EUROPEAN COUNCIL ON FOREIGN RELATIONS

La 'madre' de todos los problemas: el regreso de Merkel como la gran gestora de crisis

Los líderes políticos alemanes deben tener en cuenta no solo el bienestar de su país, sino también el de toda la UE

Foto: La canciller alemana Angela Merkel. (Reuters)
La canciller alemana Angela Merkel. (Reuters)

No hace mucho, los analistas políticos de Berlín estaban convencidos de que el mayor favor que Angela Merkel podría hacer a su país era anunciar inmediatamente su partida y allanar el camino para uno de sus aspirantes a sucesores. Ahora, muchos alemanes esperan que Merkel continúe liderando la lucha contra el coronavirus desde casa: el 22 de marzo se anunció que la mandataria se autoaislaría después de entrar en contacto con una persona que dio positivo por el virus. Es decir, poco antes del final de su último mandato, la canciller "pato-cojo" está repitiendo su papel como la gestora de crisis más experimentada de Alemania, un papel que ahora debe ampliar para ayudar a conducir a toda la Unión Europea a través de esta pandemia sin precedentes.

Durante sus más de 14 años como canciller, Merkel se ha convertido en una experta en guiar a Alemania a través de períodos de estrés intenso y enormes desafíos. Después de la crisis de la eurozona, la crisis de Ucrania y la crisis migratoria, el coronavirus presenta quizás su mayor examen hasta el momento. Si bien inicialmente estaba “desaparecida en combate”, dejando el escenario público en gran parte al ministro de Salud Jens Spahn y a los ministros-presidentes de los Länder, "Mutti" [“madre” en alemán, apelativo para Merkel en el país] ha dado la señal de que está de vuelta al asiento del conductor. Aunque los Länder todavía deciden independientemente sobre el cierre de escuelas y los toques de queda, Merkel es la araña en su red, aportando coherencia y foco a las diversas hebras de la respuesta a la crisis.

Por primera vez (aparte de sus discursos obligatorios de año nuevo), Merkel se dirigió directamente a los ciudadanos de Alemania en un discurso televisado en horario de máxima audiencia. A diferencia de en las crisis anteriores, en las que ha sido acusada de falta de empatía y habilidades de comunicación, en esta ocasión se mostró muy dispuesta a hacer transparentes las medidas del gobierno federal, y a pedir el apoyo de la gente. Explicó la gravedad de la situación en términos claros, pero también logró transmitir seguridad, estabilidad y confianza. A veces inusualmente compasiva y emocional, apelaba al sentido de comunidad de los alemanes: “Nadie es prescindible. Todo el mundo cuenta”.

La carrera para sucederla, en pleno apogeo hace solo unos momentos, ha sido completamente marginada por el coronavirus. Y no está claro a qué candidato favorecerá la evolución de la dinámica en las próximas semanas. Markus Söder, quien, como prudente ministro-presidente de Bavaria, está emergiendo como un talentoso gestor de crisis por derecho propio, podría verse tentado a usar su nueva visibilidad y popularidad para presentarse como un futuro canciller. Por ahora, sin embargo, estos asuntos simplemente se cuecen de fondo a fuego lento.

Renunciar al 'black zero'

La gran coalición entre la Unión Demócrata Cristiana (CDU) de Merkel y el Partido Socialdemócrata también está más unida que nunca desde el inicio de este período legislativo. Ante lo que probablemente se convierta en la mayor recesión económica en la Alemania posguerra mundial, la coalición, representada por el ministro de Finanzas, Olaf Scholz, ha prometido "hacer lo que sea necesario" para mitigar las consecuencias económicas del coronavirus. El gobierno incluso está dispuesto a renunciar al “black zero”, es decir, su política de equilibrio presupuestario, o cero déficit. Los Verdes y los Liberales se abstienen de criticar la política del gobierno. Y Alternativa para Alemania (AfD) ha fracasado en sus intentos de aprovechar la crisis generando una movilización contra el presuntamente fallido e impopular gobierno, al menos por el momento. En encuestas recientes, la AfD recibió el apoyo de solo el 9-10 por ciento de los votantes, mientras que la CDU subió a más del 30 por ciento. Los alemanes están cerrando filas.

