De vacaciones y sin reuniones

Del 'Ave Caesar' al 'Boris dimisión': se acabó la tregua en Reino Unido ante el coronavirus

Se acabó la luna de miel de Boris con el electorado. Ahora que el 'premier' ha salido de la UCI, la prensa rompe la tregua y saca a la luz la gestión del Gobierno al inicio de la crisis

Foto: El primer ministro Boris Johnson, tras salir del hospital donde estaba ingresado. (Reuters)
El primer ministro Boris Johnson, tras salir del hospital donde estaba ingresado. (Reuters)

El viernes 24 de enero, había un ambiente triunfal en Downing Street. Boris Johnson firmaba el acuerdo de retirada de la Unión Europea en una ceremonia celebrada a puerta cerrada. El Brexit, su gran promesa electoral, ya era prácticamente una realidad. Por la tarde, hubo una recepción en el Número 10 con la comunidad china para celebrar el año nuevo y el 'premier' se mostraba radiante en cada foto.

El covid-19 se había extendido ya desde Wuhan a otros seis países. El Gobierno británico celebró aquel día una reunión del comité de emergencia Cobra para valorar la situación. Pero apenas duró una hora y Johnson no estuvo presente. En su lugar, mandó al titular de Sanidad, Matt Hancock, quien recalcó luego a los periodistas que el riesgo de contagio para los británicos era “bajo”.

Durante enero y febrero, se celebraron otras cuatro reuniones del comité de emergencia Cobra sobre el coronavirus. Johnson no acudió a ninguna de ellas. Es más, estuvo desaparecido durante 12 días en una mansión campestre de Kent. Ni siquiera las graves inundaciones que asolaban al país consiguieron perturbar sus pequeñas vacaciones de invierno. Andaba demasiado ocupado gestionando su vida privada y buscando el mejor momento para anunciar públicamente su compromiso y embarazo con su novia Carrie, una noticia difícil de digerir para los hijos de su anterior matrimonio, con los que tiene una relación complicada, especialmente desde que a su exmujer le detectaran cáncer.

¿Se acabó el 'Ave, Caesar'? El excéntrico político entró cual emperador en Downing Street el pasado mes de diciembre tras la abrumadora mayoría absoluta cosechada en las urnas. Pero el covid-19 ha trastocado a todos los Gobiernos a ambos lados del Atlántico, poniendo en jaque a los líderes más populares y más populistas —que aunque a veces confluye no viene a ser lo mismo—.

La excepcionalidad en el Reino Unido es que el virus llevó a mismísimo primer ministro a la UCI. Mientras luchaba por respirar (los partes oficiales nunca llegaron a revelar por completo la gravedad de la situación), la prensa respetó una tregua. Ni siquiera el 10 abril, cuando se vivió el día más trágico con el Gobierno anunciando 980 muertos en 24 horas, se plantearon dudas sobre su gestión.

Pero el líder 'tory' está ya fuera de peligro y aunque aún no se ha reincorporado a su puesto de trabajo, 'The Sunday Times' ha abierto la veda este fin de semana con un reportaje donde se detallan los 38 días en los que Johnson estuvo “perdido en combate” sin ver venir una pandemia que le ha acabado estallando en las manos. Literalmente.

Ataques de la prensa conservadora

A la crítica se sumó 'Financial Times'. Y este martes, 'The Telegraph' ha puesto la guinda con otra exclusiva brutal: mientras que los sanitarios denuncian que no tienen equipo de protección (PPE), millones de mascarillas, respiradores y otros artículos han salido empaquetados estos días desde los almacenes británicos con destino a Alemania, España e Italia. Las empresas del Reino Unido aseguran que no les quedaba otra opción que seguir vendiendo el equipo para salvar vidas en el extranjero porque sus ofertas de ayuda han sido repetidamente ignoradas por el Ejecutivo.

