. Hay una narrativa perniciosa que une estas cuestiones y defiende el modelo estadounidense de designar para el Servicio Civil a personas que estarían completamente comprometidas con la política del Gobierno y la llevarían a cabo sin cuestionamientos. En la era del presidente Trump, dudo que haya muchos interesados ​​en esto. Pero podría suceder con sigilo. Por lo que es necesario un escrutinio exhaustivo de lo que puede ocurrir ahora en Whitehall”, añade.

Como parte de esta gran reestructuración, Downing Street también plantea cambiar la sede de determinados departamentos de Londres a otras zonas del país, para “reducir la distancia entre el Gobierno y el electorado”, en concreto aquel que votó por el Brexit. “Debemos estar más cerca de ese 52% que votó por salir de la UE para entender de primera mano sus motivaciones”, señala el jefe de Gabinete, Michael Gove. El que a efectos prácticos sería ministro de la Presidencia, siempre ha sido gran aliado de Cummings. Las nuevas oficinas podrían establecerse en el norte de Inglaterra, en el conocido como 'muro rojo', donde el electorado votó por los 'tories' por primera vez desde la II Guerra Mundial para asegurarse de que se llevaba a cabo el divorcio con el bloque.

Por otra parte, el primer ministro presidirá a partir de ahora tres nuevos comités sobre prioridades nacionales, internacionales y económicas para establecer estrategias con ministros del gabinete individuales encargados de que las políticas se implementen en Whitehall. Desde el Número 10, aseguran que el nuevo sistema se inspira en la estructura utilizada para las negociaciones del Brexit y la respuesta a la emergencia sanitaria inicial ante la pandemia. Aunque, de momento, no ha dado más detalles.

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