¿venganza personal o guerra de bandas?

¿Chechenos disparando fusiles en tu barrio? La brutal 'vendetta' que atenaza Francia

Barras de hierro, armas de fuego, hachas, cócteles molotov... Durante cuatro días, este compendio explosivo propio de una película de gánsteres golpeó la capital de Borgoña

Foto: Un coche en llamas fruto de los disturbios en Dijon. (EFE)
Un coche en llamas fruto de los disturbios en Dijon. (EFE)

Desde la noche del miércoles 10 de junio, un joven checheno permanece hospitalizado en la ciudad francesa de Dijon tras haber recibido una brutal paliza y ser amenazado de muerte pistola en mano. Se desconocen las razones del suceso y la identidad de sus protagonistas. Pero lejos de tratarse de un acontecimiento anecdótico, esta agresión se convirtió en el detonante de una 'pequeña guerra' de una violencia inédita entre la comunidad chechena y miembros del barrio popular de Grésilles. Barras de hierro, fusiles y pistolas, bates de béisbol y hachas, cócteles molotov, coches y mobiliario urbano en llamas… Durante cuatro días, este compendio explosivo -propio de una película de gánsteres o incluso del salvaje oeste- golpeó la capital de Borgoña y dejó a muchos franceses preguntándose, ¿dónde está el Estado?

¿Chechenos disparando fusiles en tu barrio? La brutal 'vendetta' que atenaza Francia

Siguiendo la cronología de los hechos, dos días después, la noche del viernes 12 de junio, un centenar de hombres enmascarados y armados con todo tipo de utensilios desembarcaron en el Black Pearl, un bar de cachimbas y potencial escondrijo de los camellos del barrio. Detrás de las máscaras y capuchas se encontrarían miembros de la comunidad chechena venidos para vengarse de la golpiza sufrida por el joven hospitalizado. El local quedó destrozado y tres personas heridas.

Al día siguiente, sábado 13 de junio, siguiendo el primer mandamiento de la ley del Talión —“ojo por ojo y diente por diente”— vecinos de Grésilles, con una mayoría de población de origen norteafricano, se ensañaron con sus vecinos chechenos. Durante toda la tarde, patrullaron a lo largo y ancho del barrio en misión de busca y captura, agrediendo de forma indiscriminada a cualquier persona de origen checheno. Ante la escalada de la violencia, miembros de la comunidad chechena de toda Francia e incluso de Bélgica y Alemania, según la prensa gala acudieron al auxilio de sus compatriotas.

A las 23.00 horas, a las puertas del restaurante de comida rápida Planet Pizza, un representante de la comunidad chechena y un representante del popular vecindario se dieron cita para negociar el cese de las hostilidades. En la base de las negociaciones se encontraría la posibilidad de que el líder de la milicia del barrio acudiese al hospital para pedir disculpas al joven agredido. Las discusiones terminaron con un deplorable desenlace: se lanzaron varios disparos y una de las balas hirió al hermano del gerente de la pizzería, actualmente hospitalizado (aunque fuera de peligro).

El domingo 14 de junio, la violencia alcanzó un nuevo nivel. Los chechenos se presentaron de nuevo en el barrio, esta vez el grupo ascendió a unos 200 individuos armados y dispuestos a protagonizar una verdadera expedición punitiva. Agrupados en medio de la carretera, un vehículo se vio obligado a rodear al gentío, y ante sus ojos, acabó perdiendo el control y dando varias vueltas de campana, sus dos ocupantes resultaron heridos de gravedad.

¿Dónde estaba la Policía?

La impactante y surrealista imagen se difundió como la pólvora en las redes sociales. La opinión publica empezó así a preguntarse sobre la laxitud de las fuerzas del orden: la noche del domingo, 37 agentes de las CRS —cuerpo especializado en el mantenimiento o el restablecimiento del orden público de la Policía Nacional de Francia— fueron movilizados para reforzar la seguridad pública de la ciudad de Dijon, sin embargo, tras tres días de fuertes altercados y seis heridos, no se produjo ningún arresto. Los residentes de Gresilles han afirmado sentirse abandonados por las fuerzas de seguridad, y que salieron a las calles solo para defenderse. "Sí, cogí un palo, pero para defender a mi familia. La policía no hizo nada. Fuimos abandonados, así que actué", afirmaba un residente a la agencia AFP.