No queda ya la menor duda. La tregua se ha roto. Y lo que llama además poderosamente la atención, es que los ataques más graves vienen desde los rotativos de línea editorial conservadora.

No se puede declarar una guerra con el primer ministro ausente (…). No está disponible los fines de semana

“No se puede declarar una guerra con el primer ministro ausente (…) Le gustan sus descansos campestres. No está disponible los fines de semana. Era como trabajar para una autoridad local hace 20 años. No había sensación de que se planeara para una urgencia. Se comportó exactamente como muchos temían que se iba a comportar”, asegura a 'The Sunday Times' un alto asesor de Downing Street desde el anonimato.

¿Negligencia por parte del Gobierno? El Número 10 ha emitido un comunicado donde —de manera inusual— se analizan incluso párrafos concretos del reportaje. “Contiene una serie de falsedades y errores, que tergiversan la enorme cantidad de trabajo que se estaba realizando en las primeras etapas del brote”, señala.

Fin de la luna de miel

En cualquier caso, la realidad es que la pandemia ha puesto fin a la luna de miel de Johnson con el electorado. Los 'hashtags' #Boristheliar (Boris el mentiroso) y #Borisresign (Boris dimite) se han hecho virales en las redes estos últimos días. El Reino Unido puede llegar ahora a ser el país más afectado de Europa y en la oposición ya no está un impopular Jeremy Corbyn, sino un moderado Keir Starmer que, desde que se convirtió en líder laborista a inicios de abril, ha ido atrayendo —según las encuestas— a votantes de los Liberal Demócratas y los Verdes.

La residencia oficial en el campo donde pasa la cuarentena. (EFE)
La residencia oficial en el campo donde pasa la cuarentena. (EFE)

No fue hasta el pasado 2 de marzo, cuando Johnson acudió a la primera reunión del comité de emergencia Cobra sobre coronavirus. Para entonces, el covid-19 ya se había infiltrado en aeropuertos, trenes, oficinas y casas. El país estaba en camino de afrontar el reto global más importante en tiempos de paz.

“Un día inevitablemente habrá una investigación sobre la falta de preparativos durante esas cinco semanas perdidas. Habrá preguntas sobre cuándo los políticos entendieron la gravedad de la amenaza, qué les dijeron los científicos y por qué se hizo tan poco para equipar al Sistema Nacional de Salud”, señala el rotativo, que sugiere que la pesquisa debería explorar “por qué se tardó tanto en reconocer la necesidad urgente de suministrar equipo de protección a los sanitarios, respiradores para tratar a los pacientes más graves y test para detectar la infección”.

Este es el diario que Downing Street nunca quiso que saliera a la luz:

Cuando el 31 de diciembre, China alertó por primera vez a la Organización Mundial de la Salud (OMS) que se habían registrado varios casos de una neumonía inusual en Wuhan, una ciudad de 11 millones de habitantes, el primer ministro británico y su novia Carrie estaba en una mansión en el Caribe disfrutando del fin de año. Vacaciones, por cierto, que nadie sabe a día de hoy quién las pagó.

El 22 de enero, el Gobierno británico convocó su primera reunión de su grupo de asesoramiento científico para emergencias (Sage) para discutir el virus. Su membresía es secreta para que puedan actuar sin presiones, pero generalmente las reuniones están presididas por el principal asesor científico del Ejecutivo, sir Patrick Vallance, y el principal asesor médico, el profesor Chris Whitty.

Habrá una investigación sobre la falta de preparativos durante esas cinco semanas perdidas

El 31 de enero, el día en el que el Reino Unido abandonaba oficialmente la UE, Johnson recalcó que se trataba el comienzo de una nueva era. La OMS había declarado el día anterior el coronavirus como una emergencia global. Los científicos de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres advirtieron a Whitty en una reunión privada que se trataba de una cuestión grave. Sin embargo, en lugar de equiparse ante una pandemia, el Ejecutivo se centró en preparar el país ante un posible Brexit duro, ya que Johnson estaba decidido a abandonar las nuevas negociaciones con Bruselas si no había avances para junio sobre el acuerdo comercial.

