POR RECIBIR EN SU CASA A SU AMANTE

La comedia negra británica del covid: Mr. Confinamiento dimite por ver a su amante

El hecho de que el científico de 51 años que forzó a Johnson a cambiar su estrategia haya tenido que dimitir por saltarse la cuarentena refleja hasta qué punto andan mal las cosas en UK

Foto: Neil Ferguson. (Wikimedia Commons)
Neil Ferguson. (Wikimedia Commons)

Gran parte de la política es simbología. Y el hecho de que Neil Ferguson, el científico de 51 años que forzó a Boris Johnson a cambiar su estrategia frente a la pandemia del coronavirus, el mismo que se ganó el apodo de 'Mr. Confinamiento', haya tenido que dimitir como asesor de Downing Street por saltarse la cuarentena para verse con su amante, refleja hasta qué punto andan mal las cosas en el Reino Unido, convertido ya en el país más afectado de Europa por el covid-19. A nivel global, tan solo es superado por los Estados Unidos.

En definitiva, momentos delicados para un primer ministro que impuso más tarde que nadie las restricciones y que a punto estuvo de perder la vida, según sus propias palabras, por un “asesino silencioso” que ha puesto ahora en jaque su Gobierno.

A la polémica renuncia de Ferguson no le faltan detalles. Y no es porque su amante, Antonia Staats (38 años), viva con su marido y sus dos hijos, sino porque en el momento en que tuvieron lugar los dos encuentros, el epidemiólogo acababa de terminar sus dos semanas de aislamiento por haber dado positivo por coronavirus y el esposo de Staats comenzaba a desarrollar síntomas.

El hombre que advirtió a Reino Unido

Ferguson dirigió la investigación del Imperial College de Londres cuyas conclusiones obligaron al Gobierno a endurecer sus medidas. El estudio, publicado el 17 de marzo, advertía de que si no se llevaba a cabo el confinamiento, el Reino Unido podía llegar hasta los 500.000 muertos. La cuarentena no se impuso hasta el 23 de marzo, cuando se habían registrado 967 casos y 74 muertes. Llegó, por tanto, dos semanas más tarde que Italia y una semana más tarde que Francia y España.

La primera visita que el epidemiólogo recibió de su amante fue el lunes 30 de marzo. Ella estaba en su casa en el momento en que él concedía una entrevista donde advertía de la importancia de las restricciones sociales, que aconsejaba alargar hasta junio. La segunda visita de Staats —que para endulzar aún más el relato, es una activista de izquierdas— se realizó el 8 de abril, cuando su marido, un académico de unos 30 años, había desarrollado ya síntomas por covid-19.

Boris Johnson. (Reuters)
Boris Johnson. (Reuters)

Staats asegura que no hay nada hipócrita en su comportamiento, ya que mantiene una relación abierta con su pareja. Bajo esa premisa, entiende que el domicilio de Ferguson también era su hogar. El pequeño detalle es que para ir desde su casa —valorada en 1,9 millones de libras— hasta la del epidemiólogo, hay que cruzar medio Londres.

Por su parte, el científico ha pedido disculpas. “Admito que cometí un error de juicio e hice algo incorrecto. He decidido retirarme del SAGE [Grupo Asesor Científico para Emergencias, en sus siglas en inglés]”, explica en un comunicado. “Actué bajo la creencia de que estaba inmunizado, después de haber dado positivo por el coronavirus y de haberme aislado por completo durante dos semanas tras los primeros síntomas. Lamento profundamente haber perjudicado las consignas claras del Gobierno sobre la necesidad permanente de mantener la distancia social para controlar esta devastadora epidemia”, recalca.

El mes pasado, la jefa del servicio médico del Ejecutivo escocés, Catherine Calderwood, también se vio obligada a dimitir después de ser pillada 'in fraganti' —en repetidas ocasiones— escapándose a su segunda residencia con su familia los fines de semana, exactamente haciendo aquello que tanto criticaba en sus intervenciones.

Sin embargo, la polémica del epidemiólogo del Imperial College de Londres adquiere completamente otra dimensión. Supone un auténtico revés para Johnson, quien tiene que explicar ahora por qué el Reino Unido ha superado ya a Italia convirtiéndose en el país más afectado de Europa por una pandemia ante la que la propia prensa 'tory' le acusa de haber reaccionado tarde.

La guerra de las cifras

No hay consenso ahora con las cifras. Aunque, se mire por donde se mire, el número de fallecidos supera ya los 29.315 registrados el martes por la noche en Italia. Según los últimos datos de Downing Street —que desde la semana pasada, además de hospitales, contabiliza también los decesos registrados en residencias de mayores y domicilios particulares—, los muertos este martes ascendían a 29.427.

