la política ha acabado impactando la gestión

Los alemanes no son perfectos: lecciones pendientes en la gestión del coronavirus

¿Es la vía alemana la mejor respuesta europea a la crisis sanitaria? Estos son algunos de los desafíos y deficiencias de la estrategia del Gobierno de Berlín

Foto: Un hospital temporal de Berlín, casi vacío por la estabilización de la pandemia. (EFE)
Un hospital temporal de Berlín, casi vacío por la estabilización de la pandemia. (EFE)

Una líder aplaudida en todo el mundo, un bajísimo número de muertes y un colapso sanitario que nunca llegó: la 'vía alemana' se ha confirmado como una de las más efectivas en la lucha contra la pandemia en Europa. El último éxito ha sido el regreso de la Bundesliga el pasado fin de semana. Un logro tan simbólico como las imágenes del hospital del Messegelände, levantado en pocas semanas en el oeste de Berlín, con sus 500 camas prácticamente sin uso hasta ahora por falta de pacientes. Sin duda, Alemania y su sistema sanitario han hecho muchas cosas bien.

Pero no todo es perfecto. Hay detalles que muestran que la gestión germana también ha sufrido varios traspiés de los que todos podemos aprender y aún afronta desafíos que pueden condicionar la larga batalla contra el covid-19. Comenzando por una desordenada desescalada, marcada más por los egos políticos y las distintas competencias de los estados federales que por consideraciones netamente sanitarias.

La pandemia ha impactado de forma distinta en cada uno de los 16 'Länder', desde Baviera, el más afectado hasta la fecha con más de 45.000 contagios, a Mecklemburgo-Pomerania Occidental, que reporta menos de 800 infecciones. Esto ha conducido a una competición, a veces peligrosa, entre los gobiernos regionales por ganar la carrera del desconfinamiento. La canciller, Angela Merkel, se quejó hace algunas semanas internamente de las "orgías en las discusiones por la reapertura" —una formulación bastante criticada luego en el debate público—, para advertir sobre los riesgos de una desescalada caótica y prematura.

Detrás del duelo entre 'Länder', hay una disputa con claro trasfondo político entre aspirantes para ser los reemplazos de Merkel como futuro canciller. Por un lado, el primer ministro de Baviera y líder de la Unión Social Cristiana (CSU) en esa región, Markus Söder. Por otro, Armin Laschet, primer ministro de Renania del Norte-Westfalia y candidato a dirigir la formación hermana Unión Demócrata Cristiana (CDU).

"Para mí, las medidas de desescalada van demasiado rápido en algunos lugares. Sería mejor ir más lento", dijo Söder, uno de los políticos mejor valorados por su diligencia para impulsar restricciones en los primeros días, a la cadena pública ZDF, alertando sobre el peligro del pulso regional por ver "quién le gana al otro".

Si bien hay quienes ven la competencia entre estados una oportunidad para lograr la mejor estrategia posible, la desescalada caótica también implica riesgos. Y en caso de que haya un rebrote o una segunda ola de contagios, el pulso regional podría ser el factor que se cuelgue el sambenito. Por ahora, al menos, es difícil mantener la cuenta sobre los pasos de la desescalada. Casi todos los estados han ordenado ya la reapertura de la gastronomía al aire libre, aunque mantienen la prohibición para bares. Otros, como Bremen y Sajonia, seguirán prohibiendo las visitas en las residencias de ancianos.

Problemas de rastreo

Alemania también podría lidiar con problemas de índole estructural que podrían representar un riesgo mucho mayor para contener la enfermedad en las próximas semanas, según se vuelvan a facilitar viajes y la visita a segundos domicilios, por ejemplo en los estados costeros. Según una encuesta publicada la semana pasada por las cadenas públicas regionales NDR y WDR, muchas de las casi 400 delegaciones de Sanidad del país no cumplen con el requisito de rastrear a todas las personas con las que cada contagiado ha tenido contacto.

La encuesta recogía que solo 158 de las 401 comarcas o municipios germanos reportaron capacidades suficientes para cumplir con el rastreo. Dos admitieron no poder cumplir con la medida, mientras que 241 no realizaron reportes. Unas cifras incompletas que podrían desvirtuar los análisis y estimaciones que hace el instituto Robert Koch (RKI), la entidad a cargo de liderar la lucha contra la enfermedad.

Y pese a que la ralentización de los contagios parece dar la razón a la estrategia elegida desde el comienzo por el instituto, su presidente, Lothar Wieler, también afronta críticas. Por ejemplo, por errores de comunicación y recomendaciones aparentemente contradictorias, como restar inicialmente importancia al uso de mascarillas. Y más adelante también por la negativa del RKI a que se haga la autopsia a víctimas del covid-19, una exigencia de varios científicos que estudian los efectos de la enfermedad.

Otro déficit que puede afectar la búsqueda de estrategias conjuntas a nivel europeo es el hecho de que Alemania no está cumpliendo con enviar sus cifras nacionales a EuroMOMO, un proyecto europeo para recoger datos de mortalidad en los diferentes países. Ello, explica el RKI a El Confidencial, se debe a que Alemania no contaba hasta hace muy poco con un marco jurídico adecuado, recién creado con la ley para el combate contra el sarampión que entró en vigor el 1 de marzo de este año. Por ahora, solo los estados de Berlín y Hesse envían estadísticas a EuroMOMO.

"La aplicación está prevista para noviembre de 2021", señala el Robert Koch sobre los mecanismos legales para reportar sus datos a la base de datos con sede en Copenhague. El instituto asegura que en la cifra oficial de muertes en Alemania —más de 8.000 hasta la fecha— fluyen tanto los fallecidos directamente por covid-19 como las víctimas de otras enfermedades en las que se ha detectado el virus. La baja letalidad del país siempre ha llamado la atención, casi siempre en forma de admiración, aunque en algunos casos también por incredulidad.

Los mataderos, focos infecciosos

En los últimos días, se han disparado además las alarmas por varios brotes de coronavirus en mataderos y otros locales de la poderosa industria de producción cárnica en varios 'Länder'. El más reciente se registró en la región de Osnabrück, en Baja Sajonia, con 92 contagios. Varias plantas han suspendido la producción.

El semanario 'Der Spiegel' informó de más de 900 contagios en las últimas semanas en mataderos de cuatro estados federales —Schleswig-Holstein, Baja Sajonia, Renania del Norte-Westfalia y Baden-Wurtemberg—, todos localizados en la más industrializada Alemania occidental. Los brotes son atribuidos a las malas condiciones laborales y de alojamiento de los trabajadores, muchos de ellos procedentes de países del este como Rumanía o Bulgaria.

El Sindicato de Alimentos y Restauración exige por eso una "reforma desde los fundamentos" en todo el sector. El gabinete de crisis del Gobierno tiene la situación en los mataderos como uno de los puntos centrales de su agenda esta semana, mientras por todo el país aumentan las protestas de conspiracionistas convencidos de que la pandemia es un gran complot dirigido por Bill Gates y de que el país va rumbo a la dictadura.

El Ejecutivo de Merkel es consciente de que la crisis está apenas en sus inicios y que, descartada la mezcla de medidas autoritarias y sobrevigilancia tecnológica de varios países asiáticos, la 'vía alemana' puede llegar en cualquier momento a sus límites como modelo de respuesta occidental a la pandemia.

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