A pesar de que el Gobierno lo niega, para finales de enero, según el rotativo, la estrategia que manejaba el Número 10 era la de “inmunidad colectiva”. “Para entonces había una gran división entre los científicos de Asia, que alertaban ante una nueva enfermedad mortal y hablaban de la necesidad de confinamiento, y los de Occidente, particularmente en los Estados Unidos y el Reino Unido, que lo seguían viendo como una gripe. Nuestra planificación en aquel momento era la de una pandemia de gripe”, señala de manera anónima un asesor del Ejecutivo al rotativo.

En lugar de equiparse ante una pandemia, el Ejecutivo se centró en preparar el país ante un posible Brexit duro

Para principios de febrero, otro de los errores de juicio más graves fue el de no abastecerse de test. La capacidad de los laboratorios privados del Reino Unido para producir pruebas a gran escala no se aprovechó. La falta de acción ha sido confirmada por Doris-Ann Williams, directora ejecutiva de la Asociación Británica de Diagnóstico In Vitro, que representa a 110 empresas que conforman la mayor parte del sector. Su organización no fue contactada por el Gobierno hasta el 1 de abril, horas antes de que el responsable de Sanidad, Matt Hancock, anunciara que el objetivo era realizar 100.000 test diarios a finales de este mes. No obstante, a día de hoy la media sigue siendo de 20.000.

Por otra parte, actualmente otro de los problemas más graves de la crisis es la falta de equipo de protección sanitario (PPE). Downing Street admitió el pasado 24 de febrero que Londres había suministrado 1.800 pares de gafas, 43.000 guantes desechables, 194.000 toallitas desinfectantes, 37.500 batas médicas y 2.500 mascarillas a China.

El Ejecutivo defiende ahora que entre el 2 y el 15 de abril han recibido 12 millones de artículos de PPE de Pekín. Pero los sanitarios denuncian que se encuentran ante un déficit grave de material. El domingo debían haber llegado 400.000 batas desde Turquía, pero los médicos y enfermeros aún siguen esperando el pedido.

Para la segunda quincena de febrero, Johnson anunció a los británicos que “deberían estar seguros y tranquilos” sobre la respuesta del Reino Unido ante el virus. Acto seguido, se fue a la campiña inglesa, con su pareja, durante las vacaciones de invierno de Westminster. Estuvo 12 días desaparecido y sin agenda pública. El coronavirus avanzaba ya sin control, pero el 'premier' se preparaba para anunciar al mundo que a sus 55 años se iba a convertir en padre de nuevo, junto a su prometida, de 32 años.

Un cartel de apoyo a Boris Johnson. (Reuters)
Un cartel de apoyo a Boris Johnson. (Reuters)

El 21 de febrero, el covid-19 (que ya había infectado a 76.000 personas y costado la vida a 2.300 en China) entraba oficialmente en Europa. Italia anunciaba 51 casos y las dos primeras muertes.

El 25 de febrero, Johnson regresaba de sus vacaciones para acudir a la gala de los donantes del Partido Conservador. Un generoso empresario pagó 60.000 libras (66.000 euros) por jugar con él un partido de tenis. No fue hasta tres días más tarde —cuando los mercados bursátiles se estaban hundiendo— cuando concedió la primera entrevista en televisión hablando sobre covid-19: “El coronavirus es algo que ahora es la principal prioridad del Gobierno”.

Tras un fin de semana en Chequers, residencia de descanso de los primeros ministros, Johnson presidió el 2 de marzo la primera reunión del comité de emergencia Cobra sobre covid-19. Durante los días posteriores, el único consejo fue el de “lavarse las manos mientras se canta dos veces cumpleaños feliz”. El confinamiento en el Reino Unido no comenzó hasta el 23 de marzo. El resto es historia.

Europa

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