Por su parte, la Oficina Nacional de Estadística (ONS, por sus siglas en inglés) asegura que 29.648 personas han fallecido por el virus en Inglaterra y Gales hasta el pasado 27 de abril —frente a 29.079 en Italia—, lo que, añadido a las muertes en Escocia e Irlanda del Norte (que llevan a cabo su propio sistema de recuento), daría un total de 32.313 víctimas mortales, según cálculos realizados por Reuters.

En cualquier caso, el análisis de la ONS incluye también aquellos casos en que el virus figura como “posible causa” de fallecimiento, un baremo que no se utiliza en Italia, por lo que el Gobierno dice que hay que tener cuidado a la hora de realizar comparaciones internacionales.

'The Times' sitúa la cifra de muertos en los 55.700, al comparar los fallecidos en hospitales por covid-19 con el exceso de decesos —la cantidad de muertes semanales menos el promedio de cinco años— que han tenido lugar desde el inicio del brote. Y luego están los cálculos de Chris Giles, del 'Financial Times', que sitúan el número de víctimas mortales en 53.800.

La mayoría de los países europeos han comenzado a ejecutar ya su estrategia de desescalada. Sin embargo, a pesar de que los británicos han superado ya el pico de la pandemia, el primer ministro pide ahora cautela.

Johnson quiere ir con pies de plomo, sobre todo teniendo en cuenta el 'pinchazo' sufrido en Alemania. El que es considerado como alumno aventajado de Europa ha registrado un ligero repunte en el número de casos, tras levantarse las primeras restricciones. La ratio de contagios provocados por una persona afectada (la famosa R) ha pasado de 0,7 a 1, lo que ha dado de nuevo un giro ascendente a la evolución de la curva, obligando a Berlín a frenar la desescalada. Es precisamente esta R lo que va a marcar nuestras vidas durante los próximos meses.

De momento, el confinamiento en el Reino Unido está impuesto hasta este jueves, pero no será hasta el domingo cuando el líder 'tory' anuncie su hoja de ruta para “reactivar la economía, reabrir los colegios [el curso no termina hasta finales de julio] y garantizar que los británicos vayan de manera segura a sus puestos de trabajo”. Por lo tanto, no se descarta que la cuarentena vaya a alargarse durante unos días más para dar tiempo a las empresas a adoptar las nuevas medidas. Aunque no hay aún nada confirmado, según la prensa, es muy probable que se impongan turnos en las oficinas para evitar aglomeraciones en las horas punta y se siga recomendando a todo aquel que pueda trabajar desde casa que lo siga haciendo.

Por parte del 'chancellor', Rishi Sunak, hay más presión que nunca para que se administre oxígeno a la economía. El Gobierno se comprometió a pagar el 80% de los salarios de todos los empleados afectados por la crisis del coronavirus, hasta un máximo de 2.500 libras al mes. Sin embargo, Sunak quiere reducir ahora el porcentaje al 60%.

A día de hoy, 27 millones de personas, lo que supone más de la mitad de la población adulta, están siendo financiados de una manera u otra por las ayudas presentadas por el Ejecutivo. Y en este sentido, se ha llegado a un escenario insostenible porque el Gobierno está a punto de superar el presupuesto destinado al mismísimo NHS (Sistema Nacional de Salud).

Las cifras oficiales publicadas este lunes revelan que los ERTE aplicados a 6,3 millones de personas en el primer mes han supuesto un coste de 8.000 millones de libras. El presupuesto mensual del NHS es aproximadamente de 11.000 millones.

El Gobierno, por tanto, debe actuar. Pero, al mismo tiempo, no puede arriesgarse a sufrir un segundo pico de la pandemia aún más letal. En definitiva, esta es la verdadera prueba de fuego para Johnson. El 'premier', que tantas veces se ha referido a Churchill como su héroe, tenía entre sus planes dirigir un país que acaba de terminar la era de la austeridad y que, ya fuera de la UE, podía tomar un nuevo rumbo arriesgando en innovación sin que nadie le tosiera en la Cámara de los Comunes, tras lograr la ansiada mayoría absoluta.

Sin embargo, el Reino Unido está ahora en guerra contra ese enemigo “asesino y silencioso” que a punto estuvo de costarle vida. Por lo tanto, es ahora cuando Johnson debe mirarse en su admirado Churchill. De momento, su gestión ante la crisis no está exenta de críticas. Las más feroces, por cierto, por parte de la prensa de línea editorial más conservadora. El Gobierno no está cumpliendo con su objetivo de realizar 100.000 test diarios. Por otra parte, los sanitarios denuncian que no cuentan con suficiente material de protección.

La columnista Jenni Russell, del 'New York Times', aseguraba esta semana que es ahora cuando más se está poniendo en evidencia la debilidad del Gabinete, ya que, al convertirse en líder 'tory', Johnson “decidió deshacerse de los opositores que tenía dentro del partido para rodearse de personajes más pequeños, que no lo amenazaran ni desafiaran: en definitiva, políticos elegidos en general más por su maleabilidad y su lealtad al proyecto del Brexit que por su talento”.

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