juan verde, estratega electoral y empresarial

"Soy optimista: la pandemia nos llevará a una nueva economía 'low cost' sostenible"

Verde es el auténtico español en la corte del Rey Arturo. Ha trabajado con Obama y los Clinton. Experto en economía sostenible, asegura que hay motivos para ser optimistas

Foto: Juan Verde.
Juan Verde.

Estos días, las visiones fatídicas abundan en los análisis de prensa y televisión. Escenarios apocalípticos de un mundo poscovid que apenas reconocemos, pero aceptamos como verdades sobrevenidas e inalterables. No se puede hacer nada. El retrato de los medios presenta una sociedad de dinosaurios mesmerizados ante el meteorito. Lo resumía la historiadora económica de la Universidad de Illinois Deirdre N. McCloskey en un ensayo sobre ‘El Capital en el Siglo XXI’ de Piketty: “Por motivos que nunca he llegado a comprender, a la gente le gusta escuchar que el mundo se va al infierno”.

Sí, es una cuestión de vender periódicos (ya sabe que la catástrofe -no importa cuándo lea esto- está de moda). Pero también un reflejo del sesgo agorero del análisis contemporáneo. Es el ‘mojo’ del derrotismo. Nadie quiere ser tachado de iluso. "Un pesimista es sólo un optimista bien informado", explicaba el periodista uruguayo Mario Benedetti. Ante semejante panorama, es importante escuchar voces como la de Juan Verde. No porque nos vaya a decir que todo va a estar bien. Que definitivamente no. Sino porque nos recuerdan que no somos dinosaurios. El resultado, en parte, “depende de nosotros y de las lecciones que saquemos” de la pandemia. Y no se puede decir que Juan verde sea un tipo mal informado.

A punto de cumplir 49 años, este teldense licenciado en ciencias políticas por la Universidad de Boston, es el auténtico español en la corte del Rey Arturo. Su trabajo como asesor político y estratega electoral es un ‘Quién es quién’ de la flory nata del Partido Demócrata en las dos últimas décadas. Los expresidentes Bill Clinton y Barack Obama, Al Gore, Hillary Clinton, John Kerry, Ted Kennedy, Joe Biden. En el Gobierno de Obama fue subsecretario adjunto para Europa y Eurasia en el Departamento de Comercio, el cargo más alto ocupado por un español en la administración estadounidense.

Recurrimos a Verde, experto en economía sostenible y uno de los 100 líderes hispanos más influyentes en la lucha contra el cambio climático, para examinar los diferentes escenarios por los que podemos transitar en los próximos meses, cómo interpretar las claves de ese horizonte y cuáles son los motivos para conservar cierto optimismo (a medio plazo). Pero antes de hablar del futuro, analicemos la situación actual y hagamos un balance de daños.

“Es irresponsable pensar a estas alturas que la recuperación va a ser leve y rápida. Va a ser una crisis muy severa. Peor que la Gran Depresión (1929) y que la Gran Recesión (2008). Una definición de economía de posguerra quizás sea más acertada. Cuando se habla de si es una curva, una U o una V, yo creo que es una L: baja consumo, se desploma la confianza y entras en recesión. Llegado un punto, se nivela y se comienza a crecer poco a poco. Todo esto en un escenario de incertidumbre sanitaria y social a nivel global”.

No parece un arranque muy optimista. Y Verde no se esfuerza en maquillarlo. La combinación de un mundo en recesión, con una pandemia a diferentes velocidades y sin vacuna a la vista hace que los próximos meses luzcan desoladores. En este paisaje, los intereses sanitarios, económicos y políticos se entremezclan. Por eso, “más que nunca”, se necesitan equipos multidisciplinares. Las decisiones no deben estar “sólo” en manos de los virólogos, pero “tampoco de los políticos”. “Hay que buscar una solución intermedia, flexible e ir ajustando las medidas. Al fin y al cabo, este es un camino que nadie ha recorrido antes”. También, sugiere desde el otro lado de la línea, es el momento para pensar diferente y dejar las mezquindades a un lado. Europa es un claro ejemplo.

Este es un momento histórico que marca un antes y un después, pero los gobiernos tratan de minimizar la aplastante realidad

Europa tiene mucho que ganar si colabora, si empieza a crear espacios comunes de solidaridad, de transferencia de riesgo y transferencia de riqueza. No por mera solidaridad, sino porque le viene bien a todos. Si no hay mercado para Alemania, no hay prosperidad en los países nórdicos y viceversa. Sin meternos en cuál es el más apropiado (transferencias, coronabonos, deuda perpetua), las condiciones son propicias para que florezcan nuevos mecanismos que antes no parecían viables. No sólo está en juego la recuperación de los países del sur de Europa, sino el propio futuro de la UE”.

Pero, aunque la circunstancia lo amerita, los políticos no parecen estar a la altura. “Este es un momento histórico que marca un antes y un después. Y veo que los gobiernos tratan de minimizar la aplastante realidad y me parece muy cortoplacista desde un punto de vista político. Lo cierto es que va a ser complicado. No deberían vender soluciones fáciles”.

Otro mundo pero, ¿qué mundo?