El lunes 15 de junio, no quedaba ni rastro de los miembros de la comunidad chechena. Pero su ausencia no puso fin al surrealista episodio: varios habitantes del vecindario se echaron a las calles armados hasta los dientes, en los vídeos difundidos a través de internet se aprecian varios disparos e incluso armas que podrían ser fusiles Kaláshnikov, varios vehículos y mobiliario urbano fueron vandalizados y reducidos a cenizas. Su objetivo no era otro que amedrentar a los chechenos para evitar a toda costa su regreso. Una verdadera demostración de fuerza que todavía deja boquiabiertos a propios y a extraños.

En el ojo del huracán, criticado por su inacción e insólita ausencia, el Gobierno de Emmanuel Macron terminó tomando cartas en el asunto. El martes 16 de junio, Laurent Nunez, secretario de Estado ligado al ministerio del Interior, se desplazó hasta Dijon para anunciar una “respuesta extremadamente firme” contra “los matones que hemos visto exhibiendo armas […] los individuos que han venido aquí a protagonizar violencias”. Ese mismo día, 150 agentes de las fuerzas del orden fueron desplegados en la región para reforzar el dispositivo local, un refuerzo que “estará presente tantas veces como sea necesario”. Desde entonces, la tregua parece reinar en Dijon y, especialmente, en el barrio de Grésilles.

Pero esta tregua no se extiende al terreno político. Tratando de calmar los ánimos y frenar la avalancha de críticas de la oposición, el ministro del Interior, Christophe Castaner, ha prometido que “si hay extranjeros implicados en las perturbaciones del orden público, examinaremos sistemáticamente la posibilidad de expulsarlos, de conformidad con los procedimientos administrativos y, en su caso, judiciales”.

"Dado que la Justicia llega demasiado tarde y la policía no tiene los medios, la comunidad chechena vino a hacer valer sus derechos por sí misma"

Una promesa que se hace eco de las diatribas lanzadas por la líder de extrema derecha Marine Le Pen, quien no dudó en desplazarse hasta Dijon para tratar de sacar partido del incidente. La presidenta del Reagrupamiento Nacional (RN) —antiguo Frente Nacional— denunció un “comunitarismo que ya no duda en afirmarse […] a través de desfiles de grupos armados que actúan a la vista de todos”.

Las críticas no solo manan de la oposición; en el seno de las fuerzas del orden los ánimos andan caldeados. “Algunas personas querrán culpar a la Policía Nacional de la situación —lanzó David Le Bars, secretario general del Sindicato de Comisarios de la Policía Nacional (SCPN-UNSA)—. (…) pero en el otro bando hay un montón de tipos desfilando con armas reales. La semana pasada, ciertos políticos pidieron el desarme de la policía [en el contexto actual marcado por las críticas en torno a la violencia policial, a la estela de la muerte de George Floyd durante su arresto en Estados Unidos]. La situación en Dijon ha demostrado que las cosas no pueden ser tan simples”.

El incidente plantea muchas interrogantes: ¿se trata realmente de un enfrentamiento entre comunidades o se trata de un ajuste de cuentas? ¿Podría ser un asunto relacionado con el tráfico de drogas? ¿Existe realmente una comunidad chechena armada y organizada en Francia? Con el objetivo de obtener respuestas, la Fiscalía ha iniciado una investigación por “tentativa de asesinato en banda organizada, asociación delictiva y participación en un grupo armado”. En el marco de la misma, este jueves 18 de junio, cinco miembros de la comunidad chechena han sido detenidos.

Pero el problema no tiene fácil solución. El alcalde de Dijon, el socialista François Rebsamen, los resumió como una combinación fatal de falta de medios de la policía frente a un centenar de individuos fuertemente armados que clamaban venganza. “Dado que la Justicia llega demasiado tarde y la policía no tiene los medios para actuar, la comunidad chechena vino a hacer valer sus derechos por sí misma”, resumió el regidor.

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