Alemania necesitará esta unidad, no solo para dominar la crisis del coronavirus, sino también para enfrentarse a sus repercusiones en Europa. En comparación con otros Estados europeos, Alemania está bien preparada para capear la crisis. Tiene uno de los mejores sistemas de salud del mundo, con una buena cantidad de camas de cuidados intensivos y respiradores. Económicamente, el gobierno federal, los Länder, los municipios y los fondos de seguridad social tienen una enorme reserva de 200 mil millones de euros. Pero no todos los estados miembros de la UE están tan bien posicionados o tienen la capacidad financiera de Alemania.

Durante las crisis de la eurozona y de los refugiados, el gobierno alemán fue ampliamente acusado de impulsar su propia agenda contra los deseos e intereses de otros estados miembros de la UE. Alemania salió de estas crisis relativamente indemne, mientras que algunos de sus vecinos europeos quedaron con profundas cicatrices. Por tanto, los dirigentes políticos alemanes ahora deben tener en cuenta no solo el bienestar de su país, sino también el de toda la UE. Después de todo, esta no es solo una crisis nacional, sino una que tiene el potencial de sacudir el bloque hasta sus cimientos. Berlín tiene una responsabilidad especial y un interés existencial en preservar el proyecto europeo.

Los dirigentes políticos alemanes ahora deben tener en cuenta no solo el bienestar de su país, sino también el de toda la UE.

El hecho de que Merkel, en su discurso televisado, no fuera capaz de mencionar los esfuerzos de otros países europeos, algunos de los cuales se están enfrentando a una tragedia creciente cada día que pasa, no quedó muy bien con los socios y aliados de Alemania. Merkel puede que estuviera dirigiendo su discurso a sus conciudadanos alemanes, pero otros europeos escuchan cuando la canciller habla. Tampoco ha dicho mucho de Berlín que inicialmente prohibiera las exportaciones de equipos de protección sanitaria, como mascarillas y respiradores, a sus socios de la UE. El Gobierno corrigió este paso en falso tras la intervención de la Comisión Europea. Y los estados alemanes de Renania-Palatinado, Baden-Württemberg y Sarre han acordado aceptar en sus hospitales pacientes con coronavirus venidos de la región francesa de Alsacia.

Europa necesitará un fuerte liderazgo alemán en los próximos meses. La presidencia alemana del Consejo de la Unión Europea, que comienza el 1 de julio, ofrece otra oportunidad para que sea así. Berlín no puede permitirse el lujo de volver a caer en su parálisis previa al coronavirus una vez que la pandemia comience a disminuir. La UE necesitará invertir una enorme energía en la reconstrucción de la economía europea y la recuperación de la competitividad.

Berlín debería liderar el debate sobre el desarrollo de un paquete de estímulo sostenible para Europa, para que el Acuerdo Verde Europeo de la Comisión no se convierta en un daño colateral en la crisis. El gobierno alemán debería trabajar hacia un presupuesto de la UE que refleje el alcance y la gravedad de la situación actual, en primer lugar, abandonando su demanda de que el presupuesto se limite al 1% del PIB del bloque. Y, como uno de los países tradicionalmente más reacios a una política sanitaria común, Alemania debería hacer un esfuerzo para desarrollar una respuesta europea integral a los brotes de enfermedades infecciosas, construyendo así la resistencia de la UE contra la próxima pandemia. Por último, también se trata del legado europeo de Merkel. Puede renunciar como canciller 'pato-cojo' o retirarse como la líder que guió a Europa hasta superar su crisis más grave en décadas.

*Análisis publicado en el European Council on Foreign Relations por Jana Puglierin y titulado 'Mother of all problems: The return of crisis manager Merkel'

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