Ha tenido que apretarse el cinturón

El Vaticano se prepara para desconfinarse: cardenales con mascarillas y una 'task force'

También el diminuto estado de la Ciudad del Vaticano ha decidido encaminarse hacia una gradual reactivación de los llamados servicios ordinarios de la Santa Sede

Foto: Un fraile pasa junto a la Plaza de San Pedro en El Vaticano. (Reuters)
Un fraile pasa junto a la Plaza de San Pedro en El Vaticano. (Reuters)

Acorde a la decisión del pasado domingo del Gobierno italiano de aligerar el confinamiento a partir del 4 de mayo, también el diminuto estado de la Ciudad del Vaticano ha decidido encaminarse hacia una gradual reactivación de los llamados "servicios ordinarios" de la Santa Sede. Pero para ello han puesto sus precauciones: una 'task force' y mascarillas para todos.

Entre los servicios que se irán recuperando primero no serán las multitudinarias misas, como algunas voces dentro de la Iglesia han ido insistiendo al gobierno vecino en Italia, sino las consultas médicas del ambulatorio vaticano —que se prevé que se reanuden en mayo, tras haber sido temporalmente suspendidas por el covid-19—, según ha confirmado una fuente de las autoridades vaticanas a El Confidencial. Se tomarán "las precauciones sanitarias" necesarias para alimentar la propagación del virus, algo que, en plata, implicará "la fuerte recomendación" de llevar guantes y mascarillas —cardenales y jefes de ministerios incluidos— y respetar el distanciamiento social dentro del Vaticano, especialmente en los lugares en los que habrá que compartir los espacios con otros, según explicó la misma fuente.

El propio Papa se ha dicho convencido —al menos de palabra— de la necesidad de respetar las recomendaciones hechas, también durante la desescalada. Serán necesarias "prudencia y obediencia" ante las disposiciones para salir de la cuarentena, dijo este pasado martes, en un mensaje que algunos analistas interpretaron como un aviso a aquellos sectores que en los pasados días presionaron para que las misas se vuelvan a celebrar.

El pedido de Jorge Bergoglio llega tras dos meses en los que él mismo cambió su estilo de Gobierno. Aunque ha seguido reuniéndose casi todos los días con sacerdotes y autoridades, desde marzo se ha visto forzado a suspender de manera indefinida la presencia de fieles en sus antaño multitudinarios eventos. Todo —sus misas diarias en la capilla del albergue de Santa Marta, su residencia, así como las tradicionales audiencias de los miércoles y los Ángelus de los domingos— es ahora retransmitido por 'streaming' a través de las redes sociales que usa el Vaticano o en señal abierta en la televisión de la Santa Sede.

También han sido suspendidos los viajes más inmediatos de Francisco —entre ellos, un viaje a Malta que había sido previsto para finales de mayo—, y han sido limitadas sus reuniones con autoridades civiles; esto último, sobre todo, por la imposibilidad de viajar hasta Roma. Las (pocas) entrevistas que ha concedido se han realizado únicamente por escrito o medios electrónicos. Todo medidas para proteger la salud del Santo Padre, como es costumbre que ocurra con los papas.

Apretarse el cinturón

Pero el pequeño Estado no ha sido inmune al virus. Al menos once funcionarios vaticanos han sido contagiados por el nuevo coronavirus, según el último informe de la institución el 30 de abril. De momento el balance es positivo, especialmente tras el gran susto de los primeros días de marzo, cuando la prensa italiana informó de una persona contagiada que había estado presente en un congreso sobre ética de la inteligencia artificial, organizado por El Vaticano y al que también habían participado directivos de la multinacional IBM y de Microsoft.

De ahí que gran parte de las medidas fueron tomadas entre el 6 y 11 de marzo, según documentos internos de la Secretaria de Estado del Vaticano a los que ha tenido acceso El Confidencial. Entre las muchas acciones destinadas a los funcionarios vaticanos, se dispuso la suspensión de reuniones y eventos sociales, la prohibición de aglomeraciones en ambientes cerrados —incluso el ascensor—, y la limitación de los viajes innecesarios. Además de ello, se pidió facilitar el teletrabajo, los horarios flexibles, y limitar al mínimo la presencia en las oficinas vaticanas de personas con hijos, para permitirles pasar "más tiempo con sus familias", en línea con la histórica atención del Vaticano por un Estado del bienestar fuerte.

El Papa Francisco camina por una Roma desierta. (Reuters)
El Papa Francisco camina por una Roma desierta. (Reuters)

También se ordenó el cierre masivo de casi todas las estructuras culturales y turísticas del Vaticano, entre ellas los museos de las basílicas, la propia basílica de San Pedro y los Museos Vaticanos, una de las principales fuentes de entrada de ingresos del pequeño Estado. Esto, en particular, derivó en un plan de ajuste económico y austeridad. El problema es que "no estamos teniendo ninguna entrada y por eso no tenemos posibilidad de gasto", se justificó el sacerdote argentino Augusto Zampini, jefe de una recién creada 'task force' sobre la pandemia, en un reciente encuentro telemático con un grupo de corresponsales de medios internacionales.

En concreto, la austeridad anunciada implicó una batería de medidas, desde la suspensión de las nuevas contrataciones de personal y los ascensos, a la "eventual renegociación de los contratos" con los proveedores externos. Todas, medidas que han hecho temblar a más de uno, dentro y fuera del Vaticano. Otros, en cambio, han respirado aliviados, entre ellos muchos de los comerciantes romanos que han visto reducirse a la mitad sus alquileres. En la misma línea, el jefe de limosna del Papa, el cardenal Konrad Krajeswi, pidió a todos los cardenales entregar un mes de su sueldo para seguir financiando las obras de caridad del Papa, ahora que las donaciones escasean.

El espíritu medioambientalista del Papa

La 'task force' de Zampini, un exabogado con experiencia en la lucha contra el ébola y que en Argentina trabajaba para una multinacional antes de dedicarse al sacerdocio, fue creada con el objetivo de estudiar el impacto de la crisis del coronavirus sobre las sociedades en las distintas latitudes del mundo, de cara a las consecuencias de esta pandemia en los próximos meses. Razón por la que sus actividades van desde los análisis para anticipar las crisis humanitarias que provocará la crisis sanitaria, hasta la búsqueda y recogida de fondos para destinar a estas crisis.

¿La primera preocupación? "La seguridad alimentaria. Hay personas que están perdiendo dinero, cadenas de suministro interrumpidas y un riesgo concreto de hambrunas", ha señalado Zampini quien, en el mismo diálogo también llamó a los organismos encargados a aliviar las deudas de los países en vías de desarrollo más endeudados. Pero no solo esto inquieta a Zampini. "Sabemos de algunas industrias en Europa y en Estados Unidos que están haciendo actividades de 'lobby', diciéndole a los gobiernos que les garantizarán puestos de trabajo, si relajan sus reglamentaciones ecológicas", explicó. ¿Eso qué significa? "Que nuestro planeta enfermará de nuevo".

Un dato curioso ha sido también una nota de la sala de prensa del Vaticano, que no perdió la ocasión para lanzarle un guiño a China, país con el cual ha habido importantes acercamientos durante el papado de Francisco en dirección hacia el restablecimiento de las relaciones diplomáticas rotas en 1951. Tanto que, el pasado 9 de abril, la oficina de prensa del Vaticano agradeció las donaciones de material sanitario de la Cruz Roja china y de la fundación Jinde Charities, una organización católica de la provincia china de Hebei, en el norte del gigante asiático.

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