Que el mundo ha cambiado es otra cosa que no paramos de escuchar estos días. Pero, ¿cómo? Los espejismos de ‘nueva normalidad’ hacen que queramos recuperar la vida justo en el punto que la dejamos y no parecemos conscientes de que la pandemia sigue su curso. Verde insiste en que es complicado hacer una predicción si todavía ni siquiera sabemos cuándo o cómo (o si) nos libraremos del virus. Pero, independientemente del devenir covid-19, sí hay una fecha clave que marcará el mundo pospandémico. El próximo 3 de noviembre.

La clave de todo lo que viene, la clave del orden mundial, está en lo que ocurra en las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Del resultado de ese día va a depender la reacción y recuperación mundial del coronavirus”, asegura el experto electoral. Dos caminos se abren ese día: uno para restañar la cuestionada alianza transatlántica “que por primera vez desde 1945 muestra peligrosas señales de vulnerabilidad y fatiga” o, por el contrario, que Occidente caiga “víctima de sus contradicciones internas y se den las condiciones para un auge definitivo de China”.

Su análisis en este punto, como él mismo recuerda, es parte interesada. Hace apenas dos preguntas tuvo que cortar la conversación durante 10 minutos para atender una llamada de Biden. [“Cuando llama el jefe, hay que atender”, se disculpa]. Verde está en el comité nacional de finanzas de la campaña del exvicepresidente y reconoce que, “lamentablemente”, la respuesta de Trump al coronavirus ha puesto el viento a su favor. Y eso, más que medirse en lo que baja en las encuestas el mandatario republicano, se refleja nítidamente en lo que no sube.

“Hace un mes y medio, para mucha gente la reelección de Donald Trump era inevitable. Pero hoy es un mundo muy distinto”, se explica. “Los americanos siempre aplican la filosofía (atribuida a Abraham Lincoln) de que ‘nunca se cambia de caballo a mitad del río’. En momentos de crisis, suelen arropar a su líder, congregarse bajo la bandera. Sin embargo, los índices de popularidad del presidente están donde estaban antes de la crisis o más bajos. ¿Eso es bueno? No. Es terrible para él. Con un evento como éste, similar a una guerra, cualquier presidente debería ser capaz de subir 20-30 puntos. Esto te dice mucho de su vulnerabilidad”, reflexiona.

Trump es su peor enemigo, pero seis meses en política son una eternidad

Verde acumula los argumentos que han convertido a Trump “en su peor enemigo”: sus incongruencias, sus cambios de opinión, sus recomendaciones médicas de beber lejía (esta entrevista se realizó antes de los disturbios generados por la muerte de George Floyd a manos de la policía). Aún con todo eso, se percibe que el rival es duro. “Sabemos que seis meses en política son una eternidad”, apostilla.

Esto tampoco esto es muy esperanzador. Independientemente del resultado, vemos ante nosotros un mundo más polarizado, más nacionalista y proteccionista. “Surgirá la necesidad, y con razón, apostar por ciertas medidas de proteccionismo sobre sectores estratégicos de la economía -farmacéutico, energético- y disminuir la dependencia de China en la cadena de suministro global. Una de relocalización de ciertos sectores que vuelven a sus países o áreas de influencia. Y habrá ganadores y perdedores”. ¿Y entonces?

Aprender la lección, salvar al planeta

El punto es que la crisis pasará. Y, más allá de sus efectos a corto plazo -o quizás por esos mismos efectos-, se nos presenta una “una oportunidad única”, dice Verde. “Soy extremadamente optimista al respecto. No sé cómo va a terminar esto, no tengo bola de cristal, pero sí sé cómo deberíamos salir de esta crisis y la que creo que va a ser la fórmula del éxito: la sostenibilidad como eje de esa recuperación y reconstrucción económica. Los próximos años se van a invertir trillones de dólares en estos procesos. Es una oportunidad inédita para no volver atrás y apostar por la sostenibilidad como ventaja competitiva, tecnología, de innovación”.

Habrá cambios de distinto grados en diversas esferas de la gestión política, económica y empresarial (“una nueva forma de entender la seguridad nacional, una revisión del valor y respeto por lo público, rescates de aerolíneas y del sector turismo -en vez de bancos-, más dinero público en tecnología”). Pero el verdadero epicentro del cambio social estará en los hogares. “La pandemia va a acelerar el cambio en la forma en la que consumimos. Vamos hacia una nueva economía ‘low cost’, pero no como antes centrada sólo en el precio, sino sostenible y responsable. Y eso lo va a cambiar todo”.

¿Y por qué? ¿Cómo va a impactar el nuevo coronavirus a las decisiones de compra de un consumidor que piensa con el bolsillo?

“No es ser romántico o extremadamente optimista, creo que soy pragmático. Ya antes de la crisis había estudios sobre cómo estaban cambiando los hábitos de consumo. Un nuevo modelo donde el consumidor busca el producto asequible, pero también quiere sentirse bien con la opción de compra. Es decir: barato y responsable. Y las empresas van a tener que dar lo que los clientes piden”.

La aceleración de este cambio de mentalidad -redondea su idea Verde- se debe precisamente al virus. “Si hace un mes nos llegan a avisar que el coronavirus iba a ocurrir, hubiéramos hecho planes de contingencia, hubiéramos tratado de tenerlo todo listo o al menos no nos habría pillado como nos pilló. Creo que ahora muchos van a entender que hay que aplicar esa filosofía al cambio climático, que estamos todos en el mismo barco. Si algo ha demostrado esta crisis es que los problemas globales requieren soluciones globales. Podemos aprender esta lección”.

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